Durante los dos siglos de esplendor del Renacimiento, es probable que el momento que más desapercibido pase, ensombrecido por la maestría de genios como Leonardo da Vinci o Tiziano, es el manierismo. De hecho, muchas veces se ha entendido este movimiento como una prolongación de lo que los maestros italianos ya habían hecho previamente, sin presentar nuevos motivos.. Quizá esta denostación hizo que “La Visitación”, del toscano Jacopo Carucci, conocido como Pontormo, pasara desapercibida durante más de 350 años. Giorgio Vasari no la incluyó en su libro “Vidas”, publicado en 1568, donde documentaba la vida y carrera de varios artistas renacentistas. Pintada hacia el 1530, no fue hasta 1904 cuando el historiador Carlo Gamba la dio a conocer. Ahora, reside en el interior de la iglesia de San Michele Arcangelo en Carmignano. Aprovechando que el templo en el que se expone permanentemente está en obras, la Fundación Amigos del Museo del Prado ha patrocinado su desplazamiento a Madrid durante las próximas seis semanas, concretamente hasta el 18 de junio.. Miguel Falomir, actual director del Museo del Prado, indicó en la rueda de prensa convocada esta mañana con motivo de la inauguración de la exhibición temporal su admiración por la obra de Pontormo, siendo “El descendimiento de la cruz”, que se puede disfrutar en Florencia, uno de sus cuadros favoritos. El que ahora alberga su pinacoteca lo contempla como una obra “de la que se pueden contar muchas historias”.. La escena que representa es la conversación mantenida entre la Virgen María y su prima Isabel, ambas encintas. De ese encuentro, narrado en el Evangelio de san Lucas, procede parte de la oración del Ave María, pues Isabel le dijo a María al saludarla “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!”. Coincidirá que el óleo estará en Madrid el día que conmemora este pasaje bíblico, el 31 de mayo.. Ana González Mozo, responsable de pintura renacentista en el Prado, ha explicado que, dado su olvido a través de las eras, no se conoce exactamente su origen. Se estima que pudo ser realizada para el oratorio de una capilla en Florencia por un posible encargo de la familia Pinadori, que se dedicaban al comercio de pigmentos, lo que daría una explicación coherente al cromatismo que presenta la pieza. Mozo también ha destacado que se ha colocado al lado de otra versión de la Visitación, la de Rafael. A pesar de ésta última datar de 1518, únicamente 10 años más joven que su homóloga, las diferencias son notorias. La de Rafael transcurre en el campo, la de Pontormo en un interior. Mientras que la del primero hace uso de colores más fríos, la del segundo recurre a una inteligente translucidez que refleja el estilo del autor.. Trueque renacentista. Otra característica simbólica es que la visión de Pontormo involucra a otras dos mujeres en el centro de la historia, debido a que no se veía con buenos ojos que caminaran solas por las calles florentinas. Además, la tabla presenta otros detalles: dos hombres en pequeña dimensión en la izquierda inferior. Se entiende que son José y Zacarías, los maridos de las protagonistas de la composición. Esta predilección por la variedad de personajes y los colores cambiantes son señas identitarias del manierismo, por lo que los agentes alaban la lámina por su carácter representativo y por proporcionar al Prado una muestra del arte de su artífice, pintor que, reconoce Falomir, no tiene visibilidad en sus pasillos.. Que “La Visitación” de Pontormo pise Madrid esta temporada tiene, además, un valor especial. El museo prestará a L’Aquila, Capital Italiana de la Cultura 2026, la “Visitación” realizada por Rafael, creando un trueque renacentista en la que todos salimos ganando, da igual qué DNI tengamos.
Olvidada durante siglos, «La visitación» de Pontormo es una obra clave dentro de su estilo pictórico
Durante los dos siglos de esplendor del Renacimiento, es probable que el momento que más desapercibido pase, ensombrecido por la maestría de genios como Leonardo da Vinci o Tiziano, es el manierismo. De hecho, muchas veces se ha entendido este movimiento como una prolongación de lo que los maestros italianos ya habían hecho previamente, sin presentar nuevos motivos.. Quizá esta denostación hizo que “La Visitación”, del toscano Jacopo Carucci, conocido como Pontormo, pasara desapercibida durante más de 350 años. Giorgio Vasari no la incluyó en su libro “Vidas”, publicado en 1568, donde documentaba la vida y carrera de varios artistas renacentistas. Pintada hacia el 1530, no fue hasta 1904 cuando el historiador Carlo Gamba la dio a conocer. Ahora, reside en el interior de la iglesia de San Michele Arcangelo en Carmignano. Aprovechando que el templo en el que se expone permanentemente está en obras, la Fundación Amigos del Museo del Prado ha patrocinado su desplazamiento a Madrid durante las próximas seis semanas, concretamente hasta el 18 de junio.. Miguel Falomir, actual director del Museo del Prado, indicó en la rueda de prensa convocada esta mañana con motivo de la inauguración de la exhibición temporal su admiración por la obra de Pontormo, siendo “El descendimiento de la cruz”, que se puede disfrutar en Florencia, uno de sus cuadros favoritos. El que ahora alberga su pinacoteca lo contempla como una obra “de la que se pueden contar muchas historias”.. La escena que representa es la conversación mantenida entre la Virgen María y su prima Isabel, ambas encintas. De ese encuentro, narrado en el Evangelio de san Lucas, procede parte de la oración del Ave María, pues Isabel le dijo a María al saludarla “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!”. Coincidirá que el óleo estará en Madrid el día que conmemora este pasaje bíblico, el 31 de mayo.. Ana González Mozo, responsable de pintura renacentista en el Prado, ha explicado que, dado su olvido a través de las eras, no se conoce exactamente su origen. Se estima que pudo ser realizada para el oratorio de una capilla en Florencia por un posible encargo de la familia Pinadori, que se dedicaban al comercio de pigmentos, lo que daría una explicación coherente al cromatismo que presenta la pieza. Mozo también ha destacado que se ha colocado al lado de otra versión de la Visitación, la de Rafael. A pesar de ésta última datar de 1518, únicamente 10 años más joven que su homóloga, las diferencias son notorias. La de Rafael transcurre en el campo, la de Pontormo en un interior. Mientras que la del primero hace uso de colores más fríos, la del segundo recurre a una inteligente translucidez que refleja el estilo del autor.. Otra característica simbólica es que la visión de Pontormo involucra a otras dos mujeres en el centro de la historia, debido a que no se veía con buenos ojos que caminaran solas por las calles florentinas. Además, la tabla presenta otros detalles: dos hombres en pequeña dimensión en la izquierda inferior. Se entiende que son José y Zacarías, los maridos de las protagonistas de la composición. Esta predilección por la variedad de personajes y los colores cambiantes son señas identitarias del manierismo, por lo que los agentes alaban la lámina por su carácter representativo y por proporcionar al Prado una muestra del arte de su artífice, pintor que, reconoce Falomir, no tiene visibilidad en sus pasillos.. Que “La Visitación” de Pontormo pise Madrid esta temporada tiene, además, un valor especial. El museo prestará a L’Aquila, Capital Italiana de la Cultura 2026, la “Visitación” realizada por Rafael, creando un trueque renacentista en la que todos salimos ganando, da igual qué DNI tengamos.
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