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  Sociedad  «Comer mucho estando a dieta o procrastinar, rara vez son solo falta voluntad»
Sociedad

«Comer mucho estando a dieta o procrastinar, rara vez son solo falta voluntad»

14 de febrero de 2026
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El comportamiento humano inusual fue lo que despertó el interés de Marc Dingman por el cerebro. Cuando era estudiante universitario aprendió sobre el síndrome de la mano ajena, una condición que puede hacer que la mano de una persona –u otra extremidad– actúe como si tuviera mente propia. «Estas “manos ajenas” pueden interferir con las acciones de la otra mano, golpear a personas cercanas y, en algunos casos, incluso parecer atacar a su propio dueño: una mujer tuvo que atarse la mano para evitar que la estrangulara mientras dormía», cuenta a este diario. La idea de que nuestro propio cuerpo pueda rebelarse contra nosotros debido a un fallo en el cableado del cerebro le resultó tan impactante como fascinante, y lo llevó a querer entender más sobre el funcionamiento cerebral. Así surgió «Rarezas» (Oberon), el libro de este neurocientífico, que expone casos reales increíbles.. ¿Existe realmente algo parecido a un cerebro «normal», o se trata más bien de una construcción cultural?. La idea de un cerebro «normal» es una falacia. Todos mostramos ciertos comportamientos «anormales» en algún momento, tengamos o no un trastorno. Casi todos presentamos síntomas de depresión, TOC o ansiedad en determinadas etapas de la vida. En la mayoría de los casos, simplemente no se dan con la frecuencia o la intensidad suficientes como para ser considerados un trastorno. Deberíamos abandonar la idea de lo normal y lo anormal y entender el comportamiento humano como algo que ocurre en un espectro que va de lo común a lo raro. Muchos nos obsesionamos con parecer normales, aunque nuestro mundo mental no coincida con nuestra apariencia externa. Todos somos imperfectos, y una mayor aceptación social de eso –y la compasión asociada– mejoraría la forma en que nos vemos a nosotros mismos y a los demás.. Cuando hablamos de conductas extremas, ¿estamos ante auténticas rarezas neurológicas o ante versiones amplificadas de rasgos comunes?. Hay varios trastornos e incluso comportamientos cotidianos que no son poco comunes. Describo un caso extremo de trastorno obsesivo-compulsivo, pero en sus formas más leves el TOC es algo bastante habitual. En mi caso, además, he sido diagnosticado con este trastorno. Uno de los puntos que intento transmitir es que, aunque el libro se centre en casos muy inusuales, todos nuestros cerebros tienen patrones de actividad «extraños» que pueden dar lugar a conductas raras. El comportamiento humano ocurre en un espectro, y el libro recorre muchos de los extremos de este. Pero esos comportamientos siguen siendo humanos, y por eso hay muchos con los que podemos identificarnos.. ¿Hasta qué punto una alteración mínima en el cerebro puede transformar por completo quiénes somos?. Mucho más de lo que podemos imaginar. Muchas personas llevan una vida completamente normal, con un comportamiento y una función cerebral típicos, pero tras experimentar un evento –como un traumatismo craneoencefálico, un derrame cerebral o un tumor– pueden cambiar por completo la forma en que perciben el mundo y actúan en él. Nuestros cerebros son máquinas orgánicas y, como cualquier otra máquina, a veces pueden fallar. Ninguno de nosotros es inmune a que eso ocurra. Por eso, pequeñas alteraciones neurológicas pueden provocar cambios drásticos en la personalidad y el comportamiento.. ¿Cómo explica la neurociencia que una persona actúe de maneras opuestas a sus valores y convicciones conscientes?. Nuestros valores conscientes son solo una fuerza dentro de un «tira y afloja» con múltiples participantes en el cerebro. También tenemos circuitos moldeados por la evolución para promover la supervivencia, otros que nos impulsan a buscar estímulos gratificantes y evitar los dolorosos, y circuitos que nos hacen especialmente sensibles a las presiones sociales. A eso se suman los hábitos aprendidos, que pueden guiar nuestras acciones fuera de la conciencia. En resumen, nuestras decisiones no están guiadas únicamente por nuestros valores. No es una falta de fuerza de voluntad lo que hace que actuemos contra ellos, sino la competencia entre distintos circuitos cerebrales.Es importante reconocerlo, sobre todo cuando tomamos decisiones que nos perjudican a nosotros mismos. Solemos ser muy duros en esos momentos, pero conviene recordar que comportamientos como comer en exceso estando a dieta o procrastinar en un proyecto importante rara vez son simples fallos de voluntad. A menudo están influidos por circuitos complejos del cerebro que nos empujan a hacer lo que este «cree» que es mejor para nosotros, aunque conscientemente sepamos que no lo es.. En la investigación actual del cerebro, ¿cuánto de lo que sabemos es correlación y cuánto es causalidad real. La mayor parte de la neurociencia humana sigue siendo correlacional. Técnicas como la neuroimagen nos permiten observar asociaciones entre la actividad cerebral y el comportamiento, pero no siempre establecer relaciones de causa y efecto.. Aunque la correlación sigue predominando, nuestra base de conocimiento causal se está ampliando de forma constante.

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Tras analizar varios casos «bizarros», el neurocientífico Marc Dingman asegura que «la idea de un cerebro normal es una falacia»

  

El comportamiento humano inusual fue lo que despertó el interés de Marc Dingman por el cerebro. Cuando era estudiante universitario aprendió sobre el síndrome de la mano ajena, una condición que puede hacer que la mano de una persona –u otra extremidad– actúe como si tuviera mente propia. «Estas “manos ajenas” pueden interferir con las acciones de la otra mano, golpear a personas cercanas y, en algunos casos, incluso parecer atacar a su propio dueño: una mujer tuvo que atarse la mano para evitar que la estrangulara mientras dormía», cuenta a este diario. La idea de que nuestro propio cuerpo pueda rebelarse contra nosotros debido a un fallo en el cableado del cerebro le resultó tan impactante como fascinante, y lo llevó a querer entender más sobre el funcionamiento cerebral. Así surgió «Rarezas» (Oberon), el libro de este neurocientífico, que expone casos reales increíbles.. ¿Existe realmente algo parecido a un cerebro «normal», o se trata más bien de una construcción cultural?. La idea de un cerebro «normal» es una falacia. Todos mostramos ciertos comportamientos «anormales» en algún momento, tengamos o no un trastorno. Casi todos presentamos síntomas de depresión, TOC o ansiedad en determinadas etapas de la vida. En la mayoría de los casos, simplemente no se dan con la frecuencia o la intensidad suficientes como para ser considerados un trastorno. Deberíamos abandonar la idea de lo normal y lo anormal y entender el comportamiento humano como algo que ocurre en un espectro que va de lo común a lo raro. Muchos nos obsesionamos con parecer normales, aunque nuestro mundo mental no coincida con nuestra apariencia externa. Todos somos imperfectos, y una mayor aceptación social de eso –y la compasión asociada– mejoraría la forma en que nos vemos a nosotros mismos y a los demás.. Cuando hablamos de conductas extremas, ¿estamos ante auténticas rarezas neurológicas o ante versiones amplificadas de rasgos comunes?. Hay varios trastornos e incluso comportamientos cotidianos que no son poco comunes. Describo un caso extremo de trastorno obsesivo-compulsivo, pero en sus formas más leves el TOC es algo bastante habitual. En mi caso, además, he sido diagnosticado con este trastorno. Uno de los puntos que intento transmitir es que, aunque el libro se centre en casos muy inusuales, todos nuestros cerebros tienen patrones de actividad «extraños» que pueden dar lugar a conductas raras. El comportamiento humano ocurre en un espectro, y el libro recorre muchos de los extremos de este. Pero esos comportamientos siguen siendo humanos, y por eso hay muchos con los que podemos identificarnos.. ¿Hasta qué punto una alteración mínima en el cerebro puede transformar por completo quiénes somos?. Mucho más de lo que podemos imaginar. Muchas personas llevan una vida completamente normal, con un comportamiento y una función cerebral típicos, pero tras experimentar un evento –como un traumatismo craneoencefálico, un derrame cerebral o un tumor– pueden cambiar por completo la forma en que perciben el mundo y actúan en él. Nuestros cerebros son máquinas orgánicas y, como cualquier otra máquina, a veces pueden fallar. Ninguno de nosotros es inmune a que eso ocurra. Por eso, pequeñas alteraciones neurológicas pueden provocar cambios drásticos en la personalidad y el comportamiento.. ¿Cómo explica la neurociencia que una persona actúe de maneras opuestas a sus valores y convicciones conscientes?. Nuestros valores conscientes son solo una fuerza dentro de un «tira y afloja» con múltiples participantes en el cerebro. También tenemos circuitos moldeados por la evolución para promover la supervivencia, otros que nos impulsan a buscar estímulos gratificantes y evitar los dolorosos, y circuitos que nos hacen especialmente sensibles a las presiones sociales. A eso se suman los hábitos aprendidos, que pueden guiar nuestras acciones fuera de la conciencia. En resumen, nuestras decisiones no están guiadas únicamente por nuestros valores. No es una falta de fuerza de voluntad lo que hace que actuemos contra ellos, sino la competencia entre distintos circuitos cerebrales.Es importante reconocerlo, sobre todo cuando tomamos decisiones que nos perjudican a nosotros mismos. Solemos ser muy duros en esos momentos, pero conviene recordar que comportamientos como comer en exceso estando a dieta o procrastinar en un proyecto importante rara vez son simples fallos de voluntad. A menudo están influidos por circuitos complejos del cerebro que nos empujan a hacer lo que este «cree» que es mejor para nosotros, aunque conscientemente sepamos que no lo es.. En la investigación actual del cerebro, ¿cuánto de lo que sabemos es correlación y cuánto es causalidad real. La mayor parte de la neurociencia humana sigue siendo correlacional. Técnicas como la neuroimagen nos permiten observar asociaciones entre la actividad cerebral y el comportamiento, pero no siempre establecer relaciones de causa y efecto.. Aunque la correlación sigue predominando, nuestra base de conocimiento causal se está ampliando de forma constante.

 

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