Cuando el avión papal tome tierra en Canarias esta semana culminará una espera de meses para miles de personas repartidas por todo el Archipiélago. Pero la visita del Santo Padre no comenzará realmente en los aeropuertos de Gran Canaria o Tenerife. Para muchos canarios, empezó hace mucho tiempo, cuando las parroquias comenzaron a organizar desplazamientos, cuando las familias marcaron las fechas en el calendario o cuando algunos fieles reservaron su plaza para las celebraciones religiosas incluso antes de que terminara el año 2025.. La llegada del Papa se ha convertido en uno de los acontecimientos más importantes vividos en las últimas décadas por la comunidad católica de las islas.. Durante semanas, parroquias, movimientos religiosos, hermandades y grupos de jóvenes han preparado viajes, encuentros y actividades para participar en unos actos que quedarán grabados en la memoria colectiva de varias generaciones.. En las islas no capitalinas, la organización ha requerido un esfuerzo añadido. Desde La Palma, La Gomera, El Hierro, Lanzarote o Fuerteventura partirán algunos grupos organizados que viajarán de madrugada para asistir a los actos programados en Gran Canaria y Tenerife.. Muchos regresarán el mismo día a sus hogares, después de jornadas que comenzarán antes del amanecer y terminarán bien entrada la noche.. Es el caso de un grupo parroquial de La Palma formado por unas 120 personas que lleva meses preparando el desplazamiento. «Salimos muy temprano para coger el primer vuelo y volvemos en uno de los últimos. Va a ser un día agotador, pero sentimos que es una oportunidad única», explica una de las participantes. Para ella, que nunca había vivido una visita papal, la experiencia tiene un componente espiritual, pero también emocional. «Mis padres siempre me contaban cuando venían grandes figuras de la Iglesia a España. Nunca imaginé que podría ver al Papa tan cerca de casa».. La historia se repite en otras islas. En Lanzarote, varios grupos parroquiales han coordinado desplazamientos colectivos para facilitar la asistencia de los fieles. «Hay personas mayores que llevan meses preguntando cómo podían ir».. La expectación no es reciente. Desde que se confirmó oficialmente la visita, las solicitudes para participar en las celebraciones comenzaron a multiplicarse. Algunos de los asistentes más previsores reservaron su espacio para las misas previstas en Gran Canaria y Tenerife desde diciembre de 2025. «Cuando se abrió la posibilidad de inscribirse no nos lo pensamos. Sabíamos que habría mucha demanda y queríamos asegurarnos estar allí», cuenta una mujer de Tenerife que tiene previsto acudir a los actos. «No queríamos perder una oportunidad así. Es algo que probablemente no volveremos a vivir».. La emoción se percibe especialmente entre quienes consideran que esta visita tiene un significado que trasciende lo religioso. Para muchos canarios representa un reconocimiento al papel del Archipiélago como territorio de encuentro entre continentes, culturas y realidades diferentes.. En los últimos días, las conversaciones en plazas, cafeterías y parroquias han girado con frecuencia en torno al mismo tema: dónde colocarse para ver al Pontífice, a qué hora acudir a los actos o cómo seguir los recorridos previstos.. Sin embargo, no todos podrán estar presentes físicamente. La elección de las fechas, un jueves y un viernes por la mañana, ha dejado fuera a numerosos fieles que, pese a su interés, no han podido reorganizar sus obligaciones laborales. Especialmente en las islas no capitalinas, donde asistir implica además desplazamientos interinsulares y una planificación compleja.. Una trabajadora del sector comercial en La Gomera reconoce que intentó buscar alternativas para viajar. «Me hacía muchísima ilusión verlo en persona, pero no puedo pedir dos días libres en estas fechas. Al final lo seguiré desde el trabajo por el móvil y después veré los resúmenes en televisión». Una situación similar vive un administrativo de Fuerteventura. «Cuando anunciaron la visita pensé que intentaría ir, pero entre los vuelos, los horarios y el trabajo era imposible. Me da pena porque es un acontecimiento histórico, pero al menos podremos seguirlo en directo».. Estos testimonios reflejan una realidad compartida por cientos de personas que vivirán la visita desde la distancia. Los canales de televisión, las retransmisiones en línea y las redes sociales se convertirán en la ventana desde la que muchos canarios participarán en un acontecimiento que, aunque se celebre físicamente en dos islas, se seguirá en todo el Archipiélago.. En numerosas parroquias ya se han preparado espacios para quienes prefieren vivir el momento en comunidad. Salones parroquiales, centros culturales y locales sociales acogerán retransmisiones colectivas de las celebraciones más importantes.. La visita también ha despertado interés entre personas que no se consideran especialmente practicantes. La dimensión histórica del acontecimiento ha llamado la atención de muchos ciudadanos que ven en la llegada del Papa una ocasión excepcional para Canarias.. «Soy creyente, pero no suelo participar mucho en actividades religiosas», reconoce un joven residente en Gran Canaria. «Aun así, quiero acercarme porque es algo que probablemente no volverá a ocurrir en muchos años. Es historia».. Esa mezcla de curiosidad, emoción y sentimiento colectivo explica en gran medida el ambiente que se respira estos días en las islas. Más allá de credos o sensibilidades, la presencia del líder de la Iglesia ha generado una movilización que atraviesa varias generaciones.. Personas mayores que recuerdan otras visitas papales a España, jóvenes que nunca habían vivido un acontecimiento de estas características y familias enteras que han organizado viajes para compartir la experiencia coinciden en una misma sensación: la de estar a las puertas de un momento irrepetible. Mientras ultiman maletas, preparan desplazamientos o consultan por los horarios de los actos, miles de canarios cuentan ya las horas para una visita que promete dejar imágenes para el recuerdo.. Porque cuando el Papa llegue a Canarias, no solo aterrizará en Gran Canaria y Tenerife. También estará presente en cada salón parroquial donde se siga la retransmisión, en cada trabajador que consulte el móvil durante una pausa para verlo pasar, en cada familia que madrugue para coger un avión, y en cada persona que ha esperado durante meses la oportunidad de formar parte de una cita que ya ocupa un lugar destacado en la historia reciente del Archipiélago.
Grupos parroquiales que viajarán de madrugada desde las islas no capitalinas, fieles que reservaron plaza hace meses y cientos de personas que seguirán la visita desde sus trabajos convierten su llegada en un gran acontecimiento
Cuando el avión papal tome tierra en Canarias esta semana culminará una espera de meses para miles de personas repartidas por todo el Archipiélago. Pero la visita del Santo Padre no comenzará realmente en los aeropuertos de Gran Canaria o Tenerife. Para muchos canarios, empezó hace mucho tiempo, cuando las parroquias comenzaron a organizar desplazamientos, cuando las familias marcaron las fechas en el calendario o cuando algunos fieles reservaron su plaza para las celebraciones religiosas incluso antes de que terminara el año 2025.. La llegada del Papa se ha convertido en uno de los acontecimientos más importantes vividos en las últimas décadas por la comunidad católica de las islas.. Durante semanas, parroquias, movimientos religiosos, hermandades y grupos de jóvenes han preparado viajes, encuentros y actividades para participar en unos actos que quedarán grabados en la memoria colectiva de varias generaciones.. En las islas no capitalinas, la organización ha requerido un esfuerzo añadido. Desde La Palma, La Gomera, El Hierro, Lanzarote o Fuerteventura partirán algunos grupos organizados que viajarán de madrugada para asistir a los actos programados en Gran Canaria y Tenerife.. Muchos regresarán el mismo día a sus hogares, después de jornadas que comenzarán antes del amanecer y terminarán bien entrada la noche.. Es el caso de un grupo parroquial de La Palma formado por unas 120 personas que lleva meses preparando el desplazamiento. «Salimos muy temprano para coger el primer vuelo y volvemos en uno de los últimos. Va a ser un día agotador, pero sentimos que es una oportunidad única», explica una de las participantes. Para ella, que nunca había vivido una visita papal, la experiencia tiene un componente espiritual, pero también emocional. «Mis padres siempre me contaban cuando venían grandes figuras de la Iglesia a España. Nunca imaginé que podría ver al Papa tan cerca de casa».. La historia se repite en otras islas. En Lanzarote, varios grupos parroquiales han coordinado desplazamientos colectivos para facilitar la asistencia de los fieles. «Hay personas mayores que llevan meses preguntando cómo podían ir».. La expectación no es reciente. Desde que se confirmó oficialmente la visita, las solicitudes para participar en las celebraciones comenzaron a multiplicarse. Algunos de los asistentes más previsores reservaron su espacio para las misas previstas en Gran Canaria y Tenerife desde diciembre de 2025. «Cuando se abrió la posibilidad de inscribirse no nos lo pensamos. Sabíamos que habría mucha demanda y queríamos asegurarnos estar allí», cuenta una mujer de Tenerife que tiene previsto acudir a los actos. «No queríamos perder una oportunidad así. Es algo que probablemente no volveremos a vivir».. La emoción se percibe especialmente entre quienes consideran que esta visita tiene un significado que trasciende lo religioso. Para muchos canarios representa un reconocimiento al papel del Archipiélago como territorio de encuentro entre continentes, culturas y realidades diferentes.. En los últimos días, las conversaciones en plazas, cafeterías y parroquias han girado con frecuencia en torno al mismo tema: dónde colocarse para ver al Pontífice, a qué hora acudir a los actos o cómo seguir los recorridos previstos.. Sin embargo, no todos podrán estar presentes físicamente. La elección de las fechas, un jueves y un viernes por la mañana, ha dejado fuera a numerosos fieles que, pese a su interés, no han podido reorganizar sus obligaciones laborales. Especialmente en las islas no capitalinas, donde asistir implica además desplazamientos interinsulares y una planificación compleja.. Una trabajadora del sector comercial en La Gomera reconoce que intentó buscar alternativas para viajar. «Me hacía muchísima ilusión verlo en persona, pero no puedo pedir dos días libres en estas fechas. Al final lo seguiré desde el trabajo por el móvil y después veré los resúmenes en televisión». Una situación similar vive un administrativo de Fuerteventura. «Cuando anunciaron la visita pensé que intentaría ir, pero entre los vuelos, los horarios y el trabajo era imposible. Me da pena porque es un acontecimiento histórico, pero al menos podremos seguirlo en directo».. Estos testimonios reflejan una realidad compartida por cientos de personas que vivirán la visita desde la distancia. Los canales de televisión, las retransmisiones en línea y las redes sociales se convertirán en la ventana desde la que muchos canarios participarán en un acontecimiento que, aunque se celebre físicamente en dos islas, se seguirá en todo el Archipiélago.. En numerosas parroquias ya se han preparado espacios para quienes prefieren vivir el momento en comunidad. Salones parroquiales, centros culturales y locales sociales acogerán retransmisiones colectivas de las celebraciones más importantes.. La visita también ha despertado interés entre personas que no se consideran especialmente practicantes. La dimensión histórica del acontecimiento ha llamado la atención de muchos ciudadanos que ven en la llegada del Papa una ocasión excepcional para Canarias.. «Soy creyente, pero no suelo participar mucho en actividades religiosas», reconoce un joven residente en Gran Canaria. «Aun así, quiero acercarme porque es algo que probablemente no volverá a ocurrir en muchos años. Es historia».. Esa mezcla de curiosidad, emoción y sentimiento colectivo explica en gran medida el ambiente que se respira estos días en las islas. Más allá de credos o sensibilidades, la presencia del líder de la Iglesia ha generado una movilización que atraviesa varias generaciones.. Personas mayores que recuerdan otras visitas papales a España, jóvenes que nunca habían vivido un acontecimiento de estas características y familias enteras que han organizado viajes para compartir la experiencia coinciden en una misma sensación: la de estar a las puertas de un momento irrepetible. Mientras ultiman maletas, preparan desplazamientos o consultan por los horarios de los actos, miles de canarios cuentan ya las horas para una visita que promete dejar imágenes para el recuerdo.. Porque cuando el Papa llegue a Canarias, no solo aterrizará en Gran Canaria y Tenerife. También estará presente en cada salón parroquial donde se siga la retransmisión, en cada trabajador que consulte el móvil durante una pausa para verlo pasar, en cada familia que madrugue para coger un avión, y en cada persona que ha esperado durante meses la oportunidad de formar parte de una cita que ya ocupa un lugar destacado en la historia reciente del Archipiélago.
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