La carrera por el control de la federación de Barcelona de ERC ya tiene a uno de sus principales aspirantes en la línea de salida. La candidatura “Activem Barcelona”, encabezada por Ricard Farin y Núria Clotet y alineada con la dirección de Oriol Junqueras y Elisenda Alamany, logró reunir en apenas un día los avales necesarios —triplicando los mínimos exigidos— para concurrir a las primarias del próximo 17 de abril.. La presentación, celebrada ante alrededor de 150 militantes en el Ateneu Hortenc, escenificó el músculo organizativo del sector oficialista, que además cuenta con el respaldo de figuras destacadas del partido como Ester Capella o Joan Ignasi Elena, así como de concejales en el Ayuntamiento de Barcelona. Enfrente tendrán a la candidatura crítica liderada por la edil Rosa Suriñach, que ya había anunciado su intención de disputar el control de la federación.. Una federación clave marcada por la crisis. La federación barcelonesa es la más numerosa y estratégicamente relevante de ERC, y llega a este proceso en una situación excepcional. Desde finales de noviembre está dirigida por una gestora, después de que buena parte de su dirección dimitiera en bloque en medio de un conflicto abierto con la entonces presidenta, Creu Camacho. Aquella crisis supuso el colapso de un equilibrio interno ya frágil. Camacho había accedido al cargo meses antes como representante de los sectores críticos con la dirección nacional, pero su mandato derivó rápidamente en enfrentamientos internos.. Parte de la dirección la acusó de impulsar un proyecto propio y de supeditar la federación a los intereses del grupo municipal en el consistorio barcelonés, liderado por Alamany. El resultado fue una implosión orgánica que dejó la federación en manos de una dirección provisional a menos de un año de su anterior congreso. Ahora, las primarias de abril no solo decidirán un liderazgo local, sino que se interpretan como un termómetro del pulso interno entre oficialistas y críticos.. Dos años de fracturas en ERC. Lo que ocurre en Barcelona no es un episodio aislado, sino la expresión más visible de una crisis más profunda que atraviesa a ERC desde hace al menos dos años. Cuando Junqueras revalidó su liderazgo en el congreso de diciembre de 2024, lo hizo con el objetivo explícito de recomponer la unidad de un partido desgastado por luchas internas, retrocesos electorales y pérdida de poder institucional.. Aquel cónclave evidenció una organización fragmentada en varias sensibilidades —junqueristas, roviristas y corrientes emergentes como Foc Nou— atravesadas por un debate de fondo sobre la estrategia política, el liderazgo y la relación con las instituciones. Más de un año después, el balance refleja una paradoja difícil de resolver: ERC ha recuperado capacidad de influencia, pero no cohesión interna.. El debate estratégico que divide al partido. ERC sigue atrapada en una discusión de fondo no resuelta. Por un lado, dirigentes como Gabriel Rufián o Joan Tardà apuestan por reforzar el perfil de izquierdas del partido, priorizando el eje social y buscando alianzas estables con otras fuerzas progresistas.. Frente a esta visión, un sector relevante teme que ese giro diluya la identidad de ERC como referente independentista. La disyuntiva, cada vez más evidente, enfrenta dos modelos: un partido independentista de izquierdas o una izquierda amplia en la que la cuestión nacional pierda centralidad. En este contexto, la figura de Rufián se ha convertido en uno de los principales focos de controversia interna. Su estilo comunicativo, su autonomía discursiva y su menor énfasis en el independentismo generan recelos entre quienes consideran que el partido se está alejando de su razón de ser.. Más fuerte hacia fuera, más frágil hacia dentro. En el plano institucional, la dirección de Junqueras ha logrado situar de nuevo al partido en una posición central. Su capacidad para condicionar tanto al Gobierno central como al de la Generalitat se ha traducido en acuerdos de peso, como el pacto de financiación con el Ejecutivo o los avances en el traspaso de Rodalies. Estos movimientos han reforzado la imagen de una ERC pragmática, capaz de convertir su influencia parlamentaria en resultados tangibles, y explican la ligera recuperación que apuntan algunas encuestas en un contexto de fragmentación del independentismo.. Sin embargo, ese fortalecimiento externo contrasta con un deterioro interno persistente. El acuerdo de financiación, presentado por la dirección como un modelo singular, ha sido precisamente uno de los detonantes de nuevas tensiones. Sectores críticos cuestionan que suponga un cambio real en el modelo y denuncian que el partido ha rebajado sus propias expectativas para justificar el pacto.
La candidatura afín a la dirección nacional triplica los avales necesarios y se posiciona como favorita en las primarias del 17 de abril
La carrera por el control de la federación de Barcelona de ERC ya tiene a uno de sus principales aspirantes en la línea de salida. La candidatura “Activem Barcelona”, encabezada por Ricard Farin y Núria Clotet y alineada con la dirección de Oriol Junqueras y Elisenda Alamany, logró reunir en apenas un día los avales necesarios —triplicando los mínimos exigidos— para concurrir a las primarias del próximo 17 de abril.. La presentación, celebrada ante alrededor de 150 militantes en el Ateneu Hortenc, escenificó el músculo organizativo del sector oficialista, que además cuenta con el respaldo de figuras destacadas del partido como Ester Capella o Joan Ignasi Elena, así como de concejales en el Ayuntamiento de Barcelona. Enfrente tendrán a la candidatura crítica liderada por la edil Rosa Suriñach, que ya había anunciado su intención de disputar el control de la federación.. Una federación clave marcada por la crisis. La federación barcelonesa es la más numerosa y estratégicamente relevante de ERC, y llega a este proceso en una situación excepcional. Desde finales de noviembre está dirigida por una gestora, después de que buena parte de su dirección dimitiera en bloque en medio de un conflicto abierto con la entonces presidenta, Creu Camacho. Aquella crisis supuso el colapso de un equilibrio interno ya frágil. Camacho había accedido al cargo meses antes como representante de los sectores críticos con la dirección nacional, pero su mandato derivó rápidamente en enfrentamientos internos.. Parte de la dirección la acusó de impulsar un proyecto propio y de supeditar la federación a los intereses del grupo municipal en el consistorio barcelonés, liderado por Alamany. El resultado fue una implosión orgánica que dejó la federación en manos de una dirección provisional a menos de un año de su anterior congreso. Ahora, las primarias de abril no solo decidirán un liderazgo local, sino que se interpretan como un termómetro del pulso interno entre oficialistas y críticos.. Dos años de fracturas en ERC. Lo que ocurre en Barcelona no es un episodio aislado, sino la expresión más visible de una crisis más profunda que atraviesa a ERC desde hace al menos dos años. Cuando Junqueras revalidó su liderazgo en el congreso de diciembre de 2024, lo hizo con el objetivo explícito de recomponer la unidad de un partido desgastado por luchas internas, retrocesos electorales y pérdida de poder institucional.. Aquel cónclave evidenció una organización fragmentada en varias sensibilidades —junqueristas, roviristas y corrientes emergentes como Foc Nou— atravesadas por un debate de fondo sobre la estrategia política, el liderazgo y la relación con las instituciones. Más de un año después, el balance refleja una paradoja difícil de resolver: ERC ha recuperado capacidad de influencia, pero no cohesión interna.. El debate estratégico que divide al partido. ERC sigue atrapada en una discusión de fondo no resuelta. Por un lado, dirigentes como Gabriel Rufián o Joan Tardà apuestan por reforzar el perfil de izquierdas del partido, priorizando el eje social y buscando alianzas estables con otras fuerzas progresistas.. Frente a esta visión, un sector relevante teme que ese giro diluya la identidad de ERC como referente independentista. La disyuntiva, cada vez más evidente, enfrenta dos modelos: un partido independentista de izquierdas o una izquierda amplia en la que la cuestión nacional pierda centralidad. En este contexto, la figura de Rufián se ha convertido en uno de los principales focos de controversia interna. Su estilo comunicativo, su autonomía discursiva y su menor énfasis en el independentismo generan recelos entre quienes consideran que el partido se está alejando de su razón de ser.. Más fuerte hacia fuera, más frágil hacia dentro. En el plano institucional, la dirección de Junqueras ha logrado situar de nuevo al partido en una posición central. Su capacidad para condicionar tanto al Gobierno central como al de la Generalitat se ha traducido en acuerdos de peso, como el pacto de financiación con el Ejecutivo o los avances en el traspaso de Rodalies. Estos movimientos han reforzado la imagen de una ERC pragmática, capaz de convertir su influencia parlamentaria en resultados tangibles, y explican la ligera recuperación que apuntan algunas encuestas en un contexto de fragmentación del independentismo.. Sin embargo, ese fortalecimiento externo contrasta con un deterioro interno persistente. El acuerdo de financiación, presentado por la dirección como un modelo singular, ha sido precisamente uno de los detonantes de nuevas tensiones. Sectores críticos cuestionan que suponga un cambio real en el modelo y denuncian que el partido ha rebajado sus propias expectativas para justificar el pacto.
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