Nadie discute que Brunete es un pueblo. Estamos en el oeste de la región de Madrid, a 30 kilómetros de la Puerta del Sol, donde esa palabra, pueblo, molesta en otros municipios vecinos más grandes, pero la gente de Brunete la usa, unos con orgullo y otros con resignación. Aquí viven 11.287 personas. No hay centro comercial, ni cines, ni discotecas y el Mercadona cerró hace cinco años para reubicarse en el municipio colindante de Villanueva de la Cañada, más poblado y más rico. Fue un golpe para los brunetenses. El alcalde trató por todos los medios de parar aquella huida e incluso pidió una reunión en Valencia con Juan Roig, el presidente de esos supermercados, pero fue en vano. Seguir leyendo
Los gigantescos planes de expansión de Brunete y otros municipios para acoger a los madrileños empujados fuera de la capital recuerdan a la fiebre del ladrillo
Feed MRSS-S Noticias
Nadie discute que Brunete es un pueblo. Estamos en el oeste de la región de Madrid, a 30 kilómetros de la Puerta del Sol, donde esa palabra, pueblo, molesta en otros municipios vecinos más grandes, pero la gente de Brunete la usa, unos con orgullo y otros con resignación. Aquí viven 11.287 personas. No hay centro comercial, ni cines, ni discotecas y el Mercadona cerró hace cinco años para reubicarse en el municipio colindante de Villanueva de la Cañada, más poblado y más rico. Fue un golpe para los brunetenses. El alcalde trató por todos los medios de parar aquella huida e incluso pidió una reunión en Valencia con Juan Roig, el presidente de esos supermercados, pero fue en vano. Sin embargo, esa vida tranquila —o aburrida, según a quién se pregunte— podría tener los días contados. El Ayuntamiento, gobernado por la popular Mar Nicolás, ha rescatado un plan urbanístico diseñado en la era del bum del ladrillo que contempla la construcción de 17.572 viviendas. Tomando como referencia una media de tres personas por hogar, el proyecto permitiría la llegada de 52.000 nuevos vecinos. La alcaldesa colocó en abril del año pasado la primera piedra de Nuevo Brunete, así se llama el proyecto. Desde entonces, los trabajos han avanzado con la fase inicial de movimiento de tierras, primer paso para transformar de forma radical esta localidad.Un folleto muestra el mapa de Nuevo Brunete, con los ocho sectores donde se construirá, en la parte este del término municipal, la más cercana a Madrid capital.Carlos RosilloLo que ocurre aquí no es un caso aislado. En distintos puntos de la región, municipios pequeños y medianos madrileños preparan planes para multiplicar su tamaño y absorber parte de la demanda residencial que Madrid capital no puede satisfacer por precio. El Molar, con cerca de 10.000 habitantes, proyecta más de 5.300 viviendas; Paracuellos de Jarama ha aprobado 7.233 viviendas; y en Tres Cantos la oposición teme que los desarrollos en fase de estudio acaben duplicando la población de forma desordenada hasta llegar a 100.000 vecinos. La expansión metropolitana vuelve a ganar velocidad.El impulso responde a una necesidad real: la escasez de vivienda asequible. Pero también despierta recuerdos incómodos. Algunos de estos proyectos nacieron durante la anterior burbuja inmobiliaria, quedaron congelados tras la crisis y ahora regresan en un contexto de fuerte presión demográfica y de un discurso político que imagina un Madrid cada vez más grande y competitivo en el escenario global. Los ecologistas temen que la ley madrileña desregularizadora del suelo, prevista para fin de año, suponga la pérdida de suelo natural, y los urbanistas alertan de la creación de nuevas ciudades dormitorio dependientes del coche.“Los alcaldes han abierto las compuertas porque se han creído el discurso oficial del Madrid DF que va a competir con Miami, Nueva York o Londres”, critica Adolfo Rodríguez, activista de Ecologistas en
