Un proyecto pionero en el Reial Monestir de Santa Maria de Pedralbes ha descorrido el velo de una historia que tiene siete siglos. Al abrir ocho sepulturas del siglo XIV, incluida la de la reina fundadora Elisenda de Montcada, y analizar por primera vez de forma integral a 25 individuos con técnicas arqueológicas, antropológicas, botánicas y genéticas, los investigadores han podido cuestionar las atribuciones históricas, documentado reaperturas y reutilizaciones de tumbas y desvelado prácticas funerarias hasta ahora desconocidas en el cenobio.. El trabajo, impulsado con motivo del 700 aniversario de la fundación del monasterio, cuenta con la dirección de Anna Castellano-Tresserra, directora del recinto, con Josep Maria Vila al frente de la arqueología, Javier Chillida en conservación y restauración, y Carme Rissech en antropología física. Los primeros resultados, presentados este mes, ya permiten escribir un capítulo nuevo sobre la vida, la muerte y el poder femenino en la Cataluña medieval. Los datos iniciales de esta indagación han llegado de tumbas que la tradición atribuía a figuras concretas. En el sepulcro de Artau de Foces no se ha hallado rastro de varón alguno sino de dos mujeres adultas y tres niños. En el de Francesca Saportella se han encontrado al menos nueve individuos de distintas épocas que evidencian que la tumba fue reabierta y alterada siglos después. Es aquí donde vieron la luz los hallazgos más impactantes: cuatro cráneos masculinos con lesiones por arma blanca y el tronco momificado de una mujer que conservaba en el canal del parto el cráneo de un feto de entre 20 y 23 semanas de gestación.. Probablemente era el sepulcro de la Reina Elisenda, uno de los más emblemáticos del arte gótico catalán, el que generaba más expectación en esta investigación. Sus restos yacían dentro de una caja de madera medieval, no directamente en el sarcófago como se creía. La indumentaria era austera, probablemente el hábito monástico, en sintonía con su representación como penitente en el lado del claustro. Los análisis antropológicos apuntan a una mujer de unos 70 años, de complexión robusta y con patologías propias del envejecimiento. Entre los textiles recuperados destaca un fragmento de seda con oropel, todavía en estudio. La disposición del arcosolio –dos vasos sepulcrales separados por un murete– refuerza la dualidad simbólica de la reina: soberana junto a la iglesia y monja junto al claustro.. El proyecto, que comenzó a finales de 2024 con endoscopias previas y se extenderá hasta mayo de 2027, incluye además escaneos 3D, radiología, análisis textiles y estudios de materiales documentales. Las sepulturas ya han sido restauradas y reinhumadas con el máximo respeto. Quedan por resolver grandes interrogantes: las causas exactas de muerte, el momento y motivo de las reaberturas, posibles patógenos antiguos y las redes familiares y sociales que unían a las enterradas. Setecientos años después, Pedralbes no solo conserva la memoria de su fundadora y de su círculo más próximo; la devuelve a la luz con un rigor científico inédito.
La investigación se ha realizado con motivo de los 700 años de la creación del monasterio de Pedralbes
Un proyecto pionero en el Reial Monestir de Santa Maria de Pedralbes ha descorrido el velo de una historia que tiene siete siglos. Al abrir ocho sepulturas del siglo XIV, incluida la de la reina fundadora Elisenda de Montcada, y analizar por primera vez de forma integral a 25 individuos con técnicas arqueológicas, antropológicas, botánicas y genéticas, los investigadores han podido cuestionar las atribuciones históricas, documentado reaperturas y reutilizaciones de tumbas y desvelado prácticas funerarias hasta ahora desconocidas en el cenobio.. El trabajo, impulsado con motivo del 700 aniversario de la fundación del monasterio, cuenta con la dirección de Anna Castellano-Tresserra, directora del recinto, con Josep Maria Vila al frente de la arqueología, Javier Chillida en conservación y restauración, y Carme Rissech en antropología física. Los primeros resultados, presentados este mes, ya permiten escribir un capítulo nuevo sobre la vida, la muerte y el poder femenino en la Cataluña medieval. Los datos iniciales de esta indagación han llegado de tumbas que la tradición atribuía a figuras concretas. En el sepulcro de Artau de Foces no se ha hallado rastro de varón alguno sino de dos mujeres adultas y tres niños. En el de Francesca Saportella se han encontrado al menos nueve individuos de distintas épocas que evidencian que la tumba fue reabierta y alterada siglos después. Es aquí donde vieron la luz los hallazgos más impactantes: cuatro cráneos masculinos con lesiones por arma blanca y el tronco momificado de una mujer que conservaba en el canal del parto el cráneo de un feto de entre 20 y 23 semanas de gestación.. Probablemente era el sepulcro de la Reina Elisenda, uno de los más emblemáticos del arte gótico catalán, el que generaba más expectación en esta investigación. Sus restos yacían dentro de una caja de madera medieval, no directamente en el sarcófago como se creía. La indumentaria era austera, probablemente el hábito monástico, en sintonía con su representación como penitente en el lado del claustro. Los análisis antropológicos apuntan a una mujer de unos 70 años, de complexión robusta y con patologías propias del envejecimiento. Entre los textiles recuperados destaca un fragmento de seda con oropel, todavía en estudio. La disposición del arcosolio –dos vasos sepulcrales separados por un murete– refuerza la dualidad simbólica de la reina: soberana junto a la iglesia y monja junto al claustro.. El proyecto, que comenzó a finales de 2024 con endoscopias previas y se extenderá hasta mayo de 2027, incluye además escaneos 3D, radiología, análisis textiles y estudios de materiales documentales. Las sepulturas ya han sido restauradas y reinhumadas con el máximo respeto. Quedan por resolver grandes interrogantes: las causas exactas de muerte, el momento y motivo de las reaberturas, posibles patógenos antiguos y las redes familiares y sociales que unían a las enterradas. Setecientos años después, Pedralbes no solo conserva la memoria de su fundadora y de su círculo más próximo; la devuelve a la luz con un rigor científico inédito.
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