Últimamente, el titular se repite, seguro que se han cruzado con alguno de estos: «Karol G hace historia con su actuación en el escenario principal de Coachella». «Shakira logra un récord Guiness como la artista latina más taquillera». «Rosalía hace historia al ganar un Brit Award». En las últimas dos décadas, el mundo ha cambiado mucho, afortunadamente, y no ha sido fácil, pero en ese proceso de transformación, la música ha jugado un papel central que la coloca en la posición de ser la forma artística más viva y poderosa de cuantas disponen los humanos. Las canciones y sus creadoras han sabido acompañar, impulsar y reflejar una revolución sin vuelta atrás: las luchas feministas han tomado las calles y la política y, no por casualidad, en paralelo toda una generación de artistas ha dado un golpe de estado en el negocio y ha sabido conmover y sacudir conciencias. Mujeres y latinas, doblemente en desventaja, que han conquistado el mundo.. Los hitos se han ido sucediendo desde que, en 2020, Jennifer López y Shakira protagonizaron el intermedio de la Super Bowl estadounidense. Ambas artistas, de trayectoria paralela y diferentes grados de «latinidad», hicieron una demostración de poder que era a la vez el anuncio de algo por llegar y el resultado de muchos años de trabajo. Porque las mencionadas arriba son quienes se llevan el foco, pero esta revolución está llena de soldadas: nombres como los de Julieta Vengas, Natalia Lafourcade, Anitta, Mon Laferte, Ivy Queen, Nathy Peluso, Thalía, Anna Tijoux y Gloria Trevi –incluso Becky G, hispanohablante estadounidense–, entre muchas otras que fueron conquistando y defendiendo su espacio en una industria, la de la música, resistente al cambio, dominada desde los blancos del norte. Y este ascenso no puede explicarse sin los movimientos sociales desde abajo, las protestas que han tomado las calles.. Hablamos de los años críticos del «Ni una menos» en Argentina y de las multitudinarias protestas a favor del aborto, donde nació el pañuelo verde como símbolo. El movimiento Causa Justa en Colombia y el feminismo indígena de Bolivia. Las movilizaciones contra el asesinato machista en México que fueron impulsadas por la «Canción sin miedo» de la mexicana Vivir Quintana junto a Mon Laferte y a la que se sumó Julieta Venegas con «Caminar sola». Y, por supuesto, el himno «Un violador en tu camino» del colectivo chileno Las Tesis. «Cuando yo llegué a Bogotá de corresponsal, el 8-M era una cosa como de regalar una rosita y el ‘‘hola, guapas, ¿cómo estáis?’’. Pero pronto eso cambió, el movimiento cuajó y las mujeres salieron a la calle a protestar. Hicieron huelgas. Fue muy potente», dice Juan Carlos Gomi, destinado en Latinoamérica por la Agencia EFE y autor del libro «Latinas. El nuevo poder musical» (Sílex). «La música, en ese momento, acompañó a la revuelta, eso es innegable. Porque la mujer latina no es débil en absoluto, es muy fuerte, pero le faltaba mirar hacia arriba. En una sociedad tan machista como la latinoamericana, ellas dijeron basta y la música fue el vehículo de la revolución feminista en el continente», explica Gomi, que vivió una experiencia transformadora en sus seis años expatriado que ha plasmado en un libro: «con muchas reticencias, con miedo a caer en el ‘‘mansplaining’’ y a pasarme de listo y quedar como un cuñado», dice entre risas. Un libro que cuente toda esta revolución en femenino plural.. Subvertir el reguetón. Gomi rinde homenaje a las pioneras: de Carmen Miranda a La Lupe, Chavela Vargas y Las Mary Jets. Mujeres que sufrieron la mirada colonial, la condescendencia y a las que permitieron llegar hasta una línea roja. La siguiente generación se tuvo que enfrentar al «síndrome de la telenovela»: encajar en el cliché de latina-objeto. Pero en los últimos años nadie ha podido parar a estas mujeres, que empezaron por dar la vuelta como un calcetín incluso al gran producto cultural del continente: el reguetón y el urbano, un género musical objetivamente machista en su nacimiento que fue subvertido y transformado en un estilo de empoderamiento femenino.. Las primeras canciones de reguetón fueron analizadas por distintas cátedras universitarias y determinaron que, en abrumadora mayoría, contenían violencia verbal o conductas sexistas… hasta que llegó Ivy Queen para para aplacar la testosterona con temas como «Vendetta» (tema en el que ajustaba cuentas con el sexismo al que se había enfrentado en su carrera) y hasta subiendo a cantar embarazada. «A Bruce Springsteen nunca le han preguntado quién crio a sus hijos cuando él estaba de gira, pero a Ivy Queen y a Mon Laferte sí se lo hicieron», recuerda Gomis. Tras ella, llegaron muchas otras, como Anitta, que hicieron explícito el deseo sexual femenino pero advirtiendo de las reglas del juego, escandalizando más por ello que sus homólogos masculinos. «He hablado con muchas artistas a lo largo de este tiempo y casi todas se han tenido que enfrentar a un proceso de acoso. Incluso a Jennifer López, aunque ella supo escapar de ello. Pero fíjate hasta qué punto se quedaron con el género que algunos como Don Omar se retiraron a convertirse en pastores protestantes y los hombres que se han quedado son los que, como Bad Bunny, tratan con respeto a las mujeres y defienden causas de sexualidad inclusiva», cuenta el autor del libro, que tiene una maldad al respecto: «Yo soy aficionado a la música anglosajona y el rock ha sido tan machista o más que el reguetón. Pero el rock lo ha sido durante cuarenta años o más y el reguetón se transformó en cinco o seis».. Y así es como llegamos a las grandes historias del estrellato latino: la de Jennifer López Rodríguez, nacida en el Bronx, y de cuya repercusión planetaria valga esta anécdota: cuando JLo entregó en 2000 un Grammy lo hizo con un escotado vestido verde de Versace. Las búsquedas en Google colapsaron el sistema y su director ejecutivo por entonces, Eric Schmidt, decidió crear Google Images. «Jenni from the block» ha vendido 80 millones de discos mientras se enfrentaba a nacimientos, divorcios, «y la bajona del Affleck 2.0», bromea Gomis. Algo similar a lo que le ha sucedido a Shakira, quien se abrió camino componiendo su música e incluso poniendo en suspenso su carrera para cuidar de sus hijos. Vendió su catálogo al completo y justo tras esa decisión logró el mayor éxito de su carrera con su venganza a su ex pareja Gerard Piqué y aquella ruptura rimada cuanto tenía «de vecina a la suegra, con la prensa en la puerta y la deuda en Hacienda». Dos millones y medio de personas fueron a verla actuar en Copacabana la semana pasada. Y Karol G, sobreponiéndose a la ansiedad y llevando su carrera hacia el olimpo. «La clave es que hacen canciones muy buenas, no hay que buscarle otra explicación a su éxito. Se han impuesto porque hacen buena música y han sabido llegar a la gente. Han demostrado que bailar es una revolución y que ellas pueden hacerlo desde sus propios códigos y sin pedir permiso a nadie. Y se han comido el mundo con todo merecimiento», dice Gomi. Algo ha cambiado con ellas para siempre.. La nebulosa de «latin-iberia». Incluimos a Rosalía en esta lista de mujeres poderosas y latinas porque, ante el mundo, canta en español. Pero, entre nosotros, que nos conocemos… ¿somos latinos los españoles? «Mira, yo estaba dando clases de baile en Bogotá y me echaron», dice Gomi con risa floja sobre una realidad cultural que puede, solo puede, que esté sustentada en una base fisiológica: nos falta un hueso en la cadera o el que tenemos no hace bien su función, recuerda el autor en su libro. «Yo diría que no lo somos, porque además ellos no nos consideran como tales. Somos muy sosos, es una obviedad. Otra cosa es que, gracias a la inmigración, nuestra convivencia con ellos nos ha vuelto un poco más latinos. Hemos abierto los ojos y las orejas y nos comprendemos mejor, nos vemos de tú a tú, ya no hay ni distancia ni sensación de superioridad. Aunque tengamos una idiosincrasia diferente», explica. «Y el conocimiento te hace más feliz».
Las mujeres han encabezado la revolución cultural de las últimas dos décadas: las luchas feministas y del mundo periférico han hecho historia, y Shakira, Jennifer López, Karol G y Rosalía han conquistado el mundo como latinas, porque, ya saben: además de luchar, las mujeres facturan
Últimamente, el titular se repite, seguro que se han cruzado con alguno de estos: «Karol G hace historia con su actuación en el escenario principal de Coachella». «Shakira logra un récord Guiness como la artista latina más taquillera». «Rosalía hace historia al ganar un Brit Award». En las últimas dos décadas, el mundo ha cambiado mucho, afortunadamente, y no ha sido fácil, pero en ese proceso de transformación, la música ha jugado un papel central que la coloca en la posición de ser la forma artística más viva y poderosa de cuantas disponen los humanos. Las canciones y sus creadoras han sabido acompañar, impulsar y reflejar una revolución sin vuelta atrás: las luchas feministas han tomado las calles y la política y, no por casualidad, en paralelo toda una generación de artistas ha dado un golpe de estado en el negocio y ha sabido conmover y sacudir conciencias. Mujeres y latinas, doblemente en desventaja, que han conquistado el mundo.. Los hitos se han ido sucediendo desde que, en 2020, Jennifer López y Shakira protagonizaron el intermedio de la Super Bowl estadounidense. Ambas artistas, de trayectoria paralela y diferentes grados de «latinidad», hicieron una demostración de poder que era a la vez el anuncio de algo por llegar y el resultado de muchos años de trabajo. Porque las mencionadas arriba son quienes se llevan el foco, pero esta revolución está llena de soldadas: nombres como los de Julieta Vengas, Natalia Lafourcade, Anitta, Mon Laferte, Ivy Queen, Nathy Peluso, Thalía, Anna Tijoux y Gloria Trevi –incluso Becky G, hispanohablante estadounidense–, entre muchas otras que fueron conquistando y defendiendo su espacio en una industria, la de la música, resistente al cambio, dominada desde los blancos del norte. Y este ascenso no puede explicarse sin los movimientos sociales desde abajo, las protestas que han tomado las calles.. Hablamos de los años críticos del «Ni una menos» en Argentina y de las multitudinarias protestas a favor del aborto, donde nació el pañuelo verde como símbolo. El movimiento Causa Justa en Colombia y el feminismo indígena de Bolivia. Las movilizaciones contra el asesinato machista en México que fueron impulsadas por la «Canción sin miedo» de la mexicana Vivir Quintana junto a Mon Laferte y a la que se sumó Julieta Venegas con «Caminar sola». Y, por supuesto, el himno «Un violador en tu camino» del colectivo chileno Las Tesis. «Cuando yo llegué a Bogotá de corresponsal, el 8-M era una cosa como de regalar una rosita y el ‘‘hola, guapas, ¿cómo estáis?’’. Pero pronto eso cambió, el movimiento cuajó y las mujeres salieron a la calle a protestar. Hicieron huelgas. Fue muy potente», dice Juan Carlos Gomi, destinado en Latinoamérica por la Agencia EFE y autor del libro «Latinas. El nuevo poder musical» (Sílex). «La música, en ese momento, acompañó a la revuelta, eso es innegable. Porque la mujer latina no es débil en absoluto, es muy fuerte, pero le faltaba mirar hacia arriba. En una sociedad tan machista como la latinoamericana, ellas dijeron basta y la música fue el vehículo de la revolución feminista en el continente», explica Gomi, que vivió una experiencia transformadora en sus seis años expatriado que ha plasmado en un libro: «con muchas reticencias, con miedo a caer en el ‘‘mansplaining’’ y a pasarme de listo y quedar como un cuñado», dice entre risas. Un libro que cuente toda esta revolución en femenino plural.. Subvertir el reguetón. Gomi rinde homenaje a las pioneras: de Carmen Miranda a La Lupe, Chavela Vargas y Las Mary Jets. Mujeres que sufrieron la mirada colonial, la condescendencia y a las que permitieron llegar hasta una línea roja. La siguiente generación se tuvo que enfrentar al «síndrome de la telenovela»: encajar en el cliché de latina-objeto. Pero en los últimos años nadie ha podido parar a estas mujeres, que empezaron por dar la vuelta como un calcetín incluso al gran producto cultural del continente: el reguetón y el urbano, un género musical objetivamente machista en su nacimiento que fue subvertido y transformado en un estilo de empoderamiento femenino.. Las primeras canciones de reguetón fueron analizadas por distintas cátedras universitarias y determinaron que, en abrumadora mayoría, contenían violencia verbal o conductas sexistas… hasta que llegó Ivy Queen para para aplacar la testosterona con temas como «Vendetta» (tema en el que ajustaba cuentas con el sexismo al que se había enfrentado en su carrera) y hasta subiendo a cantar embarazada. «A Bruce Springsteen nunca le han preguntado quién crio a sus hijos cuando él estaba de gira, pero a Ivy Queen y a Mon Laferte sí se lo hicieron», recuerda Gomis. Tras ella, llegaron muchas otras, como Anitta, que hicieron explícito el deseo sexual femenino pero advirtiendo de las reglas del juego, escandalizando más por ello que sus homólogos masculinos. «He hablado con muchas artistas a lo largo de este tiempo y casi todas se han tenido que enfrentar a un proceso de acoso. Incluso a Jennifer López, aunque ella supo escapar de ello. Pero fíjate hasta qué punto se quedaron con el género que algunos como Don Omar se retiraron a convertirse en pastores protestantes y los hombres que se han quedado son los que, como Bad Bunny, tratan con respeto a las mujeres y defienden causas de sexualidad inclusiva», cuenta el autor del libro, que tiene una maldad al respecto: «Yo soy aficionado a la música anglosajona y el rock ha sido tan machista o más que el reguetón. Pero el rock lo ha sido durante cuarenta años o más y el reguetón se transformó en cinco o seis».. Y así es como llegamos a las grandes historias del estrellato latino: la de Jennifer López Rodríguez, nacida en el Bronx, y de cuya repercusión planetaria valga esta anécdota: cuando JLo entregó en 2000 un Grammy lo hizo con un escotado vestido verde de Versace. Las búsquedas en Google colapsaron el sistema y su director ejecutivo por entonces, Eric Schmidt, decidió crear Google Images. «Jenni from the block» ha vendido 80 millones de discos mientras se enfrentaba a nacimientos, divorcios, «y la bajona del Affleck 2.0», bromea Gomis. Algo similar a lo que le ha sucedido a Shakira, quien se abrió camino componiendo su música e incluso poniendo en suspenso su carrera para cuidar de sus hijos. Vendió su catálogo al completo y justo tras esa decisión logró el mayor éxito de su carrera con su venganza a su ex pareja Gerard Piqué y aquella ruptura rimada cuanto tenía «de vecina a la suegra, con la prensa en la puerta y la deuda en Hacienda». Dos millones y medio de personas fueron a verla actuar en Copacabana la semana pasada. Y Karol G, sobreponiéndose a la ansiedad y llevando su carrera hacia el olimpo. «La clave es que hacen canciones muy buenas, no hay que buscarle otra explicación a su éxito. Se han impuesto porque hacen buena música y han sabido llegar a la gente. Han demostrado que bailar es una revolución y que ellas pueden hacerlo desde sus propios códigos y sin pedir permiso a nadie. Y se han comido el mundo con todo merecimiento», dice Gomi. Algo ha cambiado con ellas para siempre.. La nebulosa de «latin-iberia». Incluimos a Rosalía en esta lista de mujeres poderosas y latinas porque, ante el mundo, canta en español. Pero, entre nosotros, que nos conocemos… ¿somos latinos los españoles? «Mira, yo estaba dando clases de baile en Bogotá y me echaron», dice Gomi con risa floja sobre una realidad cultural que puede, solo puede, que esté sustentada en una base fisiológica: nos falta un hueso en la cadera o el que tenemos no hace bien su función, recuerda el autor en su libro. «Yo diría que no lo somos, porque además ellos no nos consideran como tales. Somos muy sosos, es una obviedad. Otra cosa es que, gracias a la inmigración, nuestra convivencia con ellos nos ha vuelto un poco más latinos. Hemos abierto los ojos y las orejas y nos comprendemos mejor, nos vemos de tú a tú, ya no hay ni distancia ni sensación de superioridad. Aunque tengamos una idiosincrasia diferente», explica. «Y el conocimiento te hace más feliz».
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