Un estudio impulsado por profesionales del Clínic Barcelona-IDIBAPS ofrece una radiografía detallada de la situación de la salud mental en Cataluña y señala los principales déficits del sistema sanitario para dar respuesta a una demanda creciente. El trabajo, basado en el análisis de datos poblacionales a gran escala, apunta a la necesidad de reforzar los recursos asistenciales, optimizar la atención en Atención Primaria y mejorar la coordinación con los servicios especializados, siguiendo modelos ya implantados en países nórdicos.. La investigación se sustenta en la cohorte PADRIS-PRESTO, que integra información de más de 1,4 millones de personas residentes en Cataluña entre 2010 y 2019. De ellas, 473.812 habían recibido atención en servicios especializados de salud mental y 947.698 conformaban el grupo de control sin diagnóstico psiquiátrico. Los datos proceden de los registros de la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitarias de Cataluña (AQuAS), lo que ha permitido analizar de forma transversal aspectos clínicos, asistenciales y socioeconómicos.. «Hemos analizado los datos para aprender cómo funciona el sistema sanitario catalán en el ámbito de la salud mental», explica Eduard Vieta, jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Clínic y del grupo IDIBAPS. El análisis ha permitido conocer patrones de consumo de psicofármacos, adecuación de los tratamientos a los diagnósticos y comparar la situación catalana con la de otros países europeos.. Más allá del diagnóstico, el estudio pretende ser una herramienta útil para mejorar la gestión asistencial. «Puede servir para optimizar la atención y acortar las listas de espera», subraya Diego Hidalgo-Mazzei, autor sénior del trabajo. Una necesidad especialmente relevante en un contexto marcado por el aumento sostenido de la prevalencia de los trastornos mentales y de las visitas médicas relacionadas con estos problemas.. A partir de la identificación de factores predictivos que indican cuándo una persona puede necesitar atención especializada, los investigadores están desarrollando la plataforma PRESTO, que estará disponible próximamente. Su objetivo es apoyar a los médicos de Atención Primaria en la toma de decisiones clínicas, ayudándoles a determinar si un paciente puede ser tratado en este nivel asistencial, si requiere tratamiento farmacológico o si debe ser derivado a un especialista.. El análisis de la actividad asistencial revela que, entre los pacientes que accedieron a los servicios especializados de salud mental, los motivos de consulta más frecuentes fueron los trastornos de ansiedad, que representaron el 31,88% de los casos. Les siguieron los trastornos del estado de ánimo (18,83%) y los trastornos relacionados con el consumo de sustancias (13,59%). Además, el estudio detecta una elevada prevalencia de trastornos conductuales y emocionales en población infantil y adolescente, lo que refuerza la necesidad de intervenciones específicas y tempranas en estas edades. El trabajo también pone el foco en los determinantes socioeconómicos. Los datos muestran que las personas con trastornos mentales presentan una mayor vulnerabilidad económica: el 76% de los pacientes tenía ingresos inferiores a los 18.000 euros anuales, frente al 61% del grupo de control. Según Vieta, esta relación sería bidireccional, ya que la precariedad económica incrementa el riesgo de padecer problemas de salud mental y, a su vez, estos trastornos tienen un impacto negativo sobre la situación laboral y los ingresos.. Los investigadores advierten, no obstante, de una posible limitación del estudio, ya que se basa exclusivamente en datos del sistema público. Parte de la población con mayor capacidad económica podría haber recurrido a la atención privada ante las listas de espera, lo que podría infraestimar algunos indicadores y matizar la asociación entre nivel económico y salud mental.. Otro de los hallazgos relevantes es la estrecha relación entre salud mental y salud física. Los pacientes con trastornos mentales presentan un índice de masa corporal más elevado y un mayor consumo de tabaco que la población sin diagnóstico, factores que incrementan el riesgo de desarrollar otras patologías.
Ansiedad, depresión y consumo de sustancias concentran las consultas
Un estudio impulsado por profesionales del Clínic Barcelona-IDIBAPS ofrece una radiografía detallada de la situación de la salud mental en Cataluña y señala los principales déficits del sistema sanitario para dar respuesta a una demanda creciente. El trabajo, basado en el análisis de datos poblacionales a gran escala, apunta a la necesidad de reforzar los recursos asistenciales, optimizar la atención en Atención Primaria y mejorar la coordinación con los servicios especializados, siguiendo modelos ya implantados en países nórdicos.. La investigación se sustenta en la cohorte PADRIS-PRESTO, que integra información de más de 1,4 millones de personas residentes en Cataluña entre 2010 y 2019. De ellas, 473.812 habían recibido atención en servicios especializados de salud mental y 947.698 conformaban el grupo de control sin diagnóstico psiquiátrico. Los datos proceden de los registros de la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitarias de Cataluña (AQuAS), lo que ha permitido analizar de forma transversal aspectos clínicos, asistenciales y socioeconómicos.. «Hemos analizado los datos para aprender cómo funciona el sistema sanitario catalán en el ámbito de la salud mental», explica Eduard Vieta, jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Clínic y del grupo IDIBAPS. El análisis ha permitido conocer patrones de consumo de psicofármacos, adecuación de los tratamientos a los diagnósticos y comparar la situación catalana con la de otros países europeos.. Más allá del diagnóstico, el estudio pretende ser una herramienta útil para mejorar la gestión asistencial. «Puede servir para optimizar la atención y acortar las listas de espera», subraya Diego Hidalgo-Mazzei, autor sénior del trabajo. Una necesidad especialmente relevante en un contexto marcado por el aumento sostenido de la prevalencia de los trastornos mentales y de las visitas médicas relacionadas con estos problemas.. A partir de la identificación de factores predictivos que indican cuándo una persona puede necesitar atención especializada, los investigadores están desarrollando la plataforma PRESTO, que estará disponible próximamente. Su objetivo es apoyar a los médicos de Atención Primaria en la toma de decisiones clínicas, ayudándoles a determinar si un paciente puede ser tratado en este nivel asistencial, si requiere tratamiento farmacológico o si debe ser derivado a un especialista.. El análisis de la actividad asistencial revela que, entre los pacientes que accedieron a los servicios especializados de salud mental, los motivos de consulta más frecuentes fueron los trastornos de ansiedad, que representaron el 31,88% de los casos. Les siguieron los trastornos del estado de ánimo (18,83%) y los trastornos relacionados con el consumo de sustancias (13,59%). Además, el estudio detecta una elevada prevalencia de trastornos conductuales y emocionales en población infantil y adolescente, lo que refuerza la necesidad de intervenciones específicas y tempranas en estas edades. El trabajo también pone el foco en los determinantes socioeconómicos. Los datos muestran que las personas con trastornos mentales presentan una mayor vulnerabilidad económica: el 76% de los pacientes tenía ingresos inferiores a los 18.000 euros anuales, frente al 61% del grupo de control. Según Vieta, esta relación sería bidireccional, ya que la precariedad económica incrementa el riesgo de padecer problemas de salud mental y, a su vez, estos trastornos tienen un impacto negativo sobre la situación laboral y los ingresos.. Los investigadores advierten, no obstante, de una posible limitación del estudio, ya que se basa exclusivamente en datos del sistema público. Parte de la población con mayor capacidad económica podría haber recurrido a la atención privada ante las listas de espera, lo que podría infraestimar algunos indicadores y matizar la asociación entre nivel económico y salud mental.. Otro de los hallazgos relevantes es la estrecha relación entre salud mental y salud física. Los pacientes con trastornos mentales presentan un índice de masa corporal más elevado y un mayor consumo de tabaco que la población sin diagnóstico, factores que incrementan el riesgo de desarrollar otras patologías.
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