La Fundació Vila Casas, a través de los Espais Volart, presenta desde hoy una exposición que no es solo una retrospectiva. Se trata de realizar un acto de justicia histórica y de memoria viva. Bajo el título «Esther Boix. Un mundo en lucha» se reúne por primera vez en Cataluña una visión completa y profunda de la obra de Esther Boix, en el marco de la conmemoración del centenario de su nacimiento. Comisariada por Bernat Puigdollers, Boix fue una artista que nunca separó la pintura de la vida, ni la belleza de la denuncia.. No se trata de una simple revisión cronológica porque la exposición dibuja un recorrido tanto temático como vital donde se revela cómo Boix transformó su lenguaje plástico en un diálogo constante con su tiempo: desde la oscuridad de la posguerra hasta una perspectiva más íntima y humanizada del paisaje, pasando por el activismo político y la pedagogía revolucionaria. «La exposición quiere hacer patente una obra hija de su tiempo pero avanzada a su época», señaló Puigdollers. Las reivindicaciones feministas, la lucha política, la apuesta por una educación artística de calidad y una conciencia ecológica se entrelazan aquí para pedir, todavía hoy, un futuro mejor.. Esther Boix fue una de las pintoras más destacadas de su generación y una figura clave del arte comprometido en Cataluña. Sus inicios están marcados por una estética oscura y expresiva que refleja la miseria de la posguerra: escenas de vida cotidiana donde aparecen los humildes, los invisibilizados, los campesinos, las mujeres del campo, los cafés tristes. Afectada por una poliomielitis infantil que la obligó a permanecer largo tiempo en casa, desarrolló un carácter reflexivo que dejó un poso profundo en su obra. Pero su mirada no se quedó en la queja: dignificó la tarea silenciosa de una parte de la sociedad que la historia suele olvidar.. Para Boix, el viaje a Milán en 1957, junto a su compañero Ricard Creus, supuso un punto de inflexión decisivo. Al regreso, su paleta se volvió mucho más rica y colorida de lo que había sido hasta ese momento. La vitalidad irrumpió en sus composiciones y aparecieron temas vinculados a la vida moderna que ya anticipaban las reivindicaciones sociales y feministas de los años sesenta y setenta.. En plena represión franquista, Boix no miró hacia otro lado: participó activamente en movimientos como Estampa Popular Catalana y convirtió su arte en un instrumento de denuncia. Sus obras de aquel período —como «L’home del pa» o «La desesperada lluita per sortir de la carcassa»— se convierten en auténticos manifiestos visuales que reclaman libertad, justicia y dignidad en una sociedad marcada por el miedo y la esperanza a la vez. Asimismo su labor pedagógica fue tan decisiva como su pintura. Cofundadora, en 1967, de la Escola L’ARC junto a Maria Dolors Bonal, Pilar Anglada y Ricard Creus, aplicó métodos avanzadísimos para la época que ponían el arte al servicio de la formación integral de las personas, transmitiendo valores de libertad y sensibilidad social. Para Boix, la educación artística no era un complemento: era una herramienta de transformación del mundo.. A partir de los años setenta, con el fin de la dictadura, la figura humana se fue diluyendo progresivamente en el paisaje de sus cuadros. La pintora interiorizó el entorno, lo humanizó y reivindicó los llamados «no-lugares» convirtiendo la sordidez urbana en poesía visual. Desde el estudio de la avenida de Girona hasta los paisajes de «El Perer del Corb» o «La Fageda d’en Jordà», su mirada se expandió hacia lo ambiental, culminando en obras como «Homenaje a Goya», donde ya no hace falta la presencia humana para que el paisaje hable con voz propia.
La muestra dedicada a la pintora llega a las puertas de la conmemoración de su centenario
La Fundació Vila Casas, a través de los Espais Volart, presenta desde hoy una exposición que no es solo una retrospectiva. Se trata de realizar un acto de justicia histórica y de memoria viva. Bajo el título «Esther Boix. Un mundo en lucha» se reúne por primera vez en Cataluña una visión completa y profunda de la obra de Esther Boix, en el marco de la conmemoración del centenario de su nacimiento. Comisariada por Bernat Puigdollers, Boix fue una artista que nunca separó la pintura de la vida, ni la belleza de la denuncia.. No se trata de una simple revisión cronológica porque la exposición dibuja un recorrido tanto temático como vital donde se revela cómo Boix transformó su lenguaje plástico en un diálogo constante con su tiempo: desde la oscuridad de la posguerra hasta una perspectiva más íntima y humanizada del paisaje, pasando por el activismo político y la pedagogía revolucionaria. «La exposición quiere hacer patente una obra hija de su tiempo pero avanzada a su época», señaló Puigdollers. Las reivindicaciones feministas, la lucha política, la apuesta por una educación artística de calidad y una conciencia ecológica se entrelazan aquí para pedir, todavía hoy, un futuro mejor.. Esther Boix fue una de las pintoras más destacadas de su generación y una figura clave del arte comprometido en Cataluña. Sus inicios están marcados por una estética oscura y expresiva que refleja la miseria de la posguerra: escenas de vida cotidiana donde aparecen los humildes, los invisibilizados, los campesinos, las mujeres del campo, los cafés tristes. Afectada por una poliomielitis infantil que la obligó a permanecer largo tiempo en casa, desarrolló un carácter reflexivo que dejó un poso profundo en su obra. Pero su mirada no se quedó en la queja: dignificó la tarea silenciosa de una parte de la sociedad que la historia suele olvidar.. Para Boix, el viaje a Milán en 1957, junto a su compañero Ricard Creus, supuso un punto de inflexión decisivo. Al regreso, su paleta se volvió mucho más rica y colorida de lo que había sido hasta ese momento. La vitalidad irrumpió en sus composiciones y aparecieron temas vinculados a la vida moderna que ya anticipaban las reivindicaciones sociales y feministas de los años sesenta y setenta.. En plena represión franquista, Boix no miró hacia otro lado: participó activamente en movimientos como Estampa Popular Catalana y convirtió su arte en un instrumento de denuncia. Sus obras de aquel período —como «L’home del pa» o «La desesperada lluita per sortir de la carcassa»— se convierten en auténticos manifiestos visuales que reclaman libertad, justicia y dignidad en una sociedad marcada por el miedo y la esperanza a la vez. Asimismo su labor pedagógica fue tan decisiva como su pintura. Cofundadora, en 1967, de la Escola L’ARC junto a Maria Dolors Bonal, Pilar Anglada y Ricard Creus, aplicó métodos avanzadísimos para la época que ponían el arte al servicio de la formación integral de las personas, transmitiendo valores de libertad y sensibilidad social. Para Boix, la educación artística no era un complemento: era una herramienta de transformación del mundo.. A partir de los años setenta, con el fin de la dictadura, la figura humana se fue diluyendo progresivamente en el paisaje de sus cuadros. La pintora interiorizó el entorno, lo humanizó y reivindicó los llamados «no-lugares» convirtiendo la sordidez urbana en poesía visual. Desde el estudio de la avenida de Girona hasta los paisajes de «El Perer del Corb» o «La Fageda d’en Jordà», su mirada se expandió hacia lo ambiental, culminando en obras como «Homenaje a Goya», donde ya no hace falta la presencia humana para que el paisaje hable con voz propia.
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