Las costumbres de Marcos Llorente, varias de ellas discutidas por la ciencia, no han cambiado durante la concentración de España en Chattanooga. «No tengo problema, porque los hábitos los puedo seguir igual que en casa, pero en un hotel. Amanece a las seis y media, lo veo. En cuanto a la comida, la selección te prepara de todo a cualquiera. En ese sentido es una maravilla. Los entrenamientos, cenamos de día, así que no está cambiando nada. Por esa parte de los hábitos está todo genial», confiesa el jugador del Atlético de Madrid. Llorente ha arrastrado a muchos de sus compañeros a compartir sus hábitos, algo que no tiene previsto cambiar con los traslados. España abandona hoy su concentración en Chattanooga para convertirse en un circo itinerante, con un continuo ir y venir de Los Ángeles a Dallas en el caso de que llegue hasta las semifinales. «Sería muy complicado hacer todo en un mismo sitio. Eso pasó en el Mundial pasado. Y fue una maravilla porque no nos movíamos nunca. Íbamos en autobús a los partidos», explica el lateral del Atlético. «Una pieza fundamental también, que es la familia, era mucho más fácil. Aquí, por ejemplo, mi familia con una hija pequeña es imposible que venga. Y por esa parte, es verdad que sería mejor. Pero como es para todos igual, para todos los equipos… Adaptarse es casi peor para toda la gente que nos ayuda, que tienen que mover las cosas de un lado a otro, ya sea la nutricionista, los del gimnasio… Para ellos sí es un buen jaleo. A nosotros nos cuidan tanto que sí que es verdad que tampoco lo notamos mucho», reconoce. Lo que sí ha cambiado para Marcos Llorente es su manera de manejarse en el campo. En la selección juega por detrás de Lamine Yamal y eso condiciona su juego, pero él se adapta. Es Lamine el que tiene que marcar el ritmo y los movimientos sobre el campo. «Es que el Atlético de Madrid no tiene nada que ver con la selección. Son dos ideas de juego diferentes. Y en el Atleti tenemos una manera de atacar. Yo en el Atleti no tengo a Lamine delante. Y en la selección no tengo a Giuliano, por ejemplo, que he jugado muchos partidos con él. Es diferente», dice. «Poco a poco nos vamos conociendo. Lamine es un jugador que tampoco necesita mucha ayuda. A veces incluso es peor, porque le estás llevando a un jugador más para que le defienda. Y a veces es mejor darle el balón y quedarte esperando para que él se juegue el uno contra uno y no atraer también al que te está defendiendo a ti hacia él. Y que ya sean dos para frenarle. En esa búsqueda de lo mejor para él porque es el jugador que marca las diferencias hay momentos en los que hay que subir, momentos en los que no, en los que hay que dejarle más espacio para que juegue ese uno contra uno. Y momentos que sí son para doblar. Entonces, hay veces que se elige subir o no», añade. Llorente no es un futbolista al que le gusta estar pendiente de otros partidos, que estudie a los rivales por su cuenta, y ta
El jugador del Atlético de Madrid mantiene sus hábitos en el Mundial. «Amanece a las seis y media y lo veo», cuenta
Las costumbres de Marcos Llorente, varias de ellas discutidas por la ciencia, no han cambiado durante la concentración de España en Chattanooga. «No tengo problema, porque los hábitos los puedo seguir igual que en casa, pero en un hotel. Amanece a las seis y media, lo veo. En cuanto a la comida, la selección te prepara de todo a cualquiera. En ese sentido es una maravilla. Los entrenamientos, cenamos de día, así que no está cambiando nada. Por esa parte de los hábitos está todo genial», confiesa el jugador del Atlético de Madrid.Llorente ha arrastrado a muchos de sus compañeros a compartir sus hábitos, algo que no tiene previsto cambiar con los traslados. España abandona hoy su concentración en Chattanooga para convertirse en un circo itinerante, con un continuo ir y venir de Los Ángeles a Dallas en el caso de que llegue hasta las semifinales. «Sería muy complicado hacer todo en un mismo sitio. Eso pasó en el Mundial pasado. Y fue una maravilla porque no nos movíamos nunca. Íbamos en autobús a los partidos», explica el lateral del Atlético. «Una pieza fundamental también, que es la familia, era mucho más fácil. Aquí, por ejemplo, mi familia con una hija pequeña es imposible que venga. Y por esa parte, es verdad que sería mejor. Pero como es para todos igual, para todos los equipos… Adaptarse es casi peor para toda la gente que nos ayuda, que tienen que mover las cosas de un lado a otro, ya sea la nutricionista, los del gimnasio… Para ellos sí es un buen jaleo. A nosotros nos cuidan tanto que sí que es verdad que tampoco lo notamos mucho», reconoce.Lo que sí ha cambiado para Marcos Llorente es su manera de manejarse en el campo. En la selección juega por detrás de Lamine Yamal y eso condiciona su juego, pero él se adapta. Es Lamine el que tiene que marcar el ritmo y los movimientos sobre el campo. «Es que el Atlético de Madrid no tiene nada que ver con la selección. Son dos ideas de juego diferentes. Y en el Atleti tenemos una manera de atacar. Yo en el Atleti no tengo a Lamine delante. Y en la selección no tengo a Giuliano, por ejemplo, que he jugado muchos partidos con él. Es diferente», dice. «Poco a poco nos vamos conociendo. Lamine es un jugador que tampoco necesita mucha ayuda. A veces incluso es peor, porque le estás llevando a un jugador más para que le defienda. Y a veces es mejor darle el balón y quedarte esperando para que él se juegue el uno contra uno y no atraer también al que te está defendiendo a ti hacia él. Y que ya sean dos para frenarle. En esa búsqueda de lo mejor para él porque es el jugador que marca las diferencias hay momentos en los que hay que subir, momentos en los que no, en los que hay que dejarle más espacio para que juegue ese uno contra uno. Y momentos que sí son para doblar. Entonces, hay veces que se elige subir o no», añade.Llorente no es un futbolista al que le gusta estar pendiente de otros partidos, que estudie a los rivales por su cuenta, y tampo
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