Mientras los mercados siguen calibrando las consecuencias de la crisis en Oriente Próximo, gana fuerza una preocupación que afecta directamente al principal motor de las Bolsas en los últimos años: si el entusiasmo por la inteligencia artificial ha llevado las valoraciones tecnológicas demasiado lejos. Durante meses, los sólidos resultados empresariales y las expectativas generadas por esta tecnología permitieron a los inversores relegar a un segundo plano la incertidumbre geopolítica. Ahora, sin embargo, las dudas empiezan a dirigirse hacia el mismo sector que ha sostenido buena parte de las ganancias de Wall Street.Seguir leyendo
Las ventas se extienden de Asia a Wall Street y el Nasdaq pierde más de un 2%. Los precios del petróleo retoman las subidas y el barril de ‘brent’ roza los 86 dólares
Mientras los mercados siguen calibrando las consecuencias de la crisis en Oriente Próximo, gana fuerza una preocupación que afecta directamente al principal motor de las Bolsas en los últimos años: si el entusiasmo por la inteligencia artificial ha llevado las valoraciones tecnológicas demasiado lejos. Durante meses, los sólidos resultados empresariales y las expectativas generadas por esta tecnología permitieron a los inversores relegar a un segundo plano la incertidumbre geopolítica. Ahora, sin embargo, las dudas empiezan a dirigirse hacia el mismo sector que ha sostenido buena parte de las ganancias de Wall Street.El cambio de sentimiento ya está dejando huella en los mercados. Aunque el Nasdaq consigue moderar las pérdidas de la apertura y cede poco más de un 1% al cierre de las Bolsas europeas, entre los inversores aumentan las dudas sobre las elevadas valoraciones del sector tecnológico. Tras meses de ascensos vertiginosos de los fabricantes de chips y semiconductores en Bolsa, el mercado empieza a asumir que las expectativas asociadas a la IA han corrido más deprisa que los fundamentales. La fría reacción a los resultados récord de TSMC y a la mejora de sus previsiones sugiere que los inversores empiezan a cuestionar no el crecimiento del sector, sino el precio que estaban dispuestos a pagar por él.Wall Street, que había logrado sortear con relativa holgura las tensiones geopolíticas, se muestra ahora mucho más vulnerable. Parte de esa fragilidad se ve agravada por un fenómeno que ha marcado la evolución de los mercados en los últimos años: la creciente concentración de las ganancias en un reducido grupo de compañías. A medida que las tecnológicas avanzaban en Bolsa, también aumentaba su peso en los índices y en los fondos que los replican. La expansión de la gestión pasiva, que reproduce la composición y el comportamiento de los índices, ha reforzado esta dinámica al canalizar una proporción creciente del ahorro hacia las empresas de mayor tamaño. En los periodos de euforia, este mecanismo actúa como un poderoso motor para las Bolsas. Cuando cambia el sentimiento, sin embargo, funciona en sentido contrario. Las ventas se concentran en los mismos valores que impulsaron las subidas y amplifican las correcciones. El resultado es un mercado cada vez más dependiente de la evolución de un puñado de compañías.A las dudas sobre unas valoraciones cada vez más exigentes, los riesgos de concentración y la capacidad de rentabilizar los multimillonarios planes de inversión se suma un nuevo foco de preocupación: la irrupción de modelos competidores. Como ya ocurrió en 2025, cuando DeepSeek sacudió al mercado con un sistema capaz de igualar el rendimiento de sus rivales estadounidenses con unos costes significativamente inferiores, ahora es la startup china Moonshot la que ha puesto en alerta a los inversores. La compañía acaba de presentar Kimi K3, un modelo que, según sus desarrolladores, compite co
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