La pequeña capilla de piedra apenas llama la atención entre los árboles. A uno de sus costados, dos antiguos sarcófagos de granito permanecen semienterrados bajo las copas de unos alcornoques centenarios. Son testigos de un pasado que alimenta uno de los enigmas de la historia religiosa de Galicia: el posible enterramiento de Prisciliano, el obispo ejecutado por herejía hace más de 1.600 años. La leyenda sitúa sus restos precisamente aquí, en Os Martores, una pequeña aldea del municipio pontevedrés de Valga.. El misterio ha sobrevivido al paso de los siglos en un entorno donde cada época parece haber dejado su huella. Altares romanos, enterramientos medievales y tradiciones religiosas se entremezclan en este rincón del Baixo Ulla, que guarda además otro tesoro a pocos kilómetros: un bosque atravesado por cascadas, senderos y antiguos molinos de agua.. La capilla de San Mamede, también conocida como capela dos Martores, es una construcción de apariencia sencilla, con muros de piedra, planta rectangular y una pequeña espadaña que corona su fachada. Sus orígenes se remontan a los primeros siglos del cristianismo, entre los siglos IV y V, aunque fue objeto de sucesivas reformas que transformaron su aspecto original.. El enclave ya tenía importancia religiosa antes de la llegada del cristianismo. Durante una restauración apareció un ara romana dedicada al dios Mercurio, mientras que en sus inmediaciones se documentaron restos de una antigua necrópolis, con enterramientos de época sueva y sarcófagos medievales.. Sin embargo, lo que ha dado especial notoriedad a este pequeño templo es su posible vinculación con Prisciliano, una de las figuras más controvertidas del cristianismo primitivo.. Obispo de Ávila y líder de un movimiento religioso que se extendió por diferentes territorios de Hispania, Prisciliano fue acusado de herejía y ejecutado en Tréveris, en la actual Alemania, en el año 385, por orden del emperador Magno Máximo. Su muerte, junto a la de varios de sus seguidores, provocó una profunda controversia religiosa.. La tradición sostiene que sus restos fueron trasladados a Galicia, donde sus partidarios lo habrían venerado como un mártir. Pero el lugar de su enterramiento nunca ha podido establecerse con certeza.. Una de las hipótesis apunta precisamente a Os Martores. El obispo e investigador José Guerra Campos defendió esta posibilidad en sus estudios sobre los orígenes del cristianismo en Galicia. Entre los argumentos figura el propio nombre de la aldea, que podría proceder de una antigua referencia a los mártires ejecutados junto a Prisciliano.. Cascadas y molinos entre la vegetación. A escasa distancia de Os Martores, el río Valga ofrece una estampa completamente diferente. Las fervenzas de Raxoi, también conocidas como cascadas de Parafita, forman un conjunto de saltos de agua rodeados de una frondosa vegetación que convierte este paraje en uno de los principales atractivos naturales del municipio.. El agua desciende entre rocas cubiertas de musgo, formando pequeñas cascadas y remansos a lo largo de un recorrido en el que aparecen antiguos molinos de piedra. Estas construcciones, utilizadas durante generaciones para aprovechar la fuerza del río y moler el grano, constituyen una valiosa muestra del patrimonio etnográfico gallego.. El itinerario cuenta con pasarelas y escaleras de madera que permiten contemplar los saltos de agua desde diferentes perspectivas. No se trata de una ruta de grandes distancias, aunque algunos tramos presentan desniveles y requieren cierta precaución, especialmente después de las lluvias.. Dos árboles centenarios que también son patrimonio. El entorno de la capilla de San Mamede reserva otra particularidad. Junto a los antiguos sarcófagos crecen dos imponentes alcornoques cuya edad se estima entre 200 y 300 años. Ambos fueron incorporados en noviembre de 2023 al Catálogo gallego de árboles singulares por su valor natural y sus excepcionales dimensiones.. Uno alcanza los 16,8 metros de altura y el otro llega a los 18,9 metros, con copas que proporcionan sombra a buena parte del espacio que rodea el templo. Antiguamente, los vecinos aprovechaban la corteza de estos árboles para fabricar colmenas y tapones de botellas.. En las inmediaciones también se conserva una fuente a la que la tradición popular atribuye propiedades milagrosas.
Una pequeña capilla alimenta la leyenda sobre este enterramiento en un entorno de sepulcros, cascadas y molinos
La pequeña capilla de piedra apenas llama la atención entre los árboles. A uno de sus costados, dos antiguos sarcófagos de granito permanecen semienterrados bajo las copas de unos alcornoques centenarios. Son testigos de un pasado que alimenta uno de los enigmas de la historia religiosa de Galicia: el posible enterramiento de Prisciliano, el obispo ejecutado por herejía hace más de 1.600 años. La leyenda sitúa sus restos precisamente aquí, en Os Martores, una pequeña aldea del municipio pontevedrés de Valga.. El misterio ha sobrevivido al paso de los siglos en un entorno donde cada época parece haber dejado su huella. Altares romanos, enterramientos medievales y tradiciones religiosas se entremezclan en este rincón del Baixo Ulla, que guarda además otro tesoro a pocos kilómetros: un bosque atravesado por cascadas, senderos y antiguos molinos de agua.. La capilla de San Mamede, también conocida como capela dos Martores, es una construcción de apariencia sencilla, con muros de piedra, planta rectangular y una pequeña espadaña que corona su fachada. Sus orígenes se remontan a los primeros siglos del cristianismo, entre los siglos IV y V, aunque fue objeto de sucesivas reformas que transformaron su aspecto original.. El enclave ya tenía importancia religiosa antes de la llegada del cristianismo. Durante una restauración apareció un ara romana dedicada al dios Mercurio, mientras que en sus inmediaciones se documentaron restos de una antigua necrópolis, con enterramientos de época sueva y sarcófagos medievales.. Sin embargo, lo que ha dado especial notoriedad a este pequeño templo es su posible vinculación con Prisciliano, una de las figuras más controvertidas del cristianismo primitivo.. Obispo de Ávila y líder de un movimiento religioso que se extendió por diferentes territorios de Hispania, Prisciliano fue acusado de herejía y ejecutado en Tréveris, en la actual Alemania, en el año 385, por orden del emperador Magno Máximo. Su muerte, junto a la de varios de sus seguidores, provocó una profunda controversia religiosa.. La tradición sostiene que sus restos fueron trasladados a Galicia, donde sus partidarios lo habrían venerado como un mártir. Pero el lugar de su enterramiento nunca ha podido establecerse con certeza.. Una de las hipótesis apunta precisamente a Os Martores. El obispo e investigador José Guerra Campos defendió esta posibilidad en sus estudios sobre los orígenes del cristianismo en Galicia. Entre los argumentos figura el propio nombre de la aldea, que podría proceder de una antigua referencia a los mártires ejecutados junto a Prisciliano.. Cascadas y molinos entre la vegetación. A escasa distancia de Os Martores, el río Valga ofrece una estampa completamente diferente. Las fervenzas de Raxoi, también conocidas como cascadas de Parafita, forman un conjunto de saltos de agua rodeados de una frondosa vegetación que convierte este paraje en uno de los principales atractivos naturales del municipio.. El agua desciende entre rocas cubiertas de musgo, formando pequeñas cascadas y remansos a lo largo de un recorrido en el que aparecen antiguos molinos de piedra. Estas construcciones, utilizadas durante generaciones para aprovechar la fuerza del río y moler el grano, constituyen una valiosa muestra del patrimonio etnográfico gallego.. El itinerario cuenta con pasarelas y escaleras de madera que permiten contemplar los saltos de agua desde diferentes perspectivas. No se trata de una ruta de grandes distancias, aunque algunos tramos presentan desniveles y requieren cierta precaución, especialmente después de las lluvias.. Dos árboles centenarios que también son patrimonio. El entorno de la capilla de San Mamede reserva otra particularidad. Junto a los antiguos sarcófagos crecen dos imponentes alcornoques cuya edad se estima entre 200 y 300 años. Ambos fueron incorporados en noviembre de 2023 al Catálogo gallego de árboles singulares por su valor natural y sus excepcionales dimensiones.. Uno alcanza los 16,8 metros de altura y el otro llega a los 18,9 metros, con copas que proporcionan sombra a buena parte del espacio que rodea el templo. Antiguamente, los vecinos aprovechaban la corteza de estos árboles para fabricar colmenas y tapones de botellas.. En las inmediaciones también se conserva una fuente a la que la tradición popular atribuye propiedades milagrosas.
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