El pasado 12 de marzo, ante el pórtico de unas nuevas fiestas falleras, celebramos el decimosexto aniversario de la muerte de uno de los escritores más importantes en lengua castellana: Miguel Delibes. Otro don Miguel que, a pesar de lo que muchos se han esforzado en mostrar malintencionadamente, era un hombre que destilaba socarronería y jovialidad, de fluida conversación; un ser humano excepcional y amante de las cosas pequeñas y de la naturaleza, aunque fuera cazador… SÍ, aunque lo fuera. Aprendamos a ser menos dogmáticos porque, cuando nos interesa, parece que no lo somos. Pues bien, dicho esto, sigamos fluyendo…. Como la sombra alargada de sus cipreses, este castellano alto y enjuto, de ojos siempre curiosos, que saltaba de emoción cuando pescaba una trucha, que daba largos paseos a la vera de sus ríos y observaba con el rabillo del ojo a los pájaros que tanto amaba, era un hombre que vivió una época compleja, pero que la vivió sereno; que escribía a mano y enseñaba a sus hijos y nietos que todas las cosas requieren su tiempo.. Alumno de La Salle, como esta que les escribe —aunque con grandes diferencias muy a mi pesar—, sus dones fueron reconocidos por los hermanos lasalianos desde el primer momento: «Tiene la mirada lánguida y un poco tristona, y es Miguel, sin embargo, el más alegre y juguetón del grupo». Qué le vamos a hacer, los que han sido misioneros tienen estas pequeñas ventajas: todo lo captan.. Quién no recuerda esa imagen suya por el campo vallisoletano vestido con una cazadora, pantalón de pana, botas y gorra; curiosa mezcla entre hombre elegante, refinado y, a la vez, profesor sencillo y comprometido con la justicia, su mundo pequeño y su Dios. En estos tiempos, un escritor creyente es una rareza no demasiado bien aceptada por el resto, pero así era, un ejemplo de coherencia y virtudes personales que lo pertrecharon no solo a él, sino también a su obra.. La existencia de Delibes es un ejemplo de estabilidad, de equilibrio y, por qué no, de resiliencia de la buena. De esa que no se cuenta, de la que no se habla, de la que de verdad se practica en silencio, sin post, sin altavoces ni postureos colectivos…, sin redes que reverberen el eco de cada silencio para que se escuche y llegue más lejos.. Supongo que esto le permitió vivir dentro del sistema con mayor facilidad y poner así en práctica su independencia intelectual sin estridencias, como le pasó a Mario en sus cinco horas o a don Eloy, recién jubilado, con la hoja roja de una vida que se le escapaba entre los dedos.. Delibes fue tan coherente consigo mismo como con su obra y, si me lo permiten, les diré que odiaba tanto los aviones y los ascensores como a aquellos que, gustosos, vociferaban sus propias glorias y enardecían sus fingimientos. Manuel Leguineche decía que era un «franciscano generoso, amigo de lo justo y adversario de la teatralidad…».. Recordemos durante este mes de marzo, al profesor de comercio vallisoletano, periodista, director y consejero de El Norte de Castilla, cuyo pequeño universo era verdaderamente exótico. Unas zapatillas de andar por casa, un libro, una mesa camilla, la cama de su casa de siempre en el Paseo Zorrilla y cosas por el estilo alimentaron a Delibes durante ochenta y nueve años. Fue fiel como un perro a su querida Ángeles hasta después de muerta, porque, como decía, «la fidelidad no tiene ningún mérito», y para quien, a partir de ese momento, el mundo dejó de ser como le gustaría que fuera.. Leamos sin tapujos ni prejuicios a este inusual y tenaz académico, que ocupó el sillón «e». La «e» de esperanza, de equilibrio, de empatía, de energía y, por supuesto, de estrella y de eternidad.. Galardonado con el Nadal, el Premio de la Crítica, el Príncipe de Asturias, el Premio Nacional de las Letras Españolas y el Cervantes, creo que estas son inexcusables razones para que, aquellos a los que les sigue dando pelusa leerlo porque lo escoran tendenciosamente hacia una orilla del camino, lo hagan de una vez. Ya lo expliqué hace tiempo en un libro de ensayos en los que tuve el honor de participar junto a otros compañeros y que hablaba de eso de la libertad: «Me emociono cuando veo que alguien vibra al leer los poemas de Luis Rosales, y le ofrezco mis respetos. Lo mismo me ocurre cuando otros lo hacen con los de García Lorca… Pero me inclino y a la vez me descubro ante quien siente con ambos, sin estigmas. Si ellos fueron tan amigos, ¿por qué nosotros no?».. Así que ya saben: no hay color en esto de la belleza y la sensibilidad; leamos a Cela y también a Delibes, del que, además, es su mes de aniversario.. ¿Cómo pasar por alto a alguien que nos enseñó que los santos también pueden ser inocentes?. Hasta dentro de unos días. Y no se olviden: el mar les espera.. P. D.: Aunque quiero evitar la pregunta, no puedo: ¿qué habría pensado Miguel Delibes de los therians?
La existencia de Delibes es un ejemplo de estabilidad, de equilibrio y, por qué no, de resiliencia de la buena
El pasado 12 de marzo, ante el pórtico de unas nuevas fiestas falleras, celebramos el decimosexto aniversario de la muerte de uno de los escritores más importantes en lengua castellana: Miguel Delibes. Otro don Miguel que, a pesar de lo que muchos se han esforzado en mostrar malintencionadamente, era un hombre que destilaba socarronería y jovialidad, de fluida conversación; un ser humano excepcional y amante de las cosas pequeñas y de la naturaleza, aunque fuera cazador… SÍ, aunque lo fuera. Aprendamos a ser menos dogmáticos porque, cuando nos interesa, parece que no lo somos. Pues bien, dicho esto, sigamos fluyendo…. Como la sombra alargada de sus cipreses, este castellano alto y enjuto, de ojos siempre curiosos, que saltaba de emoción cuando pescaba una trucha, que daba largos paseos a la vera de sus ríos y observaba con el rabillo del ojo a los pájaros que tanto amaba, era un hombre que vivió una época compleja, pero que la vivió sereno; que escribía a mano y enseñaba a sus hijos y nietos que todas las cosas requieren su tiempo.. Alumno de La Salle, como esta que les escribe —aunque con grandes diferencias muy a mi pesar—, sus dones fueron reconocidos por los hermanos lasalianos desde el primer momento: «Tiene la mirada lánguida y un poco tristona, y es Miguel, sin embargo, el más alegre y juguetón del grupo». Qué le vamos a hacer, los que han sido misioneros tienen estas pequeñas ventajas: todo lo captan.. Quién no recuerda esa imagen suya por el campo vallisoletano vestido con una cazadora, pantalón de pana, botas y gorra; curiosa mezcla entre hombre elegante, refinado y, a la vez, profesor sencillo y comprometido con la justicia, su mundo pequeño y su Dios. En estos tiempos, un escritor creyente es una rareza no demasiado bien aceptada por el resto, pero así era, un ejemplo de coherencia y virtudes personales que lo pertrecharon no solo a él, sino también a su obra.. La existencia de Delibes es un ejemplo de estabilidad, de equilibrio y, por qué no, de resiliencia de la buena. De esa que no se cuenta, de la que no se habla, de la que de verdad se practica en silencio, sin post, sin altavoces ni postureos colectivos…, sin redes que reverberen el eco de cada silencio para que se escuche y llegue más lejos.. Supongo que esto le permitió vivir dentro del sistema con mayor facilidad y poner así en práctica su independencia intelectual sin estridencias, como le pasó a Mario en sus cinco horas o a don Eloy, recién jubilado, con la hoja roja de una vida que se le escapaba entre los dedos.. Delibes fue tan coherente consigo mismo como con su obra y, si me lo permiten, les diré que odiaba tanto los aviones y los ascensores como a aquellos que, gustosos, vociferaban sus propias glorias y enardecían sus fingimientos. Manuel Leguineche decía que era un «franciscano generoso, amigo de lo justo y adversario de la teatralidad…».. Recordemos durante este mes de marzo, al profesor de comercio vallisoletano, periodista, director y consejero de El Norte de Castilla, cuyo pequeño universo era verdaderamente exótico. Unas zapatillas de andar por casa, un libro, una mesa camilla, la cama de su casa de siempre en el Paseo Zorrilla y cosas por el estilo alimentaron a Delibes durante ochenta y nueve años. Fue fiel como un perro a su querida Ángeles hasta después de muerta, porque, como decía, «la fidelidad no tiene ningún mérito», y para quien, a partir de ese momento, el mundo dejó de ser como le gustaría que fuera.. Leamos sin tapujos ni prejuicios a este inusual y tenaz académico, que ocupó el sillón «e». La «e» de esperanza, de equilibrio, de empatía, de energía y, por supuesto, de estrella y de eternidad.. Galardonado con el Nadal, el Premio de la Crítica, el Príncipe de Asturias, el Premio Nacional de las Letras Españolas y el Cervantes, creo que estas son inexcusables razones para que, aquellos a los que les sigue dando pelusa leerlo porque lo escoran tendenciosamente hacia una orilla del camino, lo hagan de una vez. Ya lo expliqué hace tiempo en un libro de ensayos en los que tuve el honor de participar junto a otros compañeros y que hablaba de eso de la libertad: «Me emociono cuando veo que alguien vibra al leer los poemas de Luis Rosales, y le ofrezco mis respetos. Lo mismo me ocurre cuando otros lo hacen con los de García Lorca… Pero me inclino y a la vez me descubro ante quien siente con ambos, sin estigmas. Si ellos fueron tan amigos, ¿por qué nosotros no?».. Así que ya saben: no hay color en esto de la belleza y la sensibilidad; leamos a Cela y también a Delibes, del que, además, es su mes de aniversario.. ¿Cómo pasar por alto a alguien que nos enseñó que los santos también pueden ser inocentes?. Hasta dentro de unos días. Y no se olviden: el mar les espera.. P. D.: Aunque quiero evitar la pregunta, no puedo: ¿qué habría pensado Miguel Delibes de los therians?
Noticias de la Comunidad Valenciana en La Razón
