Venezuela vive uno de sus momentos más complicados. El miércoles, dos seísmos azotaron varios estados del país, que han venido seguidos de numerosas réplicas. La Guaira, ubicada al norte de Caracas, ha sido uno de los puntos más afectados, y como confirmaba la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, posteriormente fue declarada «zona de desastre». Aún es pronto para conocer el alcance real de la tragedia, no obstante, en una de sus últimas intervenciones, Rodríguez aseguró que la cifra de fallecidos ascendía al menos 164, y el número de heridos rondaba el millar.. LA RAZÓN ha podido conversar con Lidia Albreda, una joven venezolana que vive en Caracas. Albreda trabaja en la hostelería, además de ser voluntaria en el cuerpo de bomberos de la Universidad Simón Bolívar. El día de los terremotos no pudo acudir a trabajar; no obstante, narra cómo sus compañeros se movilizaron a algunas de las zonas más afectadas de la ciudad. La joven se encontraba sola en casa cuando el teléfono comenzó a vibrar. Era una alerta que llegó a otros teléfonos Android apenas unos minutos antes de que comenzara el temblor. «Tembló por más de un minuto, se sintió una eternidad (…) ahora entendemos que fueron dos terremotos juntos (…) eso fue lo que lo hizo más complicado», recuerda.. «Caos y desinformación». Albreda vive en un edificio y asegura que, al ser «bombero, ya tenía conocimientos de lo que teníamos que hacer», de manera que indicó al resto de vecinos que abrieran las puertas de sus viviendas, pero que esperaran para bajar una vez hubiera pasado el sismo. Reconoce que en la región sigue habiendo «muchos casos y desinformación», no obstante, «hay unas redes de telefonía que están funcionando».. En la capital, los estragos están localizados, apunta, mientras que la situación en el Estado La Guaira sigue siendo crítica: «Unos compañeros que se fueron en comisión a La Guaira anoche me dijeron que hay muchos lugares en los que está irreconocible por la cantidad de derrumbes». La joven venezolana se hace eco de un informe que situaba en al menos 45 el número de edificios derrumbados completamente, pero insiste en que esta cantidad aumentará, ya que muchos «tienen daños internos y no los han podido evaluar aún».. «No hay cómo saber de ellos». Albreda conoce de primera mano la región ubicada al norte de la capital, ya que cursó sus estudios allí. «Todavía hay muchas personas que están desaparecidas, que están atrapadas. Con esta situación se fue la electricidad y las señales telefónicas, entonces no sabemos de mucha gente», asegura al ser preguntada por sus conocidos en La Guaira. «No sé cómo quedó, si vamos a poder salir, entrar, si va a poder venir ayuda (…) solo hemos podido comunicarnos con dos personas, del resto no hay señales, no hay cómo saber de ellos».. De vuelta en Caracas, la población sigue alerta ante las continuas réplicas, mientras que la información proporcionada por el Gobierno es limitada, lamenta: «La presidenta salió ayer diciendo que estamos en estado de emergencia, pero no dio un plan de acción, no pidió nada». Postura que contrasta con la de autoridades locales de otros puntos afectados como Chacao o Baruta. Lidia Albrea ha podido comprobar que sus seres queridos están bien, si bien reconoce que en un principio no fue fácil; «Para esto no estábamos preparados».
Venezuela vive uno de sus momentos más complicados. El miércoles, dos seísmos azotaron varios estados del país, que han venido seguidos de numerosas réplicas. La Guaira, ubicada al norte de Caracas, ha sido uno de los puntos más afectados, y como confirmaba la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, posteriormente fue declarada «zona de desastre». Aún es pronto para conocer el alcance real de la tragedia, no obstante, en una de sus últimas intervenciones, Rodríguez aseguró que la cifra de fallecidos ascendía al menos 164, y el número de heridos rondaba el millar.. LA RAZÓN ha podido conversar con Lidia Albreda, una joven venezolana que vive en Caracas. Albreda trabaja en la hostelería, además de ser voluntaria en el cuerpo de bomberos de la Universidad Simón Bolívar. El día de los terremotos no pudo acudir a trabajar; no obstante, narra cómo sus compañeros se movilizaron a algunas de las zonas más afectadas de la ciudad. La joven se encontraba sola en casa cuando el teléfono comenzó a vibrar. Era una alerta que llegó a otros teléfonos Android apenas unos minutos antes de que comenzara el temblor. «Tembló por más de un minuto, se sintió una eternidad (…) ahora entendemos que fueron dos terremotos juntos (…) eso fue lo que lo hizo más complicado», recuerda.. «Caos y desinformación». Albreda vive en un edificio y asegura que, al ser «bombero, ya tenía conocimientos de lo que teníamos que hacer», de manera que indicó al resto de vecinos que abrieran las puertas de sus viviendas, pero que esperaran para bajar una vez hubiera pasado el sismo. Reconoce que en la región sigue habiendo «muchos caos y desinformación», no obstante, «hay unas redes de telefonía que están funcionando».. En la capital, los estragos están localizados, apunta, mientras que la situación en el Estado La Guaira sigue siendo crítica: «Unos compañeros que se fueron en comisión a La Guaira anoche me dijeron que hay muchos lugares en los que está irreconocible por la cantidad de derrumbes». La joven venezolana se hace eco de un informe que situaba en al menos 45 el número de edificios derrumbados completamente, pero insiste en que esta cantidad aumentará, ya que muchos «tienen daños internos y no los han podido evaluar aún».. «No hay cómo saber de ellos». Albreda conoce de primera mano la región ubicada al norte de la capital, ya que cursó sus estudios allí. «Todavía hay muchas personas que están desaparecidas, que están atrapadas. Con esta situación se fue la electricidad y las señales telefónicas, entonces no sabemos de mucha gente», asegura al ser preguntada por sus conocidos en La Guaira. «No sé cómo quedó, si vamos a poder salir, entrar, si va a poder venir ayuda (…) solo hemos podido comunicarnos con dos personas, del resto no hay señales, no hay cómo saber de ellos».. De vuelta en Caracas, la población sigue en alerta ante las continuas réplicas, mientras que la información proporcionada por el Gobierno es limitada, lamenta: «La presidenta salió ayer diciendo que estamos en estado de emergencia, pero no dio un plan de acción, no pidió nada». Postura que contrasta con la de autoridades locales de otros puntos afectados como Chacao o Baruta. Lidia Albrea ha podido comprobar que sus seres queridos están bien, si bien reconoce que en un principio no fue fácil; «Para esto no estábamos preparados».
La joven venezolana Lidia Albreda explica a LA RAZÓN cómo vivió los seísmos y cuál es la situación actual
Internacional: noticias internacionales de hoy en La Razón
