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  Cultura  Iñaki «Uoho»: «No soy consciente de la importancia de lo que Robe y yo hicimos»
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Iñaki «Uoho»: «No soy consciente de la importancia de lo que Robe y yo hicimos»

2 de marzo de 2026
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[[LINK:INTERNO|||Article|||633c1f8e1eb5b0e43d5fa88d|||Iñaki «Uoho» Antón]] (Bilbao, 1964), quien no necesita ser presentado, y Jaime Moreno (Cádiz, 1986), miembro del grupo de rock The Electric Alley, son las cabezas pensantes de la jovencísima Rebrote, banda de la que también forman parte el bajista y el batería de Extremoduro, Miguel Colino y José Ignacio Cantera, además del guitarrista Jaime Tejedor y el pianista Íñigo López. Acaban de publicar su primer disco, «Rebrote», magnífico, y aunque ahora andan de gira por España (todas las entradas agotadas para el concierto del 6 de marzo en la sala But de Madrid), están deseosos de ponerse a trabajar en el material que conformará su segundo álbum. Al margen de los dos grandes grupos en los que Uoho ha militado, Platero y Tú y Extremoduro, su trayectoria en solitario ha necesitado de tres nombres, Inconscientes, Uoho y, ahora, Rebrote. Pero, ojo, porque el bilbaíno advierte que no estamos ante un nuevo Iñaki Antón y Amigos, sino frente a una sociedad creativa formada de manera igualitaria por él y por Moreno: «En Platero, el 99 % de la labor creativa la hacíamos Fito [Cabrales] y yo –explica–, y en Extremoduro curraba con Robe. En Inconscientes, con Jon [Calvo], y ahora curro con el Moreno. No sé si mi nombre puede pesar más porque llevo más tiempo en la carretera, pero el proyecto es conjunto y no quisiera que se confundiera con un proyecto personal mío». En la banda Uoho, Iñaki se atrevió a cantar y salió incólume (un guitarra solista que canta es infrecuente por el grado de dificultad de la empresa). La llegada de Moreno a este nuevo grupo hace que se pueda volver a concentrar plenamente en su instrumento. ¿Cree que los seguidores del guitarrista que es lo van a agradecer, pues va a estar más fino? «Desde luego que sí –responde–. Van a agradecer las dos cosas. Ante todo, en directo: un cantante con un gran instrumento y un gran manejo de él, de su voz, que es Moreno, y un guitarrista, yo, que está a lo que está». Moreno ha saltado de cantar en inglés en el grupo The Electric Alley a juntarse con Uoho, ¿cómo se gestó la idea? «A distancia –señala el gaditano– y a través de un amigo común, un constructor de guitarras que vive en Cádiz. Un día hablamos de Iñaki y le dije que yo le había escuchado toda mi vida y que me parecía que tenía una carrera admirable. Entonces él contactó con Iñaki y le dijo que por qué no me reclutaba, entre comillas, ya que él pensaba que podía salir una relación artística guay. Y, bueno, a la vista está que lo hemos hecho germinar, sí». ¿Su intención es hacer como Iñaki cuando simultaneaba Extremoduro y Platero y Tú, en este caso con Rebrote y The Electric Alley? «Pues esa es una muy buena respuesta a tu pregunta –dice–. Sí, yo me fijo mucho en Iñaki y entiendo muy bien su fórmula vital y cómo ha culebreado, digamos, entre varios bosquejos para cumplir sus sueños. ¿Y por qué no? Lo que pasa es que no sé cuándo voy a hacer una cosa y cuándo la otra. Ahora mismo estoy haciendo esto y estoy superfeliz, y quiero hacerlo muchos años. ¿Estoy enamorado del grupo? Sí, claro que sí, muy enamorado. Al igual que lo estoy también de The Electric Alley, ¿eh?, esto no es una monogamia».. «Me fijo mucho en Iñaki y entiendo muy bien su fórmula vital y cómo ha culebreado para cumplir sus sueños», señala Moreno. Iñaki ha estado muy fastidiado de salud. Tras saberse de su covid persistente tuvo dos sustos, el corazón y los pulmones. ¿Se siente un poco como un resucitado? «Ja, ja, ja. ¡Y el riñón! –añade–. Pues sí, no lo había pensado, pero sí. Hace 15 días le decía a María [su mujer]: “Qué envidia me dan las enfermeras, la gente que anda por el pasillo, que trabaja y vuelve a su casa”. Porque, fíjate, caminar y hacer tus actividades lo veía como algo inalcanzable y mira, ahora lo estoy haciendo. Me siento un resucitado, sí. No sé si un resucitado de entre los muertos o un regresado de un sitio extraño». ¿Llegó a sentir a la muerte de cerca, le asusta la idea de la muerte? «Mmmm. No, no pensé en eso, aunque no sé si estaba bien pensado. Y respecto al miedo a la muerte, a medida que me voy haciendo mayor, menos me asusta –sentencia–. Cada vez acepto un poquito mejor lo que somos y el destino y la función en la vida. No, no le tengo demasiado miedo para la enfermedad tan grave que es morirse», ironiza.. «Si se organizara un acto institucional en honor de Extremoduro tendría que pensar si me apetece», dice Iñaki. A propósito de Robe. Es del dominio público que Uoho y Robe estaban distanciados. Su amistad, hermandad, mejor dicho, desapareció al cabo de 30 años. ¿Eso ha impedido que sintiera su muerte como si se hubiera producido cuando estaban estrechamente unidos o el golpe ha sido el mismo? «El golpe ha sido el mismo –responde, categórico–. Similar. Me ha sorprendido hasta a mí». ¿Cuánto de Uoho murió el pasado 10 de diciembre? ¿Cuántas cosas se removieron ahí arriba? «Se removieron cientos de cosas –contesta, y acto seguido establece un silencio largo antes de añadir–: Espero que ese día no muriera nada de mí, pero sí que se removieron cosas, sí. Muchas. Y la verdad es que todavía no me lo termino de creer». La muerte de Robe ha disparado el consumo de canciones de Extremoduro, de muchas de las cuales Iñaki es corresponsable, y la venta de discos físicos. ¿Es consciente de la eternidad de ese grupo, quizá el más grande que ha dado el rock español? «Realmente no soy consciente de la importancia de lo que Robe y yo hicimos –afirma–. Nuestro trabajo molaba, lo amábamos, disfrutábamos haciendo las canciones, grabándolas, tocando en directo…, pero no acabo de ser consciente de la que hemos liado. Sí te diré que nuestra intención era que mucha gente nos escuchara y viniera a vernos, poder vivir y trabajar de nuestra música. Y si vivíamos bien, mejor. Y siempre, nos fuera lo bien que nos fuera, seguir currando y seguir mejorando. Pero –prosigue– ponernos una clasificación como el primero, segundo o tercer mejor grupo de rock de la historia de España no me cuadra ni me atrevería yo mucho a pensar en ello, aunque los que estáis fuera quizá lo veáis de otra manera. Entiendo que hicimos muchas cosas que molaban, pero hay mucha más gente en el país que también ha hecho mucha música muy interesante». Si se organizase un acto institucional en honor a Extremoduro, ¿participaría? «Si se organizara un acto institucional en honor de Extremoduro tendría que pensar qué es lo que me apetece. Si se organizara ahora, probablemente no me parecería oportuno. Pero pasado un poco el tiempo… No lo sé, no tengo ni idea, la verdad. Pensaría en ello y llegaría a una conclusión. Es que no sé muy bien qué responderte».. Mr. Moreno y un tal Uoho. Por Javier Menéndez Flores. Un trueno y un relámpago lo ocupan todo cada vez que Rebrote sale a escena. Y si tres guitarras eléctricas, un bajo, una batería y un piano abren la boca a un tiempo es normal que el ánimo te cambie en un escaso segundo. Quien ve avanzar hacia sí esa ola loca, esa bulla de acordes y mucho pelo, nota absolutamente cómo la euforia contenida da paso a un tumulto interior, a un derrame de sensaciones que eleva a la persona por más que el cuerpo permanezca bien anclado al suelo.. ¿Es posible dirigir una orquesta moviéndose como las agujas desbocadas de un reloj? Sí, léase Uoho. Sucede que son tantas las horas de vuelo que la batuta ya está incorporada a cada gesto y brinco, a cada muletazo y fuga de emoción. Pero si la máquina rula eficacísimamente es porque esos seis músicos podrán tener los mismos defectos que tú y que yo, pero no saben ejecutar su oficio ajenos a la excelencia. Y así pasa que creen que el amor es un acto de revolución y ven surgir colores hasta en las flores de la verbena. Y cuando no está él, que es ya siempre, solo queda abrazarse a unos días en los que el frío y el hambre eran menos letales porque los combatíais espalda contra espalda y la frente alta, o dando un triple salto mortal sobre las brasas del rechazo o el ninguneo.. Hey, Uoho, lo único crucial aquí son las canciones, el temblor propio que hace tiritar a los otros, el verso y el riff exactísimos, esa lágrima embridada en vena. Y aún puedes sentir sobre ti su mirada al borde del abismo y la voz apenas audible que te suplicaba que las salvases. Y vuelves sin quererlo a cierta vereda trasera y a unas estrellas de neón desde las que te tirabas de cabeza mientras el mundo se ponía en «standby». De aquellos destellos vienen estas aceleraciones, todo este ritmo cegador que consigue empaparte los ojos y las sábanas.. Deambulaba Uoho con sus compinches por las calles de un Bilbao gris plomo casi negro y eran como unos «drugos» desocupados a los que tan solo la música lograba espabilar, y los veranos en un pueblo de Burgos son la película muda de una bicicleta que, bosque adentro, podía llevarte al cielo. Y cada vez que en la memoria de Jaime explota el sabor de la leche al salir del mar, los rostros nítidos de Ignacio y Mari Ángeles le dicen que no está solo. Vivir la adolescencia Cádiz arriba y Conil abajo fue un regalo de los dioses, mientras los yanquis de la base de Rota ejercían de dílers de la mejor música. Y por eso «Father and son» y «Let the music do the talking», benditos sean Cat y Joe, conforman el altar mayor de quien no muda la piel de apache ni en la forzosa oficina.. Empezar de nuevo cumplidos los sesenta y con un río de quirófanos a cuestas puede parecer un dislate, pero quedarse en casa es morirse gota a gota aunque la cena de pasado mañana ya esté pagada. Si quieres citarte con la épica, rema como cuando desconocías si más allá de esa mole de oscuridad había tierra firme. Y suena «Rockin’ all over the world» o la «Sinfonía n. 5» de Beethoven y haces ¡chas! y apareces a la vera de María, donde convergen todos los caminos. Y si le pierdes la pista al eje del salón y te sientes torcido, toca la de que el tiempo no pasara, vamos, donde es mentira, bien lo sabes, que nunca pasó nada.

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Uoho, leyenda del rock español como exmiembro de Extremoduro, charla junto al cantante gaditano Jaime Moreno de Rebrote, su proyecto conjunto, y otros temas

  

Iñaki «Uoho» Antón (Bilbao, 1964), quien no necesita ser presentado, y Jaime Moreno (Cádiz, 1986), miembro del grupo de rock The Electric Alley, son las cabezas pensantes de la jovencísima Rebrote, banda de la que también forman parte el bajista y el batería de Extremoduro, Miguel Colino y José Ignacio Cantera, además del guitarrista Jaime Tejedor y el pianista Íñigo López. Acaban de publicar su primer disco, «Rebrote», magnífico, y aunque ahora andan de gira por España (todas las entradas agotadas para el concierto del 6 de marzo en la sala But de Madrid), están deseosos de ponerse a trabajar en el material que conformará su segundo álbum. Al margen de los dos grandes grupos en los que Uoho ha militado, Platero y Tú y Extremoduro, su trayectoria en solitario ha necesitado de tres nombres, Inconscientes, Uoho y, ahora, Rebrote. Pero, ojo, porque el bilbaíno advierte que no estamos ante un nuevo Iñaki Antón y Amigos, sino frente a una sociedad creativa formada de manera igualitaria por él y por Moreno: «En Platero, el 99 % de la labor creativa la hacíamos Fito [Cabrales] y yo –explica–, y en Extremoduro curraba con Robe. En Inconscientes, con Jon [Calvo], y ahora curro con el Moreno. No sé si mi nombre puede pesar más porque llevo más tiempo en la carretera, pero el proyecto es conjunto y no quisiera que se confundiera con un proyecto personal mío». En la banda Uoho, Iñaki se atrevió a cantar y salió incólume (un guitarra solista que canta es infrecuente por el grado de dificultad de la empresa). La llegada de Moreno a este nuevo grupo hace que se pueda volver a concentrar plenamente en su instrumento. ¿Cree que los seguidores del guitarrista que es lo van a agradecer, pues va a estar más fino? «Desde luego que sí –responde–. Van a agradecer las dos cosas. Ante todo, en directo: un cantante con un gran instrumento y un gran manejo de él, de su voz, que es Moreno, y un guitarrista, yo, que está a lo que está». Moreno ha saltado de cantar en inglés en el grupo The Electric Alley a juntarse con Uoho, ¿cómo se gestó la idea? «A distancia –señala el gaditano– y a través de un amigo común, un constructor de guitarras que vive en Cádiz. Un día hablamos de Iñaki y le dije que yo le había escuchado toda mi vida y que me parecía que tenía una carrera admirable. Entonces él contactó con Iñaki y le dijo que por qué no me reclutaba, entre comillas, ya que él pensaba que podía salir una relación artística guay. Y, bueno, a la vista está que lo hemos hecho germinar, sí». ¿Su intención es hacer como Iñaki cuando simultaneaba Extremoduro y Platero y Tú, en este caso con Rebrote y The Electric Alley? «Pues esa es una muy buena respuesta a tu pregunta –dice–. Sí, yo me fijo mucho en Iñaki y entiendo muy bien su fórmula vital y cómo ha culebreado, digamos, entre varios bosquejos para cumplir sus sueños. ¿Y por qué no? Lo que pasa es que no sé cuándo voy a hacer una cosa y cuándo la otra. Ahora mismo estoy haciendo esto y estoy superfeliz, y quiero hacerlo muchos años. ¿Estoy enamorado del grupo? Sí, claro que sí, muy enamorado. Al igual que lo estoy también de The Electric Alley, ¿eh?, esto no es una monogamia».. «Me fijo mucho en Iñaki y entiendo muy bien su fórmula vital y cómo ha culebreado para cumplir sus sueños», señala Moreno. Iñaki ha estado muy fastidiado de salud. Tras saberse de su covid persistente tuvo dos sustos, el corazón y los pulmones. ¿Se siente un poco como un resucitado? «Ja, ja, ja. ¡Y el riñón! –añade–. Pues sí, no lo había pensado, pero sí. Hace 15 días le decía a María [su mujer]: “Qué envidia me dan las enfermeras, la gente que anda por el pasillo, que trabaja y vuelve a su casa”. Porque, fíjate, caminar y hacer tus actividades lo veía como algo inalcanzable y mira, ahora lo estoy haciendo. Me siento un resucitado, sí. No sé si un resucitado de entre los muertos o un regresado de un sitio extraño». ¿Llegó a sentir a la muerte de cerca, le asusta la idea de la muerte? «Mmmm. No, no pensé en eso, aunque no sé si estaba bien pensado. Y respecto al miedo a la muerte, a medida que me voy haciendo mayor, menos me asusta –sentencia–. Cada vez acepto un poquito mejor lo que somos y el destino y la función en la vida. No, no le tengo demasiado miedo para la enfermedad tan grave que es morirse», ironiza.. «Si se organizara un acto institucional en honor de Extremoduro tendría que pensar si me apetece», dice Iñaki. A propósito de Robe. Es del dominio público que Uoho y Robe estaban distanciados. Su amistad, hermandad, mejor dicho, desapareció al cabo de 30 años. ¿Eso ha impedido que sintiera su muerte como si se hubiera producido cuando estaban estrechamente unidos o el golpe ha sido el mismo? «El golpe ha sido el mismo –responde, categórico–. Similar. Me ha sorprendido hasta a mí». ¿Cuánto de Uoho murió el pasado 10 de diciembre? ¿Cuántas cosas se removieron ahí arriba? «Se removieron cientos de cosas –contesta, y acto seguido establece un silencio largo antes de añadir–: Espero que ese día no muriera nada de mí, pero sí que se removieron cosas, sí. Muchas. Y la verdad es que todavía no me lo termino de creer». La muerte de Robe ha disparado el consumo de canciones de Extremoduro, de muchas de las cuales Iñaki es corresponsable, y la venta de discos físicos. ¿Es consciente de la eternidad de ese grupo, quizá el más grande que ha dado el rock español? «Realmente no soy consciente de la importancia de lo que Robe y yo hicimos –afirma–. Nuestro trabajo molaba, lo amábamos, disfrutábamos haciendo las canciones, grabándolas, tocando en directo…, pero no acabo de ser consciente de la que hemos liado. Sí te diré que nuestra intención era que mucha gente nos escuchara y viniera a vernos, poder vivir y trabajar de nuestra música. Y si vivíamos bien, mejor. Y siempre, nos fuera lo bien que nos fuera, seguir currando y seguir mejorando. Pero –prosigue– ponernos una clasificación como el primero, segundo o tercer mejor grupo de rock de la historia de España no me cuadra ni me atrevería yo mucho a pensar en ello, aunque los que estáis fuera quizá lo veáis de otra manera. Entiendo que hicimos muchas cosas que molaban, pero hay mucha más gente en el país que también ha hecho mucha música muy interesante». Si se organizase un acto institucional en honor a Extremoduro, ¿participaría? «Si se organizara un acto institucional en honor de Extremoduro tendría que pensar qué es lo que me apetece. Si se organizara ahora, probablemente no me parecería oportuno. Pero pasado un poco el tiempo… No lo sé, no tengo ni idea, la verdad. Pensaría en ello y llegaría a una conclusión. Es que no sé muy bien qué responderte».. Mr. Moreno y un tal Uoho. Por Javier Menéndez Flores. Un trueno y un relámpago lo ocupan todo cada vez que Rebrote sale a escena. Y si tres guitarras eléctricas, un bajo, una batería y un piano abren la boca a un tiempo es normal que el ánimo te cambie en un escaso segundo. Quien ve avanzar hacia sí esa ola loca, esa bulla de acordes y mucho pelo, nota absolutamente cómo la euforia contenida da paso a un tumulto interior, a un derrame de sensaciones que eleva a la persona por más que el cuerpo permanezca bien anclado al suelo.. ¿Es posible dirigir una orquesta moviéndose como las agujas desbocadas de un reloj? Sí, léase Uoho. Sucede que son tantas las horas de vuelo que la batuta ya está incorporada a cada gesto y brinco, a cada muletazo y fuga de emoción. Pero si la máquina rula eficacísimamente es porque esos seis músicos podrán tener los mismos defectos que tú y que yo, pero no saben ejecutar su oficio ajenos a la excelencia. Y así pasa que creen que el amor es un acto de revolución y ven surgir colores hasta en las flores de la verbena. Y cuando no está él, que es ya siempre, solo queda abrazarse a unos días en los que el frío y el hambre eran menos letales porque los combatíais espalda contra espalda y la frente alta, o dando un triple salto mortal sobre las brasas del rechazo o el ninguneo.. Hey, Uoho, lo único crucial aquí son las canciones, el temblor propio que hace tiritar a los otros, el verso y el riff exactísimos, esa lágrima embridada en vena. Y aún puedes sentir sobre ti su mirada al borde del abismo y la voz apenas audible que te suplicaba que las salvases. Y vuelves sin quererlo a cierta vereda trasera y a unas estrellas de neón desde las que te tirabas de cabeza mientras el mundo se ponía en «standby». De aquellos destellos vienen estas aceleraciones, todo este ritmo cegador que consigue empaparte los ojos y las sábanas.. Deambulaba Uoho con sus compinches por las calles de un Bilbao gris plomo casi negro y eran como unos «drugos» desocupados a los que tan solo la música lograba espabilar, y los veranos en un pueblo de Burgos son la película muda de una bicicleta que, bosque adentro, podía llevarte al cielo. Y cada vez que en la memoria de Jaime explota el sabor de la leche al salir del mar, los rostros nítidos de Ignacio y Mari Ángeles le dicen que no está solo. Vivir la adolescencia Cádiz arriba y Conil abajo fue un regalo de los dioses, mientras los yanquis de la base de Rota ejercían de dílers de la mejor música. Y por eso «Father and son» y «Let the music do the talking», benditos sean Cat y Joe, conforman el altar mayor de quien no muda la piel de apache ni en la forzosa oficina.. Empezar de nuevo cumplidos los sesenta y con un río de quirófanos a cuestas puede parecer un dislate, pero quedarse en casa es morirse gota a gota aunque la cena de pasado mañana ya esté pagada. Si quieres citarte con la épica, rema como cuando desconocías si más allá de esa mole de oscuridad había tierra firme. Y suena «Rockin’ all over the world» o la «Sinfonía n.° 5» de Beethoven y haces ¡chas! y apareces a la vera de María, donde convergen todos los caminos. Y si le pierdes la pista al eje del salón y te sientes torcido, toca la de que el tiempo no pasara, vamos, donde es mentira, bien lo sabes, que nunca pasó nada.

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