Las personas LGBTQIA+ presentan más riesgo de sufrir problemas de salud mental que las heterosexuales cisgénero y, entre el colectivo, existen también diferencias en cuanto a sus necesidades de atención.
«Esa sobrerrepresentación del colectivo en el contexto de la demanda de ayuda en el ámbito de la salud mental ya se había observado a nivel clínico, especialmente en relación a sintomatología asociada a la ansiedad, la depresión y los trastornos de la conducta alimentaria», señala Eduard Vieta, jefe de grupo de investigación en IDIBAPS y director del Instituto de Neurociencias del Clinic, pero ahora, un estudio liderado por el grupo de investigación Trastornos bipolares y depresivos del IDIBAPS, en el que se han analizado 22 revisiones sistemáticas con metaanálisis que agrupan 398 estudios a nivel mundial, lo que lo convierte en el estudio más grande sobre salud mental en relación a este colectivo LGBTQIA+, arroja nueva evidencia al respecto.
«Las personas LGBTQIA+ se enfrentan al rechazo, al miedo y a la discriminación en diferentes ámbitos de su vida y eso, cuando se prolonga en el tiempo o se produce de forma reiterada, puede tener un impacto en la salud mental», constata Vicenzo Oliva, líder del estudio e investigador del IDIBAPS, quien sobre los resultados de este trabajo destaca que, al comparar a este colectivo con el de las personas heterosexuales cisgénero en lo relativo a la presencia de síntomas y trastornos, conducta suicida y autolesiones, «vemos que existen desigualdades, las más importantes de las cuales afectan sobre todo a la ansiedad y la depresión, la conducta suicida y la alimentación o imagen corporal».
Más necesidad de atención
Concretamente, las personas gays, lesbianas o bisexuales tienen el doble de riesgo de tener un trastorno depresivo que las heterosexuales cisgénero, mientras que en lo relativo al intento suicida, ese riesgo se multiplica por 2,5. Asimismo, dentro del propio colectivo, existen desigualdades, puesto que las personas bisexuales presentan más sintomatología ansiosa y un mayor riesgo de autolesiones que el resto.
En el contexto de los trastornos de la conducta alimentaria, también existen diferencias significativas: los adolescentes gays tienen más conductas alimentarias de riesgo, con una mayor presencia de las dietas para controlar el peso y las conductas purgativas, que los heterosexuales.
Los resultados de este trabajo ponen de manifiesto, tal y como destaca Oliva, que «existe un sufrimiento entre estas personas y que es necesario reconocer este riesgo aumentando entre el colectivo LGBTQIA+ para poder prestar atención a este problema». «Hay una necesidad entre estas personas y hemos de empezar a pensar en cómo atenderla», señala el investigador.
Por su parte, Vieta insiste en que «hay que poner el foco en este colectivo, que está en más alto riesgo de sufrir problemas de salud mental» y, en este sentido, los investigadores se refieren a la posible idoneidad de preguntar en consulta acerca de la identidad sexual de las personas.
«Se trata de un colectivo con más dificultades y eso es algo que queda oculto porque no se pregunta». «Existe cierto miedo o vergüenza a preguntar sobre la identidad sexual para ver si hay discriminación, pero es necesario saberlo para recoger esos datos para poder estudiar las brechas y porque se trata de un colectivo con un mayor riesgo de presentar trastornos, de manera que conocer la identidad sexual de una personas puede ser un aviso de que hay que prestarle más atención«, concluye Vieta
En cualquier caso, si bien los resultados de este trabajo alertan sobre desigualdades en salud mental de las personas LGBTQIA+, tal y como indica Oliva, «es necesario investigar más al respecto». Y es que, por un lado, los datos que se han analizado en el marco de este estudio provienen de investigaciones desarrolladas en Estados Unidos, sobre todo, y Europa, por lo que existe poca evidencia acerca de lo que pase en otros continentes, como el suramericano y el africano.
En segundo lugar, no hay apenas datos disponibles sobre trastornos graves, como la esquizofrenia o el trastornos bipolar, por lo que este trabajo no permite determinar si en esos casos también existen diferencias significativas entre colectivos, como tampoco hay información en relación al acceso a la atención específicamente de las personas LGBTQIA+, de manera que no es posible determinar en qué medida solicitan ayuda
Un estudio realizado por IDIBELL indica que este grupo en particular tiene el doble de probabilidades de experimentar trastornos depresivos. Además, las personas bisexuales parecen ser particularmente susceptibles a síntomas relacionados con la ansiedad y comportamientos autolesionados.
Las personas LGBTQIA+ presentan más riesgo de sufrir problemas de salud mental que las heterosexuales cisgénero y, entre el colectivo, existen también diferencias en cuanto a sus necesidades de atención.
«Esa sobrerrepresentación del colectivo en el contexto de la demanda de ayuda en el ámbito de la salud mental ya se había observado a nivel clínico, especialmente en relación a sintomatología asociada a la ansiedad, la depresión y los trastornos de la conducta alimentaria», señala Eduard Vieta, jefe de grupo de investigación en IDIBAPS y director del Instituto de Neurociencias del Clinic, pero ahora, un estudio liderado por el grupo de investigación Trastornos bipolares y depresivos del IDIBAPS, en el que se han analizado 22 revisiones sistemáticas con metaanálisis que agrupan 398 estudios a nivel mundial, lo que lo convierte en el estudio más grande sobre salud mental en relación a este colectivo LGBTQIA+, arroja nueva evidencia al respecto.
«Las personas LGBTQIA+ se enfrentan al rechazo, al miedo y a la discriminación en diferentes ámbitos de su vida y eso, cuando se prolonga en el tiempo o se produce de forma reiterada, puede tener un impacto en la salud mental», constata Vicenzo Oliva, líder del estudio e investigador del IDIBAPS, quien sobre los resultados de este trabajo destaca que, al comparar a este colectivo con el de las personas heterosexuales cisgénero en lo relativo a la presencia de síntomas y trastornos, conducta suicida y autolesiones, «vemos que existen desigualdades, las más importantes de las cuales afectan sobre todo a la ansiedad y la depresión, la conducta suicida y la alimentación o imagen corporal».
Más necesidad de atención
Concretamente, las personas gays, lesbianas o bisexuales tienen el doble de riesgo de tener un trastorno depresivo que las heterosexuales cisgénero, mientras que en lo relativo al intento suicida, ese riesgo se multiplica por 2,5. Asimismo, dentro del propio colectivo, existen desigualdades, puesto que las personas bisexuales presentan más sintomatología ansiosa y un mayor riesgo de autolesiones que el resto.
En el contexto de los trastornos de la conducta alimentaria, también existen diferencias significativas: los adolescentes gays tienen más conductas alimentarias de riesgo, con una mayor presencia de las dietas para controlar el peso y las conductas purgativas, que los heterosexuales.
Los resultados de este trabajo ponen de manifiesto, tal y como destaca Oliva, que «existe un sufrimiento entre estas personas y que es necesario reconocer este riesgo aumentando entre el colectivo LGBTQIA+ para poder prestar atención a este problema». «Hay una necesidad entre estas personas y hemos de empezar a pensar en cómo atenderla», señala el investigador.
Por su parte, Vieta insiste en que «hay que poner el foco en este colectivo, que está en más alto riesgo de sufrir problemas de salud mental» y, en este sentido, los investigadores se refieren a la posible idoneidad de preguntar en consulta acerca de la identidad sexual de las personas.
«Se trata de un colectivo con más dificultades y eso es algo que queda oculto porque no se pregunta». «Existe cierto miedo o vergüenza a preguntar sobre la identidad sexual para ver si hay discriminación, pero es necesario saberlo para recoger esos datos para poder estudiar las brechas y porque se trata de un colectivo con un mayor riesgo de presentar trastornos, de manera que conocer la identidad sexual de una personas puede ser un aviso de que hay que prestarle más atención«, concluye Vieta
En cualquier caso, si bien los resultados de este trabajo alertan sobre desigualdades en salud mental de las personas LGBTQIA+, tal y como indica Oliva, «es necesario investigar más al respecto». Y es que, por un lado, los datos que se han analizado en el marco de este estudio provienen de investigaciones desarrolladas en Estados Unidos, sobre todo, y Europa, por lo que existe poca evidencia acerca de lo que pase en otros continentes, como el suramericano y el africano.
En segundo lugar, no hay apenas datos disponibles sobre trastornos graves, como la esquizofrenia o el trastornos bipolar, por lo que este trabajo no permite determinar si en esos casos también existen diferencias significativas entre colectivos, como tampoco hay información en relación al acceso a la atención específicamente de las personas LGBTQIA+, de manera que no es posible determinar en qué medida solicitan ayuda
Noticias de Cataluña en La Razón
