Julian Barnes forma parte de lo que el editor Jorge Herralde calificó como «dream team», esa generación de autores británicos que supieron convertirse en referentes de muchos lectores. A sus 80 años, Barnes dice adiós a todos los que lo leen con un libro que no podía llevar otro título, «Despedidas», y que acaba de publicar Anagrama. El escritor, que está hoy en Barcelona para participar en el Festival En otras palabras que organiza CaixaForum Barcelona, tuvo previamente un encuentro con los medios en el que empezó mostrando su alegría por la victoria del Barça en la liga. «Cuando llegaron las noticias de que el Barcelona había ganado la liga frente Real Madrid generó mucha alegría porque en Inglaterra se considera como el segundo equipo para muchos», dijo.. Pero Barnes no vino a hablar de fútbol sino de su adiós, de las últimas líneas de su libro en las que dice a sus fieles que «espero que hayas disfrutado de nuestra relación a lo largo de los años. Yo desde luego que sí. Tu presencia ha sido un placer; de hecho, no sería nada sin ti». En este sentido el autor de «Elizabeth Finch» reconoció que tras despedirse por escritor «me siento bien. No fue decisión sencilla. Empecé a escribir este libro sin saber si sería el último o que lo dejaría por un tiempo sin acabar hasta después de mi muerte. Pensé que lo debía acabarlo. La verdad es que no sé que se siente al ser el último. He sido periodista y escritor de ficción y seguramente seguiré con ensayos y críticas si me lo piden. Pero cuando has dicho todo y has tocado todas melodías ya está. He escrito sobre todo y he dicho todo lo que debía hacer. Es eso». Y puso como ejemplo a su amigo y compañero de letras Ian McEwan, otro destacado miembro del «dream team». «Cuando le dijo a su mujer que dejaba de escribir esta preguntó que qué es lo que haría todo el día. Pues me pasa igual. No me he preguntado aún qué haré. Por ahora viajo, pero no tengo una sensación de pérdida. Creo que dejarlo aquí es lo correcto. “Perdonadme, pero era una broma” será el título del siguiente libro si escribo uno nuevo», aseguró.. En esta posibilidad de seguir al pie del cañón, aunque dedicado a la no ficción, Julian Barnes si que descartó basarse en la actualidad más inmediata, en la dureza y oscuridad del mundo que nos está tocando vivir. «Nunca he sido un escritor inspirado por una cosa que pase de manera inmediata en las noticias. Lo que me inspiran son la cosas que pasaron hace tiempo, ya sea a mi o en la historia. Una vez alguien un autor me dijo que había una diferencia entre él y yo: tú eres más Flaubert y yo más Zola. No creo que no escriba sobre hoy, pero lo que pasa hoy ya pasó antes. Creo que hay una gran novela sobre Trump, pero no soy quién para escribirla. Soy consciente de mi talento, por lo que no haré un libro de ficción sobre la situación actual», aseguró a la vez que reivindicaba el humor. Y es que no se puede olvidar que, en palabras de nuestro protagonista, «Shakespeare mezcla géneros: siempre hay un personaje loco y cómico que dice la verdad. De mí hablan como un escritor híbrido. Ser divertido es una buena manera de ser serio. Ese es un enfoque muy inglés».. Hablábamos antes del final perfecto con el que Barnes pone punto y final a «Despedidas». No fue nada fácil llegar hasta allí, como él mismo aseguró el responsable de títulos como «Mirando al sol» o «Hablando del asunto»: «Siempre escribo y reescribo, reviso. A veces descubro la historia en un borrador y la llevo a primera línea. La página que me ha llevado más reescritura fue la última por peso y ritmo de las frases, porque estoy con alguien que le gusta mis libros y me estoy despidiendo. Fui ajustando, ajustando. Es mi libro más convencional, una conversación con el lector. No creo en decirle al lector cómo es el mundo y cómo vivir. Siempre he tenido al lector a mi lado, pensando que la persona me escuchaba. A veces resulta difícil describir el proceso y olvidas cómo llegaste a la decisión final que tomaste, pero lo que era evidente es que esta era la página más importante en el libro».. ¿Y Julian Barnes ha encontrado, tras cerrar su último libro, la fórmula para una buena despedida? «No lo sé», admitió para agregar que para contestar bien a esa cuestión debería morirse. Cuando eso ocurra, ojalá que dentro de mucho tiempo, «volveré y os lo contaré. Uno no puede planificar su muerte. Recuerdo que las últimas palabras famosas son de un aristócrata inglés que le dijo a su esposa: “nos queda poca mermelada”. Me parece fantástico decir un pensamiento tan trivial en ese momento final. Por eso creo que las últimas que diré serán para preguntar quién ha ganado la copa del mundo».. Y para cerrar, para despedirnos, dejemos que Julian Barnes cuente para qué escribe una de las obras más estimulantes de las letras británicas contemporáneas: «No escribo para sentirme mejor o escapar de un problema. Escribo para decir así lo veo y podéis discrepar conmigo. No escribo para buscar consuelo en la muerte».
El escritor británico dice adiós a la literatura con «Despedidas»
Julian Barnes forma parte de lo que el editor Jorge Herralde calificó como «dream team», esa generación de autores británicos que supieron convertirse en referentes de muchos lectores. A sus 80 años, Barnes dice adiós a todos los que lo leen con un libro que no podía llevar otro título, «Despedidas», y que acaba de publicar Anagrama. El escritor, que está hoy en Barcelona para participar en el Festival En otras palabras que organiza CaixaForum Barcelona, tuvo previamente un encuentro con los medios en el que empezó mostrando su alegría por la victoria del Barça en la liga. «Cuando llegaron las noticias de que el Barcelona había ganado la liga frente Real Madrid generó mucha alegría porque en Inglaterra se considera como el segundo equipo para muchos», dijo.. Pero Barnes no vino a hablar de fútbol sino de su adiós, de las últimas líneas de su libro en las que dice a sus fieles que «espero que hayas disfrutado de nuestra relación a lo largo de los años. Yo desde luego que sí. Tu presencia ha sido un placer; de hecho, no sería nada sin ti». En este sentido el autor de «Elizabeth Finch» reconoció que tras despedirse por escritor «me siento bien. No fue decisión sencilla. Empecé a escribir este libro sin saber si sería el último o que lo dejaría por un tiempo sin acabar hasta después de mi muerte. Pensé que lo debía acabarlo. La verdad es que no sé que se siente al ser el último. He sido periodista y escritor de ficción y seguramente seguiré con ensayos y críticas si me lo piden. Pero cuando has dicho todo y has tocado todas melodías ya está. He escrito sobre todo y he dicho todo lo que debía hacer. Es eso». Y puso como ejemplo a su amigo y compañero de letras Ian McEwan, otro destacado miembro del «dream team». «Cuando le dijo a su mujer que dejaba de escribir esta preguntó que qué es lo que haría todo el día. Pues me pasa igual. No me he preguntado aún qué haré. Por ahora viajo, pero no tengo una sensación de pérdida. Creo que dejarlo aquí es lo correcto. “Perdonadme, pero era una broma” será el título del siguiente libro si escribo uno nuevo», aseguró.. En esta posibilidad de seguir al pie del cañón, aunque dedicado a la no ficción, Julian Barnes si que descartó basarse en la actualidad más inmediata, en la dureza y oscuridad del mundo que nos está tocando vivir. «Nunca he sido un escritor inspirado por una cosa que pase de manera inmediata en las noticias. Lo que me inspiran son la cosas que pasaron hace tiempo, ya sea a mi o en la historia. Una vez alguien un autor me dijo que había una diferencia entre él y yo: tú eres más Flaubert y yo más Zola. No creo que no escriba sobre hoy, pero lo que pasa hoy ya pasó antes. Creo que hay una gran novela sobre Trump, pero no soy quién para escribirla. Soy consciente de mi talento, por lo que no haré un libro de ficción sobre la situación actual», aseguró a la vez que reivindicaba el humor. Y es que no se puede olvidar que, en palabras de nuestro protagonista, «Shakespeare mezcla géneros: siempre hay un personaje loco y cómico que dice la verdad. De mí hablan como un escritor híbrido. Ser divertido es una buena manera de ser serio. Ese es un enfoque muy inglés».. Hablábamos antes del final perfecto con el que Barnes pone punto y final a «Despedidas». No fue nada fácil llegar hasta allí, como él mismo aseguró el responsable de títulos como «Mirando al sol» o «Hablando del asunto»: «Siempre escribo y reescribo, reviso. A veces descubro la historia en un borrador y la llevo a primera línea. La página que me ha llevado más reescritura fue la última por peso y ritmo de las frases, porque estoy con alguien que le gusta mis libros y me estoy despidiendo. Fui ajustando, ajustando. Es mi libro más convencional, una conversación con el lector. No creo en decirle al lector cómo es el mundo y cómo vivir. Siempre he tenido al lector a mi lado, pensando que la persona me escuchaba. A veces resulta difícil describir el proceso y olvidas cómo llegaste a la decisión final que tomaste, pero lo que era evidente es que esta era la página más importante en el libro».. ¿Y Julian Barnes ha encontrado, tras cerrar su último libro, la fórmula para una buena despedida? «No lo sé», admitió para agregar que para contestar bien a esa cuestión debería morirse. Cuando eso ocurra, ojalá que dentro de mucho tiempo, «volveré y os lo contaré. Uno no puede planificar su muerte. Recuerdo que las últimas palabras famosas son de un aristócrata inglés que le dijo a su esposa: “nos queda poca mermelada”. Me parece fantástico decir un pensamiento tan trivial en ese momento final. Por eso creo que las últimas que diré serán para preguntar quién ha ganado la copa del mundo».. Y para cerrar, para despedirnos, dejemos que Julian Barnes cuente para qué escribe una de las obras más estimulantes de las letras británicas contemporáneas: «No escribo para sentirme mejor o escapar de un problema. Escribo para decir así lo veo y podéis discrepar conmigo. No escribo para buscar consuelo en la muerte».
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