Pere Lluís Font, filósofo, teólogo y traductor, ha fallecido en Sabadell a la edad de 91 años. Fragmenta Editorial lo ha confirmado, dejando a la cultura catalana despojada de una de sus figuras más firmes y modestas de las últimas décadas. Nacido el 1 de mayo de 1934, en Pujalt (Lleida) en una familia modesta de los Pirineos, Font es un ejemplo del sabio humanista autodidacta como pocos otros. Sus estudios iniciales tuvieron lugar en el Seminario de La Seu d’Urgell, la única oportunidad educativa disponible en ese momento para un niño del pueblo. Fue allí donde descubrió la filosofía, un campo que nunca abandonaría de nuevo. Más tarde siguió estudios en Roma, centrándose en la teología, y particularmente en Toulouse, donde financió su educación en filosofía enseñando clases durante el día y descargando camiones por la noche. Ese período en Francia lo moldeó indeleblemente. Se encontró con el trío que serviría como su guía intelectual: Montaigne, Descartes y Pascal. También estaba fascinado por Kant y Hobbes. Regresó a Cataluña y en 1963 comenzó su larga carrera docente en la Universidad de Barcelona, donde dio clases de Historia de la Filosofía Antigua hasta 1968.
El año pasado, recibió el Premio de Honor de las Letras Catalanas.
Pere Lluís Font, filósofo, teólogo y traductor, ha fallecido en Sabadell a la edad de 91 años. Fragmenta Editorial lo ha confirmado, dejando a la cultura catalana despojada de una de sus figuras más firmes y modestas de las últimas décadas. Nacido el 1 de mayo de 1934, en Pujalt (Lleida) en una familia modesta de los Pirineos, Font es un ejemplo del sabio humanista autodidacta como pocos otros. Sus estudios iniciales tuvieron lugar en el Seminario de La Seu d’Urgell, la única oportunidad educativa disponible en ese momento para un niño del pueblo. Fue allí donde descubrió la filosofía, un campo que nunca abandonaría de nuevo. Más tarde siguió estudios en Roma, centrándose en la teología, y particularmente en Toulouse, donde financió su educación en filosofía enseñando clases durante el día y descargando camiones por la noche. Ese período en Francia lo moldeó indeleblemente. Se encontró con el trío que serviría como su guía intelectual: Montaigne, Descartes y Pascal. También estaba fascinado por Kant y Hobbes. Regresó a Cataluña y en 1963 comenzó su larga carrera docente en la Universidad de Barcelona, donde dio clases de Historia de la Filosofía Antigua hasta 1968.
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