Las cosas han cambiado mucho en la industria musical en los últimos veinte años. Para quienes, no hace tanto tiempo, sentían y vivían la música como un lugar donde realizarse y conocerse, hoy pueden sentirse perfectamente alienígenas en un contexto de negocio acelerado, lanzado al hiperespacio del turbocapitalismo. Para quienes se tomaban el oficio y el arte como un fin en sí mismos, echar una ojeada a la industria de hoy puede resultar descorazonador, como mínimo. Gigantes empresariales, prácticas abusivas y codiciosas, segregación de públicos y entradas a «precio dinámico»… Contemplar los abusos y los excesos del mercado puede, incluso, producir un dolor inexplicable. «Tenemos un documento compartido –dice Pol Rodellar, bajista del trío barcelonés Mujeres–. En él, vamos apuntando frases al azar, ideas que nos indiquen de qué queremos hablar en el siguiente disco. ¿Será trágico, esperanzador, cómico? Y ahí habíamos apuntado una frase, que fue la conclusión de una de nuestras interminables charlas de la furgoneta: nos sentimos completamente desplazados de la industria musical, de la obsesión de las escuchas, de los ‘‘sold outs’’, del Movistar Arena y de las urgencias por el éxito. Ese dolor inexplicable para nosotros es ver cómo el mundo se ha dislocado: a nosotros nos gusta formar parte de un tejido cultural en el que las pequeñas cosas importan, los espacios pequeños cuentan y hay que protegerlos y defenderlos. Porque pueden ser los espacios de la música pero también son los de una sociedad que te maltrata y te echa de casa o te da un trabajo precario». «Un dolor inexplicable», el último disco de la banda, habla de esto y muchas más cosas, con diez trallazos «rápidos, coreables y en tu cara», como los describe Rodellar. Por las razones correctas. Ahora, forman parte del festival Blockparty, que estaba previsto que se celebrase en la Explanada de Usos Múltiples del Parque Madrid Ríopero que, finalmente, se realizará en la Sala Mon debido a su coincidencia con la visita del Papa Leon XIV. La cita es el sábado, 6 de junio, y reúne, desde las 17:30 horas y hasta las 23:00 a las bandas Die Spitz, Uni Boys, Fast Kids, Sandré y el trío catalán. Después de los conciertos, la «afterparty» continúa en la Sala Würlitzer. El traslado a sala obliga a modificar algunos elementos previstos inicialmente para Madrid Río, como el mercadillo o la posibilidad de entrar con comida de casa, pero el festival mantendrá la opción de entrar y salir de Sala Mon con pulsera para que el público pueda moverse por la zona durante la jornada.. Veinte son los años que el trío cumple el año que viene. «Cuando empezábamos, nuestro sueño era tocar en el Heliogábal de Barcelona, que es un bar para 50 ó 60 personas y que vinieran nuestros colegas. No había la menor expectativa económica, simplemente era el hecho de disfrutar con la música. Ahora, cualquier grupo que está empezando te pregunta cuánto cobras y quieren hacer un ‘‘sold out’’. Pero no solo en la música: creo que toda la sociedad se ha vuelto así completamente. Estudias una carrera no porque te interese, sino para ganar tanto dinero. El mundo se ha vuelto todavía más capitalista y está dominado por un individualismo radical de ‘‘coaches’’ e ‘‘influencers’’», añade Arnau Sanz. No piensen que es envidia por todos esos grupos que ahora llenan pabellones u ofrecen «residencias» artísticas para casi medio millón de personas. «Nunca hemos tenido ese sentimiento. Nos han pasado grupos por la derecha constantemente en estos años y nos hemos alegrado por ellos siempre. De hecho, los grupos más jóvenes de Madrid nos han ayudado mucho y hemos sentido ese apoyo, aunque ya en realidad estamos más cerca generacionalmente de Airbag o de Los Punsetes que de ellos. Pero estamos muy cómodos en el lugar en el que estamos. Nos hemos profesionalizado, tenemos nuestro equipo y vivimos de esto. Y seguimos lejos de esa ambición. De hecho, es que no vamos a esos conciertos masivos ni siquiera como público», explica Yago Alcover, vocalista del grupo.. Una frase del nuevo trabajo acierta en el blanco: «No tendré la gloria de algunos de aquellos que no la merecen», cantan. «La frase apela, digamos, a aceptar las derrotas o admitir tus fracasos. A celebrar que puedas equivocarte o no conseguir lo que persigues, que nos parece también una idea muy linda. No se puede estar todo el rato pensando en que las cosas tienen que salir bien y que puedes conseguir todo lo que te propongas y todo este discurso súper positivista vinculado como la idea del bienestar. Podemos reírnos de nosotros mismos y usar la ironía. No pasa nada, maldita sea, las cosas salen mal, las hacemos mal», explica Yago. «Caen imperios», otro de los temas del nuevo álbum, abunda en lo inexplicable con su colofón: «seguiremos existiendo aunque nos olviden». Una frase que coloca, enfrente de la vanidad y la fama, la verdad del arte. «Esa canción va sobre las ganas de seguir tocando aunque seas mayor, cuando, por circunstancias de la vida, las cosas se acaben o incluso aunque no haya nadie escuchando. Como decir a tus viejos amigos: ‘‘vamos a tocar al local de ensayo’’. Creo que eso es lo más bonito que tenemos».
El trío catalán, a punto de cumplir 20 años, presenta en Blockparty 2026 su último disco, «Un dolor inexplicable»
Las cosas han cambiado mucho en la industria musical en los últimos veinte años. Para quienes, no hace tanto tiempo, sentían y vivían la música como un lugar donde realizarse y conocerse, hoy pueden sentirse perfectamente alienígenas en un contexto de negocio acelerado, lanzado al hiperespacio del turbocapitalismo. Para quienes se tomaban el oficio y el arte como un fin en sí mismos, echar una ojeada a la industria de hoy puede resultar descorazonador, como mínimo. Gigantes empresariales, prácticas abusivas y codiciosas, segregación de públicos y entradas a «precio dinámico»… Contemplar los abusos y los excesos del mercado puede, incluso, producir un dolor inexplicable. «Tenemos un documento compartido –dice Pol Rodellar, bajista del trío barcelonés Mujeres–. En él, vamos apuntando frases al azar, ideas que nos indiquen de qué queremos hablar en el siguiente disco. ¿Será trágico, esperanzador, cómico? Y ahí habíamos apuntado una frase, que fue la conclusión de una de nuestras interminables charlas de la furgoneta: nos sentimos completamente desplazados de la industria musical, de la obsesión de las escuchas, de los ‘‘sold outs’’, del Movistar Arena y de las urgencias por el éxito. Ese dolor inexplicable para nosotros es ver cómo el mundo se ha dislocado: a nosotros nos gusta formar parte de un tejido cultural en el que las pequeñas cosas importan, los espacios pequeños cuentan y hay que protegerlos y defenderlos. Porque pueden ser los espacios de la música pero también son los de una sociedad que te maltrata y te echa de casa o te da un trabajo precario». «Un dolor inexplicable», el último disco de la banda, habla de esto y muchas más cosas, con diez trallazos «rápidos, coreables y en tu cara», como los describe Rodellar. Por las razones correctas. Ahora, forman parte del festival Blockparty, que estaba previsto que se celebrase en la Explanada de Usos Múltiples del Parque Madrid Ríopero que, finalmente, se realizará en la Sala Mon debido a su coincidencia con la visita del Papa Leon XIV. La cita es el sábado, 6 de junio, y reúne, desde las 17:30 horas y hasta las 23:00 a las bandas Die Spitz, Uni Boys, Fast Kids, Sandré y el trío catalán. Después de los conciertos, la «afterparty» continúa en la Sala Würlitzer. El traslado a sala obliga a modificar algunos elementos previstos inicialmente para Madrid Río, como el mercadillo o la posibilidad de entrar con comida de casa, pero el festival mantendrá la opción de entrar y salir de Sala Mon con pulsera para que el público pueda moverse por la zona durante la jornada.. Veinte son los años que el trío cumple el año que viene. «Cuando empezábamos, nuestro sueño era tocar en el Heliogábal de Barcelona, que es un bar para 50 ó 60 personas y que vinieran nuestros colegas. No había la menor expectativa económica, simplemente era el hecho de disfrutar con la música. Ahora, cualquier grupo que está empezando te pregunta cuánto cobras y quieren hacer un ‘‘sold out’’. Pero no solo en la música: creo que toda la sociedad se ha vuelto así completamente. Estudias una carrera no porque te interese, sino para ganar tanto dinero. El mundo se ha vuelto todavía más capitalista y está dominado por un individualismo radical de ‘‘coaches’’ e ‘‘influencers’’», añade Arnau Sanz. No piensen que es envidia por todos esos grupos que ahora llenan pabellones u ofrecen «residencias» artísticas para casi medio millón de personas. «Nunca hemos tenido ese sentimiento. Nos han pasado grupos por la derecha constantemente en estos años y nos hemos alegrado por ellos siempre. De hecho, los grupos más jóvenes de Madrid nos han ayudado mucho y hemos sentido ese apoyo, aunque ya en realidad estamos más cerca generacionalmente de Airbag o de Los Punsetes que de ellos. Pero estamos muy cómodos en el lugar en el que estamos. Nos hemos profesionalizado, tenemos nuestro equipo y vivimos de esto. Y seguimos lejos de esa ambición. De hecho, es que no vamos a esos conciertos masivos ni siquiera como público», explica Yago Alcover, vocalista del grupo.. Una frase del nuevo trabajo acierta en el blanco: «No tendré la gloria de algunos de aquellos que no la merecen», cantan. «La frase apela, digamos, a aceptar las derrotas o admitir tus fracasos. A celebrar que puedas equivocarte o no conseguir lo que persigues, que nos parece también una idea muy linda. No se puede estar todo el rato pensando en que las cosas tienen que salir bien y que puedes conseguir todo lo que te propongas y todo este discurso súper positivista vinculado como la idea del bienestar. Podemos reírnos de nosotros mismos y usar la ironía. No pasa nada, maldita sea, las cosas salen mal, las hacemos mal», explica Yago. «Caen imperios», otro de los temas del nuevo álbum, abunda en lo inexplicable con su colofón: «seguiremos existiendo aunque nos olviden». Una frase que coloca, enfrente de la vanidad y la fama, la verdad del arte. «Esa canción va sobre las ganas de seguir tocando aunque seas mayor, cuando, por circunstancias de la vida, las cosas se acaben o incluso aunque no haya nadie escuchando. Como decir a tus viejos amigos: ‘‘vamos a tocar al local de ensayo’’. Creo que eso es lo más bonito que tenemos».
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