Tras la pandemia se produjo un aumento de las enfermedades mentales, tanto en lo que se refiere a su incidencia como en lo relativo a su prevalencia.. Ante esta evidencia, y con el fin de conocer el estado del bienestar emocional y la salud mental de una población especialmente vulnerable como son los menores con trastornos del neurodesarrollo, el Observatorio Social de Fundación La Caixa ha impulsado un estudio, elaborado por las investigadoras Mari Aguilera, de la Universidad de Barcelona, y Nadia Ahufinger, de la Universitat Oberta de Catalunya.. La principal conclusión de este trabajo apunta a que es más probable que estos niños experimenten más sufrimiento emocional, el cual se manifiesta a través de síntomas como la depresión, la ansiedad y la agresividad.. Además, en aquellos casos en los que confluyen más de dos trastornos del neurodesarrollo, los problemas en las relaciones sociales y las dificultades atencionales se agravan, lo cual es especialmente evidente entre las niñas.. En el estudio «Bienestar emocional en los niños con trastornos del neurodesarrollo y en sus familias», en el que han participado cerca de 300 familias con niños de entre 6 y 12 años, algunos de ellos sin diagnóstico y otros con diagnóstico de trastornos como el del lenguaje, la dislexia, discalculia, por déficit de atención e hiperactividad. En él se analizan de forma conjunta cuatro áreas del desarrollo, como son la lectura, el cálculo, la atención-conducta y el lenguaje oral.. Ello ha permitido poner de manifiesto que existe una gran comorbilidad, ya que casi la mitad de los niños con trastornos del neurodesarrollo tienen dos o más. Se trata, pues, de un conjunto de factores que interactúan, lo cual puede amplificar el malestar.. Para la investigadora Nadia Ahufinger «eso nos indica que los niños con dificultades del aprendizaje y trastornos del neurodesarrollo tienen una realidad compleja, con más de una dificultad, y eso es algo que el sistema ha de tener en cuenta».. Mayor malestar femenino. Además, este trabajo alerta de un mayor impacto emocional en las niñas, sobre todo cuando tiene lugar esa comorbilidad. Así, ellas presentan más síntomas de ansiedad, depresión, somatización y conductas que transgreden las normas. Como explica Ahufinger, «muchas niñas tienden a camuflar sus dificultades para adaptarse a expectativas sociales muy exigentes y ese esfuerzo sostenido puede acabar agravando su sufrimiento emocional».. Y buena prueba de ello es Ivana, madre de una adolescente diagnosticada de dislexia en segundo de primaria y, posteriormente, también de trastorno del lenguaje y discalculia. Tal y como ella misma señala, su hija, que ha participado en el estudio, tiene muchas dificultades a nivel académico, sobre todo con las lenguas, la ortografía o la historia y, a nivel social, también le afecta, a menudo prefiere hacerse invisible por miedo a ser juzgada».. Pero antes del diagnóstico, el malestar era aún mayor. «Son criaturas con la autoestima muy tocada, que se cuestionan la razón por la que no pueden ser como el resto». «Hasta que no supo que aquello que le pasaba tenía un nombre, mi hija sufrió muchísimo», confiesa Ivana, quien si bien admite que la reeducación es una herramienta clave para mitigar los efectos del trastorno, «no todas las familias pueden permitírselo y eso es también un agravio comparativo».. En este contexto, el apoyo y acompañamiento de los padres puede resultar decisivo para estos niños, pero el problema es que muchas veces los progenitores se sienten solos y sin recursos a la hora de hacer frente al diagnóstico dado.. «Tú, como padre o madre, si no sabes nada de estos trastornos, tampoco sabes cómo acompañarlos», denuncia Ivana, quien reclama «herramientas y apoyo emocional para las familias».. En definitiva, en lo relativo a los trastornos del neurodesarrollo, no solo sufren los niños, sino también su entorno, razón por la cual el estudio incorpora una mirada centrada en el bienestar emocional de las familias.. En este sentido, el trabajo pone de manifiesto que las familias con niños con dos o más trastornos del neurodesarrollo son las que presentan niveles más elevados de depresión y dificultades en la regulación emocional, pese a lo cual, muchos padres refieren que nunca nadie les ha preguntado cómo se sentían a nivel emocional.. En este aspecto, el informe evidencia, de nuevo, una brecha de género, ya que el 88% de los familiares participantes en el mismo fueron mujeres, lo que demuestra que son principalmente ellas quienes asumen la carga emocional y de cuidados.
Según un estudio impulsado por el Observatorio de Fundación La Caixa, en el caso de las niñas el impacto emocional es mayor, sobre todo si hay comorbilidad
Tras la pandemia se produjo un aumento de las enfermedades mentales, tanto en lo que se refiere a su incidencia como en lo relativo a su prevalencia.. Ante esta evidencia, y con el fin de conocer el estado del bienestar emocional y la salud mental de una población especialmente vulnerable como son los menores con trastornos del neurodesarrollo, el Observatorio Social de Fundación La Caixa ha impulsado un estudio, elaborado por las investigadoras Mari Aguilera, de la Universidad de Barcelona, y Nadia Ahufinger, de la Universitat Oberta de Catalunya.. La principal conclusión de este trabajo apunta a que es más probable que estos niños experimenten más sufrimiento emocional, el cual se manifiesta a través de síntomas como la depresión, la ansiedad y la agresividad.. Además, en aquellos casos en los que confluyen más de dos trastornos del neurodesarrollo, los problemas en las relaciones sociales y las dificultades atencionales se agravan, lo cual es especialmente evidente entre las niñas.. En el estudio «Bienestar emocional en los niños con trastornos del neurodesarrollo y en sus familias», en el que han participado cerca de 300 familias con niños de entre 6 y 12 años, algunos de ellos sin diagnóstico y otros con diagnóstico de trastornos como el del lenguaje, la dislexia, discalculia, por déficit de atención e hiperactividad. En él se analizan de forma conjunta cuatro áreas del desarrollo, como son la lectura, el cálculo, la atención-conducta y el lenguaje oral.. Ello ha permitido poner de manifiesto que existe una gran comorbilidad, ya que casi la mitad de los niños con trastornos del neurodesarrollo tienen dos o más. Se trata, pues, de un conjunto de factores que interactúan, lo cual puede amplificar el malestar.. Para la investigadora Nadia Ahufinger «eso nos indica que los niños con dificultades del aprendizaje y trastornos del neurodesarrollo tienen una realidad compleja, con más de una dificultad, y eso es algo que el sistema ha de tener en cuenta».. Mayor malestar femenino. Además, este trabajo alerta de un mayor impacto emocional en las niñas, sobre todo cuando tiene lugar esa comorbilidad. Así, ellas presentan más síntomas de ansiedad, depresión, somatización y conductas que transgreden las normas. Como explica Ahufinger, «muchas niñas tienden a camuflar sus dificultades para adaptarse a expectativas sociales muy exigentes y ese esfuerzo sostenido puede acabar agravando su sufrimiento emocional».. Y buena prueba de ello es Ivana, madre de una adolescente diagnosticada de dislexia en segundo de primaria y, posteriormente, también de trastorno del lenguaje y discalculia. Tal y como ella misma señala, su hija, que ha participado en el estudio, tiene muchas dificultades a nivel académico, sobre todo con las lenguas, la ortografía o la historia y, a nivel social, también le afecta, a menudo prefiere hacerse invisible por miedo a ser juzgada».. Pero antes del diagnóstico, el malestar era aún mayor. «Son criaturas con la autoestima muy tocada, que se cuestionan la razón por la que no pueden ser como el resto». «Hasta que no supo que aquello que le pasaba tenía un nombre, mi hija sufrió muchísimo», confiesa Ivana, quien si bien admite que la reeducación es una herramienta clave para mitigar los efectos del trastorno, «no todas las familias pueden permitírselo y eso es también un agravio comparativo».. En este contexto, el apoyo y acompañamiento de los padres puede resultar decisivo para estos niños, pero el problema es que muchas veces los progenitores se sienten solos y sin recursos a la hora de hacer frente al diagnóstico dado.. «Tú, como padre o madre, si no sabes nada de estos trastornos, tampoco sabes cómo acompañarlos», denuncia Ivana, quien reclama «herramientas y apoyo emocional para las familias».. En definitiva, en lo relativo a los trastornos del neurodesarrollo, no solo sufren los niños, sino también su entorno, razón por la cual el estudio incorpora una mirada centrada en el bienestar emocional de las familias.. En este sentido, el trabajo pone de manifiesto que las familias con niños con dos o más trastornos del neurodesarrollo son las que presentan niveles más elevados de depresión y dificultades en la regulación emocional, pese a lo cual, muchos padres refieren que nunca nadie les ha preguntado cómo se sentían a nivel emocional.. En este aspecto, el informe evidencia, de nuevo, una brecha de género, ya que el 88% de los familiares participantes en el mismo fueron mujeres, lo que demuestra que son principalmente ellas quienes asumen la carga emocional y de cuidados.
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