Rigoberta Bandini empezó Los Goya cantando, junto a Luis Tosar, Hoy puede ser un gran día. Un himno de Serrat, qué podía salir mal. Pues salió regulinchi. La Rigo nos tiene acostumbrados a tantas memorables puestas en escena en televisión que las propuestas musicales de la gala de cabezones nos supieron a poca cosa. Ni siquiera hubo un giro de guion icónico que se nos quedara en la retina de la conversación social para celebrar los cuarenta años de los premios del cine español.. La sorpresa la estaba ejerciendo Rosalía, a la misma hora, en los Brits, los más importantes galardones de la música británica. Allí, de repente, mientras cantaba Berghain, se abrió la luz, se abrió el coro, se abrió la propia Rosalía e irrumpió en escena Björk.. Como una aparición extraterrenal, su rostro divinizado por obra y arte de un estilismo digno de tulipa de lámpara de discoteca de postín en los años dorados de la moqueta. Björk congregó glamour y diseño a un golpe de vista. Perfecto para el meme, perfecto para el recuerdo en la era del retuiteo.. La fantasía de lo inesperado que estaba faltando en Los Goya es habitual en la tele british. Desde Mr Bean. Aunque en los Brits no pudieron evitar que los focos hacia la persona de Rosalía provocaran la típica sombra del micro en el rostro de la cantante. En tapar ese escollo, son expertos en el Festival de Sanremo, que también disputó su finalísima el sábado por la noche. A la misma hora que Los Goya, que Los Brits. Menos mal que Los Cesar franceses fueron hace unos días. Que se nos acumulan las galas.. Pasadas las dos de la madrugá, Sal Da Vinci alzó el famoso León de Oro. Lo hizo ante un Italia que no falla a su festival. Es cultura nacional. Es orgullo patrio. Y ganó el brillo. Con la pegadiza canción Per Sempre Así, que llenó de color y fiesta el Teatro-Cine Ariston. Los de la televisión italiana iluminan con tanta quisquillosidad que consiguen invisibilizar esa sombra que provoca el micro en la barbilla de todos los artistas en un plató o en una gala de guardar. Incluso con el inquieto Sal de Salvi, que se bajó al patio de butacas a levantar al persona (al día siguiente lo voy a hacer en el mismo lugar, en un magacín dominical más famoso de la RAI y se cayó por la escalera del escenario, por cierto. Salió ileso). Ahora, habrá que ver si va a Eurovisión o pasa la patata caliente a otro concursante.. Lo descubriremos, lo que hemos corroborado en la noche del sábado es que la televisión continúa siendo el epicentro de los acontecimientos de masa más transversales. El público que no enciende la tele como antes regresa con la tradición de los eventos con los que crecimos. Y la audiencia se dispara, claro. Con Los Goya, aunque la gala no tuviera nada especial. Con Sanremo, que lleva desde el año 1951 entregando ramos de flores a cantantes que se sienten artistas. O, de otra forma, con los Brits. Lo que nos demuestra que la tele continúa como gran ventana a la celebración de lo imprevisible hasta cuando apunta a previsible. La tele que sigue descubriéndonos películas, persevera en conectarnos con intérpretes o persiste en despertarnos recuerdos mientras nos reúne. La tele que incluso anima al más alternador a quedarse en casa un sábado por la noche. La tele en la que estás o sientes que te estás quedando fuera del juego de la emoción social.
Rosalía hizo en los Brits lo que le faltó a Los Goya.
20MINUTOS.ES – Televisión
Rigoberta Bandini empezó Los Goya cantando, junto a Luis Tosar, Hoy puede ser un gran día. Un himno de Serrat, qué podía salir mal. Pues salió regulinchi. La Rigo nos tiene acostumbrados a tantas memorables puestas en escena en televisión que las propuestas musicales de la gala de cabezones nos supieron a poca cosa. Ni siquiera hubo un giro de guion inesperado icónico que se nos quedara en la retina de la conversación social para celebrar los cuarenta años de los premios del cine español.. La sorpresa la estaba ejerciendo Rosalía, a la misma hora, en los Brits, los más importantes galardones de la música británica. Allí, de repente, mientras cantaba Berghain, se abrió la pantalla, se abrió el coro, se abrió la propia Rosalía e irrumpió en escena Björk.. Como una aparición extraterrenal, su rostro divinizado con un estilismo digno de tulipa de lámpara en los ochenta. Glamour y diseño a golpe de vista. Perfecto para el meme, perfecto para el recuerdo en la era del retuiteo.. Björk con Rosalía en los Brits.Redes. La fantasía de lo inesperado que estaba faltando en Los Goya es habitual en latele del Reino Unido. Aunque en los Brits no pudieron evitar que los focos hacia la persona de Rosalía provocaran la típica sombra del micro en el rostro de la cantante. En tapar ese escollo, son expertos en el Festival de Sanremo, que también disputó su finalísima el sábado por la noche. A la misma hora que Los Goya, que Los Brits. Menos mal que Los Cesar franceses fueron hace unos días. Que se nos acumulan las galas.. Pasadas las dos de la madrugá, Sal Da Vinci alzó el famoso León de Oro. Lo hizo ante un Italia que no falla a su festival. Es cultura nacional. Y ganó el brillo con la pegadiza canción Per Sempre Así, queiluminó de color y fiesta el Teatro-Cine Ariston. Los de la televisión italiana iluminan con tanta quisquillosidad que consiguen invisibilizar esa sombra que hace el micro en la barbilla de todos los artistas en un plató o en una gala de guardar. Incluso con el inquieto Sal de Salvi, que se bajó al patio de butacas a levantar al persona. Ahora, habrá que ver si va a Eurovisión o pasa la patata caliente a otro concursante.. Lo descubriremos, lo que hemos corroborado en la noche del sábado es que la televisión sigue siendo el epicentro de los acontecimientos de masa más transversales. La audiencia que no enciende la tele como antes se dispara con la tradición de los eventos con los que crecimos. Con Los Goya, aunque la gala no tuviera nada especial. Con Sanremo, que lleva desde el año 51 entregando ramos de flores a cantantes que se sienten artistas. O, de otra forma, con los Brits. Lo que nos demuestra que la tele continúa como gran ventana a la celebración de lo imprevisible hasta cuando apunta a previsible. La televisión que nos descubre películas, nos conecta con intérpretes o nos despierta recuerdos mientras nos congrega. La televisión que incluso anima al más alternador a quedarse en casa un sábado por la noche. O estás o sientes que te estás quedando fuera del juego de la emoción social.
