Una jornada para reconectar con la esencia de su vocación, con su ser sacerdote, con su ser pastor, con el carisma del que bebe. León XIV ha pisado este martes la misma tierra en la que san Agustín fue obispo hace más de mil seiscientos años, al que considera su padre espiritual y punto de referencia de la orden de religiosos a la que pertenece. En su segundo día de su periplo por África, su estancia en Argelia le ha llevado hasta Annaba, la antigua Hipona. Tras un vuelo desde Argel de poco más de una hora, la comitiva vaticana se dirigió hasta las ruinas de la ciudad en la que san Agustín pastoreó durante más de treinta años y donde escribió «La ciudad de Dios», su libro más reconocido. Allí, el agustino Robert Prevost ha podido rezar, además de depositar una corona de flores en memoria del doctor de la Iglesia que fue clave en el desarrollo teológico de cuestiones como la gracia, el pecado original y la relación entre fe y razón.. «Aquí san Agustín amó a su grey buscando la verdad con pasión y sirviendo a Cristo con fe ardiente», ha expresado León XIV esta tarde en la misa que presidió en la basílica que lleva el nombre del santo, después de visitar la residencia de ancianos regentada por las Hermanitas de los Pobres. Desde el altar de esta basílica invitó a la pequeña comunidad católica de Argelia a ser «herederos de esta tradición, dando testimonio en la caridad fraterna de la libertad». El Papa ya conocía este templo como prior general de los agustinos y pudo venerar otra vez el relicario con el fragmento del cúbito derecho de san Agustín.. Tenacidad en la fe. «Queridísimos cristianos de Argelia: permanezcan en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo», expuso en su alocución el Pontífice norteamericano, sabedor de que los católicos no siempre pueden profesar su fe con la libertad que les gustaría. Por eso, animó a los que escuchaban a dar «testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un diálogo vivido día a día; así darán sabor y serán luz allí donde viven». «Su historia está hecha de acogida generosa y de tenacidad en la prueba», subrayó sobre la perseverancia que les llama a seguir cultivando.. Es más, desde esa conciencia clara de ser una minoría religiosa, menos de un 0,1% en un país con un 99% de musulmanes, León XIV utilizó la metáfora del incienso para remarcarles cómo ha de ser su papel en medio de la sociedad: «Un grano incandescente, que esparce perfume porque da gloria al Señor y alegría y consuelo a tantos hermanos y hermanas».. El Papa recordó a los obispos, sacerdotes, religiosos y laicos que le escuchaban que el incienso «no está en el centro de la atención, sino que invita a dirigir nuestros corazones a Dios, animándonos unos a otros a perseverar en las dificultades del tiempo presente». Así, reiteró su deseo de que los seguidores de Jesús en el país magrebí difundan «el suave olor de la misericordia, de la limosna y del perdón».. La caridad como código. Con estas coordenadas, en su homilía, el Obispo de Roma se adentró en una reflexión con unas claves más orientadas a la Iglesia universal en la que reivindicó el proceso de reforma iniciado por su predecesor, el Papa Francisco. «Una reforma que comienza en el corazón, para ser verdadera, y concierne a todos, para hacerse eficaz», enfatizó, subrayando algunos de los rasgos que ha de tener la Iglesia hoy como la «unidad espiritual» basada en «la comunión de corazones que laten juntos, porque están unidos al de Cristo». «La Iglesia naciente no se basa, por tanto, en un contrato social, sino en una armonía en la fe, en los afectos, en las ideas y en las opciones de vida, pues tiene el centro en el amor de Dios, hecho hombre para salvar a todos los pueblos de la tierra», desarrollaría después.. Y lejos de contemplar a la comunidad católica como un grupo burbuja, destacó que «los cristianos tienen como código fundamental la caridad». «Hagamos al prójimo lo que quisiéramos que hicieran por nosotros», encargó a su auditorio, reversionando la oración por la paz que se le atribuye al santo de Asís: «Donde hay desesperación, enciende esperanza; donde hay miseria, lleva dignidad; donde hay conflicto, lleva reconciliación».. Tras concluir la misa, el Papa ha regresado en avión a Argel y este miércoles por la mañana parte rumbo a Angola, la segunda escala de un viaje que también le llevará a Camerún y Guinea Ecuatorial.
La segunda jornada del Papa en Argelia le ha llevado a las ruinas de la ciudad que pastoreó su padre espiritual
Una jornada para reconectar con la esencia de su vocación, con su ser sacerdote, con su ser pastor, con el carisma del que bebe. León XIV ha pisado este martes la misma tierra en la que san Agustín fue obispo hace más de mil seiscientos años, al que considera su padre espiritual y punto de referencia de la orden de religiosos a la que pertenece. En su segundo día de su periplo por África, su estancia en Argelia le ha llevado hasta Annaba, la antigua Hipona. Tras un vuelo desde Argel de poco más de una hora, la comitiva vaticana se dirigió hasta las ruinas de la ciudad en la que san Agustín pastoreó durante más de treinta años y donde escribió «La ciudad de Dios», su libro más reconocido. Allí, el agustino Robert Prevost ha podido rezar, además de depositar una corona de flores en memoria del doctor de la Iglesia que fue clave en el desarrollo teológico de cuestiones como la gracia, el pecado original y la relación entre fe y razón.. «Aquí san Agustín amó a su grey buscando la verdad con pasión y sirviendo a Cristo con fe ardiente», ha expresado León XIV esta tarde en la misa que presidió en la basílica que lleva el nombre del santo, después de visitar la residencia de ancianos regentada por las Hermanitas de los Pobres. Desde el altar de esta basílica invitó a la pequeña comunidad católica de Argelia a ser «herederos de esta tradición, dando testimonio en la caridad fraterna de la libertad». El Papa ya conocía este templo como prior general de los agustinos y pudo venerar otra vez el relicario con el fragmento del cúbito derecho de san Agustín.. Tenacidad en la fe. «Queridísimos cristianos de Argelia: permanezcan en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo», expuso en su alocución el Pontífice norteamericano, sabedor de que los católicos no siempre pueden profesar su fe con la libertad que les gustaría. Por eso, animó a los que escuchaban a dar «testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un diálogo vivido día a día; así darán sabor y serán luz allí donde viven». «Su historia está hecha de acogida generosa y de tenacidad en la prueba», subrayó sobre la perseverancia que les llama a seguir cultivando.. Es más, desde esa conciencia clara de ser una minoría religiosa, menos de un 0,1% en un país con un 99% de musulmanes, León XIV utilizó la metáfora del incienso para remarcarles cómo ha de ser su papel en medio de la sociedad: «Un grano incandescente, que esparce perfume porque da gloria al Señor y alegría y consuelo a tantos hermanos y hermanas».. El Papa recordó a los obispos, sacerdotes, religiosos y laicos que le escuchaban que el incienso «no está en el centro de la atención, sino que invita a dirigir nuestros corazones a Dios, animándonos unos a otros a perseverar en las dificultades del tiempo presente». Así, reiteró su deseo de que los seguidores de Jesús en el país magrebí difundan «el suave olor de la misericordia, de la limosna y del perdón».. La caridad como código. Con estas coordenadas, en su homilía, el Obispo de Roma se adentró en una reflexión con unas claves más orientadas a la Iglesia universal en la que reivindicó el proceso de reforma iniciado por su predecesor, el Papa Francisco. «Una reforma que comienza en el corazón, para ser verdadera, y concierne a todos, para hacerse eficaz», enfatizó, subrayando algunos de los rasgos que ha de tener la Iglesia hoy como la «unidad espiritual» basada en «la comunión de corazones que laten juntos, porque están unidos al de Cristo». «La Iglesia naciente no se basa, por tanto, en un contrato social, sino en una armonía en la fe, en los afectos, en las ideas y en las opciones de vida, pues tiene el centro en el amor de Dios, hecho hombre para salvar a todos los pueblos de la tierra», desarrollaría después.. Y lejos de contemplar a la comunidad católica como un grupo burbuja, destacó que «los cristianos tienen como código fundamental la caridad». «Hagamos al prójimo lo que quisiéramos que hicieran por nosotros», encargó a su auditorio, reversionando la oración por la paz que se le atribuye al santo de Asís: «Donde hay desesperación, enciende esperanza; donde hay miseria, lleva dignidad; donde hay conflicto, lleva reconciliación».. Tras concluir la misa, el Papa ha regresado en avión a Argel y este miércoles por la mañana parte rumbo a Angola, la segunda escala de un viaje que también le llevará a Camerún y Guinea Ecuatorial.
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