Cuando se piensa en las dos guerras mundiales, una de las imágenes más icónicas es la de los submarinos patrullando los océanos, hundiendo barcos enemigos y convirtiéndose en una pieza clave de la estrategia militar de las grandes potencias. Sin embargo, lo que mucha gente desconoce es que uno de los principales antecedentes de los submarinos modernos fue ideado por un catalán décadas antes de que estas embarcaciones adquirieran protagonismo en los conflictos del siglo XX.. Su nombre era Narcís Monturiol (1819-1885), un ingeniero e inventor nacido en Figueres que dedicó buena parte de su vida a desarrollar una embarcación capaz de navegar bajo el agua. Aunque estudió Derecho, nunca llegó a ejercer como abogado. Republicano y defensor del socialismo utópico, destacó sobre todo por su faceta como inventor, que le llevó a experimentar en ámbitos muy diversos.. A lo largo de su vida diseñó proyectos tan distintos como un sistema para transportar agua del río Ter hasta Barcelona, suelas sintéticas para zapatos o nuevos procedimientos para fabricar jabón. Sin embargo, la creación por la que ha pasado a la historia fue el Ictíneo, una embarcación sumergible cuyo nombre significa literalmente «barco pez».. Es importante señalar que Monturiol no inventó el primer submarino de la historia. Antes que él ya habían existido distintos intentos y prototipos de embarcaciones capaces de navegar bajo el agua. Sin embargo, su aportación fue decisiva porque desarrolló uno de los antecedentes más avanzados y más parecidos a lo que acabarían siendo los submarinos modernos utilizados posteriormente por las armadas de todo el mundo.. El primer Ictíneo realizó sus pruebas en el puerto de Barcelona. En una de sus primeras inmersiones, en 1858, consiguió permanecer veinte minutos bajo el agua. Con el paso del tiempo y tras sucesivas mejoras, Monturiol llegó a completar 54 inmersiones y logró mantenerse sumergido durante dos horas.. Para la época, el desafío tecnológico era enorme. El aparato tenía una eslora de 13,5 metros y utilizaba una hélice de cuatro palas impulsada por una máquina de vapor. Su estructura estaba formada por un casco de madera situado dentro de otro de cobre, e incorporaba una torreta de observación y una escotilla para acceder al interior.. Pese al éxito de las pruebas, el inventor se encontró con un problema recurrente en muchos proyectos pioneros: la falta de financiación. Las autoridades mostraron interés por el invento y prometieron recursos para continuar su desarrollo, pero el dinero nunca llegó. Finalmente, el Ictíneo acabó vendido como chatarra. Algunas versiones sostienen incluso que su motor terminó siendo reutilizado en una fábrica de harina.. Lejos de abandonar la idea, Monturiol siguió perfeccionando su proyecto. El resultado fue el Ictíneo II, botado en el puerto de Barcelona el 2 de octubre de 1864. Esta nueva versión era más grande y ambiciosa que la anterior. Mientras que el primer modelo había sido concebido principalmente para facilitar la recolección de coral, el segundo estaba pensado para usos industriales e incluso para posibles aplicaciones militares.. Con 14 metros de eslora, dos metros de manga y tres de calado, el Ictíneo II representó un importante salto tecnológico. Fue construido con madera de olivo reforzada con roble y revestida por una capa de cobre. Además, disponía de una cubierta superior con tres ojos de buey de cristal de gran grosor y una torreta desde la que se gobernaba el timón mediante un sistema mecánico.. Su principal innovación fue el sistema de propulsión. El Ictíneo II se convirtió en el primer submarino impulsado por vapor y desarrolló soluciones que se adelantaron a su tiempo. De hecho, ningún otro sumergible volvió a emplear un sistema de propulsión anaeróbica similar hasta bien entrado el siglo XX.. No fue hasta 1940 cuando la marina alemana experimentó con tecnologías basadas en principios comparables utilizando peróxido de hidrógeno para alimentar las turbinas Walter. Más adelante, la Royal Navy británica también desarrolló submarinos experimentales con sistemas relacionados, antes de que la llegada de la propulsión nuclear revolucionara definitivamente este tipo de embarcaciones con buques como el USS Nautilus.. Monturiol murió sin ver reconocida plenamente la trascendencia de su invento. Sin embargo, con el paso de los años su figura ha sido reivindicada como la de uno de los grandes pioneros de la navegación submarina. Aunque no creó el primer submarino de la historia, sí desarrolló uno de los modelos más avanzados de su tiempo y uno de los eslabones más importantes en la evolución que acabaría dando lugar a los submarinos modernos que marcaron el curso de las dos guerras mundiales.
La falta de financiación impidió que el proyecto alcanzara todo su potencial
Cuando se piensa en las dos guerras mundiales, una de las imágenes más icónicas es la de los submarinos patrullando los océanos, hundiendo barcos enemigos y convirtiéndose en una pieza clave de la estrategia militar de las grandes potencias. Sin embargo, lo que mucha gente desconoce es que uno de los principales antecedentes de los submarinos modernos fue ideado por un catalán décadas antes de que estas embarcaciones adquirieran protagonismo en los conflictos del siglo XX.. Su nombre era Narcís Monturiol (1819-1885), un ingeniero e inventor nacido en Figueres que dedicó buena parte de su vida a desarrollar una embarcación capaz de navegar bajo el agua. Aunque estudió Derecho, nunca llegó a ejercer como abogado. Republicano y defensor del socialismo utópico, destacó sobre todo por su faceta como inventor, que le llevó a experimentar en ámbitos muy diversos.. A lo largo de su vida diseñó proyectos tan distintos como un sistema para transportar agua del río Ter hasta Barcelona, suelas sintéticas para zapatos o nuevos procedimientos para fabricar jabón. Sin embargo, la creación por la que ha pasado a la historia fue el Ictíneo, una embarcación sumergible cuyo nombre significa literalmente «barco pez».. Es importante señalar que Monturiol no inventó el primer submarino de la historia. Antes que él ya habían existido distintos intentos y prototipos de embarcaciones capaces de navegar bajo el agua. Sin embargo, su aportación fue decisiva porque desarrolló uno de los antecedentes más avanzados y más parecidos a lo que acabarían siendo los submarinos modernos utilizados posteriormente por las armadas de todo el mundo.. El primer Ictíneo realizó sus pruebas en el puerto de Barcelona. En una de sus primeras inmersiones, en 1858, consiguió permanecer veinte minutos bajo el agua. Con el paso del tiempo y tras sucesivas mejoras, Monturiol llegó a completar 54 inmersiones y logró mantenerse sumergido durante dos horas.. Para la época, el desafío tecnológico era enorme. El aparato tenía una eslora de 13,5 metros y utilizaba una hélice de cuatro palas impulsada por una máquina de vapor. Su estructura estaba formada por un casco de madera situado dentro de otro de cobre, e incorporaba una torreta de observación y una escotilla para acceder al interior.. Pese al éxito de las pruebas, el inventor se encontró con un problema recurrente en muchos proyectos pioneros: la falta de financiación. Las autoridades mostraron interés por el invento y prometieron recursos para continuar su desarrollo, pero el dinero nunca llegó. Finalmente, el Ictíneo acabó vendido como chatarra. Algunas versiones sostienen incluso que su motor terminó siendo reutilizado en una fábrica de harina.. Lejos de abandonar la idea, Monturiol siguió perfeccionando su proyecto. El resultado fue el Ictíneo II, botado en el puerto de Barcelona el 2 de octubre de 1864. Esta nueva versión era más grande y ambiciosa que la anterior. Mientras que el primer modelo había sido concebido principalmente para facilitar la recolección de coral, el segundo estaba pensado para usos industriales e incluso para posibles aplicaciones militares.. Con 14 metros de eslora, dos metros de manga y tres de calado, el Ictíneo II representó un importante salto tecnológico. Fue construido con madera de olivo reforzada con roble y revestida por una capa de cobre. Además, disponía de una cubierta superior con tres ojos de buey de cristal de gran grosor y una torreta desde la que se gobernaba el timón mediante un sistema mecánico.. Su principal innovación fue el sistema de propulsión. El Ictíneo II se convirtió en el primer submarino impulsado por vapor y desarrolló soluciones que se adelantaron a su tiempo. De hecho, ningún otro sumergible volvió a emplear un sistema de propulsión anaeróbica similar hasta bien entrado el siglo XX.. No fue hasta 1940 cuando la marina alemana experimentó con tecnologías basadas en principios comparables utilizando peróxido de hidrógeno para alimentar las turbinas Walter. Más adelante, la Royal Navy británica también desarrolló submarinos experimentales con sistemas relacionados, antes de que la llegada de la propulsión nuclear revolucionara definitivamente este tipo de embarcaciones con buques como el USS Nautilus.. Monturiol murió sin ver reconocida plenamente la trascendencia de su invento. Sin embargo, con el paso de los años su figura ha sido reivindicada como la de uno de los grandes pioneros de la navegación submarina. Aunque no creó el primer submarino de la historia, sí desarrolló uno de los modelos más avanzados de su tiempo y uno de los eslabones más importantes en la evolución que acabaría dando lugar a los submarinos modernos que marcaron el curso de las dos guerras mundiales.
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