El «looksmaxxing», una tendencia nacida en foros vinculados a la cultura incel y amplificada por TikTok, Instagram y YouTube, se ha convertido en una de las obsesiones estéticas más preocupantes entre adolescentes y jóvenes. El término surge de la unión entre «looks» (apariencia) y «maxxing» (maximizar), y hace referencia a la búsqueda extrema de la belleza masculina con el objetivo de alcanzar una posición de superioridad social y sexual frente a otros hombres. Dentro de este bizarro universo proliferan conceptos como «mog», utilizado para describir a alguien físicamente superior, o «chad», el ideal de hombre perfecto según las comunidades incel: alto, musculado, dominante y con rasgos hipermasculinos.. Pues bien, lo que comenzó como una miscelánea de consejos de gimnasio, estética y autocuidado ha evolucionado hacia una dinámica mucho más oscura y alarmante, marcada por la obsesión corporal, la dismorfia y el consumo de sustancias peligrosas. Influencers vinculados a esta corriente acumulan millones de visualizaciones prometiendo transformaciones físicas radicales y vendiendo la idea de que el éxito afectivo depende casi exclusivamente del aspecto físico. ¿Lo peor? Que estos creadores de tendencias acumulan millones de seguidores.. Optimizar el cuerpo. Uno de los casos más extremos es el del influencer conocido como Clavicular, convertido en símbolo del «looksmaxxing» más radical. El creador de contenido asegura haber consumido testosterona desde los 14 años y ha relatado públicamente prácticas extremas para alterar su cuerpo: desde dietas severas hasta el consumo de metanfetamina para mantenerse extremadamente delgado. Incluso ha llegado a presumir de haberse lesionado deliberadamente partes del rostro y la mandíbula para lograr una apariencia más masculina. El fenómeno se replica con otros perfiles populares como Tom Thebe, cuyos vídeos giran en torno a la mandíbula perfecta, el bajo porcentaje de grasa corporal, la musculación y la dominancia masculina. Más allá de simples consejos de imagen, estos contenidos transmiten una idea constante: el cuerpo es un proyecto que debe optimizarse sin descanso.. Detrás de esta tendencia existe una conexión directa con las comunidades incel donde algunos hombres sostienen que el atractivo físico determina el valor personal, el éxito romántico y la posición social. En estos foros se construye una visión jerárquica de la belleza masculina, donde existen hombres «genéticamente privilegiados» destinados al éxito y otros condenados al rechazo.. Irene Urdiales, psicóloga de la Clínica Buchinger-Wilhelmi, explica que «ambos fenómenos están profundamente conectados: «La idea de que el valor personal y el éxito afectivo depende casi exclusivamente del atractivo físico». Según la especialista, el «looksmaxxing» aparece muchas veces como «una solución dentro de comunidades incel para salir de una posición de exclusión social. Pero si esa expectativa es poco realista, el riesgo es caer en frustración y resentimiento».. La preocupación aumenta porque el público que consume estos contenidos es cada vez más joven. Adolescentes de apenas 13 o 14 años comienzan a obsesionarse con el grosor de la mandíbula, la altura o el porcentaje de grasa corporal como si fueran factores decisivos para definir su valor personal. «En la adolescencia hay una necesidad muy intensa de encajar, gustar y definir quién soy. Muchos adolescentes sienten que su valor social depende en gran parte de su apariencia, en algunos estudios se menciona como capital erótico», señala Urdiales.. Esta experta coincide con la psicóloga Mercedes Bermejo en que el funcionamiento de los algoritmos tiene un papel decisivo en la expansión del fenómeno. «Si un chico empieza a interesarse por su físico, le van a aparecer cada vez más contenidos sobre eso, creando una especie de burbuja», explica. El resultado es una exposición constante a cuerpos irreales y estándares prácticamente imposibles de alcanzar. Esa dinámica tiene consecuencias psicológicas importantes. Irene Urdiales alerta de que «cuando un chico empieza a medir su valor personal en función de su apariencia, su autoestima se vuelve muy frágil». La validación pasa entonces a depender de comentarios, comparaciones y aprobación externa.. Bermejo advierte del impacto que esto puede tener en la construcción de la identidad. «Debe hacerse desde la exploración interna: quién soy, qué siento, qué necesito», explica. Sin embargo, cuando toda la atención se centra en la apariencia, «el riesgo es que la identidad se construya desde fuera hacia dentro».. El problema no se limita al plano psicológico. La obsesión estética está llevando a muchos jóvenes a experimentar con testosterona, anabolizantes, ayunos extremos, estimulantes y rutinas físicas incompatibles con un desarrollo saludable. La experta en dermocosmética y directora de Centro Mem María Pérez de Villaamil advierte de que «los riesgos son elevados». Según explica, «imitar rutinas o tratamientos sin criterio profesional puede alterar procesos naturales, provocar reacciones adversas o incluso desencadenar problemas a largo plazo». Pérez de Villaamil reconoce además que las plataformas digitales condicionan cada vez más la percepción corporal de los adolescentes. «Estas plataformas tienen una influencia directa en cómo los jóvenes perciben su imagen y en las decisiones que toman», afirma.. Millones de euros. El fenómeno también refleja un cambio cultural más amplio: el aumento de la presión estética sobre los hombres. Durante décadas, la industria de la imagen estuvo centrada principalmente en las mujeres, pero hoy el mercado masculino mueve millones de euros gracias al auge del fitness, la cosmética y los tratamientos estéticos orientados a hombres jóvenes.. «Hay una curiosidad creciente hacia el autocuidado», explica Pérez de Villaamil, aunque subraya que existe una gran diferencia entre cuidarse y obsesionarse. El problema aparece cuando el físico se convierte en el único eje de validación personal. Ahí reside el peligro del discurso que promueven desde el «looksmaxxing». No venden únicamente rutinas de entrenamiento o consejos estéticos: venden la promesa de aceptación social, éxito afectivo y superioridad frente a otros hombres. La idea de fondo es que modificar el cuerpo permitirá escapar del rechazo y alcanzar reconocimiento.. Pero Bermejo, que lleva décadas viendo a jóvenes en su consulta, asevera que «si la respuesta a quién soy se apoya casi exclusivamente en la apariencia, la identidad se vuelve limitada y dependiente del reconocimiento externo».. En los casos más extremos, la frustración por no alcanzar esos estándares puede derivar en ansiedad, aislamiento o discursos misóginos. Por ello, los especialistas insisten en que el problema no es el autocuidado, sino convertir el cuerpo en una obsesión permanente. «El autocuidado saludable nace desde el respeto hacia uno mismo. La preocupación excesiva nace desde la inseguridad», concluye Bermejo.. Frente al avance de esta tendencia, las tres expertas que han participado en este reportaje reclaman más educación emocional y pensamiento crítico desde edades tempranas.. Consideran fundamental enseñar a los adolescentes a cuestionar los mensajes que reciben en redes sociales y desmontar la idea de que el valor de una persona depende de su apariencia física.
Expertas en psicología y estética alertan sobre esta alarmante moda entre adolescentes por aumentar su «capital erótico», una presión estética que suele derivar en frustración, inseguridad y rechazo social
El «looksmaxxing», una tendencia nacida en foros vinculados a la cultura incel y amplificada por TikTok, Instagram y YouTube, se ha convertido en una de las obsesiones estéticas más preocupantes entre adolescentes y jóvenes. El término surge de la unión entre «looks» (apariencia) y «maxxing» (maximizar), y hace referencia a la búsqueda extrema de la belleza masculina con el objetivo de alcanzar una posición de superioridad social y sexual frente a otros hombres. Dentro de este bizarro universo proliferan conceptos como «mog», utilizado para describir a alguien físicamente superior, o «chad», el ideal de hombre perfecto según las comunidades incel: alto, musculado, dominante y con rasgos hipermasculinos.. Pues bien, lo que comenzó como una miscelánea de consejos de gimnasio, estética y autocuidado ha evolucionado hacia una dinámica mucho más oscura y alarmante, marcada por la obsesión corporal, la dismorfia y el consumo de sustancias peligrosas. Influencers vinculados a esta corriente acumulan millones de visualizaciones prometiendo transformaciones físicas radicales y vendiendo la idea de que el éxito afectivo depende casi exclusivamente del aspecto físico. ¿Lo peor? Que estos creadores de tendencias acumulan millones de seguidores.. Optimizar el cuerpo. Uno de los casos más extremos es el del influencer conocido como Clavicular, convertido en símbolo del «looksmaxxing» más radical. El creador de contenido asegura haber consumido testosterona desde los 14 años y ha relatado públicamente prácticas extremas para alterar su cuerpo: desde dietas severas hasta el consumo de metanfetamina para mantenerse extremadamente delgado. Incluso ha llegado a presumir de haberse lesionado deliberadamente partes del rostro y la mandíbula para lograr una apariencia más masculina. El fenómeno se replica con otros perfiles populares como Tom Thebe, cuyos vídeos giran en torno a la mandíbula perfecta, el bajo porcentaje de grasa corporal, la musculación y la dominancia masculina. Más allá de simples consejos de imagen, estos contenidos transmiten una idea constante: el cuerpo es un proyecto que debe optimizarse sin descanso.. Detrás de esta tendencia existe una conexión directa con las comunidades incel donde algunos hombres sostienen que el atractivo físico determina el valor personal, el éxito romántico y la posición social. En estos foros se construye una visión jerárquica de la belleza masculina, donde existen hombres «genéticamente privilegiados» destinados al éxito y otros condenados al rechazo.. Irene Urdiales, psicóloga de la Clínica Buchinger-Wilhelmi, explica que «ambos fenómenos están profundamente conectados: «La idea de que el valor personal y el éxito afectivo depende casi exclusivamente del atractivo físico». Según la especialista, el «looksmaxxing» aparece muchas veces como «una solución dentro de comunidades incel para salir de una posición de exclusión social. Pero si esa expectativa es poco realista, el riesgo es caer en frustración y resentimiento».. La preocupación aumenta porque el público que consume estos contenidos es cada vez más joven. Adolescentes de apenas 13 o 14 años comienzan a obsesionarse con el grosor de la mandíbula, la altura o el porcentaje de grasa corporal como si fueran factores decisivos para definir su valor personal. «En la adolescencia hay una necesidad muy intensa de encajar, gustar y definir quién soy. Muchos adolescentes sienten que su valor social depende en gran parte de su apariencia, en algunos estudios se menciona como capital erótico», señala Urdiales.. Esta experta coincide con la psicóloga Mercedes Bermejo en que el funcionamiento de los algoritmos tiene un papel decisivo en la expansión del fenómeno. «Si un chico empieza a interesarse por su físico, le van a aparecer cada vez más contenidos sobre eso, creando una especie de burbuja», explica. El resultado es una exposición constante a cuerpos irreales y estándares prácticamente imposibles de alcanzar. Esa dinámica tiene consecuencias psicológicas importantes. Irene Urdiales alerta de que «cuando un chico empieza a medir su valor personal en función de su apariencia, su autoestima se vuelve muy frágil». La validación pasa entonces a depender de comentarios, comparaciones y aprobación externa.. Bermejo advierte del impacto que esto puede tener en la construcción de la identidad. «Debe hacerse desde la exploración interna: quién soy, qué siento, qué necesito», explica. Sin embargo, cuando toda la atención se centra en la apariencia, «el riesgo es que la identidad se construya desde fuera hacia dentro».. El problema no se limita al plano psicológico. La obsesión estética está llevando a muchos jóvenes a experimentar con testosterona, anabolizantes, ayunos extremos, estimulantes y rutinas físicas incompatibles con un desarrollo saludable. La experta en dermocosmética y directora de Centro Mem María Pérez de Villaamil advierte de que «los riesgos son elevados». Según explica, «imitar rutinas o tratamientos sin criterio profesional puede alterar procesos naturales, provocar reacciones adversas o incluso desencadenar problemas a largo plazo». Pérez de Villaamil reconoce además que las plataformas digitales condicionan cada vez más la percepción corporal de los adolescentes. «Estas plataformas tienen una influencia directa en cómo los jóvenes perciben su imagen y en las decisiones que toman», afirma.. Millones de euros. El fenómeno también refleja un cambio cultural más amplio: el aumento de la presión estética sobre los hombres. Durante décadas, la industria de la imagen estuvo centrada principalmente en las mujeres, pero hoy el mercado masculino mueve millones de euros gracias al auge del fitness, la cosmética y los tratamientos estéticos orientados a hombres jóvenes.. «Hay una curiosidad creciente hacia el autocuidado», explica Pérez de Villaamil, aunque subraya que existe una gran diferencia entre cuidarse y obsesionarse. El problema aparece cuando el físico se convierte en el único eje de validación personal. Ahí reside el peligro del discurso que promueven desde el «looksmaxxing». No venden únicamente rutinas de entrenamiento o consejos estéticos: venden la promesa de aceptación social, éxito afectivo y superioridad frente a otros hombres. La idea de fondo es que modificar el cuerpo permitirá escapar del rechazo y alcanzar reconocimiento.. Pero Bermejo, que lleva décadas viendo a jóvenes en su consulta, asevera que «si la respuesta a quién soy se apoya casi exclusivamente en la apariencia, la identidad se vuelve limitada y dependiente del reconocimiento externo».. En los casos más extremos, la frustración por no alcanzar esos estándares puede derivar en ansiedad, aislamiento o discursos misóginos. Por ello, los especialistas insisten en que el problema no es el autocuidado, sino convertir el cuerpo en una obsesión permanente. «El autocuidado saludable nace desde el respeto hacia uno mismo. La preocupación excesiva nace desde la inseguridad», concluye Bermejo.. Frente al avance de esta tendencia, las tres expertas que han participado en este reportaje reclaman más educación emocional y pensamiento crítico desde edades tempranas.. Consideran fundamental enseñar a los adolescentes a cuestionar los mensajes que reciben en redes sociales y desmontar la idea de que el valor de una persona depende de su apariencia física.
Noticias de Sociedad en La Razón
