Mucho antes de Internet, de los satélites o incluso del teléfono, hubo una época en la que buena parte de las comunicaciones internacionales pasaban por una ciudad gallega. Durante casi cien años, Vigo fue uno de los grandes nodos mundiales del telégrafo submarino y el lugar desde el que el Imperio británico mantenía contacto con buena parte de sus colonias repartidas por los cinco continentes. Aquel episodio comenzó en 1873 con la llegada de la Eastern Telegraph Company, conocida popularmente como el Cable Inglés, una empresa que transformó para siempre la historia de la ciudad y la convirtió en la puerta de entrada de las telecomunicaciones españolas. Cambió la historia de la ciudad La revolución de las comunicaciones submarinas había comenzado apenas unas décadas antes en Inglaterra. La Eastern Telegraph Company, fundada por el empresario escocés John Pender, buscaba crear una gigantesca red que enlazara el Reino Unido con África, Asia, Oceanía y América del Sur. Para ello necesitaba una base estratégica en la Península Ibérica y eligió Vigo por las excelentes condiciones de su ría y de su puerto para el tendido y mantenimiento de los cables submarinos. En 1873 comenzaron a funcionar las conexiones entre Vigo y Porthcurno, en Cornualles, así como la línea con Carcavelos (Portugal), convirtiendo a la ciudad en el primer puerto español con comunicaciones telegráficas internacionales. Durante once años fueron, además, las únicas conexiones submarinas internacionales de España. Los mensajes llevaban escrito «Vía Vigo» La importancia alcanzada por la ciudad fue enorme. Los telegramas que viajaban desde Londres hacia África, la India, Australia, Nueva Zelanda o Sudamérica atravesaban la estación viguesa, hasta el punto de que millones de mensajes incluían la inscripción «VIA VIGO» antes de continuar hacia su destino final. En la práctica, Vigo se convirtió en uno de los grandes centros internacionales de transmisión de información del siglo XIX y buena parte del XX. La llegada de ingenieros y técnicos británicos tuvo un impacto que fue mucho más allá de las telecomunicaciones. Fundaron el Exiles Football Club, considerado por numerosos historiadores uno de los primeros equipos de fútbol surgidos en España, e introdujeron deportes como el tenis, el billar o el tenis de mesa. Muchos de aquellos trabajadores acabaron estableciéndose definitivamente en la ciudad. Uno de los símbolos del Cable Inglés fue el reloj instalado en la fachada de sus oficinas de la calle Velázquez Moreno. Su precisión era tal que los vigueses acudían a consultarlo para ajustar sus propios relojes, popularizando la expresión «Llevo la hora del Cable». Vigo, ciudad de espías La importancia estratégica de Vigo también la convirtió en escenario de operaciones de inteligencia. En 1896 llegó el llamado Cable Alemán, lo que reforzó el valor internacional de la ciudad. Durante la Segunda Guerra Mundial, ingleses y alemanes
Desde aquí partían mensajes hacia Londres, África, Asia, Oceanía y Sudamérica, mientras espías, ingenieros británicos o pioneros del fútbol escribían una página sorprendente
Mucho antes de Internet, de los satélites o incluso del teléfono, hubo una época en la que buena parte de las comunicaciones internacionales pasaban por una ciudad gallega. Durante casi cien años, Vigo fue uno de los grandes nodos mundiales del telégrafo submarino y el lugar desde el que el Imperio británico mantenía contacto con buena parte de sus colonias repartidas por los cinco continentes.Aquel episodio comenzó en 1873 con la llegada de la Eastern Telegraph Company, conocida popularmente como el Cable Inglés, una empresa que transformó para siempre la historia de la ciudad y la convirtió en la puerta de entrada de las telecomunicaciones españolas.Cambió la historia de la ciudadLa revolución de las comunicaciones submarinas había comenzado apenas unas décadas antes en Inglaterra. La Eastern Telegraph Company, fundada por el empresario escocés John Pender, buscaba crear una gigantesca red que enlazara el Reino Unido con África, Asia, Oceanía y América del Sur. Para ello necesitaba una base estratégica en la Península Ibérica y eligió Vigo por las excelentes condiciones de su ría y de su puerto para el tendido y mantenimiento de los cables submarinos.En 1873 comenzaron a funcionar las conexiones entre Vigo y Porthcurno, en Cornualles, así como la línea con Carcavelos (Portugal), convirtiendo a la ciudad en el primer puerto español con comunicaciones telegráficas internacionales. Durante once años fueron, además, las únicas conexiones submarinas internacionales de España.Los mensajes llevaban escrito «Vía Vigo»La importancia alcanzada por la ciudad fue enorme. Los telegramas que viajaban desde Londres hacia África, la India, Australia, Nueva Zelanda o Sudamérica atravesaban la estación viguesa, hasta el punto de que millones de mensajes incluían la inscripción «VIA VIGO» antes de continuar hacia su destino final. En la práctica, Vigo se convirtió en uno de los grandes centros internacionales de transmisión de información del siglo XIX y buena parte del XX.La llegada de ingenieros y técnicos británicos tuvo un impacto que fue mucho más allá de las telecomunicaciones. Fundaron el Exiles Football Club, considerado por numerosos historiadores uno de los primeros equipos de fútbol surgidos en España, e introdujeron deportes como el tenis, el billar o el tenis de mesa. Muchos de aquellos trabajadores acabaron estableciéndose definitivamente en la ciudad.Uno de los símbolos del Cable Inglés fue el reloj instalado en la fachada de sus oficinas de la calle Velázquez Moreno. Su precisión era tal que los vigueses acudían a consultarlo para ajustar sus propios relojes, popularizando la expresión «Llevo la hora del Cable».Vigo, ciudad de espíasLa importancia estratégica de Vigo también la convirtió en escenario de operaciones de inteligencia. En 1896 llegó el llamado Cable Alemán, lo que reforzó el valor internacional de la ciudad.Durante la Segunda Guerra Mundial, ingleses y alemanes corta
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