La forma de vestir siempre ha sido un aspecto clave en el ámbito laboral porque no solo se asociaba a la imagen profesional, sino que también se hacía con el sentido de pertenencia a a un sector, el respeto por el puesto de trabajo y la identidad de cada oficio. En muchos entornos, desde la hostelería hasta el comercio o la administración, la ropa de trabajo ha sido fundamental para transmitir confianza, orden y seriedad, convirtiéndose en un elemento esencial de la imagen corporativa y de la comunicación no verbal dentro de la empresa.. Ver al trabajador de un banco sin vestir de traje era un imposible años atrás. Aunque hoy predomina una mayor flexibilidad en muchos sectores, para la amplia mayoría sigue siendo fundamental cuidar la imagen profesional para proyectar credibilidad y fortalecer la marca personal. No está nada de acuerdo no esa afirmación el conocido empresario José Elías, propietario de empresas como La Sirena o Audax renovables.. Cómo debe vestir un empresario. El ahora multimillonario empresario recuerda sus inicios: «Cuando monté mi primera empresa, siempre vestía de traje. Pensaba que tenía que aparentar seriedad». Años después, cree que todo aquello fue un error: «Hoy tengo claro que hay que ser natural». José Elías pide romper esta idea: «No hace falta parecer importante para ser un profesional. Deja de esconderte detrás de un disfraz de empresario serio. A mí me pasaba».. Vestir de traje es un error. Usar esta vestimenta formal suele ser la tónica en los altos cargos de las empresas y él empezó haciéndolo así y explica el motivo: «Cuando monté mi primera empresa, siempre vestía de traje. Yo no soy el tío más alto del mundo, es evidente. Y encima he tenido cara de niño toda mi vida». Lo utilzaba como una forma de hacerse fuerte: «Con 20 años era ingeniero y tenía que mandar a la gente, pero pasaban de mí. Así que me vestía de forma súper seria para intentar que me miraran de otra forma. Intentaba compensar lo que creía que me faltaba con una apariencia que no era la mía».. Se lamenta se haber actuado así y pide a los empresarios no hacerlo si no es así su forma de ser: «Es un error: ocultas quién eres, pierdes el orgullo por lo que haces, te alejas de la realidad de tu negocio». Explica que la verdadera importancia y el valor real está en el propio negocio, no en la apariencia: «Si lo que estás haciendo mola, muéstrate. No hace falta una corbata para demostrar que sabes de lo que hablas».. José Elías lanza su recomendación, basada en su experiencia de años atrás: «Hoy tengo claro que hay que ser natural. Sin disfraces ni discursos falsos. Vende un servicio de calidad, sé cercano y la gente te respetará por lo que haces». Sentencia explicando que no vestir de traja no debe ser motivo de vergüenza: «Sé tú mismo y enorgullécete de ello».. La importancia de la vestimenta. Pese a este cambio de tendencia, la imagen sigue teniendo un impacto directo en la percepción del trabajador. La vestimenta continúa siendo una forma de comunicación no verbal que influye en la confianza, la credibilidad y la autoridad que proyecta una persona dentro de su entorno laboral. Más allá de la formalidad, lo relevante es la coherencia entre la imagen y el rol profesional que se desempeña.. La clave ya no está en vestir de traje o no, sino en saber adaptarse al contexto. No es lo mismo liderar una reunión con inversores que trabajar en un entorno creativo o tecnológico. La vestimenta, lejos de desaparecer como elemento relevante, evoluciona hacia un modelo más flexible donde prima el equilibrio entre identidad personal y exigencias profesionales.
El empresario cuenta actualmente con una fortuna millonaria y es propietario empresas como La Sirena o Audax Renovables
La forma de vestir siempre ha sido un aspecto clave en el ámbito laboral porque no solo se asociaba a la imagen profesional, sino que también se hacía con el sentido de pertenencia a a un sector, el respeto por el puesto de trabajo y la identidad de cada oficio. En muchos entornos, desde la hostelería hasta el comercio o la administración, la ropa de trabajo ha sido fundamental para transmitir confianza, orden y seriedad, convirtiéndose en un elemento esencial de la imagen corporativa y de la comunicación no verbal dentro de la empresa.. Ver al trabajador de un banco sin vestir de traje era un imposible años atrás. Aunque hoy predomina una mayor flexibilidad en muchos sectores, para la amplia mayoría sigue siendo fundamental cuidar la imagen profesional para proyectar credibilidad y fortalecer la marca personal. No está nada de acuerdo no esa afirmación el conocido empresario José Elías, propietario de empresas como La Sirena o Audax renovables.. Cómo debe vestir un empresario. El ahora multimillonario empresario recuerda sus inicios: «Cuando monté mi primera empresa, siempre vestía de traje. Pensaba que tenía que aparentar seriedad». Años después, cree que todo aquello fue un error: «Hoy tengo claro que hay que ser natural». José Elías pide romper esta idea: «No hace falta parecer importante para ser un profesional. Deja de esconderte detrás de un disfraz de empresario serio. A mí me pasaba».. Vestir de traje es un error. Usar esta vestimenta formal suele ser la tónica en los altos cargos de las empresas y él empezó haciéndolo así y explica el motivo: «Cuando monté mi primera empresa, siempre vestía de traje.Yo no soy el tío más alto del mundo, es evidente. Y encima he tenido cara de niño toda mi vida». Lo utilzaba como una forma de hacerse fuerte: «Con 20 años era ingeniero y tenía que mandar a la gente, pero pasaban de mí. Así que me vestía de forma súper seria para intentar que me miraran de otra forma. Intentaba compensar lo que creía que me faltaba con una apariencia que no era la mía».. Se lamenta se haber actuado así y pide a los empresarios no hacerlo si no es así su forma de ser: «Es un error: ocultas quién eres, pierdes el orgullo por lo que haces, te alejas de la realidad de tu negocio». Explica que la verdadera importancia y el valor real está en el propio negocio, no en la apariencia: «Si lo que estás haciendo mola, muéstrate. No hace falta una corbata para demostrar que sabes de lo que hablas».. José Elías lanza su recomendación, basada en su experiencia de años atrás: «Hoy tengo claro que hay que ser natural. Sin disfraces ni discursos falsos. Vende un servicio de calidad, sé cercano y la gente te respetará por lo que haces». Sentencia explicando que no vestir de traja no debe ser motivo de vergüenza: «Sé tú mismo y enorgullécete de ello».. La importancia de la vestimenta. Pese a este cambio de tendencia, la imagen sigue teniendo un impacto directo en la percepción del trabajador. La vestimenta continúa siendo una forma de comunicación no verbal que influye en la confianza, la credibilidad y la autoridad que proyecta una persona dentro de su entorno laboral. Más allá de la formalidad, lo relevante es la coherencia entre la imagen y el rol profesional que se desempeña.. La clave ya no está en vestir de traje o no, sino en saber adaptarse al contexto. No es lo mismo liderar una reunión con inversores que trabajar en un entorno creativo o tecnológico. La vestimenta, lejos de desaparecer como elemento relevante, evoluciona hacia un modelo más flexible donde prima el equilibrio entre identidad personal y exigencias profesionales.
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