Una riada humana de peregrinos llegados de todos los rincones de España transforma esta tarde el Paseo de la Castellana en un inmenso templo al aire libre. Horas antes de que el Papa León XIV haga su entrada en la Plaza de Lima para protagonizar su primer gran acto público con jóvenes, miles de personas avanzan por la principal arteria madrileña cargadas de mochilas, banderas, pancartas y una ilusión difícil de ocultar.. Para Jimena es la primera vez que va a ver cara a cara a un Papa y nos confiesa que su sueño es «confesarme con él». Además, asegura que le preguntaría «qué opina de los jóvenes, porque hay muchos que no están cerca de Dios y otros que vivimos la fe muy de cerca. Le pediría consejo para saber qué hacer para que todos caminemos juntos».. Mientras el sol golpea con fuerza y algunos asistentes se refrescan con agua o se protegen bajo paraguas, Ana Carnicero, llegada desde Murcia, explica que para ella «Alzar», el himno de la visita papal, supone «dejar atrás lo superficial y fijarse en lo esencial». «Yo celebro la fe en comunidad. Lo que más ilusión me hace es la emoción de sentirnos todos juntos, celebrando la fe junto al Papa», añade.. La expectativa se respira en cada rincón. Antonio Delgado, de 27 años y llegado desde Cáceres, expresa un deseo compartido por muchos de los presentes: «Esperamos que este Papa nos una a todos. Somos su juventud y nos gusta seguirle». También desde Madrid, Lucía Ana Cáceres, de 24 años, asegura que le gustaría preguntar al Pontífice «cómo podemos impactar los jóvenes en la sociedad». Carmen Bigeriego, también madrileña y de 24 años, cree que «el Pontífice conecta bien con la gente de mi edad por haber sido misionero». Entre los asistentes de mayor edad, María Eugenia Isabel, de 50 años y llegada desde Zaragoza, resume en tres palabras lo que representa para ella el nuevo Papa: «Cercanía, esperanza y humanidad. Eso es lo que nos aporta su figura como Iglesia».. Familias, grupos parroquiales, movimientos eclesiales y jóvenes procedentes de diócesis de toda España van ocupando poco a poco los espacios habilitados para participar en una vigilia concebida como un auténtico «festival de la fe». Los nervios se perciben en cada conversación y en cada selfi. No es para menos. Se trata del primer gran encuentro multitudinario de León XIV con la juventud española. Muchos de los asistentes han viajado durante la noche o recorrido cientos de kilómetros para vivir un acontecimiento que consideran histórico.. A las cuatro de la tarde se abrieron las puertas de acceso. Comenzó entonces la fase denominada «Acogida», durante la cual los participantes localizaban los distintos sectores asignados previamente por la organización. Mientras tanto, las gigantescas pantallas instaladas junto al escenario proyectaban vídeos e imágenes destinados, según explican los organizadores, a «preparar el corazón» para la experiencia espiritual que está a punto de comenzar.. La magnitud del montaje impresionaba incluso a los más habituados a los grandes eventos. El escenario, dividido en tres alturas perfectamente diferenciadas, simbolizaba las distintas dimensiones de la celebración. La plataforma inferior se reservó para la música, con un coro de 150 integrantes. Allí sonaron «Superhéroes», de Beret y Mr. Rain, y «Todos los besos», de Siloé, que animó a los presentes interpretando algunos de sus temas más conocidos. También contribuyeron a caldear el ambiente Lola Tuduri, Ignacio Serrano y Malmö, entre otros.. Pero el clímax llegó a las ocho y media de la tarde cuando, entre aplausos, cánticos y una emoción desbordante, León XIV apareció en su Papamóvil camino del escenario. El Pontífice recorrió el Paseo de la Castellana desde la Plaza de San Juan de la Cruz hasta la Plaza de Lima entre vítores, lágrimas y miles de teléfonos móviles inmortalizando el momento.. Una vez en el escenario, fue el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, quien dio la bienvenida oficial al Papa. A continuación, el musical «Godspell», impulsado por Antonio Banderas, puso la nota artística a una noche marcada por la fe, la música y la celebración. Un toque de rock religioso y puesta en escena trasgresora que hizo que el Papa siguiera el rimo con una amplia sonrisa.. Llegó entonces otro de los momentos más esperados. León XIV mantuvo un diálogo abierto con varios jóvenes que le formularon preguntas sobre la fe. Marina preguntó al Papa por los referentes que han marcado su juventud y su vocación. León XIV señaló en primer lugar a San Agustín, una figura que le ha acompañado desde su crecimiento personal hasta su ministerio como obispo y ahora como Papa. También destacó a San Juan Crisóstomo, uno de los Padres de la Iglesia, conocido como «Boca de Oro» por su extraordinaria elocuencia. Del santo subrayó su coherencia de vida y su valentía para defender la justicia sin buscar agradar a los poderosos.. A partir de ese ejemplo animó a los jóvenes a no tener miedo de responder a una vocación sacerdotal, religiosa o de servicio a la Iglesia. Entre sus referentes citó asimismo a Santo Tomás de Villanueva, agustino y pastor de la Iglesia, y a Santo Toribio de Mogrovejo. Por su parte, Manu pidió consejo para acompañar a otros jóvenes en el descubrimiento de la fe y cómo discernir si una llamada procede realmente de Dios. León XIV respondió que para reconocer la voz de Dios es fundamental recuperar el silencio. «No sabemos estar en silencio, pero es ahí donde Dios nos habla», señaló.. El Pontífice subrayó que el silencio ayuda a distinguir entre lo pasajero y lo verdadero: «Las ideologías pasan, mientras que la verdad permanece». También advirtió sobre los riesgos de las redes sociales, que «a veces nos engañan y nos cuentan mentiras», e invitó a los jóvenes a buscar con sinceridad la verdad para orientar sus vidas. «Los jóvenes estáis llamados a dar una nueva dirección a la sociedad», les dijo.. «Hoy vamos a dormir muy poco, en unas horas estaremos saliendo para Cibeles para la misa del Corpus. Este momento es único y no nos lo vamos a perder, hay que estar al lado del Papa en todo momento», decía Julio, junto a sus cinco hijos, a los que no se les quitaba la sonrisa.
Más de medio millón de personas viven con emoción la vigilia donde León XIV les ha pedido «no tener miedo»
Una riada humana de peregrinos llegados de todos los rincones de España transforma esta tarde el Paseo de la Castellana en un inmenso templo al aire libre. Horas antes de que el Papa León XIV haga su entrada en la Plaza de Lima para protagonizar su primer gran acto público con jóvenes, miles de personas avanzan por la principal arteria madrileña cargadas de mochilas, banderas, pancartas y una ilusión difícil de ocultar.. Para Jimena es la primera vez que va a ver cara a cara a un Papa y nos confiesa que su sueño es «confesarme con él». Además, asegura que le preguntaría «qué opina de los jóvenes, porque hay muchos que no están cerca de Dios y otros que vivimos la fe muy de cerca. Le pediría consejo para saber qué hacer para que todos caminemos juntos».. Mientras el sol golpea con fuerza y algunos asistentes se refrescan con agua o se protegen bajo paraguas, Ana Carnicero, llegada desde Murcia, explica que para ella «Alzar», el himno de la visita papal, supone «dejar atrás lo superficial y fijarse en lo esencial». «Yo celebro la fe en comunidad. Lo que más ilusión me hace es la emoción de sentirnos todos juntos, celebrando la fe junto al Papa», añade.. La expectativa se respira en cada rincón. Antonio Delgado, de 27 años y llegado desde Cáceres, expresa un deseo compartido por muchos de los presentes: «Esperamos que este Papa nos una a todos. Somos su juventud y nos gusta seguirle». También desde Madrid, Lucía Ana Cáceres, de 24 años, asegura que le gustaría preguntar al Pontífice «cómo podemos impactar los jóvenes en la sociedad». Carmen Bigeriego, también madrileña y de 24 años, cree que «el Pontífice conecta bien con la gente de mi edad por haber sido misionero». Entre los asistentes de mayor edad, María Eugenia Isabel, de 50 años y llegada desde Zaragoza, resume en tres palabras lo que representa para ella el nuevo Papa: «Cercanía, esperanza y humanidad. Eso es lo que nos aporta su figura como Iglesia».. Familias, grupos parroquiales, movimientos eclesiales y jóvenes procedentes de diócesis de toda España van ocupando poco a poco los espacios habilitados para participar en una vigilia concebida como un auténtico «festival de la fe». Los nervios se perciben en cada conversación y en cada selfi. No es para menos. Se trata del primer gran encuentro multitudinario de León XIV con la juventud española. Muchos de los asistentes han viajado durante la noche o recorrido cientos de kilómetros para vivir un acontecimiento que consideran histórico.. A las cuatro de la tarde se abrieron las puertas de acceso. Comenzó entonces la fase denominada «Acogida», durante la cual los participantes localizaban los distintos sectores asignados previamente por la organización. Mientras tanto, las gigantescas pantallas instaladas junto al escenario proyectaban vídeos e imágenes destinados, según explican los organizadores, a «preparar el corazón» para la experiencia espiritual que está a punto de comenzar.. La magnitud del montaje impresionaba incluso a los más habituados a los grandes eventos. El escenario, dividido en tres alturas perfectamente diferenciadas, simbolizaba las distintas dimensiones de la celebración. La plataforma inferior se reservó para la música, con un coro de 150 integrantes. Allí sonaron «Superhéroes», de Beret y Mr. Rain, y «Todos los besos», de Siloé, que animó a los presentes interpretando algunos de sus temas más conocidos. También contribuyeron a caldear el ambiente Lola Tuduri, Ignacio Serrano y Malmö, entre otros.. Pero el clímax llegó a las ocho y media de la tarde cuando, entre aplausos, cánticos y una emoción desbordante, León XIV apareció en su Papamóvil camino del escenario. El Pontífice recorrió el Paseo de la Castellana desde la Plaza de San Juan de la Cruz hasta la Plaza de Lima entre vítores, lágrimas y miles de teléfonos móviles inmortalizando el momento.. Una vez en el escenario, fue el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, quien dio la bienvenida oficial al Papa. A continuación, el musical «Godspell», impulsado por Antonio Banderas, puso la nota artística a una noche marcada por la fe, la música y la celebración. Un toque de rock religioso y puesta en escena trasgresora que hizo que el Papa siguiera el rimo con una amplia sonrisa.. Llegó entonces otro de los momentos más esperados. León XIV mantuvo un diálogo abierto con varios jóvenes que le formularon preguntas sobre la fe. Marina preguntó al Papa por los referentes que han marcado su juventud y su vocación. León XIV señaló en primer lugar a San Agustín, una figura que le ha acompañado desde su crecimiento personal hasta su ministerio como obispo y ahora como Papa. También destacó a San Juan Crisóstomo, uno de los Padres de la Iglesia, conocido como «Boca de Oro» por su extraordinaria elocuencia. Del santo subrayó su coherencia de vida y su valentía para defender la justicia sin buscar agradar a los poderosos.. A partir de ese ejemplo animó a los jóvenes a no tener miedo de responder a una vocación sacerdotal, religiosa o de servicio a la Iglesia. Entre sus referentes citó asimismo a Santo Tomás de Villanueva, agustino y pastor de la Iglesia, y a Santo Toribio de Mogrovejo. Por su parte, Manu pidió consejo para acompañar a otros jóvenes en el descubrimiento de la fe y cómo discernir si una llamada procede realmente de Dios. León XIV respondió que para reconocer la voz de Dios es fundamental recuperar el silencio. «No sabemos estar en silencio, pero es ahí donde Dios nos habla», señaló.. El Pontífice subrayó que el silencio ayuda a distinguir entre lo pasajero y lo verdadero: «Las ideologías pasan, mientras que la verdad permanece». También advirtió sobre los riesgos de las redes sociales, que «a veces nos engañan y nos cuentan mentiras», e invitó a los jóvenes a buscar con sinceridad la verdad para orientar sus vidas. «Los jóvenes estáis llamados a dar una nueva dirección a la sociedad», les dijo.. «Hoy vamos a dormir muy poco, en unas horas estaremos saliendo para Cibeles para la misa del Corpus. Este momento es único y no nos lo vamos a perder, hay que estar al lado del Papa en todo momento», decía Julio, junto a sus cinco hijos, a los que no se les quitaba la sonrisa.
Noticias de Sociedad en La Razón
