Ahora que se va a desmontar el carísimo aparejo que servía para cubrir con un toldo la plaza de la Virgen en las grandes solemnidades de la Virgen y del Corpus, conviene recordar la costumbre que la ciudad tenía, al menos desde el siglo XV, de entoldar sus calles y plazas para protegerse de los fuertes calores e intenso sol de mayo y junio.. El 10 de mayo de 1410, el Consell de la Ciutat ideó entoldar las calles y plazas de Valencia, entre ellas la de la plaza de la Virgen antes llamada de la Seo y luego de la Constitución, donde se convino que predicaría san Vicente Ferrer, a quien recurrirían los Jurados por escrito el 12 de junio, el 28 de agosto y el 4 de diciembre de ese mismo año, para que llegase a su tierra natal con el fin de pacificar la fuerte y grave situación de conflictividad bélica, a causa de los continuos enfrentamientos entre partidarios de los Centelles y los Soler.. El propio Papa aragonés, Benedicto XIII, el Papa Luna, exiliado y refugiado en el castillo de Peñíscola, visto el cariz que estaban tomando los hechos, se ofreció al Consell a mediar entre los partidos en guerra, pero no se le aceptó, al creer que el fraile dominico Vicente Ferrer conseguiría resolverlo con éxito, por ser más conocedor del genio del personal de este territorio.. En el tomo IX del Cartulario del Archivo Histórico Municipal se conserva copia de la correspondencia que los munícipes enviaron a san Vicente, donde se afirma que sólo la Providencia podría arreglar el problema, pero con la necesaria mediación del fraile dominico.. San Vicente, que estaba de periplo predicador por otros lugares de la península, no hizo mucho caso a la demanda del gobierno municipal y siguió con su plan establecido de predicaciones en pueblos y ciudades de los Estados de la Corona de Aragón. Se demoró cosa de un año en acercarse a Valencia.. Por fin apareció el santo un 23 de junio de 1410 en las puertas de la ciudad, donde el Consell organizó un solemne recibimiento, apoteósico después de 15 años de ausencia. Permaneció en Valencia durante el período de dos meses, siempre predicando, invitando a la paz y a la conversión, mediando y resolviendo pleitos.. Los preparativos municipales habían sido grandes, para que no faltara nada. Uno de ellos fue el entoldar las calles y plazas de las distintas partidas y lugares de la ciudad donde se programó predicara san Vicente Ferrer.. En sesión celebrada el 10 de mayo de ese mismo año, los Jurados acordaron colocar dichos velámenes, para que el fuerte sol y el calor no afectara al dominico ni a quienes le escuchaban en los largos sermones que daba, de duración algunos de hasta siete horas. Aquellos primeros toldos le fueron prestados al Consistorio de los que estaban almacenados en las Atarazanas del Grao y estaban conformados por velas, antenas y «xarcies» de los barcos.. Hasta mediado el siglo XX, la plaza de la Virgen se entoldaba colocando largos palos hechos de pino clavados en el suelo que sostenían los toldos. Como a un Ayuntaminto franquista le pareciera que era mucho trabajo todos los años clavar y desenclavar los palos y colocar los toldos, se encargó al Pernales, ingeniero de lo difícil sin ser ingeniero, la solución de montar un mecanismo en el tejado de la Basílica que desplegaría y enrollaría un toldo, que se sostendría del edificio de enfrente.. Funcionó bien, sin problemas, hasta que otro Ayuntamiento, ahora democrático, quiso ser más moderno que nadie e instaló otro artilugio con tal fin, el cual fue severamente protestado por los vecinos frontales, que se quejaban de que podía dañar la estructura de su inmueble. Llegando sus quejas a los Tribunales, que no les dieron la razón.. Entre tanto, la Universidad Politécnica en los años 80 ideó un sistema de postes retráctiles, inspirado en el antiguo de los postes de pino, para resolver el problema, pues sus arquitectos vieron que a quien realmente hacía daño el sistema instalado en el tejado era a la estructura de la Basílica, por el peso y los tirones del viento. No le dejaron realizar su proyecto porque había que excavar en la plaza y a saber lo que aparecería de restos arqueológicos que invalidarían el recinto durante las excavaciones. Argumento fatuo, pues cuando se reformó la plaza y se vació la panza subterránea de la plaza de la Reina ahí ya salió de todo, al estar esta parte e Valencia sobre las partes más importantes de la ciudad romana.. Y ahí queda el estado de la cuestión, en cómo resolver dicho problema. Siendo lo más probable que los ciudadanos de a pie que vayan a las fiestas de la Virgen o del Corpus tengan que pagar con sus sudores los tradiciones calores de dichas festividades. A no ser que el cambio climático lo arregle sin ser necesario ningún derroche creativo municipal.
El 10 de mayo de 1410, el Consell de la Ciutat ideó entoldar las calles y plazas de Valencia, entre ellas la de la plaza de la Virgen antes llamada de la Seo y luego de la Constitución, donde se convino que predicaría san Vicente Ferrer
Ahora que se va a desmontar el carísimo aparejo que servía para cubrir con un toldo la plaza de la Virgen en las grandes solemnidades de la Virgen y del Corpus, conviene recordar la costumbre que la ciudad tenía, al menos desde el siglo XV, de entoldar sus calles y plazas para protegerse de los fuertes calores e intenso sol de mayo y junio.. El 10 de mayo de 1410, el Consell de la Ciutat ideó entoldar las calles y plazas de Valencia, entre ellas la de la plaza de la Virgen antes llamada de la Seo y luego de la Constitución, donde se convino que predicaría san Vicente Ferrer, a quien recurrirían los Jurados por escrito el 12 de junio, el 28 de agosto y el 4 de diciembre de ese mismo año, para que llegase a su tierra natal con el fin de pacificar la fuerte y grave situación de conflictividad bélica, a causa de los continuos enfrentamientos entre partidarios de los Centelles y los Soler.. El propio Papa aragonés, Benedicto XIII, el Papa Luna, exiliado y refugiado en el castillo de Peñíscola, visto el cariz que estaban tomando los hechos, se ofreció al Consell a mediar entre los partidos en guerra, pero no se le aceptó, al creer que el fraile dominico Vicente Ferrer conseguiría resolverlo con éxito, por ser más conocedor del genio del personal de este territorio.. En el tomo IX del Cartulario del Archivo Histórico Municipal se conserva copia de la correspondencia que los munícipes enviaron a san Vicente, donde se afirma que sólo la Providencia podría arreglar el problema, pero con la necesaria mediación del fraile dominico.. San Vicente, que estaba de periplo predicador por otros lugares de la península, no hizo mucho caso a la demanda del gobierno municipal y siguió con su plan establecido de predicaciones en pueblos y ciudades de los Estados de la Corona de Aragón. Se demoró cosa de un año en acercarse a Valencia.. Por fin apareció el santo un 23 de junio de 1410 en las puertas de la ciudad, donde el Consell organizó un solemne recibimiento, apoteósico después de 15 años de ausencia. Permaneció en Valencia durante el período de dos meses, siempre predicando, invitando a la paz y a la conversión, mediando y resolviendo pleitos.. Los preparativos municipales habían sido grandes, para que no faltara nada. Uno de ellos fue el entoldar las calles y plazas de las distintas partidas y lugares de la ciudad donde se programó predicara san Vicente Ferrer.. En sesión celebrada el 10 de mayo de ese mismo año, los Jurados acordaron colocar dichos velámenes, para que el fuerte sol y el calor no afectara al dominico ni a quienes le escuchaban en los largos sermones que daba, de duración algunos de hasta siete horas. Aquellos primeros toldos le fueron prestados al Consistorio de los que estaban almacenados en las Atarazanas del Grao y estaban conformados por velas, antenas y «xarcies» de los barcos.. Hasta mediado el siglo XX, la plaza de la Virgen se entoldaba colocando largos palos hechos de pino clavados en el suelo que sostenían los toldos. Como a un Ayuntaminto franquista le pareciera que era mucho trabajo todos los años clavar y desenclavar los palos y colocar los toldos, se encargó al Pernales, ingeniero de lo difícil sin ser ingeniero, la solución de montar un mecanismo en el tejado de la Basílica que desplegaría y enrollaría un toldo, que se sostendría del edificio de enfrente.. Funcionó bien, sin problemas, hasta que otro Ayuntamiento, ahora democrático, quiso ser más moderno que nadie e instaló otro artilugio con tal fin, el cual fue severamente protestado por los vecinos frontales, que se quejaban de que podía dañar la estructura de su inmueble. Llegando sus quejas a los Tribunales, que no les dieron la razón.. Entre tanto, la Universidad Politécnica en los años 80 ideó un sistema de postes retráctiles, inspirado en el antiguo de los postes de pino, para resolver el problema, pues sus arquitectos vieron que a quien realmente hacía daño el sistema instalado en el tejado era a la estructura de la Basílica, por el peso y los tirones del viento. No le dejaron realizar su proyecto porque había que excavar en la plaza y a saber lo que aparecería de restos arqueológicos que invalidarían el recinto durante las excavaciones. Argumento fatuo, pues cuando se reformó la plaza y se vació la panza subterránea de la plaza de la Reina ahí ya salió de todo, al estar esta parte e Valencia sobre las partes más importantes de la ciudad romana.. Y ahí queda el estado de la cuestión, en cómo resolver dicho problema. Siendo lo más probable que los ciudadanos de a pie que vayan a las fiestas de la Virgen o del Corpus tengan que pagar con sus sudores los tradiciones calores de dichas festividades. A no ser que el cambio climático lo arregle sin ser necesario ningún derroche creativo municipal.
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