En la búsqueda de vida extraterrestre hay tres preguntas que los astrónomos intentan responder antes que ninguna otra. ¿Es un planeta rocoso? ¿Recibe una cantidad de energía parecida a la de la Tierra? ¿Y se encuentra lo bastante cerca como para poder estudiar su atmósfera en el futuro? Hasta ahora, muy pocos mundos podían responder afirmativamente a las tres. Pero un nuevo estudio acaba de convertir a GJ 3378 b, situado a apenas 25 años luz de nosotros, en uno de los candidatos más prometedores descubiertos hasta la fecha. Las nuevas observaciones indican que tiene un 85 % de probabilidades de ser un planeta rocoso, recibe aproximadamente el 90 % de la radiación que la Tierra recibe del Sol y su masa es de solo 2,3 veces la terrestre, mucho menor de lo que se pensaba. Juntas, estas tres características lo sitúan entre los exoplanetas más interesantes para buscar indicios de habitabilidad. El estudio, publicado en The Astrophysical Journal, no demuestra que exista vida en este mundo. Pero sí cambia de forma importante nuestras expectativas sobre él. El principal avance del análisis, liderado por Michael Endl, se centra precisamente en una nueva estimación de la masa del planeta. Hasta ahora, los astrónomos calculaban que GJ 3378 b poseía unas 5,2 masas terrestres. Un planeta de ese tamaño suele pertenecer a una categoría conocida como mini-Neptunos: mundos envueltos por gruesas atmósferas de hidrógeno y helio, sin una superficie sólida donde pueda acumularse agua líquida. Las nuevas observaciones, realizadas con los espectrógrafos Habitable-zone Planet Finder (HPF) y NEID, reducen esa cifra hasta 2,31 masas terrestres, una disminución superior al 55 % respecto a las estimaciones anteriores. Puede parecer un simple ajuste estadístico, pero en astronomía supone un cambio enorme: los científicos señalan el umbral extremo de planetas rocosos a aquellos con 5 veces la masa terrestre. Reducirlo a la mitad es un indicador muy fuerte. Según los modelos empleados por el equipo de Endl, esa nueva masa es lo que hace que GJ 3378 b tenga aproximadamente un 85 % de probabilidades de ser un planeta rocoso. Es decir, pasa de parecerse más a un pequeño Neptuno que a la Tierra a convertirse en una auténtica supertierra, un tipo de planeta considerado mucho más favorable para albergar agua líquida y, potencialmente, vida. Pero la masa no es el único aspecto prometedor. Al hacer cálculos más refinados sobre la órbita del planeta, han calculado que recibe alrededor del 92 % de la radiación que la Tierra recibe del Sol. Esta cifra resulta especialmente llamativa porque significa que la cantidad de energía que alcanza su superficie sería muy parecida a la terrestre. En otras palabras, si dispone de una atmósfera adecuada, las temperaturas podrían permitir la existencia de agua líquida durante largos periodos. Y, aun así, eso no garantiza que sea habitable. La composición de la atmósfera, la actividad de su estrella,
Un reciente estudio demuestra que reúne los tres incondicionales de la vida como la conocemos y es uno de los más cercanos a nuestro sistema solar.
En la búsqueda de vida extraterrestre hay tres preguntas que los astrónomos intentan responder antes que ninguna otra. ¿Es un planeta rocoso? ¿Recibe una cantidad de energía parecida a la de la Tierra? ¿Y se encuentra lo bastante cerca como para poder estudiar su atmósfera en el futuro? Hasta ahora, muy pocos mundos podían responder afirmativamente a las tres.Pero un nuevo estudio acaba de convertir a GJ 3378 b, situado a apenas 25 años luz de nosotros, en uno de los candidatos más prometedores descubiertos hasta la fecha. Las nuevas observaciones indican que tiene un 85 % de probabilidades de ser un planeta rocoso, recibe aproximadamente el 90 % de la radiación que la Tierra recibe del Sol y su masa es de solo 2,3 veces la terrestre, mucho menor de lo que se pensaba. Juntas, estas tres características lo sitúan entre los exoplanetas más interesantes para buscar indicios de habitabilidad. El estudio, publicado en The Astrophysical Journal, no demuestra que exista vida en este mundo. Pero sí cambia de forma importante nuestras expectativas sobre él. El principal avance del análisis, liderado por Michael Endl, se centra precisamente en una nueva estimación de la masa del planeta. Hasta ahora, los astrónomos calculaban que GJ 3378 b poseía unas 5,2 masas terrestres. Un planeta de ese tamaño suele pertenecer a una categoría conocida como mini-Neptunos: mundos envueltos por gruesas atmósferas de hidrógeno y helio, sin una superficie sólida donde pueda acumularse agua líquida.Las nuevas observaciones, realizadas con los espectrógrafos Habitable-zone Planet Finder (HPF) y NEID, reducen esa cifra hasta 2,31 masas terrestres, una disminución superior al 55 % respecto a las estimaciones anteriores. Puede parecer un simple ajuste estadístico, pero en astronomía supone un cambio enorme: los científicos señalan el umbral extremo de planetas rocosos a aquellos con 5 veces la masa terrestre. Reducirlo a la mitad es un indicador muy fuerte. Según los modelos empleados por el equipo de Endl, esa nueva masa es lo que hace que GJ 3378 b tenga aproximadamente un 85 % de probabilidades de ser un planeta rocoso. Es decir, pasa de parecerse más a un pequeño Neptuno que a la Tierra a convertirse en una auténtica supertierra, un tipo de planeta considerado mucho más favorable para albergar agua líquida y, potencialmente, vida. Pero la masa no es el único aspecto prometedor. Al hacer cálculos más refinados sobre la órbita del planeta, han calculado que recibe alrededor del 92 % de la radiación que la Tierra recibe del Sol. Esta cifra resulta especialmente llamativa porque significa que la cantidad de energía que alcanza su superficie sería muy parecida a la terrestre. En otras palabras, si dispone de una atmósfera adecuada, las temperaturas podrían permitir la existencia de agua líquida durante largos periodos. Y, aun así, eso no garantiza que sea habitable. La composición de la atmósfera, la actividad de su estrella, la
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