En una Galicia donde cada vez quedan menos rincones por explorar, aún sobrevive alguno que escapa a los circuitos habituales y que mantiene intacto su carácter. Uno de ellos es la Fervenza da Graña, una de las cascadas más espectaculares, y a la vez más desconocidas, de la provincia de Pontevedra. Oculta en el municipio de Forcarei, este salto de agua se ha convertido en un pequeño tesoro reservado para senderistas que buscan algo más que una ruta señalizada.. Situada en las inmediaciones de la aldea de A Graña, dentro de la parroquia de Madanela de Montes, la fervenza se forma en el Rego do Porto, un afluente del río Deza que desciende desde las alturas del Alto do Couto, a más de 900 metros. El resultado es un salto vertical de entre 17 y 20 metros que cae con fuerza sobre una pared rocosa en pleno valle de los Montes do Testeiro.. Pero lo que hace especial a este enclave no es únicamente su belleza, sino también su dificultad. La Fervenza da Graña carece de señalización y de accesos acondicionados, lo que explica en buena medida por qué sigue siendo una gran desconocida incluso dentro de Galicia. Llegar hasta ella implica adentrarse en un entorno prácticamente virgen, donde los senderos se diluyen entre la vegetación.. El recorrido comienza habitualmente en A Estrada, desde donde se toma la carretera EP-7001 en dirección a Forcarei hasta alcanzar la aldea de A Graña. Allí es necesario dejar el vehículo y continuar a pie, cruzando el núcleo rural para adentrarse en un camino que alterna zonas abiertas con tramos de bosque de robles y castaños. A medida que se desciende, el sonido del agua comienza a guiar al visitante.. Uno de los puntos clave del trayecto es una antigua pontella de piedra, hoy deteriorada, que permite cruzar el río. A partir de ahí, el camino discurre por la orilla hasta alcanzar un pequeño embalse artificial vinculado a una antigua central hidroeléctrica, cuyos restos aún son visibles en la zona.. Más adelante, tras superar este primer salto de agua menor, aparece finalmente la cascada principal. Desde arriba impresiona, pero es al pie de la caída donde el visitante comprende la dimensión real del enclave: una pared de roca vertical por la que el agua se precipita con fuerza en un entorno cerrado, casi íntimo.. El recorrido permite, además, descubrir elementos etnográficos singulares como la alvariza da Graña, una construcción tradicional destinada a proteger las colmenas de abejas frente a depredadores.
Esta caída de 20 metros en la serra do Candán, sin señalización y con acceso complejo, recompensa a quienes se atreven a descubrirla
En una Galicia donde cada vez quedan menos rincones por explorar, aún sobrevive alguno que escapa a los circuitos habituales y que mantiene intacto su carácter. Uno de ellos es la Fervenza da Graña, una de las cascadas más espectaculares, y a la vez más desconocidas, de la provincia de Pontevedra. Oculta en el municipio de Forcarei, este salto de agua se ha convertido en un pequeño tesoro reservado para senderistas que buscan algo más que una ruta señalizada.. Situada en las inmediaciones de la aldea de A Graña, dentro de la parroquia de Madanela de Montes, la fervenza se forma en el Rego do Porto, un afluente del río Deza que desciende desde las alturas del Alto do Couto, a más de 900 metros. El resultado es un salto vertical de entre 17 y 20 metros que cae con fuerza sobre una pared rocosa en pleno valle de los Montes do Testeiro.. Pero lo que hace especial a este enclave no es únicamente su belleza, sino también su dificultad. La Fervenza da Graña carece de señalización y de accesos acondicionados, lo que explica en buena medida por qué sigue siendo una gran desconocida incluso dentro de Galicia. Llegar hasta ella implica adentrarse en un entorno prácticamente virgen, donde los senderos se diluyen entre la vegetación.. El recorrido comienza habitualmente en A Estrada, desde donde se toma la carretera EP-7001 en dirección a Forcarei hasta alcanzar la aldea de A Graña. Allí es necesario dejar el vehículo y continuar a pie, cruzando el núcleo rural para adentrarse en un camino que alterna zonas abiertas con tramos de bosque de robles y castaños. A medida que se desciende, el sonido del agua comienza a guiar al visitante.. Uno de los puntos clave del trayecto es una antigua pontella de piedra, hoy deteriorada, que permite cruzar el río. A partir de ahí, el camino discurre por la orilla hasta alcanzar un pequeño embalse artificial vinculado a una antigua central hidroeléctrica, cuyos restos aún son visibles en la zona.. Más adelante, tras superar este primer salto de agua menor, aparece finalmente la cascada principal. Desde arriba impresiona, pero es al pie de la caída donde el visitante comprende la dimensión real del enclave: una pared de roca vertical por la que el agua se precipita con fuerza en un entorno cerrado, casi íntimo.. El recorrido permite, además, descubrir elementos etnográficos singulares como la alvariza da Graña, una construcción tradicional destinada a proteger las colmenas de abejas frente a depredadores.
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