Durante décadas, el hidrógeno ha sido presentado como uno de los combustibles del futuro. Capaz de almacenar energía renovable durante largos periodos y de generar electricidad sin emitir dióxido de carbono, ha protagonizado innumerables proyectos piloto, promesas industriales y planes gubernamentales. Sin embargo, gran parte de esas iniciativas seguían confinadas a laboratorios o parque tecnológicos.. Ahora un nuevo hito acaba de producirse en España, más precisamente en Bermeo, la localidad más poblada de la reserva de la Biosfera de Urdaibai. Allí, por primera vez, un motor de gran escala alimentado exclusivamente con hidrógeno ha suministrado electricidad a una red eléctrica real. La prueba, realizada en la localidad vizcaína de Bermeo por la compañía finlandesa Wärtsilä, supone la primera demostración práctica de un generador conectado a la red que funciona con hidrógeno puro al 100 %.. A primera vista podría parecer algo sencillo. Si podemos quemar gasolina o gas natural para producir electricidad, ¿por qué no hacer lo mismo con hidrógeno? La realidad es bastante más complicada. El hidrógeno es un combustible especialmente difícil de manejar. Es extremadamente ligero, se inflama con facilidad y se comporta de manera muy distinta a los combustibles fósiles convencionales. Adaptar motores industriales para que funcionen exclusivamente con hidrógeno requiere rediseñar sistemas de inyección, cámaras de combustión y mecanismos de control capaces de soportar unas condiciones muy diferentes.. La instalación utilizada en Bermeo emplea un motor Wärtsilä 31H2, descrito por la compañía como el mayor motor del mundo diseñado para funcionar únicamente con hidrógeno. Durante la prueba logró generar electricidad e inyectarla en la red española en condiciones reales de operación.. La pregunta es inevitable: ¿por qué no utilizar directamente baterías? La respuesta tiene que ver con uno de los principales problemas de las energías renovables. El viento no sopla siempre. El sol tampoco brilla las veinticuatro horas del día. Cuando existe un exceso de producción renovable, esa energía puede utilizarse para fabricar hidrógeno mediante electrólisis, separando las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno. Posteriormente, ese hidrógeno puede almacenarse durante semanas o incluso meses y utilizarse cuando la red necesite energía adicional.. En cierto sentido, el hidrógeno funciona como una gigantesca batería química… con una vida útil mayor y más limpia. Los defensores de esta tecnología creen que podría convertirse en una pieza clave para estabilizar las futuras redes eléctricas dominadas por energías renovables. En lugar de depender de centrales de gas natural para cubrir los picos de demanda, los operadores podrían recurrir a motores alimentados con hidrógeno producido previamente mediante electricidad renovable.. Sin embargo, todavía quedan obstáculos importantes. El principal es la eficiencia. Cada vez que la electricidad se convierte en hidrógeno y posteriormente vuelve a transformarse en electricidad, se pierde una parte significativa de la energía original. Además, el almacenamiento, transporte y distribución del hidrógeno requieren infraestructuras específicas que aún son escasas y costosas.. Por eso muchos expertos consideran que el hidrógeno no sustituirá a las baterías, sino que ocupará un nicho diferente. Mientras las baterías resultan ideales para almacenar energía durante horas o días, el hidrógeno podría ser una solución para almacenar energía a gran escala durante semanas o incluso estaciones completas.. La prueba realizada en Bermeo no resuelve todos esos desafíos, pero sí demuestra algo que hasta ahora pertenecía sobre todo al terreno de la teoría: que una red eléctrica moderna puede recibir energía procedente de un motor alimentado únicamente con hidrógeno.Y en un mundo que avanza hacia sistemas energéticos cada vez más dependientes del viento y del sol, disponer de una forma de guardar esa energía para los días en los que la naturaleza no coopera podría resultar tan importante como producirla.
Este tipo de motores son la base para almacenar energía durante largos periodos y alimentar industrias pesadas.
Durante décadas, el hidrógeno ha sido presentado como uno de los combustibles del futuro. Capaz de almacenar energía renovable durante largos periodos y de generar electricidad sin emitir dióxido de carbono, ha protagonizado innumerables proyectos piloto, promesas industriales y planes gubernamentales. Sin embargo, gran parte de esas iniciativas seguían confinadas a laboratorios o parque tecnológicos.. Ahora un nuevo hito acaba de producirse en España, más precisamente en Bermeo, la localidad más poblada de la reserva de la Biosfera de Urdaibai. Allí, por primera vez, un motor de gran escala alimentado exclusivamente con hidrógeno ha suministrado electricidad a una red eléctrica real. La prueba, realizada en la localidad vizcaína de Bermeo por la compañía finlandesa Wärtsilä, supone la primera demostración práctica de un generador conectado a la red que funciona con hidrógeno puro al 100 %.. A primera vista podría parecer algo sencillo. Si podemos quemar gasolina o gas natural para producir electricidad, ¿por qué no hacer lo mismo con hidrógeno? La realidad es bastante más complicada. El hidrógeno es un combustible especialmente difícil de manejar. Es extremadamente ligero, se inflama con facilidad y se comporta de manera muy distinta a los combustibles fósiles convencionales. Adaptar motores industriales para que funcionen exclusivamente con hidrógeno requiere rediseñar sistemas de inyección, cámaras de combustión y mecanismos de control capaces de soportar unas condiciones muy diferentes.. La instalación utilizada en Bermeo emplea un motor Wärtsilä 31H2, descrito por la compañía como el mayor motor del mundo diseñado para funcionar únicamente con hidrógeno. Durante la prueba logró generar electricidad e inyectarla en la red española en condiciones reales de operación.. La pregunta es inevitable: ¿por qué no utilizar directamente baterías? La respuesta tiene que ver con uno de los principales problemas de las energías renovables. El viento no sopla siempre. El sol tampoco brilla las veinticuatro horas del día. Cuando existe un exceso de producción renovable, esa energía puede utilizarse para fabricar hidrógeno mediante electrólisis, separando las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno. Posteriormente, ese hidrógeno puede almacenarse durante semanas o incluso meses y utilizarse cuando la red necesite energía adicional.. En cierto sentido, el hidrógeno funciona como una gigantesca batería química… con una vida útil mayor y más limpia. Los defensores de esta tecnología creen que podría convertirse en una pieza clave para estabilizar las futuras redes eléctricas dominadas por energías renovables. En lugar de depender de centrales de gas natural para cubrir los picos de demanda, los operadores podrían recurrir a motores alimentados con hidrógeno producido previamente mediante electricidad renovable.. Sin embargo, todavía quedan obstáculos importantes. El principal es la eficiencia. Cada vez que la electricidad se convierte en hidrógeno y posteriormente vuelve a transformarse en electricidad, se pierde una parte significativa de la energía original. Además, el almacenamiento, transporte y distribución del hidrógeno requieren infraestructuras específicas que aún son escasas y costosas.. Por eso muchos expertos consideran que el hidrógeno no sustituirá a las baterías, sino que ocupará un nicho diferente. Mientras las baterías resultan ideales para almacenar energía durante horas o días, el hidrógeno podría ser una solución para almacenar energía a gran escala durante semanas o incluso estaciones completas.. La prueba realizada en Bermeo no resuelve todos esos desafíos, pero sí demuestra algo que hasta ahora pertenecía sobre todo al terreno de la teoría: que una red eléctrica moderna puede recibir energía procedente de un motor alimentado únicamente con hidrógeno.Y en un mundo que avanza hacia sistemas energéticos cada vez más dependientes del viento y del sol, disponer de una forma de guardar esa energía para los días en los que la naturaleza no coopera podría resultar tan importante como producirla.
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