Este año, por aquello que se cumplen cien de la muerte de Antoni Gaudí, son varias las exposiciones que se han programado, especialmente en Barcelona, el decorado natural de buena parte de la producción del arquitecto, además de escenario del atropello con tranvía. El Palau Robert de la capital catalana acoge desde ayer una muestra dedicada a recorrer la historia de la obra más conocida y universal de Gaudí, como es la Sagrada Familia. Es una verdadera lástima que la efeméride no se haya aprovechado para una propuesta que tuviera documentación original, piezas de primer orden… Pero, en fin, en el Palau Robert nos tenemos que conformar con plafones en los que tenemos un recorrido gráfico desde la primera piedra hasta que el edificio ha tocado el cielo en este año. Es decir, 144 años de construcción.. Todo se inicia con la adquisición del solar en el que empezaría la edificación. Fue en 1881 cuando se formalizó la compraventa de una parcela de terreno, hasta ese momento de la Sociedad General de Aguas de Barcelona, que se destina al Templo Expiatorio de la Sagrada Familia.. De aquí pasamos al inicio de la materialización del sueño de Gaudí. Cabe decir que una de las virtudes de la exposición es poder contar con un número importante de imágenes procedentes del archivo de la Sagrada Familia, en ocasiones fotografías muy poco conocidas para el gran público. De esta forma podemos seguir los primeros pasos de las obras bajo la dirección del artista modernista.. La muestra subraya el consabido aspecto más religioso en la mirada gaudiniana, con su muy personal lenguaje. A ello se le suma una serie de imágenes que nos ayudan a fijar el crecimiento del templo siguiendo las directrices fijadas por el genio, algo que se interrumpe con el fallecimiento de su autor en 1926.. Pero, cuando tuvo lugar el atropello mortal, Gaudí tenía muy bien estructurado cómo sería aquel edificio que sabía que nunca vería acabado, aunque se convirtió, por otro lado, en su propia tumba. Sí, los restos de Gaudí están enterrado en la cripta de la Sagrada Familia. Sin embargo, aquella planificación se vino abajo con el estallido de la Guerra Civil convirtiéndose en una especie de deporte la destrucción en Barcelona de todo aquello que tuviera un matiz religioso de cualquier tipo, por lo que la Sagrada Familia no se iba a librar de ser otra víctima más. En este sentido, impresiona mucho poder contemplar en el Palau Robert la fotografía del fuego fatuo en el taller de Gaudí y que supuso la destrucción definitiva de maquetas y planos originales.. La exposición continua con todo el largo y lento proceso de reactivación de las obras tras el final de la contienda bélica. Es precisamente durante el franquismo cuando tiene lugar la edificación de varias viviendas en la calle Mallorca, justo delante de la Sagrada Familia, gracias a una insensata iniciativa del entonces alcalde Porcioles, hoy justamente olvidado. Es este un detalle, el del levantamiento de ese bloque, hoy objeto de controversia y polémica entre los vecinos y la junta constructora, que curiosamente se omite en el recorrido del Palau Robert.. Tras esa travesía por el desierto, la muestra nos lleva al periodo de cambios más importantes en la estructura del templo. Todo ello coincide con la transformación que está viviendo la misma Barcelona y que son los años de Pasqual Maragall como alcalde. El mundo mira a Barcelona y la gran metamorfosis urbanística, la misma que desemboca en la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992. Unos años antes, concretamente el 7 de noviembre de 1982, por primera vez un papa visita la Sagrada Familia. Fue Juan Pablo II bajo una imponente lluvia.. La exposición tampoco olvida la irrupción de la obra escultórica de Josep Maria Subirachs en la fachada de la Pasión de la basílica así como otra visita papal, la de de Benedicto XVI el 7 de noviembre de 2010.. Todo ello es un homenaje al gran sueño de Gaudí, a su aspiración arquitectónica y mística mientras esperamos que León XVI venga a ver que el templo ya toca su techo.
Una exposición en el Palau Robert sigue la trayectoria del templo desde la primera piedra hasta la actualidad
Este año, por aquello que se cumplen cien de la muerte de Antoni Gaudí, son varias las exposiciones que se han programado, especialmente en Barcelona, el decorado natural de buena parte de la producción del arquitecto, además de escenario del atropello con tranvía. El Palau Robert de la capital catalana acoge desde ayer una muestra dedicada a recorrer la historia de la obra más conocida y universal de Gaudí, como es la Sagrada Familia. Es una verdadera lástima que la efeméride no se haya aprovechado para una propuesta que tuviera documentación original, piezas de primer orden… Pero, en fin, en el Palau Robert nos tenemos que conformar con plafones en los que tenemos un recorrido gráfico desde la primera piedra hasta que el edificio ha tocado el cielo en este año. Es decir, 144 años de construcción.. Todo se inicia con la adquisición del solar en el que empezaría la edificación. Fue en 1881 cuando se formalizó la compraventa de una parcela de terreno, hasta ese momento de la Sociedad General de Aguas de Barcelona, que se destina al Templo Expiatorio de la Sagrada Familia.. De aquí pasamos al inicio de la materialización del sueño de Gaudí. Cabe decir que una de las virtudes de la exposición es poder contar con un número importante de imágenes procedentes del archivo de la Sagrada Familia, en ocasiones fotografías muy poco conocidas para el gran público. De esta forma podemos seguir los primeros pasos de las obras bajo la dirección del artista modernista.. La muestra subraya el consabido aspecto más religioso en la mirada gaudiniana, con su muy personal lenguaje. A ello se le suma una serie de imágenes que nos ayudan a fijar el crecimiento del templo siguiendo las directrices fijadas por el genio, algo que se interrumpe con el fallecimiento de su autor en 1926.. Pero, cuando tuvo lugar el atropello mortal, Gaudí tenía muy bien estructurado cómo sería aquel edificio que sabía que nunca vería acabado, aunque se convirtió, por otro lado, en su propia tumba. Sí, los restos de Gaudí están enterrado en la cripta de la Sagrada Familia. Sin embargo, aquella planificación se vino abajo con el estallido de la Guerra Civil convirtiéndose en una especie de deporte la destrucción en Barcelona de todo aquello que tuviera un matiz religioso de cualquier tipo, por lo que la Sagrada Familia no se iba a librar de ser otra víctima más. En este sentido, impresiona mucho poder contemplar en el Palau Robert la fotografía del fuego fatuo en el taller de Gaudí y que supuso la destrucción definitiva de maquetas y planos originales.. La exposición continua con todo el largo y lento proceso de reactivación de las obras tras el final de la contienda bélica. Es precisamente durante el franquismo cuando tiene lugar la edificación de varias viviendas en la calle Mallorca, justo delante de la Sagrada Familia, gracias a una insensata iniciativa del entonces alcalde Porcioles, hoy justamente olvidado. Es este un detalle, el del levantamiento de ese bloque, hoy objeto de controversia y polémica entre los vecinos y la junta constructora, que curiosamente se omite en el recorrido del Palau Robert.. Tras esa travesía por el desierto, la muestra nos lleva al periodo de cambios más importantes en la estructura del templo. Todo ello coincide con la transformación que está viviendo la misma Barcelona y que son los años de Pasqual Maragall como alcalde. El mundo mira a Barcelona y la gran metamorfosis urbanística, la misma que desemboca en la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992. Unos años antes, concretamente el 7 de noviembre de 1982, por primera vez un papa visita la Sagrada Familia. Fue Juan Pablo II bajo una imponente lluvia.. La exposición tampoco olvida la irrupción de la obra escultórica de Josep Maria Subirachs en la fachada de la Pasión de la basílica así como otra visita papal, la de de Benedicto XVI el 7 de noviembre de 2010.. Todo ello es un homenaje al gran sueño de Gaudí, a su aspiración arquitectónica y mística mientras esperamos que León XVI venga a ver que el templo ya toca su techo.
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