Cuando los termómetros superan los 35 ºC, encender el horno ya no es una opción. Eso sí, renunciar a los postres caseros tampoco lo es para mucha gente. Ahí es donde entra la tarta de queso y café sin horno, una de esas recetas que llevan años circulando entre reposteros aficionados y que cada verano vuelve a ocupar un puesto de lo más destacado en las cocinas. La combinación es perfecta. El amargor del café equilibra la densidad de la crema elaborada con queso y el resultado es un postre frío, consistente y con un perfil de sabor sobresaliente. Esta es la receta para hacer tarta de queso y café Para la base hacen falta 200 gramos de galletas tipo digestive, 80 gramos de mantequilla sin sal derretida y una pizca de sal. Para el relleno: 500 gramos de queso crema a temperatura ambiente, 200 ml de nata para montar con al menos un 35% de materia grasa, 100 gramos de azúcar glas, 2 espressos cargados (unos 80 ml en total) ya fríos, 1 cucharadita de extracto de vainilla y 6 hojas de gelatina neutra. Para decorar, cacao puro en polvo sin azúcar o, si se prefiere algo más visual, unos granos de café cubiertos de chocolate. El método de cocinado: paso a paso de un proceso muy escrupuloso El primer paso es triturar las galletas hasta conseguir una textura fina, sin grumos. Se mezclan con la mantequilla derretida y la pizca de sal hasta que la mezcla quede homogénea y húmeda, parecida a tierra mojada. Esa mezcla se vuelca sobre un molde desmontable de unos 22-24 centímetros, se presiona bien con el dorso de una cuchara o con el fondo de un vaso para que quede compacta y uniforme, y se mete en la nevera mientras se prepara el relleno. Cuidado, porque si la base no está bien fría y firme antes de añadir la crema, puede desmoronarse al desmoldar. Las hojas de gelatina se hidratan en agua fría durante unos cinco minutos. Mientras tanto, se monta la nata bien fría hasta que esté semimontada y se reserva en la nevera. En un bol grande, se bate el queso crema con el azúcar glas hasta que quede liso y sin grumos. Se añade el extracto de vainilla y los dos espressos fríos, y mezcla todo. Las hojas de gelatina hidratadas se escurren y se disuelven en un par de cucharadas de café caliente, se dejan templar un momento y se incorporan a la mezcla de queso removiendo con energía para que no formen hilos. Por último, se añade la nata semimontada con movimientos envolventes, de abajo hacia arriba, para no perder el aire. La crema se vierte sobre la base de galleta fría, se alisa la superficie con una espátula y se cubre el molde con film transparente. Aquí viene el punto crítico que más falla en las recetas caseras: la tarta necesita un mínimo de seis horas en nevera, aunque lo ideal es prepararla la noche anterior y dejarla reposar hasta el día siguiente. Con menos tiempo, el relleno no termina de cuajar y se desmorona al cortar. Una vez lista, se espolvorea cacao puro sin azúcar por encima justo antes de servir y se desmolda con
La elaboración combina una base crujiente de galletas digestive con un relleno cremoso preparado a partir de queso crema, nata montada, dos espressos cargados y seis hojas de gelatina neutra que aportan firmeza al conjunto
Cuando los termómetros superan los 35 ºC, encender el horno ya no es una opción. Eso sí, renunciar a los postres caseros tampoco lo es para mucha gente.Ahí es donde entra la tarta de queso y café sin horno, una de esas recetas que llevan años circulando entre reposteros aficionados y que cada verano vuelve a ocupar un puesto de lo más destacado en las cocinas.La combinación es perfecta. El amargor del café equilibra la densidad de la crema elaborada con queso y el resultado es un postre frío, consistente y con un perfil de sabor sobresaliente.Esta es la receta para hacer tarta de queso y caféPara la base hacen falta 200 gramos de galletas tipo digestive, 80 gramos de mantequilla sin sal derretida y una pizca de sal.Para el relleno: 500 gramos de queso crema a temperatura ambiente, 200 ml de nata para montar con al menos un 35% de materia grasa, 100 gramos de azúcar glas, 2 espressos cargados (unos 80 ml en total) ya fríos, 1 cucharadita de extracto de vainilla y 6 hojas de gelatina neutra. Para decorar, cacao puro en polvo sin azúcar o, si se prefiere algo más visual, unos granos de café cubiertos de chocolate.El método de cocinado: paso a paso de un proceso muy escrupulosoEl primer paso es triturar las galletas hasta conseguir una textura fina, sin grumos. Se mezclan con la mantequilla derretida y la pizca de sal hasta que la mezcla quede homogénea y húmeda, parecida a tierra mojada. Esa mezcla se vuelca sobre un molde desmontable de unos 22-24 centímetros, se presiona bien con el dorso de una cuchara o con el fondo de un vaso para que quede compacta y uniforme, y se mete en la nevera mientras se prepara el relleno. Cuidado, porque si la base no está bien fría y firme antes de añadir la crema, puede desmoronarse al desmoldar.Las hojas de gelatina se hidratan en agua fría durante unos cinco minutos. Mientras tanto, se monta la nata bien fría hasta que esté semimontada y se reserva en la nevera. En un bol grande, se bate el queso crema con el azúcar glas hasta que quede liso y sin grumos. Se añade el extracto de vainilla y los dos espressos fríos, y mezcla todo.Las hojas de gelatina hidratadas se escurren y se disuelven en un par de cucharadas de café caliente, se dejan templar un momento y se incorporan a la mezcla de queso removiendo con energía para que no formen hilos. Por último, se añade la nata semimontada con movimientos envolventes, de abajo hacia arriba, para no perder el aire.La crema se vierte sobre la base de galleta fría, se alisa la superficie con una espátula y se cubre el molde con film transparente. Aquí viene el punto crítico que más falla en las recetas caseras: la tarta necesita un mínimo de seis horas en nevera, aunque lo ideal es prepararla la noche anterior y dejarla reposar hasta el día siguiente. Con menos tiempo, el relleno no termina de cuajar y se desmorona al cortar. Una vez lista, se espolvorea cacao puro sin azúcar por encima justo antes de servir y se desmolda con cuidado p
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