Lamine Yamal tiene la cabeza puesta en el Mundial y lo cuida todo, desde la alimentación hasta los pequeños gestos que lo identifican en el campo. El crack del Barcelona abrió una ventana a su día a día en el último episodio de su serie en YouTube, donde respondió preguntas de sus seguidores con la naturalidad que lo caracteriza y dejó respuestas que dan mucho que hablar, sobre el Balón de Oro, sobre sus compañeros y sobre esa venda en la mano que lleva meses intrigando a medio mundo.. El origen de ese vendaje es, cuanto menos, inesperado. Jugando a la consola, Yamal le metió un manotazo a la televisión y los dedos se le hincharon de tal forma que tuvo que vendárselos. Al mirarse, vio que la venda le sentaba bien, que le recordaba a Benzema, y ahí quedó la cosa. «Pues un día, jugando a la Play, le pegué una torta a la tele y se me hincharon mucho los dedos. Entonces me los vendé. Y luego me di cuenta de que me quedaban bien, como a Benzema, y decidí dejármelo», explicó. Lo que empezó como un accidente doméstico se convirtió en parte de su imagen.. Habló del VAR: «Me parece que es algo justo pero que sí que es verdad que, en situaciones, frena mucho el juego. Cuando se para seis minutos el partido, por mucho que vaya a hacer justicia la acción, que sea fuera de juego o no, seis minutos es mucho tiempo parado. Yo me acuerdo del fútbol de antes, que te robaban pero el partido seguía y eso molaba también».. Sobre el Balón de Oro fue todavía más directo. Yamal reconoció que esa noche llegó convencido de que el trofeo era suyo, que una serie de circunstancias apuntaban en esa dirección, pero que la victoria de Dembélé fue, en retrospectiva, lo mejor que le pudo pasar. «La verdad, si soy sincero, pensaba que lo iba a ganar ese día por muchas cosas que habían pasado. Pienso que fue muy bueno para mí que Dembélé lo ganara. Más allá de haberme ayudado a crecer personalmente, no creo que fuera el momento adecuado para mí, porque todavía era un niño y probablemente no habría apreciado lo que realmente significa ganar un Balón de Oro. Veremos si este año es el mío», afirmó. Pocas veces un futbolista de su edad habla así de un trofeo que se le escapó.. La relación con Dembélé merece un capítulo aparte. Yamal describió un vínculo que va mucho más allá de la camaradería de vestuario o de las coincidencias en premios internacionales. Han compartido conversaciones largas, el delantero del PSG se interesó por su estado tras la ceremonia del Balón de Oro, y coincidieron también en los premios de Dubái, donde esa complicidad volvió a hacerse evidente. «Ousmane y yo nos llevamos muy bien. He pasado tiempo con él, hemos hablado mucho e incluso el otro día me preguntó cómo estaba. Desde entonces, he madurado y he cambiado muchas cosas en mi vida. Estoy muy contento de que lo haya ganado. También estuvimos juntos en los premios de Dubái y se nota que tenemos una gran relación. Seguimos hablando de vez en cuando…», detalló.. Reconoció que él mismo genera sus redes sociales: «»Sí, la verdad es que sí. Hay veces que, cuando tengo que subir algo, no lo subo yo pero todo lo que son fotos mías, típicas 20 de mi mes, las subo yo. Historias y comentarios que se notas que los subo yo. Cuando veis que la he liado, soy yo. Cuando es publicidad y eso, es el community manager».. Yamal también tuvo tiempo para opinar sobre jugadores a los que considera poco reconocidos, y sus elecciones sorprenden. Metió en el mismo saco a Gerard Martín, a Fabián Ruiz y a Merino, y trazó un paralelismo con Thomas Müller, histórico del Bayern Múnich que durante años funcionó como referencia oculta de un equipo que ganaba títulos. Pero fue con Cole Palmer donde más se mojó: «¿Cómo va a ser infravalorado Palmer, si lleva el 10 en el Chelsea y quedó noveno en el Balón de Oro?», lanzó,.. Para cerrar, Yamal hizo una promesa. «Me dejo barba y bigote… Me los dejo tres semanas», resumió, sin más vueltas. A sus diecisiete años, Lamine Yamal ya sabe exactamente quién quiere ser dentro y fuera del campo, y lo gestiona con una madurez que, según él mismo reconoció, llegó precisamente después de aquella noche en la que el Balón de Oro se fue a otras manos.
Lamine Yamal ha hablado en las redes sociales mientras prepara el Mundial con España. Lleva la mano vendada porque golpeó a la tele jugando a la play
Lamine Yamal tiene la cabeza puesta en el Mundial y lo cuida todo, desde la alimentación hasta los pequeños gestos que lo identifican en el campo. El crack del Barcelona abrió una ventana a su día a día en el último episodio de su serie en YouTube, donde respondió preguntas de sus seguidores con la naturalidad que lo caracteriza y dejó respuestas que dan mucho que hablar, sobre el Balón de Oro, sobre sus compañeros y sobre esa venda en la mano que lleva meses intrigando a medio mundo.. El origen de ese vendaje es, cuanto menos, inesperado. Jugando a la consola, Yamal le metió un manotazo a la televisión y los dedos se le hincharon de tal forma que tuvo que vendárselos. Al mirarse, vio que la venda le sentaba bien, que le recordaba a Benzema, y ahí quedó la cosa. «Pues un día, jugando a la Play, le pegué una torta a la tele y se me hincharon mucho los dedos. Entonces me los vendé. Y luego me di cuenta de que me quedaban bien, como a Benzema, y decidí dejármelo», explicó. Lo que empezó como un accidente doméstico se convirtió en parte de su imagen.. Habló del VAR: «Me parece que es algo justo pero que sí que es verdad que, en situaciones, frena mucho el juego. Cuando se para seis minutos el partido, por mucho que vaya a hacer justicia la acción, que sea fuera de juego o no, seis minutos es mucho tiempo parado. Yo me acuerdo del fútbol de antes, que te robaban pero el partido seguía y eso molaba también».. Sobre el Balón de Oro fue todavía más directo. Yamal reconoció que esa noche llegó convencido de que el trofeo era suyo, que una serie de circunstancias apuntaban en esa dirección, pero que la victoria de Dembélé fue, en retrospectiva, lo mejor que le pudo pasar. «La verdad, si soy sincero, pensaba que lo iba a ganar ese día por muchas cosas que habían pasado. Pienso que fue muy bueno para mí que Dembélé lo ganara. Más allá de haberme ayudado a crecer personalmente, no creo que fuera el momento adecuado para mí, porque todavía era un niño y probablemente no habría apreciado lo que realmente significa ganar un Balón de Oro. Veremos si este año es el mío», afirmó. Pocas veces un futbolista de su edad habla así de un trofeo que se le escapó.. La relación con Dembélé merece un capítulo aparte. Yamal describió un vínculo que va mucho más allá de la camaradería de vestuario o de las coincidencias en premios internacionales. Han compartido conversaciones largas, el delantero del PSG se interesó por su estado tras la ceremonia del Balón de Oro, y coincidieron también en los premios de Dubái, donde esa complicidad volvió a hacerse evidente. «Ousmane y yo nos llevamos muy bien. He pasado tiempo con él, hemos hablado mucho e incluso el otro día me preguntó cómo estaba. Desde entonces, he madurado y he cambiado muchas cosas en mi vida. Estoy muy contento de que lo haya ganado. También estuvimos juntos en los premios de Dubái y se nota que tenemos una gran relación. Seguimos hablando de vez en cuando…», detalló.. Reconoció que él mismo genera sus redes sociales: «»Sí, la verdad es que sí. Hay veces que, cuando tengo que subir algo, no lo subo yo pero todo lo que son fotos mías, típicas 20 de mi mes, las subo yo. Historias y comentarios que se notas que los subo yo. Cuando veis que la he liado, soy yo. Cuando es publicidad y eso, es el community manager».. Yamal también tuvo tiempo para opinar sobre jugadores a los que considera poco reconocidos, y sus elecciones sorprenden. Metió en el mismo saco a Gerard Martín, a Fabián Ruiz y a Merino, y trazó un paralelismo con Thomas Müller, histórico del Bayern Múnich que durante años funcionó como referencia oculta de un equipo que ganaba títulos. Pero fue con Cole Palmer donde más se mojó: «¿Cómo va a ser infravalorado Palmer, si lleva el 10 en el Chelsea y quedó noveno en el Balón de Oro?», lanzó,.. Para cerrar, Yamal hizo una promesa. «Me dejo barba y bigote… Me los dejo tres semanas», resumió, sin más vueltas. A sus diecisiete años, Lamine Yamal ya sabe exactamente quién quiere ser dentro y fuera del campo, y lo gestiona con una madurez que, según él mismo reconoció, llegó precisamente después de aquella noche en la que el Balón de Oro se fue a otras manos.
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