En Venezuela se está cocinando una lenta confrontación entre los ciudadanos y las autoridades. La percibida inacción del Estado ante la emergencia desatada por el doblete sísmico del miércoles pasado ha caldeado los ánimos. Y ya no es solo en redes sociales, sino en persona.Cada vez se producen más escenas protagonizadas por civiles venezolanos reclamando directamente a los uniformados del Ejército o la Guardia Nacional por no ayudar a sacar gente viva de los escombros. «He visto más fusiles aquí que palas». La frase, que le gritó un voluntario en San Bernardino, Caracas, a los guardias que resguardaban el sitio armados, destapó una ola de reclamos similares.En La Guaira es donde más está ocurriendo. Allí, motorizados a los que se les ha tratado de impedir el paso para llevar ayuda a las zonas de desastre han sobrepasado piquetes a punta de multitud. Pero también hay quienes han documentado cómo los militares han llegado a edificios derrumbados, en la zona cero, para mirar y documentar, y ya. Frente a ellos, decenas de personas que durante días han buscado sobrepasar las barreras de los escombros para hallar sobrevivientes.La tragedia de VargasLa imagen de la «tragedia de Vargas» de 1999 está fresca en los venezolanos. Aquella vaguada que destrozó buena parte del mismo estado La Guaira, con inundaciones y aluviones, dejando miles de muertos. En aquella oportunidad, la primera respuesta fue militar: buques de la Armada en la costa descargando maquinaria y subiendo personas rescatadas, helicópteros verde oliva acudiendo al socorro de los afectados, militares ayudando por doquier.Esta vez esas imágenes no se han producido. Pero tampoco demasiadas con los funcionarios de bomberos y Protección Civil nacionales. Quizá la gestión más desafortunada al respecto ha sido justamente la del Gobierno venezolano, frente a sus pares de El Salvador, Ecuador, Estados Unidos o México, por ejemplo, dedicados a difundir los trabajos de sus equipos de salvamento.Y, por si fuera poco, los uniformados han comenzado a ser señalados de llegar a zonas devastadas para entrar en pisos inhabitables y robar pertenencias de las víctimas. Se cuentan por decenas los videos en redes sociales con presuntas evidencias. «Ustedes son unos sinvergüenzas. Son unas ratas, provoca es partirlas en dos. Qué hacen metidos en mi casa. Fuera», grita un vecino de Catia La Mar en un video difundido en Facebook.»Hay gente con vida atrapada»En otro punto de la zona de catástrofe, un numeroso grupo de personas incluso bajó de una excavadora al conductor, acusándolo de querer irse. «Nosotros vamos a operarla directamente porque hay gente con vida allá abajo atrapada y nadie se ha preocupado en sacarlos», dijo una mujer en el sitio. «Ni la policía ni la Guardia N Nacional ayudaron, vinieron a tomarse fotos para decir que estaban trabajando», gritó otro.»Estos desgraciados están probando la paciencia del venezolano», reclamó José Andrade a raíz de una denuncia
En Venezuela se está cocinando una lenta confrontación entre los ciudadanos y las autoridades. La percibida inacción del Estado ante la emergencia desatada por el doblete sísmico del miércoles pasado ha caldeado los ánimos. Y ya no es solo en redes sociales, sino en persona. Cada vez se producen más escenas protagonizadas por civiles venezolanos reclamando directamente a los uniformados del Ejército o la Guardia Nacional por no ayudar a sacar gente viva de los escombros. «He visto más fusiles aquí que palas». La frase, que le gritó un voluntario en San Bernardino, Caracas, a los guardias que resguardaban el sitio armados, destapó una ola de reclamos similares. En La Guaira es donde más está ocurriendo. Allí, motorizados a los que se les ha tratado de impedir el paso para llevar ayuda a las zonas de desastre han sobrepasado piquetes a punta de multitud. Pero también hay quienes han documentado cómo los militares han llegado a edificios derrumbados, en la zona cero, para mirar y documentar, y ya. Frente a ellos, decenas de personas que durante días han buscado sobrepasar las barreras de los escombros para hallar sobrevivientes. La tragedia de Vargas La imagen de la «tragedia de Vargas» de 1999 está fresca en los venezolanos. Aquella vaguada que destrozó buena parte del mismo estado La Guaira, con inundaciones y aluviones, dejando miles de muertos. En aquella oportunidad, la primera respuesta fue militar: buques de la Armada en la costa descargando maquinaria y subiendo personas rescatadas, helicópteros verde oliva acudiendo al socorro de los afectados, militares ayudando por doquier. Esta vez esas imágenes no se han producido. Pero tampoco demasiadas con los funcionarios de bomberos y Protección Civil nacionales. Quizá la gestión más desafortunada al respecto ha sido justamente la del Gobierno venezolano, frente a sus pares de El Salvador, Ecuador, Estados Unidos o México, por ejemplo, dedicados a difundir los trabajos de sus equipos de salvamento. Y, por si fuera poco, los uniformados han comenzado a ser señalados de llegar a zonas devastadas para entrar en pisos inhabitables y robar pertenencias de las víctimas. Se cuentan por decenas los videos en redes sociales con presuntas evidencias. «Ustedes son unos sinvergüenzas. Son unas ratas, provoca es partirlas en dos. Qué hacen metidos en mi casa. Fuera», grita un vecino de Catia La Mar en un video difundido en Facebook. «Hay gente con vida atrapada» En otro punto de la zona de catástrofe, un numeroso grupo de personas incluso bajó de una excavadora al conductor, acusándolo de querer irse. «Nosotros vamos a operarla directamente porque hay gente con vida allá abajo atrapada y nadie se ha preocupado en sacarlos», dijo una mujer en el sitio. «Ni la policía ni la Guardia N Nacional ayudaron, vinieron a tomarse fotos para decir que estaban trabajando», gritó otro. «Estos desgraciados están probando la paciencia del venezolano», reclamó José Andrade a raíz de una
El abandono estatal ante el desastre caldea los ánimos y la desobediencia civil ante miembros del Ejército y la Guardia Nacional, a los que acusan de no ayudar y entorpecer la ayuda externa
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