Lograr en apenas una década avances que antes habrían requerido un siglo ha dejado de ser una quimera para las economías emergentes. Según el Banco Mundial, la inteligencia artificial (IA) tiene el potencial para que millones de personas en los países de renta baja y media puedan acceder en los próximos años a mejores servicios sanitarios, educativos y judiciales, así como ayudar a elevar la productividad de su tejido agrícola y empresarial. Pero el futuro aún no está escrito: para que esta expectativa se convierta en realidad, habrá que adoptar rápidamente la tecnología ya existente y adaptarla a las necesidades locales, alerta un informe publicado este martes por el organismo multilateral. Seguir leyendo
La institución ve en la inteligencia artificial una oportunidad histórica para los emergentes si se adopta de la manera adecuada
Lograr en apenas una década avances que antes habrían requerido un siglo ha dejado de ser una quimera para las economías emergentes. Según el Banco Mundial, la inteligencia artificial (IA) tiene el potencial para que millones de personas en los países de renta baja y media puedan acceder en los próximos años a mejores servicios sanitarios, educativos y judiciales, así como ayudar a elevar la productividad de su tejido agrícola y empresarial. Pero el futuro aún no está escrito: para que esta expectativa se convierta en realidad, habrá que adoptar rápidamente la tecnología ya existente y adaptarla a las necesidades locales, alerta un informe publicado este martes por el organismo multilateral. La velocidad de adaptación será decisiva. La IA se está difundiendo mucho más rápidamente que otras tecnologías que en el pasado supusieron cambios trascendentales, sea la máquina de vapor, la electricidad o internet. Eso implica, por un lado, que se pueda conseguir una profunda mejora de forma casi inminente, pero por el otro se reduce la ventana de oportunidad temporal para que las economías en vías de desarrollo implementen los cambios y no se queden rezagadas en esta revolución tecnológica. A lo largo de esta década y en el mejor de los escenarios, la IA podría elevar el crecimiento potencial anual del 4,1% al 4,9% en las economías emergentes, frente al 1,2%-3,6% de los países avanzados, calcula el informe. “Si actúan ya, la IA les puede ayudar a lograr en una década lo que les habría llevado un siglo”, resume el informe.Aun así, el estudio no llama a una carrera tecnológica entre países para que cada uno consiga su propia IA, un proceso complejo y costoso que sería inasumible para muchas economías en desarrollo. Al contrario, anima a los emergentes a adoptar las herramientas ya existentes, aprovechando, por ejemplo, los modelos abiertos, y a moldearlas según las necesidades locales. “Adoptar, adaptar y solo después, avanzar”, recomienda el informe, titulado La promesa de la inteligencia artificial.La cadena de valor de la IA está concentrada en un reducido número de países y en manos de pocas empresas, pero no exige necesariamente grandes inversiones para empezar a dar beneficios, a diferencia de otras tecnologías. Muchas economías emergentes que no tienen garantizado el acceso universal a internet o a la electricidad, por ejemplo, podrían conseguir enormes ganancias gracias a la llamada pequeña IA, basadas en el diseño de aplicaciones capaces de funcionar en entornos e infraestructuras limitadas. Uno de los ejemplos de éxito que cita el informe se desarrolló en Ghana: un tutor de matemáticas diseñado con IA y accesible por SMS mediante teléfonos básicos, que logró resultados parecidos a los de un curso completo de aprendizaje con dos sesiones semanales durante ocho meses, por un coste de cinco dólares por alumno. Otras historias positivas se dieron en Bangladés, que puso en marcha un sistem
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