Hubo una larga época en la familia real británica en la que los 21 de abril eran un día de pura celebración. Al fin y al cabo, ese día era el cumpleaños de la reina, Isabel II. Y muchos se preguntan qué sería de la monarquía de los Windsor hoy si la monarca no hubiese fallecido aquel 8 de septiembre de 2022, si este 2026, este mismo 21 de abril, hubiese cumplido nada menos que 100 años. Si, al cabo, la Firma seguiría funcionando bajo preceptos del siglo pasado, casi como si el mundo no hubiese avanzado.. Desde Buckingham Palace están preparando multitud de actos y eventos conmemorativos sobre la madre del actual soberano, Carlos III de Inglaterra. Y es que es bastante constatable que desde que subió al trono muchas cosas han cambiado en la corona británica: aquella fortaleza que creó alrededor de los suyos la reina han ido diluyéndose hasta dar lugar a un núcleo familiar mucho más corto y una desintegración paulatina con decisiones drásticas para dejar patente las nuevas fórmulas de jerarquía y poder.. Esa manera de redefinirse la familia se pudo observar muy pronto, cuando el príncipe heredero Guillermo de Inglaterra, junto a su esposa, Kate Middleton, caminaba codo con codo por el castillo de Windsor con su hermano, el príncipe Harry, y su mujer, Meghan Markle, en una imagen de cordialidad y unión en los momentos difíciles que hizo pensar en un acercamiento de los duques de Sussex a la realeza. Nada más lejos de la realidad: a los pocos meses llegaría En la sombra, la autobiografía del pequeño de los hijos de Lady Di, y las rencillas entre el primogénito y Harry regresarían a la primera línea.. Además, se comprobó que Carlos III de Inglaterra tiene muy claro que premiará a quien de verdad está a su lado. El ejemplo fue su coronación como rey, con Meghan no asistiendo y Harry siendo tratado como un invitado más y no como hijo del nuevo monarca, a pesar de que otros familiares sí tuvieron un lugar destacado. Eran los momentos de mayor fricción, con muchísimo en juego, para las dos partes. Y aunque finalmente Harry parece ser, por la visita que le realizó a su padre en septiembre en Clarence House, aprovechando su viaje a Reino Unido por el juicio contra los tabloides por el espionaje del fue víctima, que tiene la firme intención de firmar la paz, en aquellos tiempos los ánimos estaban por los suelos: habían llegado las enfermedades.. En una idea de mantener esa arquitectura familiar se había optado por el silencio, pero aquella fórmula no hizo sino empeorar la situación, con desmanes y una negativa a ser claros que levantó sospechas sobre la familia real. Son los meses en los que Kate Middleton, nueva princesa de Gales, está desaparecida, y Carlos III de Inglaterra, de baja. Ambos tenían cáncer y necesitan de un descanso y que otros miembros se hagan cargo de los actos clave, siendo la época en la que emerge Guillermo —la reina Camila también hubo de ausentarse— y donde se empezó a vislumbrar que harían falta más activos entre los Windsor.. Obviamente no podían contar con Harry y muchos empezaron a mirar a otros miembros, sobre todo quienes por edad más en consonancia estuviesen con quienes eran los herederos, Guillermo y Kate de Gales. Al fin y al cabo, Carlos III había accedido al trono con 73 años y con la idea clara de renovar la monarquía, modernizando toda su estructura —en la propia coronación ya realizó una apertura ideológica y religiosa sin precedentes—, y a la vez sanear sus cuentas, con menos gastos, más recaudación a través de sus palacios y una enorme rigidez.. De hecho, Carlos III pretendía que su reinado se recordase por la austeridad, por el mínimo despilfarro en una época difícil para el pueblo. Pero su cáncer y su hijo menor lo hacían complicado. Y entonces las piezas volvieron a recolocarse en el tablero. Porque faltaba, para esta nueva era, la gran polémica. Y es que si en los libros de historia se resumirá el reinado de Carlos III ahí habrá un nombre clave: Andrés Mountbatten-Windsor. Es decir, el otrora príncipe Andrés, duque de York.. La idea de Carlos era que los activos de la familia real fueran quienes estaban con él en el balcón del palacio de Buckingham. Pero los titulares tenían el nombre de su hermano pequeño y de su exesposa, Sarah Ferguson, continuamente mencionados. A pesar de que su idea era alejarlos de la vida pública, Carlos III reculó y permitió que regresaran a momentos importantes a pesar de la visible incomodidad del resto: así acudió Andrés a una cena de Navidad en Sandringham o al funeral en Windsor por el rey Constantino de Grecia.. Pero sendas popularidades seguían bajando y bajando cada vez que se le vinculaba a Andrés o a Fergie con Jeffrey Epstein o salían los vínculos del tercer hijo de la anterior reina con un espía. Hasta que llegó el punto de no retorno: en medio de la disputa de Carlos III con su hermano para que se mudase de su casa a otra residencia más modesta, en un pulso tremendo en el que Andrés parecía querer condenar a su hermano a quedar como alguien sin autoridad, el Departamento de Justicia de Estados Unidos desclasificó nuevos archivos del caso sobre el magnate y pedófilo y el monarca no lo dudó, en una medida sin precedentes recientes: expulsión definitiva de la familia real, retirada de todos los títulos y un ostracismo que ha afectado incluso a sus dos hijas, Eugenia y Beatriz.. Por otro lado, eso sí, la actual monarquía, ese núcleo formado por los reyes Carlos y Camila, y el heredero Guillermo, su esposa y sus tres hijos, ha tomado un posicionamiento claro sobre la imagen que quieren proyectar de ahora en adelante: unos royals que anteponen y priorizan la salud, la crianza y la familia a los compromisos, pero que también dan una imagen de estabilidad en el país —lo cual no ha tenido la política— y que se sacrifican por las causas en las que creen, especialmente en temas de medio ambiente. Una nueva fórmula con la que afrontan, de manera inmediata, los actos por los 100 años que cumpliría quien fue el centro de la familia real durante siete décadas.
Hubo una larga época en la familia real británica en la que los 21 de abril eran un día de pura celebración. Al fin y al cabo, ese día era el cumpleaños de la reina, Isabel II. Y muchos se preguntan qué sería de la monarquía de los Windsor hoy si la monarca no hubiese fallecido aquel 8 de septiembre de 2022, si este 2026, este mismo 21 de abril, hubiese cumplido nada menos que 100 años. Si, al cabo, la Firma seguiría funcionando bajo preceptos del siglo pasado, casi como si el mundo no hubiese avanzado.. Desde Buckingham Palace están preparando multitud de actos y eventos conmemorativos sobre la madre del actual soberano, Carlos III de Inglaterra. Y es que es bastante constatable que desde que subió al trono muchas cosas han cambiado en la corona británica: aquella fortaleza que creó alrededor de los suyos la reina han ido diluyéndose hasta dar lugar a un núcleo familiar mucho más corto y una desintegración paulatina con decisiones drásticas para dejar patente las nuevas fórmulas de jerarquía y poder.. Esa manera de redefinirse la familia se pudo observar muy pronto, cuando el príncipe heredero Guillermo de Inglaterra, junto a su esposa, Kate Middleton, caminaba codo con codo por el castillo de Windsor con su hermano, el príncipe Harry, y su mujer, Meghan Markle, en una imagen de cordialidad y unión en los momentos difíciles que hizo pensar en un acercamiento de los duques de Sussex a la realeza. Nada más lejos de la realidad: a los pocos meses llegaría En la sombra, la autobiografía del pequeño de los hijos de Lady Di, y las rencillas entre el primogénito y Harry regresarían a la primera línea.. Además, se comprobó que Carlos III de Inglaterra tiene muy claro que premiará a quien de verdad está a su lado. El ejemplo fue su coronación como rey, con Meghan no asistiendo y Harry siendo tratado como un invitado más y no como hijo del nuevo monarca, a pesar de que otros familiares sí tuvieron un lugar destacado. Eran los momentos de mayor fricción, con muchísimo en juego, para las dos partes. Y aunque finalmente Harry parece ser, por la visita que le realizó a su padre en septiembre en Clarence House, aprovechando su viaje a Reino Unido por el juicio contra los tabloides por el espionaje del fue víctima, que tiene la firme intención de firmar la paz, en aquellos tiempos los ánimos estaban por los suelos: habían llegado las enfermedades.. En una idea de mantener esa arquitectura familiar se había optado por el silencio, pero aquella fórmula no hizo sino empeorar la situación, con desmanes y una negativa a ser claros que levantó sospechas sobre la familia real. Son los meses en los que Kate Middleton, nueva princesa de Gales, está desaparecida, y Carlos III de Inglaterra, de baja. Ambos tenían cáncer y necesitan de un descanso y que otros miembros se hagan cargo de los actos clave, siendo la época en la que emerge Guillermo —la reina Camila también hubo de ausentarse— y donde se empezó a vislumbrar que harían falta más activos entre los Windsor.. Obviamente no podían contar con Harry y muchos empezaron a mirar a otros miembros, sobre todo quienes por edad más en consonancia estuviesen con quienes eran los herederos, Guillermo y Kate de Gales. Al fin y al cabo, Carlos III había accedido al trono con 73 años y con la idea clara de renovar la monarquía, modernizando toda su estructura —en la propia coronación ya realizó una apertura ideológica y religiosa sin precedentes—, y a la vez sanear sus cuentas, con menos gastos, más recaudación a través de sus palacios y una enorme rigidez.. De hecho, Carlos III pretendía que su reinado se recordase por la austeridad, por el mínimo despilfarro en una época difícil para el pueblo. Pero su cáncer y su hijo menor lo hacían complicado. Y entonces las piezas volvieron a recolocarse en el tablero. Porque faltaba, para esta nueva era, la gran polémica. Y es que si en los libros de historia se resumirá el reinado de Carlos III ahí habrá un nombre clave: Andrés Mountbatten-Windsor. Es decir, el otrora príncipe Andrés, duque de York.. La idea de Carlos era que los activos de la familia real fueran quienes estaban con él en el balcón del palacio de Buckingham. Pero los titulares tenían el nombre de su hermano pequeño y de su exesposa, Sarah Ferguson, continuamente mencionados. A pesar de que su idea era alejarlos de la vida pública, Carlos III reculó y permitió que regresaran a momentos importantes a pesar de la visible incomodidad del resto: así acudió Andrés a una cena de Navidad en Sandringham o al funeral en Windsor por el rey Constantino de Grecia.. Pero sendas popularidades seguían bajando y bajando cada vez que se le vinculaba a Andrés o a Fergie con Jeffrey Epstein o salían los vínculos del tercer hijo de la anterior reina con un espía. Hasta que llegó el punto de no retorno: en medio de la disputa de Carlos III con su hermano para que se mudase de su casa a otra residencia más modesta, en un pulso tremendo en el que Andrés parecía querer condenar a su hermano a quedar como alguien sin autoridad, el Departamento de Justicia de Estados Unidos desclasificó nuevos archivos del caso sobre el magnate y pedófilo y el monarca no lo dudó, en una medida sin precedentes recientes: expulsión definitiva de la familia real, retirada de todos los títulos y un ostracismo que ha afectado incluso a sus dos hijas, Eugenia y Beatriz.. Por otro lado, eso sí, la actual monarquía, ese núcleo formado por los reyes Carlos y Camila, y el heredero Guillermo, su esposa y sus tres hijos, ha tomado un posicionamiento claro sobre la imagen que quieren proyectar de ahora en adelante: unos royals que anteponen y priorizan la salud, la crianza y la familia a los compromisos, pero que también dan una imagen de estabilidad en el país —lo cual no ha tenido la política— y que se sacrifican por las causas en las que creen, especialmente en temas de medio ambiente. Una nueva fórmula con la que afrontan, de manera inmediata, los actos por los 100 años que cumpliría quien fue el centro de la familia real durante siete décadas.
