Las recientes manifestaciones registradas en Chile contra la suspensión de los conciertos del grupo de K-pop BTS evidenciaron el furor que despierta la cultura surcoreana en el país, un fenómeno que tiene su epicentro en un multicultural barrio de Santiago de Chile y que se extiende al resto de Latinoamérica. A 2,5 kilómetros de donde ocurrieron las protestas de los ‘ARMY’ -nombre con el que mundialmente se conoce a los seguidores de la banda surcoreana, que actuó el pasado domingo en la final del Mundial FIFA 2026-, se erige el barrio Patronato, uno de los nudos comerciales más importantes de la ciudad desde la época colonial. Sus veinticuatro manzanas fueron desde los años cuarenta del siglo pasado refugio para la extensa migración palestina en Chile, pero en los últimos años la cultura surcoreana ha ganado terreno, hasta el punto que una de sus calles fue renombrada en 2022 como Seúl. Farmacias con los codiciados cosméticos surcoreanos K-beauty y tiendas de K-food se entremezclan con cafeterías con nombres en hangul -el alfabeto oficial en Corea del Sur- y restaurantes que ofrecen khimchi (col fermentada picante) o bulgogi (carne de vacuno marinada a la parrilla). «Cuando terminé mis estudios universitarios, decidí viajar por Latinoamérica y encontré que Chile era un país muy tranquilo, con menos gente. Un día, paseando, pensé: ‘empecemos una nueva vida acá’, contó a EFE Hyun Suk Kim, un surcoreano de 62 años, que llegó a Santiago con veinticuatro. El migrante inició con una tienda de productos típicos, pero -tras el Mundial de Corea del Sur de 2002- decidió apostar por la gastronomía y hoy su restaurante integra, junto a otros ochenta locales más, la Asociación Gastronómica de Coreanos en Chile. El ‘Hallyu’ crece rápido en América La ola que vive la cultura surcoreana, conocido como ‘Hallyu’, no se suscribe solo a Chile y es el resultado de una estrategia de Estado iniciada a finales de los años noventa, que transformó el entretenimiento, la moda y la tecnología en sus principales productos de exportación y en su mayor herramienta de ‘soft power’. Según un estudio del Gobierno de Corea de Sur, el número de seguidores superó en 2023 los doscientos millones en todo el mundo y América fue el continente que experimentó el auge más rápido. Fernanda, una joven chilena de 23 años, se declara fanática de la cultura coreana, especialmente del K-pop, y es una asidua a Patronato. «Llegué a la cultura coreana por la televisión. En Chile existía un canal que se dedicaba a emitir animes (animación audiovisual asiática). Me gustaba mucho y mi papá me compraba los DVD», declaró a EFE, antes de sentarse a almorzar un plato de tteokbokki, un popular platillo callejero a base de cilindros de pasta de arroz. La joven acudió al comercial sector con su amiga Camila Gutiérrez, quien con 28 años encabeza el club de fans Army Chilensis, que reúne a decenas de seguidores de BTS, el mayor grupo de K-pop del mu
El país del Cono Sur fue el primero de Latinoamérica en reconocer el gobierno de Seúl en 1949, y actualmente sus ciudades viven un boom de la cultura coreana
Las recientes manifestaciones registradas en Chile contra la suspensión de los conciertos del grupo de K-pop BTS evidenciaron el furor que despierta la cultura surcoreana en el país, un fenómeno que tiene su epicentro en un multicultural barrio de Santiago de Chile y que se extiende al resto de Latinoamérica.A 2,5 kilómetros de donde ocurrieron las protestas de los ‘ARMY’ -nombre con el que mundialmente se conoce a los seguidores de la banda surcoreana, que actuó el pasado domingo en la final del Mundial FIFA 2026-, se erige el barrio Patronato, uno de los nudos comerciales más importantes de la ciudad desde la época colonial. Sus veinticuatro manzanas fueron desde los años cuarenta del siglo pasado refugio para la extensa migración palestina en Chile, pero en los últimos años la cultura surcoreana ha ganado terreno, hasta el punto que una de sus calles fue renombrada en 2022 como Seúl.Farmacias con los codiciados cosméticos surcoreanos K-beauty y tiendas de K-food se entremezclan con cafeterías con nombres en hangul -el alfabeto oficial en Corea del Sur- y restaurantes que ofrecen khimchi (col fermentada picante) o bulgogi (carne de vacuno marinada a la parrilla). «Cuando terminé mis estudios universitarios, decidí viajar por Latinoamérica y encontré que Chile era un país muy tranquilo, con menos gente. Un día, paseando, pensé: ‘empecemos una nueva vida acá’, contó a EFE Hyun Suk Kim, un surcoreano de 62 años, que llegó a Santiago con veinticuatro.El migrante inició con una tienda de productos típicos, pero -tras el Mundial de Corea del Sur de 2002- decidió apostar por la gastronomía y hoy su restaurante integra, junto a otros ochenta locales más, la Asociación Gastronómica de Coreanos en Chile.El ‘Hallyu’ crece rápido en AméricaLa ola que vive la cultura surcoreana, conocido como ‘Hallyu’, no se suscribe solo a Chile y es el resultado de una estrategia de Estado iniciada a finales de los años noventa, que transformó el entretenimiento, la moda y la tecnología en sus principales productos de exportación y en su mayor herramienta de ‘soft power’.Según un estudio del Gobierno de Corea de Sur, el número de seguidores superó en 2023 los doscientos millones en todo el mundo y América fue el continente que experimentó el auge más rápido.Fernanda, una joven chilena de 23 años, se declara fanática de la cultura coreana, especialmente del K-pop, y es una asidua a Patronato. «Llegué a la cultura coreana por la televisión. En Chile existía un canal que se dedicaba a emitir animes (animación audiovisual asiática). Me gustaba mucho y mi papá me compraba los DVD», declaró a EFE, antes de sentarse a almorzar un plato de tteokbokki, un popular platillo callejero a base de cilindros de pasta de arroz.La joven acudió al comercial sector con su amiga Camila Gutiérrez, quien con 28 años encabeza el club de fans Army Chilensis, que reúne a decenas de seguidores de BTS, el mayor grupo de K-pop del mundo.Chile
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