No queda otra. Europa tiene que volcarse (más) en su futuro y subir en el escalafón de la innovación y la tecnología. Sin embargo, tenemos algo que muy pocos países poseen. Y cada año nuestra ventaja competitiva se va ampliando. Dicho de otra manera: nuestro pasado (también) es nuestro futuro.. Seguir leyendo
España y Francia poseen un espléndido patrimonio monumental que puede servir de palanca para políticas de desarrollo territorial más ambiciosas
No queda otra. Europa tiene que volcarse (más) en su futuro y subir en el escalafón de la innovación y la tecnología. Sin embargo, tenemos algo que muy pocos países poseen. Y cada año nuestra ventaja competitiva se va ampliando. Dicho de otra manera: nuestro pasado (también) es nuestro futuro.. Por mucho que algunos se empeñen, Mar-a-Lago nunca será el Quirinal o el Vaticano. Francia y España, junto con Italia, juegan en esa liga mundial. España es el país del mundo con más monasterios: más de 700 activos. No muy lejos está Francia, con unos 630. Sin embargo, su desgaste es descomunal. En España cada año se vacían entre 15 y 20 monasterios. Cada mes cierra más de uno. En el monumental monasterio de Poblet queda una quincena de benedictinos, en un terreno de 18 hectáreas con un magnífico recinto amurallado.. A los franceses les encanta la expresión bâtir des chateaux en Espagne: construir castillos en España, hacer planes imposibles. Soñemos con un país mejor. España y Francia son las primeras potencias mundiales turísticas y en monumentos. España suma más de 10.000 castillos, y Francia, más de 11.000. La España vacía está repleta de castillos, atalayas, fortalezas. En ambos países, sin embargo, carecemos de viviendas y de residencias de ancianos decentes. Algunas son más bien chabolas donde aparcamos a quienes nos dieron de comer. Los turistas se atropellan en un puñado de ciudades y monumentos. Los últimos años han llegado casi 100 millones, pero los enjambres visitan pocas colmenas. El Louvre recibe nueve millones de visitantes cada año; el Prado, 3,5 millones, y Poblet… menos de 100.000.. La población española se apiña en una parte mínima del país, un caso único en Europa: el 90% de la población vive en menos de 3% del territorio, un disparate. Cada monja, cada monje, dispone de más de 300 metros cuadrados, mientras el espacio medio por persona en Madrid es de 30 metros cuadrados. Igual en París o en Barcelona. En los geriátricos de ambos países, las habitaciones útiles escasamente superan los 10 metros cuadrados.. Para poner en valor esa España vacía no hacemos casi nada. Tenemos territorios que rebosan de belleza, de monumentos, y ahí se quedan, como un brindis al sol. Los paradores han sido una respuesta acertada para poner en valor esas tierras de nadie. La palabra francesa patrimoine tiene una nobleza de la que carece la española patrimonio. Se trataría de poner en valor ese pasado y darle utilidad, preservando su verticalidad.. Pensemos, por ejemplo, en activar esa riqueza monumental para casas. En España y en Francia el alquiler colapsa, el déficit de viviendas se dispara. Necesitamos hogares dignos donde poder tener hijos. Si en ambos países queremos revertir las tasas de natalidad, habrá que dotarse de una política de la vivienda digna, abrir espacios para, no uno, sino dos, tres, cuatro dormitorios. Con los ancianos, igual.. El convento de San Juan de la Cruz, en Segovia, por ejemplo, se levanta sobre una finca de 3.000 metros cuadrados, donde viven apenas media docena de carmelitas descalzos. A escasos metros, hay hospitales cinco estrellas. Estos espacios monumentales podrían albergar a personas mayores, que tendrían algo más que cajas de pulgas donde vivir y estarían cerca de todas las facilidades hospitalarias necesarias. Y con precios muy inferiores a los atracos de algunas residencias de ancianos: en Madrid superan los 2.500 euros mensuales, y en París, el precio se dispara a casi el doble. Además, daría empleos dignos a comarcas enteras.. Otro caso es el turismo, en el que tanto Francia como España somos campeones. Ambos países cuentan con más de 10.000 castillos. Si añadimos palacios y mansiones señoriales, estaríamos hablando de cinco veces más. Pero solo unos pocos atraen visitas. En Francia, sólo cuatro rebasan el millón de turistas, el 1% de quienes visitan anualmente el país. En España son sólo tres: la Alhambra, el Palacio Real y el Real Alcázar de Sevilla. No hay coherencia ni ambición. Algunas iniciativas son llamativas, como el Camino de Santiago, que ha puesto a Galicia en el mapa mundial. Cada año, más de medio millón de peregrinos confluyen hacia el Obradoiro. A principios de este siglo, eran unos 50.000.. España y Francia podrían dotarse de una ambiciosa política de territorio y patrimonio. En Francia, la Caisse des Dépôts et Consignations, el equivalente al ICO español, tiene un banco para los territorios, el Banque des Territoires. Cada año invierte más de 250 millones para revitalizar y restaurar patrimonio cultural y monumentos históricos. En ambos países, valientes iniciativas privadas se empeñan en salvar monasterios. como el de Oia, en Pontevedra, el único del Císter pegado al mar. Pero carecemos de un banco de los territorios en España. En Francia miran con recelo a los paradores españoles, un centenar de imponentes castillos medievales, alcazabas árabes, antiguos hospitales reales, conventos, monasterios, un patrimonio único puesto en valor.. Queda mucho por hacer. El centenar de las instalaciones de Paradores facturan poco más de 300 millones. En comparación, la cadena hotelera de lujo Aman, con menos de 40 propiedades, factura 1.000 millones anuales. Y la cadena Four Seasons, con 135 hoteles, más de 5.000 millones. Obviamente, no se trata de abogar por el disparate de transformar nuestros monasterios y castillos en hoteles de lujo, sino apuntar que tenemos una cantera sin parangón de posibilidades para viviendas, residencias u hoteles. La asociación Camino del Asombro se empeña en preservar la historia.. En Arévalo, Santillana del Mar o Belmonte, iniciativas privadas se vuelcan en tareas de rescate. En Francia, los Mulliez, los Dassault, los Guyot y otras grandes familias se han dedicado a ello. Hay empeños transfronterizos. En Borgoña, la familia belga Frère-Gallienne salvó la abadía de Fonteney. En el Loira, el médico español Joaquín Carvallo y sus descendientes reconstruyeron el castillo de Cheverny. Y no tienen que ser pozos sin fondo: en Barcelona, las casas de Gaudí —la Batlló o la Pedrera— facturan cada una 70 millones al año.. Silencio, espacio, verticalidad es oro blanco a preservar. La pregunta del millón es qué hacer y cómo financiarlo. Toca imaginar fórmulas nuevas. España carece de un modelo turístico. Durante años imperó la idea de construir el máximo de habitaciones turísticas sobre el mínimo de metros cuadrados. Hemos plagado nuestras costas de colmenas. Toca pensar de otra manera.. Habitar el silencio, ofrecer el máximo espacio posible por habitación, por vivienda, por residencia. Nuestros hijos podrán tener más hijos, nuestros ancianos no derrumbarse en agujeros de mala muerte. Y quienes nos visiten quizá deben pagar más por ello. En Francia, la entrada promedio de los 10 monumentos más visitados cuesta 22 euros; en España, supera por poco los 17. En Francia, aquellos generan 850 millones anuales, en España, 450 millones. En ambos casos, casi el 80% de los visitantes son extranjeros. Imaginemos que los nacionales accedan gratuitamente, y los extranjeros, que no pagan impuestos, abonen 50 euros, por ejemplo. Los ingresos en Francia se dispararían a más de 1.500 millones y en España, a más de 1.000 millones. Ese excedente permitiría alimentar fondos nacionales para el patrimonio. España y Francia podrían impulsar una política a favor de los territorios e innovar en turismo. Ser pioneros y hacer que su pasado sea futuro.. Javier Santisoes fundador del Club de los Argonautas, que reúne a altos directivos españoles que trabajan en el extranjero, y consejero de Prisa, sociedad editora de EL PAÍS. Jean-Michel Blanquer fue ministro de Educación de Francia entre 2017 y 2022.
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