«La isla», de Jérôme Ferrari: ¿qué relación existe entre un asesinato y la turismofobia?. 8/10. Por Diego Gándara. ¿Qué relación puede haber entre un asesinato y el turismo masivo en Córcega? Ninguna. O quizá toda. Porque el que se comete tiene que ver con un nativo y con un extranjero que ha vuelto a la isla y porque se produce en un momento en el que Córcega está llena de turistas que, si bien sostienen su economía, también son una amenaza para lo que es tradicional en la isla. Esos son los elementos con los que Jérôme Ferrari, nacido en París en 1968 y autor de novelas como «A su imagen», premio Le Monde en 2018 y Méditerranée al año siguiente, compone una que se lee de un tirón, aunque deja un regusto amargo porque lo que se cuenta no deja de ser una trama tan oscura como oscuros son los mismos entretelones de dicha trama.. El autor parte, pues, de un crimen. Con los restos de una botella, el joven Alexandre Romani apuñala a Alban Genevey en medio de la muchedumbre de turistas que abarrotan el puerto. Nadie sabe, al principio, qué es lo que ha pasado, aunque poco a poco se van reconstruyendo los detalles que unen la vida de Alban, un estudiante cuyos padres tienen una segunda residencia en Córcega, y Alexandre, a quien conoce desde niño y que era su amigo.. El narrador reconstruye la trayectoria familiar de Alexandre, proveniente de una dinastía local en la que hubo asesinos, proxenetas, corruptos y síntoma, de alguna manera, de ese desastre que le precede y del tiempo en el que vive, pues su familia ha hecho fortuna gracias al turismo de masas. Nada que ver con Alexandre, un estudiante de medicina y de origen más bien modesto. Una obra que permite a a Ferrari adentrarse en una historia siniestra tejida por los antepasados que marcan el rumbo y que invita a reflexionar sobre cómo el turismo, la codicia y los ancestros moldean el mundo y el alma, de las personas… Lo mejor: cómo combina de manera lúdica, incisiva, una historia trágica y el sentido cómico y ridículo que, al mismo tiempo, contiene. Lo peor: nada que reste, solo cierta premura en el pulso, como si la historia se hubiera escrito con más prisa de lo que es común. «En todo hay una grieta y por ella entra la luz», de Patricio Pron: tras los pasos del polémico cineasta Benjamin Fondane. 9/10. Por Jesús Ferrer. En las últimas décadas se ha impuesto una narrativa que aúna indagación biográfica, retrato autorreferencial, tratado filosófico, ficción, crónica periodística, relato histórico y ensayo moral. Son ejemplos escritores como W.G. Sebald, Claudio Magris y Roberto Calasso. En esta línea, Patricio Pron (Rosario, Argentina, 1975) publica una novela que ahonda en la figura intelectual y en la personalidad artística del poeta, filósofo, dramaturgo y cineasta francés Benjamin Fondane (1898 – 1944). Fue un escritor de convulsa creatividad, polemista furibundo, realizador en Argentina de un filme desaparecido y pionero en la exhibición de las películas vanguardistas de Buñuel, Man Ray y René Clair en Sudamérica; sin olvidar su amistad con Cioran, sus vicisitudes de judío en el París de la ocupación alemana y su trágico final en Auschwitz-Birkenau.. Un escritor recibe el encargo de biografiar esa atribulada vida, que acabará cruzándose con sus circunstancias personales. Un accidente de autobús le provocará dolores que dificultan su trabajo, concienciándole de la importancia de todo incidente que, «una vez que nos haya sucedido, continuará haciéndolo por el resto de nuestra vida; y siempre será el mismo, y a la vez, uno radicalmente distinto, en una indefinición de la que extraerá toda su fuerza disruptiva».. Entre la redacción de esa biografía y los recuerdos del pasado encarará Nueva York con su rememorada niñez en una idílica naturaleza acaso perdida para siempre, apareciendo aquí como una oscura ciudad deshumanizada iluminada sólo por grandes paneles de neón. Más allá de los rascacielos palpita una urbe de abandonados mendigos y soledades colectivas. Algún elemento simbólico, como un zorro de enigmática mirada, completan la excelencia de esta novela elaborada y precisa.. Lo mejor: la acertada combinación entre rigor biográfico y ficción narrativa que el novelista vuelva en este acertado texto. Lo peor: nada relevante aquí; ciertas justificadas digresiones argumentales contribuyen a enriquecer la trama general. «Los golpistas», de Jaime Bayly: Hugo Chávez o la historia del dictador que no sabía nadar. 9/10. Por Diego Gándara. Inteligente, provocador, Jaime Bayly (Lima, 1965) nunca tuvo reparos, al menos en sus últimos libros, de coquetear con una narrativa, con una ficción, en la cual ciertos mitos, ciertos «próceres» latinoamericanos, escritores y políticos, son retratados de manera, si no cómica, al menos patética. Así pasó con «Los genios», que se adentraba en la amistad entre Vargas Llosa y García Márquez y, sobre todo, en la enemistad que nació con un furibundo «cross» del escritor peruano al colombiano y que revelaba el origen de aquella famosa trompada literaria. Así pasa ahora con «Los golpistas», una novela que gira alrededor de la figura de quien fuera presidente de Venezuela: Hugo Chávez.. La trama comienza en 2002, cuando, apenas tres años después de haber jurado como presidente, Hugo Chávez es depuesto por un golpe militar. Acusado de querer implantar una dictadura comunista y de ser responsable de la muerte de algunos manifestantes que, según el presidente, pensaban asaltar el palacio de Miraflores, los generales lo arrestan y le exigen que firme una renuncia de inmediato. Si no lo hace, no tendrán más opción que matarlo y hacer que su muerte sea vista como un suicidio.. Bayly, con una prosa liviana, pero limpia y audaz, recrea esos días en los que se vio fuera del poder y se mostró astuto y sagaz para seguir al frente de la presidencia de Venezuela, pero también muestra la fragilidad de los militares golpistas, que no saben qué hacer con Chávez pero imaginan qué puestos ocuparán en el futuro gobierno. Al tiempo, la trama se entremezcla con la biografía de Chávez, centrada en un punto: no sabe nadar; los generales lo saben, y se preguntan si arrojarlo al mar no es quizá la mejor opción. «Los golpistas» es una historia insolente y corrosiva que desvela cómo funciona el poder militar, económico y religioso.. Lo mejor: la mirada audaz, sagaz y punzante que Bayly emplea para retratar este mundo en toda su plenitud y desde varias aristas. Lo peor: nada realmente que reprochar a un autor que no tiene pelos en la lengua y que tampoco se corta a la hora de desplegar su escritura. «Un caso de matricidio», de Greame Macrae Burnet: un desconcertante policiaco entre Sartre y Camus. 9/10. Por Lluís Fernández. Hay novelas policíacas en las que su autor está poco o nada interesado por la investigación criminal. Este es el caso de Greame Macrae Burnet en la serie del inspector Gorski y de su tercera y última entrega, «Un caso de matricidio». En el prólogo, el escocés confiesa que la novela la ha escrito un tal Raymond Brunet y que él se ha limitado a traducirla del francés al inglés. El autor finge ser el traductor y en la obra aparecen varios casos de dobles que enmarañan literariamente la narración.. Estamos ante un ejemplo de literatura posmoderna dominada por la metaficción. Las referencias enunciadas a Zola y Simenon, en especial a Maigret, son palmarias. Pero las hay también a Sartre y al existencialismo, se supone que a «La náusea» y a su protagonista Antoine Roquentin, con el que Gorski podría identificarse, aunque más se parece al absurdo personaje de «La caída», de Albert Camus.. Pese a tantas semejanzas, Gorski es un personaje sin atributos, definido por su complejo de culpabilidad. Un obsesivo atrapado en una sociedad provinciana que se rige por el determinismo de clase. El estilo de Burnet, ya sea como autor o traductor, tiende al naturalismo: refleja la realidad con la meticulosidad del entomólogo: itinerarios urbanos, reflexiones obsesivas y una frialdad costumbrista que ahoga al lector en una narración que se repite con la ritualidad del maníaco. Es cierto que humaniza a los personajes a pesar de su nihilismo y carencia de valores morales. Esa es la razón de que Gorski se sienta culpable desde niño por las cosas más triviales y en el fondo tan solo desee desaparecer. Hacerse invisible. Al final, en un epílogo, el «traductor» explica hasta qué punto los dobles y la invisibilidad forma parte de esta singular y desconcertante novela de un autor formalmente admirable.. Lo mejor: el deseo de realizar una obra modélica de literatura posmoderna en la que la metaficción domina toda la novela. Lo peor: quizá, el quedar atrapado el libro en un tradicional costumbrismo que lastra toda la singularidad de esta obra
Y además «En todo hay una grieta y por ella entra la luz» de Patricio Pron y lo último de Greame Macrae Burnet, «Un caso de matricidio»
«La isla», de Jérôme Ferrari: ¿qué relación existe entre un asesinato y la turismofobia?. 8/10. Por Diego Gándara. ¿Qué relación puede haber entre un asesinato y el turismo masivo en Córcega? Ninguna. O quizá toda. Porque el que se comete tiene que ver con un nativo y con un extranjero que ha vuelto a la isla y porque se produce en un momento en el que Córcega está llena de turistas que, si bien sostienen su economía, también son una amenaza para lo que es tradicional en la isla. Esos son los elementos con los que Jérôme Ferrari, nacido en París en 1968 y autor de novelas como «A su imagen», premio Le Monde en 2018 y Méditerranée al año siguiente, compone una que se lee de un tirón, aunque deja un regusto amargo porque lo que se cuenta no deja de ser una trama tan oscura como oscuros son los mismos entretelones de dicha trama.. El autor parte, pues, de un crimen. Con los restos de una botella, el joven Alexandre Romani apuñala a Alban Genevey en medio de la muchedumbre de turistas que abarrotan el puerto. Nadie sabe, al principio, qué es lo que ha pasado, aunque poco a poco se van reconstruyendo los detalles que unen la vida de Alban, un estudiante cuyos padres tienen una segunda residencia en Córcega, y Alexandre, a quien conoce desde niño y que era su amigo.. El narrador reconstruye la trayectoria familiar de Alexandre, proveniente de una dinastía local en la que hubo asesinos, proxenetas, corruptos y síntoma, de alguna manera, de ese desastre que le precede y del tiempo en el que vive, pues su familia ha hecho fortuna gracias al turismo de masas. Nada que ver con Alexandre, un estudiante de medicina y de origen más bien modesto. Una obra que permite a a Ferrari adentrarse en una historia siniestra tejida por los antepasados que marcan el rumbo y que invita a reflexionar sobre cómo el turismo, la codicia y los ancestros moldean el mundo y el alma, de las personas… Lo mejor: cómo combina de manera lúdica, incisiva, una historia trágica y el sentido cómico y ridículo que, al mismo tiempo, contiene. Lo peor: nada que reste, solo cierta premura en el pulso, como si la historia se hubiera escrito con más prisa de lo que es común. «En todo hay una grieta y por ella entra la luz», de Patricio Pron: tras los pasos del polémico cineasta Benjamin Fondane. 9/10. Por Jesús Ferrer. En las últimas décadas se ha impuesto una narrativa que aúna indagación biográfica, retrato autorreferencial, tratado filosófico, ficción, crónica periodística, relato histórico y ensayo moral. Son ejemplos escritores como W.G. Sebald, Claudio Magris y Roberto Calasso. En esta línea, Patricio Pron (Rosario, Argentina, 1975) publica una novela que ahonda en la figura intelectual y en la personalidad artística del poeta, filósofo, dramaturgo y cineasta francés Benjamin Fondane (1898 – 1944). Fue un escritor de convulsa creatividad, polemista furibundo, realizador en Argentina de un filme desaparecido y pionero en la exhibición de las películas vanguardistas de Buñuel, Man Ray y René Clair en Sudamérica; sin olvidar su amistad con Cioran, sus vicisitudes de judío en el París de la ocupación alemana y su trágico final en Auschwitz-Birkenau.. Un escritor recibe el encargo de biografiar esa atribulada vida, que acabará cruzándose con sus circunstancias personales. Un accidente de autobús le provocará dolores que dificultan su trabajo, concienciándole de la importancia de todo incidente que, «una vez que nos haya sucedido, continuará haciéndolo por el resto de nuestra vida; y siempre será el mismo, y a la vez, uno radicalmente distinto, en una indefinición de la que extraerá toda su fuerza disruptiva».. Entre la redacción de esa biografía y los recuerdos del pasado encarará Nueva York con su rememorada niñez en una idílica naturaleza acaso perdida para siempre, apareciendo aquí como una oscura ciudad deshumanizada iluminada sólo por grandes paneles de neón. Más allá de los rascacielos palpita una urbe de abandonados mendigos y soledades colectivas. Algún elemento simbólico, como un zorro de enigmática mirada, completan la excelencia de esta novela elaborada y precisa.. Lo mejor: la acertada combinación entre rigor biográfico y ficción narrativa que el novelista vuelva en este acertado texto. Lo peor: nada relevante aquí; ciertas justificadas digresiones argumentales contribuyen a enriquecer la trama general. «Los golpistas», de Jaime Bayly: Hugo Chávez o la historia del dictador que no sabía nadar. 9/10. Por Diego Gándara. Inteligente, provocador, Jaime Bayly (Lima, 1965) nunca tuvo reparos, al menos en sus últimos libros, de coquetear con una narrativa, con una ficción, en la cual ciertos mitos, ciertos «próceres» latinoamericanos, escritores y políticos, son retratados de manera, si no cómica, al menos patética. Así pasó con «Los genios», que se adentraba en la amistad entre Vargas Llosa y García Márquez y, sobre todo, en la enemistad que nació con un furibundo «cross» del escritor peruano al colombiano y que revelaba el origen de aquella famosa trompada literaria. Así pasa ahora con «Los golpistas», una novela que gira alrededor de la figura de quien fuera presidente de Venezuela: Hugo Chávez.. La trama comienza en 2002, cuando, apenas tres años después de haber jurado como presidente, Hugo Chávez es depuesto por un golpe militar. Acusado de querer implantar una dictadura comunista y de ser responsable de la muerte de algunos manifestantes que, según el presidente, pensaban asaltar el palacio de Miraflores, los generales lo arrestan y le exigen que firme una renuncia de inmediato. Si no lo hace, no tendrán más opción que matarlo y hacer que su muerte sea vista como un suicidio.. Bayly, con una prosa liviana, pero limpia y audaz, recrea esos días en los que se vio fuera del poder y se mostró astuto y sagaz para seguir al frente de la presidencia de Venezuela, pero también muestra la fragilidad de los militares golpistas, que no saben qué hacer con Chávez pero imaginan qué puestos ocuparán en el futuro gobierno. Al tiempo, la trama se entremezcla con la biografía de Chávez, centrada en un punto: no sabe nadar; los generales lo saben, y se preguntan si arrojarlo al mar no es quizá la mejor opción. «Los golpistas» es una historia insolente y corrosiva que desvela cómo funciona el poder militar, económico y religioso.. Lo mejor: la mirada audaz, sagaz y punzante que Bayly emplea para retratar este mundo en toda su plenitud y desde varias aristas. Lo peor: nada realmente que reprochar a un autor que no tiene pelos en la lengua y que tampoco se corta a la hora de desplegar su escritura. «Un caso de matricidio», de Greame Macrae Burnet: un desconcertante policiaco entre Sartre y Camus. 9/10. Por Lluís Fernández. Hay novelas policíacas en las que su autor está poco o nada interesado por la investigación criminal. Este es el caso de Greame Macrae Burnet en la serie del inspector Gorski y de su tercera y última entrega, «Un caso de matricidio». En el prólogo, el escocés confiesa que la novela la ha escrito un tal Raymond Brunet y que él se ha limitado a traducirla del francés al inglés. El autor finge ser el traductor y en la obra aparecen varios casos de dobles que enmarañan literariamente la narración.. Estamos ante un ejemplo de literatura posmoderna dominada por la metaficción. Las referencias enunciadas a Zola y Simenon, en especial a Maigret, son palmarias. Pero las hay también a Sartre y al existencialismo, se supone que a «La náusea» y a su protagonista Antoine Roquentin, con el que Gorski podría identificarse, aunque más se parece al absurdo personaje de «La caída», de Albert Camus.. Pese a tantas semejanzas, Gorski es un personaje sin atributos, definido por su complejo de culpabilidad. Un obsesivo atrapado en una sociedad provinciana que se rige por el determinismo de clase. El estilo de Burnet, ya sea como autor o traductor, tiende al naturalismo: refleja la realidad con la meticulosidad del entomólogo: itinerarios urbanos, reflexiones obsesivas y una frialdad costumbrista que ahoga al lector en una narración que se repite con la ritualidad del maníaco. Es cierto que humaniza a los personajes a pesar de su nihilismo y carencia de valores morales. Esa es la razón de que Gorski se sienta culpable desde niño por las cosas más triviales y en el fondo tan solo desee desaparecer. Hacerse invisible. Al final, en un epílogo, el «traductor» explica hasta qué punto los dobles y la invisibilidad forma parte de esta singular y desconcertante novela de un autor formalmente admirable.. Lo mejor: el deseo de realizar una obra modélica de literatura posmoderna en la que la metaficción domina toda la novela. Lo peor: quizá, el quedar atrapado el libro en un tradicional costumbrismo que lastra toda la singularidad de esta obra
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