Andy Burnham ya actúa como el nuevo primer ministro británico antes incluso de haber cruzado la puerta del Número 10 de Downing Street. Tras la dimisión de Keir Starmer, el que fuera alcalde de Mánchester ha puesto en marcha una intensa operación para asegurarse de que, cuando llegue el momento de que el rey Carlos III le invite a formar Gobierno, apenas queden cabos sueltos.Su prioridad ya no es ganar el liderazgo laborista –en Westminster pocos dudan de que lo conseguirá–, sino convencer al partido, a los mercados y a la opinión pública de que está preparado para inaugurar una nueva etapa en un país marcado por la inestabilidad política que se instauró con el referéndum del Brexit. Los británicos se encaminan a tener su séptimo primer ministro en apenas una década.En su primer gran discurso tras anunciar la pasada semana su candidatura al liderazgo, el exalcalde defendió un «número 10 del norte», en alusión a la residencia oficial del primer ministro británico en el 10 de Downing Street. En su comparecencia en un museo de Mánchester, Burnham propuso acometer «el mayor proceso de reequilibrio de poder que ha visto el país», transfiriendo competencias y capacidad de recaudar impuestos a las autoridades locales, para que puedan «aumentar la productividad y contribuir al crecimiento». Esto sería al margen de los poderes que ya tienen las naciones históricas de Gales y Escocia y la provincia de Irlanda del Norte, que cuentan con sus propios parlamentos.El ‘Manchesterismo’En opinión del exalcade, mientras que el Gobierno central «no ha parado de crecer» en los últimos años, las regiones y municipios «están en mínimos». «Todo el país sufre cuando las regiones y naciones no alcanzan su potencial, y los londinenses acaban con una economía sobrecalentada y un mercado de la vivienda saturado», afirmó Burnham.El exministro subrayó que su prioridad es que lugares actualmente «olvidados» y en decadencia, como muchas ciudades costeras británicas, recuperen «el control» sobre sus futuros; sin discriminar, apuntó, a actuales centros de poder como Londres, de la que dijo que desea que siga siendo «la mejor capital del mundo».Considerado de la izquierda moderada del laborismo, Burnham expuso a grandes rasgos la que sería su política económica si llega a Downing Street. «No lo dejaremos todo a los mercados, sino que intervendremos cuando sea necesario. Esto es el ‘Manchesterismo’», afirmó, en alusión a su etapa como alcalde.En un intento de calmar a sus potenciales críticos, aseguró que respetará las normas de disciplina fiscal adoptadas por el Gobierno laborista cuando llegó al poder en julio de 2024, que le impiden endeudarse para el gasto corriente y solo pedir prestado para la inversión, con el compromiso de rebajar la deuda pública. Burnham, que cuenta con amplio apoyo entre los diputados laboristas, prometió un cambio de rumbo para Reino Unido. «Tras diez años de turbulencia política desde el Brexit y
Andy Burnham ya actúa como el nuevo primer ministro británico antes incluso de haber cruzado la puerta del Número 10 de Downing Street. Tras la dimisión de Keir Starmer, el que fuera alcalde de Mánchester ha puesto en marcha una intensa operación para asegurarse de que, cuando llegue el momento de que el rey Carlos III le invite a formar Gobierno, apenas queden cabos sueltos. Su prioridad ya no es ganar el liderazgo laborista –en Westminster pocos dudan de que lo conseguirá–, sino convencer al partido, a los mercados y a la opinión pública de que está preparado para inaugurar una nueva etapa en un país marcado por la inestabilidad política que se instauró con el referéndum del Brexit. Los británicos se encaminan a tener su séptimo primer ministro en apenas una década. En su primer gran discurso tras anunciar la pasada semana su candidatura al liderazgo, el exalcalde defendió un «número 10 del norte», en alusión a la residencia oficial del primer ministro británico en el 10 de Downing Street. En su comparecencia en un museo de Mánchester, Burnham propuso acometer «el mayor proceso de reequilibrio de poder que ha visto el país», transfiriendo competencias y capacidad de recaudar impuestos a las autoridades locales, para que puedan «aumentar la productividad y contribuir al crecimiento». Esto sería al margen de los poderes que ya tienen las naciones históricas de Gales y Escocia y la provincia de Irlanda del Norte, que cuentan con sus propios parlamentos. El ‘Manchesterismo’ En opinión del exalcade, mientras que el Gobierno central «no ha parado de crecer» en los últimos años, las regiones y municipios «están en mínimos». «Todo el país sufre cuando las regiones y naciones no alcanzan su potencial, y los londinenses acaban con una economía sobrecalentada y un mercado de la vivienda saturado», afirmó Burnham. El exministro subrayó que su prioridad es que lugares actualmente «olvidados» y en decadencia, como muchas ciudades costeras británicas, recuperen «el control» sobre sus futuros; sin discriminar, apuntó, a actuales centros de poder como Londres, de la que dijo que desea que siga siendo «la mejor capital del mundo». Considerado de la izquierda moderada del laborismo, Burnham expuso a grandes rasgos la que sería su política económica si llega a Downing Street. «No lo dejaremos todo a los mercados, sino que intervendremos cuando sea necesario. Esto es el ‘Manchesterismo’», afirmó, en alusión a su etapa como alcalde. En un intento de calmar a sus potenciales críticos, aseguró que respetará las normas de disciplina fiscal adoptadas por el Gobierno laborista cuando llegó al poder en julio de 2024, que le impiden endeudarse para el gasto corriente y solo pedir prestado para la inversión, con el compromiso de rebajar la deuda pública. Burnham, que cuenta con amplio apoyo entre los diputados laboristas, prometió un cambio de rumbo para Reino Unido. «Tras diez años de turbulencia política desde el B
El favorito a primer ministro propone una ambiciosa descentralización de competencias hacia los entes locales
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