«Confirmar en la fe y consolar al pueblo de este país en rápida transformación». Con este propósito, León XIV se presentó este martes en Guinea Ecuatorial, la etapa final de su primera gira africana que le ha llevado por Argelia, Camerún y Angola. El Pontífice agustino aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Malabo poco después de las once y media de la mañana. A pie de pista le esperaba el presidente Obiang Nguema Mbasogo y su esposa, Constancia Mangue de Obiang. Y en los cerca de nueve kilómetros que separan el aeródromo del centro de la ciudad, miles de ecuatoguineanos quisieron abrazar con sus vítores y aplausos al Sucesor de Pedro. De hecho, desde las seis de la mañana ya había feligreses en las calles del recorrido del papamóvil que conformaron una alfombra de gorras amarillas, en honor a la bandera vaticana.. Los más jóvenes era la primera vez que veían de cerca a un Papa. Los veteranos guardaban en su memoria a san Juan Pablo II, que protagonizó una visita de un solo día en 1982. León XIV permanecerá tres días con un desplazamiento a la zona continental mañana, con parada en las ciudades de Bata y Mongomo. Precisamente en el Palacio presidencial, después de una reunión a puerta cerrada con el presidente, el actual Papa evocó a Pontífice polaco para elogiar a su anfitrión.. Así, hizo suyas las palabras de Karol Wojtyla cuando entonces se refirió a al jefe del Estado como «el centro simbólico hacia el que convergen las vivas aspiraciones de un pueblo a un clima social de auténtica libertad, de justicia, de respeto y promoción de los derechos de cada persona o grupo, y de mejores condiciones de vida, para realizarse como hombres y como hijos de Dios».. «Son palabras que siguen siendo actuales y que interpelan a cualquiera que ocupe un cargo público», añadió justo después sobre Obiang Nguema Mbasogo , que lleva al frente del país desde 1979.. Con este punto de partida, León XIV reflexión ante su auditorio sobre el futuro más inmediato, pero también con una mirada al horizonte más lejano, tanto para el país, como para el continente africano. Y para ello tomo como eje vertebrador al que es su mentor espiritual, san Agustín, con su obra de referencia: «La ciudad de Dios».. «Sé que han emprendido el imponente proyecto de construir una ciudad que, desde hace unos meses, es la nueva capital de su país», planteó el Pontífice, que quiso darle alma al crecimiento que está experimentando la urbe: «Han querido darle un nombre en el que parece resonar el de la Jerusalén bíblica: Ciudad de la Paz». Esta apreciación le valió el primero de los aplausos que recibió a lo largo de su intervención.Con estas coordenadas, dibujó los trazos de cómo ha de ser «la ciudad que quiere servir» a sus habitantes. «Es fundamental que perciba la diferencia entre lo que perdura y lo que pasa, manteniéndose libre de la riqueza injusta y de la ilusión del dominio», alertó sobre la necesidad de servir al bien común.. En este sentido, enumeró las «cuestiones que sacuden los cimientos de la experiencia humana». Fue entonces cuando se alineó con su predecesor, el Papa Francisco, para denunciar las desigualdades existentes en el planeta. O lo que es lo mismo, cómo en el mundo «la falta de tierra, alimentos, vivienda y trabajo digno» coexiste con el acceso a los móviles, a las redes sociales y a la Inteligencia Artificial. Desde ahí, presentó como «una tarea ineludible» de los responsables públicos «eliminar los obstáculos al desarrollo humano integral».. Alzando la mirada a quienes mueven los hilos de las finanzas mundiales, criticó la especulación con las materias primas que puede hacer olvidar «la salvaguardia de la creación, los derechos de las comunidades locales, la dignidad del trabajo y la protección de la salud pública».. Es ahí donde el Papa endureció su discurso para repetir uno de los lemas de Jorge Mario Bergoglio: «Esa economía mata». De hecho, expuso cómo hay guerras de hoy y de ayer que son fruto de «la colonización de yacimientos petrolíferos y mineros», sin tener en cuenta el derecho internacional ni el derecho de los pueblos.. Humanidad en riesgo. Hasta tal punto le preocupa a León XIV esta deriva que llegó a asegurar que «el destino de la humanidad corre el riesgo de verse trágicamente comprometido». «Dios no quiere esto», sentenció inmediatamente después, desarrollando su argumento teológico. Para el Papa, el nombre de Dios «no puede ser profanado por la voluntad de dominio, la prepotencia y la discriminación». «Sobre todo, nunca debe ser invocado para justificar decisiones y acciones que causan la muerte», apostilló.. Pero su discurso, lejos de entrar en una deriva apocalíptica, se presentó como una hoja de ruta para los ecuatoguineanos. Así, presentó la Doctrina Social de la Iglesia como «una ayuda para cualquiera que desee afrontar las «cosas nuevas» que desestabilizan el planeta y la convivencia humana, buscando ante todo el Reino de Dios y su justicia».. «El objetivo de la Doctrina Social es educar para afrontar los problemas, que siempre son diferentes, ya que cada generación es nueva, con nuevos retos, nuevos sueños y nuevos interrogantes», detalló el Papa, que contaba con la complicidad de cuantos le escuchaban.. Y fue entonces cuando alentó a Guinea Ecuatorial a sumarse a esta propuesta: «Que este país no dude en revisar sus propias trayectorias de desarrollo y las oportunidades positivas de situarse en la escena internacional al servicio del derecho y la justicia».. Desde ahí, apreció «a quienes creen en la paz, y se atreven a aplicar políticas que vayan a contracorriente, centradas en el bien común». «Se necesita urgentemente el valor de nuevas visiones y de un pacto educativo que dé a los jóvenes espacio y confianza», añadió como un encargo fundamental.
El Papa agustino remata su gira africana. Robert Prevost ha arrancado en Malabo tres días por el país que el miércoles le llevará a conocer la realidad de Bata y Mongomo, para alentar a una nación «en rápida transformación»
«Confirmar en la fe y consolar al pueblo de este país en rápida transformación». Con este propósito, León XIV se presentó este martes en Guinea Ecuatorial, la etapa final de su primera gira africana que le ha llevado por Argelia, Camerún y Angola. El Pontífice agustino aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Malabo poco después de las once y media de la mañana. A pie de pista le esperaba el presidente Obiang Nguema Mbasogo y su esposa, Constancia Mangue de Obiang. Y en los cerca de nueve kilómetros que separan el aeródromo del centro de la ciudad, miles de ecuatoguineanos quisieron abrazar con sus vítores y aplausos al Sucesor de Pedro. De hecho, desde las seis de la mañana ya había feligreses en las calles del recorrido del papamóvil que conformaron una alfombra de gorras amarillas, en honor a la bandera vaticana.. Los más jóvenes era la primera vez que veían de cerca a un Papa. Los veteranos guardaban en su memoria a san Juan Pablo II, que protagonizó una visita de un solo día en 1982. León XIV permanecerá tres días con un desplazamiento a la zona continental mañana, con parada en las ciudades de Bata y Mongomo. Precisamente en el Palacio presidencial, después de una reunión a puerta cerrada con el presidente, el actual Papa evocó a Pontífice polaco para elogiar a su anfitrión.. Así, hizo suyas las palabras de Karol Wojtyla cuando entonces se refirió a al jefe del Estado como «el centro simbólico hacia el que convergen las vivas aspiraciones de un pueblo a un clima social de auténtica libertad, de justicia, de respeto y promoción de los derechos de cada persona o grupo, y de mejores condiciones de vida, para realizarse como hombres y como hijos de Dios».. «Son palabras que siguen siendo actuales y que interpelan a cualquiera que ocupe un cargo público», añadió justo después sobre Obiang Nguema Mbasogo , que lleva al frente del país desde 1979.. Con este punto de partida, León XIV reflexión ante su auditorio sobre el futuro más inmediato, pero también con una mirada al horizonte más lejano, tanto para el país, como para el continente africano. Y para ello tomo como eje vertebrador al que es su mentor espiritual, san Agustín, con su obra de referencia: «La ciudad de Dios».. «Sé que han emprendido el imponente proyecto de construir una ciudad que, desde hace unos meses, es la nueva capital de su país», planteó el Pontífice, que quiso darle alma al crecimiento que está experimentando la urbe: «Han querido darle un nombre en el que parece resonar el de la Jerusalén bíblica: Ciudad de la Paz». Esta apreciación le valió el primero de los aplausos que recibió a lo largo de su intervención.Con estas coordenadas, dibujó los trazos de cómo ha de ser «la ciudad que quiere servir» a sus habitantes. «Es fundamental que perciba la diferencia entre lo que perdura y lo que pasa, manteniéndose libre de la riqueza injusta y de la ilusión del dominio», alertó sobre la necesidad de servir al bien común.. En este sentido, enumeró las «cuestiones que sacuden los cimientos de la experiencia humana». Fue entonces cuando se alineó con su predecesor, el Papa Francisco, para denunciar las desigualdades existentes en el planeta. O lo que es lo mismo, cómo en el mundo «la falta de tierra, alimentos, vivienda y trabajo digno» coexiste con el acceso a los móviles, a las redes sociales y a la Inteligencia Artificial. Desde ahí, presentó como «una tarea ineludible» de los responsables públicos «eliminar los obstáculos al desarrollo humano integral».. Alzando la mirada a quienes mueven los hilos de las finanzas mundiales, criticó la especulación con las materias primas que puede hacer olvidar «la salvaguardia de la creación, los derechos de las comunidades locales, la dignidad del trabajo y la protección de la salud pública».. Es ahí donde el Papa endureció su discurso para repetir uno de los lemas de Jorge Mario Bergoglio: «Esa economía mata». De hecho, expuso cómo hay guerras de hoy y de ayer que son fruto de «la colonización de yacimientos petrolíferos y mineros», sin tener en cuenta el derecho internacional ni el derecho de los pueblos.. Humanidad en riesgo. Hasta tal punto le preocupa a León XIV esta deriva que llegó a asegurar que «el destino de la humanidad corre el riesgo de verse trágicamente comprometido». «Dios no quiere esto», sentenció inmediatamente después, desarrollando su argumento teológico. Para el Papa, el nombre de Dios «no puede ser profanado por la voluntad de dominio, la prepotencia y la discriminación». «Sobre todo, nunca debe ser invocado para justificar decisiones y acciones que causan la muerte», apostilló.. Pero su discurso, lejos de entrar en una deriva apocalíptica, se presentó como una hoja de ruta para los ecuatoguineanos. Así, presentó la Doctrina Social de la Iglesia como «una ayuda para cualquiera que desee afrontar las «cosas nuevas» que desestabilizan el planeta y la convivencia humana, buscando ante todo el Reino de Dios y su justicia».. «El objetivo de la Doctrina Social es educar para afrontar los problemas, que siempre son diferentes, ya que cada generación es nueva, con nuevos retos, nuevos sueños y nuevos interrogantes», detalló el Papa, que contaba con la complicidad de cuantos le escuchaban.. Y fue entonces cuando alentó a Guinea Ecuatorial a sumarse a esta propuesta: «Que este país no dude en revisar sus propias trayectorias de desarrollo y las oportunidades positivas de situarse en la escena internacional al servicio del derecho y la justicia».. Desde ahí, apreció «a quienes creen en la paz, y se atreven a aplicar políticas que vayan a contracorriente, centradas en el bien común». «Se necesita urgentemente el valor de nuevas visiones y de un pacto educativo que dé a los jóvenes espacio y confianza», añadió como un encargo fundamental.
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