En 2008 se empezó a instaurar en la mayoría de las comunidades autónomas el código infarto, un protocolo de actuación a seguir ante los casos de infarto agudo de miocardio para reducir al máximo el tiempo de respuesta y disminuir así la mortalidad entre quienes sufren un episodio de estas características.. Esa implementación se prolongó hasta 2012, pero desde entonces no se había evaluado su efectividad. «Sospechábamos que podíamos ver una mejora en el pronóstico de los pacientes hospitalizados, pero esta hipótesis no se ha ido comprobando porque la mortalidad se ha mantenido bastante estable y esto creaba una duda tremenda», comenta al respecto el doctor Jaume Marrugat, investigador del Hospital del Mar Research Institute (HMRIB) e investigador CIBERCV, quien al respecto, el doctor recuerda que «en torno a un 20% de los pacientes que sufren un infarto agudo de miocardio mueren antes de llegar al hospital, pero esas muertes súbitas no quedan incluidas en los registros de código infarto».. Ante esta incertidumbre, investigadores del HMRIB, en colaboración con el Hospital de Sant Pau y el Clínic de Barcelona, el Departamento de Salud y las áreas del CIBER de Enfermedades Cardiovasculares y de Epidemiología y Salud Pública, pusieron en marcha un estudio para comprobar «si, con el código infarto, el beneficio máximo no se consigue cuando el paciente llega al hospital, donde se hace una intervención estándar y todos los pacientes reciben la mejor atención posible, y lo que estamos logrando es reducir lo que pasa en la calle, antes de que el paciente llegue al hospital».. Por ello, con el fin de valorar la eficacia del protocolo, los investigadores analizaron más de 100.000 casos de infarto en Cataluña entre los años 2008 y 2019 y, con esos datos, crearon un algoritmo para comprobar que, como señala Marrugat, «el beneficio del código infarto se produce a nivel de población, es decir que se reduce de forma clarísima el número de muertes súbitas o prehospitalarias».. Mayor impacto antes del hospital. Y es que, en el marco de este trabajo, se observó que la letalidad global a los 28 días del infarto agudo de miocardio se redujo de forma significativa a partir de 2011 para pasar del 27% al 19% y que esa mejora se explica íntegramente por una disminución sostenida de las muertes que se producen fuera del hospital, las cuales suelen tener lugar antes de que el paciente haya podido recibir atención especializada.. En concreto, si en 2008 los casos de muerte súbita representaban el 22% (cerca de 2.000 muertes), en 2019 ese porcentaje cayó hasta el 15% (1.200 muertes), mientras que en lo relativo al número de muertes en los hospitales, la cifra pasó del 9% al 6%, registrando así una disminución más discreta.. Sobre este último dato, el doctor señala que «sorprende que la mortalidad hospitalaria, que aunque es baja apenas ha cambiado en la última década, no se ha incrementado en los últimos años a pesar de que la complejidad de los pacientes debido a que ahora llegan al hospital personas que hace unos años habrían muerto antes de ingresar ha aumentado a lo largo del tiempo». En definitiva, «en los últimos diez años, aproximadamente, la disminución de muertes ha sido de una 20%, una cifra mágica, y eso es algo que no pasa casi nunca en medicina», subraya el doctor para a continuación recordar que «en los años 80 o 90, la mortalidad representaba el 40% y en la actualidad es solo el 15%. Es una mejora brutal».. Cuestión de organización y coordinación. Todo ello ha sido, en gran medida, gracias a la implementación del código infarto, una respuesta a una situación de una gravedad tremenda, con mucha mortalidad, gran parte de la cual se produce tan rápidamente que incluso la conocemos como muerte súbita. Antes de poner en marcha este protocolo de actuación, los pacientes que tenían un dolor torácico se iban a su médico de cabecera o iban de motu proprio a su hospital o llamaban a una ambulancia… y todo esto retrasaba la asistencia y, por lo tanto, la mortalidad prehospitalaria era muy alta.. Con el código infarto se organiza y coordina toda esta atención para, ante una sospecha de infarto con elevación de st, movilizar de forma inmediata una ambulancia medicalizada, la cual vendría a ser como una pequeña UVI móvil, que en menos de 10 minutos (en zonas urbanas) puede estar en el lugar requerido para ofrecer una primera asistencia al paciente.. Inmediatamente, esta traslada al paciente al hospital indicado, que se determina en el mismo momento en el que se activa el código en función de la proximidad de aquellos centros que se sabe que, en ese momento, están preparados para gestionar el caso.. «Durante el día, prácticamente todos los hospitales pueden recibir a estos pacientes, pero a partir de una hora, se queda solo un profesional de guardia para cubrir zonas grandes», explica el doctor para a continuación aclarar que «siempre hay cobertura suficiente como para garantizar que el paciente llegue a un centro en las primeras dos horas desde el episodio, que es el tiempo que resiste el músculo cardíaco sin acabar de morirse».. Al respecto, Marrugat recuerda que «cuando hay un infarto, hay una obstrucción de una arteria y una parte del músculo cardíaco se queda sin sangre, sin oxígeno, y, en esta situación, solo resiste dos horas porque, pasado este tiempo, empiezan a morir células y queda ya una zona de necrosis, muerta, lo que complica la recuperación».. En cualquier caso, una vez el paciente llega al hospital, se le somete a una angioplastia para mirar las arterias coronarias y a continuación, de ser necesario, se procede a la reparación de los vasos obstruidos mediante un sistema de hemodinámica.. Y ahora, con los resultados de este estudio, se «refuerzan el código infarto» como modelo de atención, destaca Marrugat, quien reconoce que le «gustaría muchísmo aplicar esta mismo algoritmo a otras comunidades autónomas para comprobar que también funciona igual de bien».
Desde la implementación de este protocolo entre 2008 y 2012 y hasta 2019, el número de pacientes fallecidos prehospitalización cayó de forma significativa, mientras que el de muertos tras recibir atención especializada, se mantuvo
En 2008 se empezó a instaurar en la mayoría de las comunidades autónomas el código infarto, un protocolo de actuación a seguir ante los casos de infarto agudo de miocardio para reducir al máximo el tiempo de respuesta y disminuir así la mortalidad entre quienes sufren un episodio de estas características.. Esa implementación se prolongó hasta 2012, pero desde entonces no se había evaluado su efectividad. «Sospechábamos que podíamos ver una mejora en el pronóstico de los pacientes hospitalizados, pero esta hipótesis no se ha ido comprobando porque la mortalidad se ha mantenido bastante estable y esto creaba una duda tremenda», comenta al respecto el doctor Jaume Marrugat, investigador del Hospital del Mar Research Institute (HMRIB) e investigador CIBERCV, quien al respecto, el doctor recuerda que «en torno a un 20% de los pacientes que sufren un infarto agudo de miocardio mueren antes de llegar al hospital, pero esas muertes súbitas no quedan incluidas en los registros de código infarto».. Ante esta incertidumbre, investigadores del HMRIB, en colaboración con el Hospital de Sant Pau y el Clínic de Barcelona, el Departamento de Salud y las áreas del CIBER de Enfermedades Cardiovasculares y de Epidemiología y Salud Pública, pusieron en marcha un estudio para comprobar «si, con el código infarto, el beneficio máximo no se consigue cuando el paciente llega al hospital, donde se hace una intervención estándar y todos los pacientes reciben la mejor atención posible, y lo que estamos logrando es reducir lo que pasa en la calle, antes de que el paciente llegue al hospital».. Por ello, con el fin de valorar la eficacia del protocolo, los investigadores analizaron más de 100.000 casos de infarto en Cataluña entre los años 2008 y 2019 y, con esos datos, crearon un algoritmo para comprobar que, como señala Marrugat, «el beneficio del código infarto se produce a nivel de población, es decir que se reduce de forma clarísima el número de muertes súbitas o prehospitalarias».. Mayor impacto antes del hospital. Y es que, en el marco de este trabajo, se observó que la letalidad global a los 28 días del infarto agudo de miocardio se redujo de forma significativa a partir de 2011 para pasar del 27% al 19% y que esa mejora se explica íntegramente por una disminución sostenida de las muertes que se producen fuera del hospital, las cuales suelen tener lugar antes de que el paciente haya podido recibir atención especializada.. En concreto, si en 2008 los casos de muerte súbita representaban el 22% (cerca de 2.000 muertes), en 2019 ese porcentaje cayó hasta el 15% (1.200 muertes), mientras que en lo relativo al número de muertes en los hospitales, la cifra pasó del 9% al 6%, registrando así una disminución más discreta.. Sobre este último dato, el doctor señala que «sorprende que la mortalidad hospitalaria, que aunque es baja apenas ha cambiado en la última década, no se ha incrementado en los últimos años a pesar de que la complejidad de los pacientes debido a que ahora llegan al hospital personas que hace unos años habrían muerto antes de ingresar ha aumentado a lo largo del tiempo». En definitiva, «en los últimos diez años, aproximadamente, la disminución de muertes ha sido de una 20%, una cifra mágica, y eso es algo que no pasa casi nunca en medicina», subraya el doctor para a continuación recordar que «en los años 80 o 90, la mortalidad representaba el 40% y en la actualidad es solo el 15%. Es una mejora brutal».. Cuestión de organización y coordinación. Todo ello ha sido, en gran medida, gracias a la implementación del código infarto, una respuesta a una situación de una gravedad tremenda, con mucha mortalidad, gran parte de la cual se produce tan rápidamente que incluso la conocemos como muerte súbita. Antes de poner en marcha este protocolo de actuación, los pacientes que tenían un dolor torácico se iban a su médico de cabecera o iban de motu proprio a su hospital o llamaban a una ambulancia… y todo esto retrasaba la asistencia y, por lo tanto, la mortalidad prehospitalaria era muy alta.. Con el código infarto se organiza y coordina toda esta atención para, ante una sospecha de infarto con elevación de st, movilizar de forma inmediata una ambulancia medicalizada, la cual vendría a ser como una pequeña UVI móvil, que en menos de 10 minutos (en zonas urbanas) puede estar en el lugar requerido para ofrecer una primera asistencia al paciente.. Inmediatamente, esta traslada al paciente al hospital indicado, que se determina en el mismo momento en el que se activa el código en función de la proximidad de aquellos centros que se sabe que, en ese momento, están preparados para gestionar el caso.. «Durante el día, prácticamente todos los hospitales pueden recibir a estos pacientes, pero a partir de una hora, se queda solo un profesional de guardia para cubrir zonas grandes», explica el doctor para a continuación aclarar que «siempre hay cobertura suficiente como para garantizar que el paciente llegue a un centro en las primeras dos horas desde el episodio, que es el tiempo que resiste el músculo cardíaco sin acabar de morirse».. Al respecto, Marrugat recuerda que «cuando hay un infarto, hay una obstrucción de una arteria y una parte del músculo cardíaco se queda sin sangre, sin oxígeno, y, en esta situación, solo resiste dos horas porque, pasado este tiempo, empiezan a morir células y queda ya una zona de necrosis, muerta, lo que complica la recuperación».. En cualquier caso, una vez el paciente llega al hospital, se le somete a una angioplastia para mirar las arterias coronarias y a continuación, de ser necesario, se procede a la reparación de los vasos obstruidos mediante un sistema de hemodinámica.. Y ahora, con los resultados de este estudio, se «refuerzan el código infarto» como modelo de atención, destaca Marrugat, quien reconoce que le «gustaría muchísmo aplicar esta mismo algoritmo a otras comunidades autónomas para comprobar que también funciona igual de bien».
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