El Kremlin libra una guerra contra Ucrania que va más allá de los misiles, los tanques y las armas. Detrás de esta primera línea de fuego está la batalla de la desinformación, pero tiene un problema: “No tiene un frente claramente definido”. Esta es la consigna que lleva años promulgando el gobierno ucraniano para concienciar a Occidente del riesgo de dejarse engañar por la propaganda rusa.. Quien mejor lo ha explicado es War Sanctions, una plataforma oficial del Estado ucraniano gestionada por la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania (GUR), en cooperación con el Centro para Contrarrestar la Desinformación, que ha puesto nombre, apellidos y rostro a todos los portavoces del Kremlin encargados de airear su propaganda.. “La propaganda rusa apoya la violencia, justifica la agresión y los crímenes de guerra, utiliza la deshumanización y el odio hacia Ucrania como combustible para la guerra, y argumenta sobre la capacidad de Ucrania para continuar la lucha -explican-. Tiene rostros que el mundo entero necesita conocer para bloquearla, imponerle sanciones, negarle la entrada, cerrarle las cuentas bancarias y cesar toda cooperación”.. La inteligencia militar ucraniana ha identificado de momento a 191 de estos propagandistas (va camino de llegar a los 200), que pertenecen a muy diversos ámbitos pero que se mueven a la perfección en las redes. Conocerlos es la mejor manera para entender cómo funciona este aparato mediático.. En la lista está, por ejemplo, Vladimir Agranovich, corresponsal y director que produce documentales y series justificando la invasión rusa y defendiendo la integración de territorios ocupados en Rusia, según la acusación del GUR.. Junto a él, Sergey Kolyasnikov, autor del canal de Telegram “ZERGULIO”, donde difunde mensajes antiucranianos, recauda fondos para el ejército ruso y apoya ataques más agresivos contra Ucrania.. Un perfil similar tiene Dmitriy Borisenko, responsable del canal “Glavred Borisenko”, donde niega la legitimidad del Estado ucraniano y glorifica a combatientes prorrusos.. Otros supuestos informadores son Sergey Mikheev (analista habitual de medios propagandísticos rusos que justifica la ocupación de territorios ucranianos y pide continuar ataques contra infraestructura ucraniana) o Maksim Kalashnikov, ideólogo ultranacionalista que niega la identidad separada de ucranianos y bielorrusos y promueve la eliminación de la independencia ucraniana, según War Sanctions.. En este relato antiucraniano abundan los apologetas del imperialismo ruso, como Roman Antonovsky, o los que directamente deshumanizan a los ucranianos, como Mikhail Onufrienko.. La campaña se lleva a cabo también desde el mundo de la cultura, una puerta que en ocasiones puede llegar a resultar muy eficaz. Es el caso de Ildar Abdrazakov, un artista próximo al Kremlin que participa en actos públicos de apoyo a Putin y a la anexión de Crimea, o de Alexander Buinov, activista que participó en conciertos y vídeos de apoyo a la anexión de Crimea y a la campaña militar rusa.. En la lista de casi 200 personas para las que se piden las sanciones está también Nikolai Starikov, cofundador del movimiento Anti-Maidan que justifica la anexión de Crimea, uno de los ejes preferidos para este tipo de discursos.. La relación la integran también conocidos propagandistas como Dmitrii Puchkov, que “utiliza blogs y redes sociales para justificar la agresión contra Ucrania”.. A través de esta web, que tiene la estructura de portal de inteligencia abierta (OSINT), Kiev pretende recopilar, documentar y publicar información sobre personas, empresas y estructuras que están vinculadas con la guerra de Rusia contra Ucrania.. En su lista negra no solo hay ciudadanos individuales, sino también empresas y organizaciones para quienes se piden sanciones internacionales. Este es precisamente un recurso habitual para la Unión Europea y EEUU, aunque no son pocos los que dudan de su eficacia.
El Kremlin libra una guerra contra Ucrania que va más allá de los misiles, los tanques y las armas. Detrás de esta primera línea de fuego está la batalla de la desinformación, pero tiene un problema: “No tiene un frente claramente definido”. Esta es la consigna que lleva años promulgando el gobierno ucraniano para concienciar a Occidente del riesgo de dejarse engañar por la propaganda rusa.. Quien mejor lo ha explicado es War Sanctions, una plataforma oficial del Estado ucraniano gestionada por la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania (GUR), en cooperación con el Centro para Contrarrestar la Desinformación, que ha puesto nombre, apellidos y rostro a todos los portavoces del Kremlin encargados de airear su propaganda.. “La propaganda rusa apoya la violencia, justifica la agresión y los crímenes de guerra, utiliza la deshumanización y el odio hacia Ucrania como combustible para la guerra, y argumenta sobre la capacidad de Ucrania para continuar la lucha -explican-. Tiene rostros que el mundo entero necesita conocer para bloquearla, imponerle sanciones, negarle la entrada, cerrarle las cuentas bancarias y cesar toda cooperación”.. La inteligencia militar ucraniana ha identificado de momento a 191 de estos propagandistas (va camino de llegar a los 200), que pertenecen a muy diversos ámbitos pero que se mueven a la perfección en las redes. Conocerlos es la mejor manera para entender cómo funciona este aparato mediático.. En la lista está, por ejemplo, Vladimir Agranovich, corresponsal y director que produce documentales y series justificando la invasión rusa y defendiendo la integración de territorios ocupados en Rusia, según la acusación del GUR.. Junto a él, Sergey Kolyasnikov, autor del canal de Telegram “ZERGULIO”, donde difunde mensajes antiucranianos, recauda fondos para el ejército ruso y apoya ataques más agresivos contra Ucrania.. Un perfil similar tiene Dmitriy Borisenko, responsable del canal “Glavred Borisenko”, donde niega la legitimidad del Estado ucraniano y glorifica a combatientes prorrusos.. Otros supuestos informadores son Sergey Mikheev (analista habitual de medios propagandísticos rusos que justifica la ocupación de territorios ucranianos y pide continuar ataques contra infraestructura ucraniana) o Maksim Kalashnikov, ideólogo ultranacionalista que niega la identidad separada de ucranianos y bielorrusos y promueve la eliminación de la independencia ucraniana, según War Sanctions.. En este relato antiucraniano abundan los apologetas del imperialismo ruso, como Roman Antonovsky, o los que directamente deshumanizan a los ucranianos, como Mikhail Onufrienko.. La campaña se lleva a cabo también desde el mundo de la cultura, una puerta que en ocasiones puede llegar a resultar muy eficaz. Es el caso de Ildar Abdrazakov, un artista próximo al Kremlin que participa en actos públicos de apoyo a Putin y a la anexión de Crimea, o de Alexander Buinov, activista que participó en conciertos y vídeos de apoyo a la anexión de Crimea y a la campaña militar rusa.. En la lista de casi 200 personas para las que se piden las sanciones está también Nikolai Starikov, cofundador del movimiento Anti-Maidan que justifica la anexión de Crimea, uno de los ejes preferidos para este tipo de discursos.. La relación la integran también conocidos propagandistas como Dmitrii Puchkov, que “utiliza blogs y redes sociales para justificar la agresión contra Ucrania”.. A través de esta web, que tiene la estructura de portal de inteligencia abierta (OSINT), Kiev pretende recopilar, documentar y publicar información sobre personas, empresas y estructuras que están vinculadas con la guerra de Rusia contra Ucrania.. En su lista negra no solo hay ciudadanos individuales, sino también empresas y organizaciones para quienes se piden sanciones internacionales. Este es precisamente un recurso habitual para la Unión Europea y EEUU, aunque no son pocos los que dudan de su eficacia.
En la lista negra no solo hay ciudadanos individuales, sino también empresas y organizaciones para quienes se piden sanciones internacionales
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