Leo las noticias el sábado en este periódico buscando algo de lo que escribir. Me centro en la sección de Sociedad, que es en la que colaboro. De pronto, siento que mi corazón se pone arrítmico. Extrasístoles emiten un vacío en mi pecho. Es algo muy desagradable que siento a veces y que los cardiólogos no dan demasiada importancia. Tiene que ver, sin duda con la ansiedad y la angustia, porque el órgano está estructuralmente sano. Releo las noticias: un asesinato machista en el Valle de Egüés. Tres niños secuestrados por sus padres en Francia. Muere un niño que recibió un corazón dañado en Nápoles. Suben los niveles de alergia. Detenidos tres hombres por robar y enviar adormidera a España. Gisele Pelicot recuerda el difícil momento en que tuvo que contar a sus hijos los atroces crímenes cometidos por su padre. Grave colisión múltiple en Navarra… Y así hasta el infinito y más allá.. De vez en cuando, entre estas noticias aparece algún respiro, como cada cuanto tienes que cambiar el estropajo o el de la novia que sorprendió a su padre con un montaje de tiernos mensajes. A estas alturas mi corazón ya tiene el color de la amargura. Los periodistas siempre han dicho que las buenas noticias no venden, así será, pero ellos, nosotros, ya que soy parte de esto, hemos de comprender que a veces se nos va la mano. ¿De qué escribo yo hoy con esta zozobra? Dudo entre el aumento de violencia machista, los chavales que se identifican con animales y cuelgan sus juegos en las redes, o la de ese hombre malnacido que organiza la subida a un pico dificilísimo y deja a su novia atrás antes de llegar a la cima. Él llega, ella muere unos metros antes de poder protegerse. Le han condenado, ya lo había hecho con otra novia anterior. Entonces me aferro a una bella frase de Maya Angelou, también destacada en esta sección: nunca hagas de alguien una prioridad cuando todo lo que eres para ellos es una opción.
Nunca hagas de alguien una prioridad cuando todo lo que eres para ellos es una opción
Leo las noticias el sábado en este periódico buscando algo de lo que escribir. Me centro en la sección de Sociedad, que es en la que colaboro. De pronto, siento que mi corazón se pone arrítmico. Extrasístoles emiten un vacío en mi pecho. Es algo muy desagradable que siento a veces y que los cardiólogos no dan demasiada importancia. Tiene que ver, sin duda con la ansiedad y la angustia, porque el órgano está estructuralmente sano. Releo las noticias: un asesinato machista en el Valle de Egüés. Tres niños secuestrados por sus padres en Francia. Muere un niño que recibió un corazón dañado en Nápoles. Suben los niveles de alergia. Detenidos tres hombres por robar y enviar adormidera a España. Gisele Pelicot recuerda el difícil momento en que tuvo que contar a sus hijos los atroces crímenes cometidos por su padre. Grave colisión múltiple en Navarra… Y así hasta el infinito y más allá.. De vez en cuando, entre estas noticias aparece algún respiro, como cada cuanto tienes que cambiar el estropajo o el de la novia que sorprendió a su padre con un montaje de tiernos mensajes. A estas alturas mi corazón ya tiene el color de la amargura. Los periodistas siempre han dicho que las buenas noticias no venden, así será, pero ellos, nosotros, ya que soy parte de esto, hemos de comprender que a veces se nos va la mano. ¿De qué escribo yo hoy con esta zozobra? Dudo entre el aumento de violencia machista, los chavales que se identifican con animales y cuelgan sus juegos en las redes, o la de ese hombre malnacido que organiza la subida a un pico dificilísimo y deja a su novia atrás antes de llegar a la cima. Él llega, ella muere unos metros antes de poder protegerse. Le han condenado, ya lo había hecho con otra novia anterior. Entonces me aferro a una bella frase de Maya Angelou, también destacada en esta sección: nunca hagas de alguien una prioridad cuando todo lo que eres para ellos es una opción.
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