A veces, en Galicia, el tiempo parece avanzar despacio, casi de puntillas, como esos gorriones temerosos que, entre saltitos, buscan algo que picar arrebatados por el miedo a algo que sólo ellos perciben.. Son lugares que pueden pasar inadvertidos. Aldeas diminutas que sobreviven casi en silencio, lejos del ruido de ciudades y grandes carreteras; aferradas a la tierra, a los recuerdos y a una forma de vivir que, sin que nos demos cuenta, parece desvanecerse año tras año. Una de ellas es Marselle, una pequeña aldea del municipio coruñés de Lousame en la que viven apenas seis personas: cuatro hombres y dos mujeres.. Perdida entre montes y pequeñas carreteras de la comarca de Noia, Marselle resiste como uno de esos rincones casi invisibles del mapa de Galicia. Según los últimos datos disponibles, ocupa una superficie delimitada de apenas 12.700 metros cuadrados. Situada a 319 metros sobre el nivel del mar y a unos cinco kilómetros de la capital municipal, el lugar mantiene la tranquilidad de las aldeas que parecen suspendidas en en el tiempo.. El paisaje que rodea Marselle es el de esa Galicia verde y húmeda. Pequeñas pistas atraviesan bosques, fincas y prados donde aún sobreviven nombres tradicionales que hablan de siglos de historia popular y oral: O Campo, As Gandariñas, Fonte de Marselle o A Granza son algunos de los topónimos que identifican rincones del lugar.. Huellas de la historia. Pero Marselle no es únicamente un símbolo de la despoblación rural gallega. También guarda cicatrices de la historia. Muy cerca de la aldea se encuentran dos cruces de caminos conocidas como A Cruz de Marselle y A Cruz da Armada, escenarios de ejecuciones durante la Guerra Civil española. Allí fueron asesinadas varias personas vinculadas a la represión franquista en la zona.. Entre los episodios que todavía permanecen en la memoria histórica local destaca el asesinato, el 24 de febrero de 1938, de María Josefa Becerra Laíño, de 48 años, por esconder en su casa al minero Perfecto Vilas. Ambos aparecieron muertos en la Cruz de Marselle tras ser ejecutados a tiros. Ese mismo día también fue asesinado el joven jornalero Antonio Vilas Romero, de solo 18 años.. Parte de Lousame. Marselle forma parte del municipio de Lousame, uno de esos concellos del interior de Barbanza donde el poblamiento sigue muy disperso. Actualmente, Lousame cuenta con alrededor de 3.400 habitantes repartidos en decenas de pequeños núcleos rurales. De hecho, el municipio agrupa más de 80 aldeas y ninguna supera los 250 vecinos.. La historia de Lousame está profundamente ligada al rural gallego. El municipio conserva restos prehistóricos, castros y antiguos monasterios medievales que reflejan siglos de ocupación humana.. Durante buena parte del siglo XX, además, la actividad minera marcó la vida de la zona gracias a las históricas Minas de San Finx, donde se explotó wolframio en plena Segunda Guerra Mundial. Aquella actividad atrajo a cientos de trabajadores y provocó un importante crecimiento demográfico en el municipio.. Sin embargo, como ocurrió en gran parte de Galicia interior, el paso de las décadas trajo consigo emigración, envejecimiento y pérdida constante de población. Lousame alcanzó más de 6.500 habitantes en los años cincuenta, impulsado por la minería, pero desde entonces el descenso ha sido continuo. Hoy, aldeas como Marselle representan la última resistencia de un modelo de vida que durante siglos definió parte de Galicia.. A pesar de ello, quienes permanecen en estos lugares siguen defendiendo un modo de vida vinculado al territorio, a la naturaleza y a la tranquilidad. En un momento en el que muchos aspiran a escapar de las ciudades y recuperar el contacto con entornos rurales, pequeñas aldeas como Marselle despiertan interés, entre otras cosas, por conservar esa Galicia que sigue respirando lejos de los grandes núcleos urbanos.
Apenas suma seis habitantes, pero conserva esa memoria de la Galicia rural, mezcla de caminos y leyendas perdidas entre bosques
A veces, en Galicia, el tiempo parece avanzar despacio, casi de puntillas, como esos gorriones temerosos que, entre saltitos, buscan algo que picar arrebatados por el miedo a algo que sólo ellos perciben.. Son lugares que pueden pasar inadvertidos. Aldeas diminutas que sobreviven casi en silencio, lejos del ruido de ciudades y grandes carreteras; aferradas a la tierra, a los recuerdos y a una forma de vivir que, sin que nos demos cuenta, parece desvanecerse año tras año. Una de ellas es Marselle, una pequeña aldea del municipio coruñés de Lousame en la que viven apenas seis personas: cuatro hombres y dos mujeres.. Perdida entre montes y pequeñas carreteras de la comarca de Noia, Marselle resiste como uno de esos rincones casi invisibles del mapa de Galicia. Según los últimos datos disponibles, ocupa una superficie delimitada de apenas 12.700 metros cuadrados. Situada a 319 metros sobre el nivel del mar y a unos cinco kilómetros de la capital municipal, el lugar mantiene la tranquilidad de las aldeas que parecen suspendidas en en el tiempo.. El paisaje que rodea Marselle es el de esa Galicia verde y húmeda. Pequeñas pistas atraviesan bosques, fincas y prados donde aún sobreviven nombres tradicionales que hablan de siglos de historia popular y oral: O Campo, As Gandariñas, Fonte de Marselle o A Granza son algunos de los topónimos que identifican rincones del lugar.. Huellas de la historia. Pero Marselle no es únicamente un símbolo de la despoblación rural gallega. También guarda cicatrices de la historia. Muy cerca de la aldea se encuentran dos cruces de caminos conocidas como A Cruz de Marselle y A Cruz da Armada, escenarios de ejecuciones durante la Guerra Civil española. Allí fueron asesinadas varias personas vinculadas a la represión franquista en la zona.. Entre los episodios que todavía permanecen en la memoria histórica local destaca el asesinato, el 24 de febrero de 1938, de María Josefa Becerra Laíño, de 48 años, por esconder en su casa al minero Perfecto Vilas. Ambos aparecieron muertos en la Cruz de Marselle tras ser ejecutados a tiros. Ese mismo día también fue asesinado el joven jornalero Antonio Vilas Romero, de solo 18 años.. Parte de Lousame. Marselle forma parte del municipio de Lousame, uno de esos concellos del interior de Barbanza donde el poblamiento sigue muy disperso. Actualmente, Lousame cuenta con alrededor de 3.400 habitantes repartidos en decenas de pequeños núcleos rurales. De hecho, el municipio agrupa más de 80 aldeas y ninguna supera los 250 vecinos.. La historia de Lousame está profundamente ligada al rural gallego. El municipio conserva restos prehistóricos, castros y antiguos monasterios medievales que reflejan siglos de ocupación humana.. Durante buena parte del siglo XX, además, la actividad minera marcó la vida de la zona gracias a las históricas Minas de San Finx, donde se explotó wolframio en plena Segunda Guerra Mundial. Aquella actividad atrajo a cientos de trabajadores y provocó un importante crecimiento demográfico en el municipio.. Sin embargo, como ocurrió en gran parte de Galicia interior, el paso de las décadas trajo consigo emigración, envejecimiento y pérdida constante de población. Lousame alcanzó más de 6.500 habitantes en los años cincuenta, impulsado por la minería, pero desde entonces el descenso ha sido continuo. Hoy, aldeas como Marselle representan la última resistencia de un modelo de vida que durante siglos definió parte de Galicia.. A pesar de ello, quienes permanecen en estos lugares siguen defendiendo un modo de vida vinculado al territorio, a la naturaleza y a la tranquilidad. En un momento en el que muchos aspiran a escapar de las ciudades y recuperar el contacto con entornos rurales, pequeñas aldeas como Marselle despiertan interés, entre otras cosas, por conservar esa Galicia que sigue respirando lejos de los grandes núcleos urbanos.
Noticias de Galicia: última hora y actualidad de A Coruña, Vigo, Lugo, Santiago de Compostela
