Peter Magyar, líder del partido Tisza y vencedor de las últimas elecciones en Hungría, ha optado por marcar territorio desde el inicio y dejó claro este miércoles, apenas tres días después de su victoria, que su proyecto de gobierno no se limitará a gestionar la herencia institucional, sino que pasará por intervenir en uno de los engranajes centrales del sistema levantado por Viktor Orban durante dieciséis años: la suspensión de los servicios informativos de la radiotelevisión pública hasta que, según sus palabras, recuperen su carácter de verdadero servicio público.. No fue una declaración lanzada desde un mitin o desde las redes sociales, sino en el mismo corazón del aparato mediático estatal. Magyar compareció a primera hora en la radio pública Kossuth y poco después en el canal M1 y aprovechó esa tribuna para hacer un ajuste de cuentas político y simbólico. Acusó a la televisión y la radio estatales de haber funcionado como una «máquina de propaganda», prometió una nueva ley de prensa, la creación de una nueva autoridad audiovisual y la reorganización completa de una estructura que considera incompatible con una democracia plural. El mensaje era inequívoco: la transición no consistirá únicamente en ocupar las instituciones existentes, sino en discutir su propia naturaleza.. Uno de los pilares del modelo Orban. La ofensiva contra el entramado informativo construido durante la etapa anterior se ha convertido así en la primera gran señal política de la resaca electoral. No es casual. El anterior Gobierno no solo ejerció el poder desde las instituciones, sino también desde un ecosistema mediático altamente disciplinado, sostenido por financiación pública, publicidad institucional y una red de lealtades cuidadosamente consolidada. Intervenir en ese ámbito implica actuar sobre uno de los pilares que han sostenido ese modelo durante más de una década y, al mismo tiempo, proyectar hacia fuera una imagen nítida sobre el alcance real de la transformación anunciada. Pero la jornada dejó también otros mensajes relevantes.. En sus intervenciones, Magyar insistió en que una de sus prioridades inmediatas será desbloquear los fondos europeos congelados, para lo que reiteró cuatro compromisos dirigidos a la Comisión Europea: refuerzo de los mecanismos anticorrupción, independencia judicial, libertad de prensa y restitución de la autonomía académica. Tras su conversación con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, subrayó que el objetivo no es únicamente recuperar esos recursos, sino reorientarlos hacia eficiencia energética, apoyo a pequeñas y medianas empresas, sanidad e inversión productiva, en contraste con el uso que, a su juicio, se ha hecho de ellos en los últimos años. Un planteamiento que conecta con otro de los ejes que Magyar intenta fijar desde ahora como seña de identidad de su futuro gobierno: la combinación de continuidad selectiva y corrección estructural.. «Todo lo que funcione se mantendrá». El líder de Tisza insiste en que «todo lo que funcione se mantendrá», una fórmula pensada para amortiguar la incertidumbre en amplios sectores del electorado, pero que al mismo tiempo introduce matices que apuntan a un cambio de orientación. En esa línea, defendió la preservación del sistema de ayudas familiares y de la política de contención de los costes energéticos, aunque con ajustes dirigidos a ampliar su alcance, como la inclusión de la leña, en un guiño explícito a la Hungría rural, tradicionalmente más sensible a ese tipo de medidas.. Al mismo tiempo, avanzó una revisión en profundidad de la estructura de costes del sistema energético con el objetivo de abaratar precios para hogares y empresas, pero sobre bases más sostenibles y menos dependientes de factores externos, en un intento de conjugar estabilidad social y reordenación económica sin recurrir a rupturas bruscas.. Magyar se mueve ya como primer ministro in pectore y confirmó que espera formar gobierno en breve; para ello, presionó al presidente Tamas Sulyok para que abandone el cargo al considerar que no representa la unidad nacional ni ha actuado como contrapeso institucional. También en materia de seguridad y política exterior trató de combinar continuidad y rectificación al afirmar que mantendrá la valla fronteriza del sur o que no romperá de forma abrupta con las actuales dependencias energéticas, aunque sí apostará por diversificar suministros.. No obstante, la verdadera dificultad empieza ahora. Derrotar a Orbán en las urnas ha sido, en términos políticos, el primer movimiento; gobernar implicará enfrentarse a una arquitectura institucional, mediática y económica diseñada precisamente para resistir ese desenlace. Magyar ha optado por abrir esa fase atacando el elemento más visible del sistema, el control del relato. A partir de ahí, su margen de maniobra dependerá no solo de su capacidad para traducir el impulso electoral en reformas concretas, sino también de hasta qué punto logra erosionar, sin provocar un bloqueo total, las inercias de poder acumuladas durante años.
Peter Magyar, líder del partido Tisza y vencedor de las últimas elecciones en Hungría, ha optado por marcar territorio desde el inicio y dejó claro este miércoles, apenas tres días después de su victoria, que su proyecto de gobierno no se limitará a gestionar la herencia institucional, sino que pasará por intervenir en uno de los engranajes centrales del sistema levantado por Viktor Orban durante dieciséis años: la suspensión de los servicios informativos de la radiotelevisión pública hasta que, según sus palabras, recuperen su carácter de verdadero servicio público.. No fue una declaración lanzada desde un mitin o desde las redes sociales, sino en el mismo corazón del aparato mediático estatal. Magyar compareció a primera hora en la radio pública Kossuth y poco después en el canal M1 y aprovechó esa tribuna para hacer un ajuste de cuentas político y simbólico. Acusó a la televisión y la radio estatales de haber funcionado como una «máquina de propaganda», prometió una nueva ley de prensa, la creación de una nueva autoridad audiovisual y la reorganización completa de una estructura que considera incompatible con una democracia plural. El mensaje era inequívoco: la transición no consistirá únicamente en ocupar las instituciones existentes, sino en discutir su propia naturaleza.. Uno de los pilares del modelo Orban. La ofensiva contra el entramado informativo construido durante la etapa anterior se ha convertido así en la primera gran señal política de la resaca electoral. No es casual. El anterior Gobierno no solo ejerció el poder desde las instituciones, sino también desde un ecosistema mediático altamente disciplinado, sostenido por financiación pública, publicidad institucional y una red de lealtades cuidadosamente consolidada. Intervenir en ese ámbito implica actuar sobre uno de los pilares que han sostenido ese modelo durante más de una década y, al mismo tiempo, proyectar hacia fuera una imagen nítida sobre el alcance real de la transformación anunciada. Pero la jornada dejó también otros mensajes relevantes.. En sus intervenciones, Magyar insistió en que una de sus prioridades inmediatas será desbloquear los fondos europeos congelados, para lo que reiteró cuatro compromisos dirigidos a la Comisión Europea: refuerzo de los mecanismos anticorrupción, independencia judicial, libertad de prensa y restitución de la autonomía académica. Tras su conversación con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, subrayó que el objetivo no es únicamente recuperar esos recursos, sino reorientarlos hacia eficiencia energética, apoyo a pequeñas y medianas empresas, sanidad e inversión productiva, en contraste con el uso que, a su juicio, se ha hecho de ellos en los últimos años. Un planteamiento que conecta con otro de los ejes que Magyar intenta fijar desde ahora como seña de identidad de su futuro gobierno: la combinación de continuidad selectiva y corrección estructural.. «Todo lo que funcione se mantendrá». El líder de Tisza insiste en que «todo lo que funcione se mantendrá», una fórmula pensada para amortiguar la incertidumbre en amplios sectores del electorado, pero que al mismo tiempo introduce matices que apuntan a un cambio de orientación. En esa línea, defendió la preservación del sistema de ayudas familiares y de la política de contención de los costes energéticos, aunque con ajustes dirigidos a ampliar su alcance, como la inclusión de la leña, en un guiño explícito a la Hungría rural, tradicionalmente más sensible a ese tipo de medidas.. Al mismo tiempo, avanzó una revisión en profundidad de la estructura de costes del sistema energético con el objetivo de abaratar precios para hogares y empresas, pero sobre bases más sostenibles y menos dependientes de factores externos, en un intento de conjugar estabilidad social y reordenación económica sin recurrir a rupturas bruscas.. Magyar se mueve ya como primer ministro in pectore y confirmó que espera formar gobierno en breve; para ello, presionó al presidente Tamas Sulyok para que abandone el cargo al considerar que no representa la unidad nacional ni ha actuado como contrapeso institucional. También en materia de seguridad y política exterior trató de combinar continuidad y rectificación al afirmar que mantendrá la valla fronteriza del sur o que no romperá de forma abrupta con las actuales dependencias energéticas, aunque sí apostará por diversificar suministros.. No obstante, la verdadera dificultad empieza ahora. Derrotar a Orbán en las urnas ha sido, en términos políticos, el primer movimiento; gobernar implicará enfrentarse a una arquitectura institucional, mediática y económica diseñada precisamente para resistir ese desenlace. Magyar ha optado por abrir esa fase atacando el elemento más visible del sistema, el control del relato. A partir de ahí, su margen de maniobra dependerá no solo de su capacidad para traducir el impulso electoral en reformas concretas, sino también de hasta qué punto logra erosionar, sin provocar un bloqueo total, las inercias de poder acumuladas durante años.
El líder del partido Tisza ha anunciado la suspensión de los servicios informativos de la radiotelevisión pública hasta que, según sus palabras, recuperen su carácter de verdadero servicio público
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