Reducir las cualidades de los misiles hipersónicos a su velocidad es menospreciarlos. No solo son más rápidos (superan cinco veces la velocidad del sonido) también maniobran en vuelo y alterar su trayectoria, lo que dificulta enormemente su detección e interceptación.. Ahora, la armada de Estados Unidos señala que incorporará un total de 4500 misiles hipersónicos al programa MACE para 2031. El programa MACE, (siglas de Efector de capacidad asequible para múltiples misiones) se extenderá del año fiscal 2028 al 2031 según el documento publicado por las autoridades. No se trata solo de tener unos pocos sistemas avanzados, sino de algo mucho más ambicioso: desplegar miles.. Y esto es importante porque Estados Unidos está llegando tarde a esta carrera. Entre 2010 y 2022 ha realizado más de 20 pruebas de este tipo de misiles, pero aún no tiene desplegada ninguna unidad que los utilice. Por eso pasar de casi ninguno a 4.500 en cinco años, es un salto enorme.. Y, aun así, la clave en este contexto no es la cantidad, sino el precio. Hasta ahora, los misiles hipersónicos eran un bien escaso, caro y casi experimentales. Sistemas diseñados para misiones muy concretas, pero el programa MACE introduce una idea distinta: la producción en masa y modular.. Según los documentos, el coste medio por unidad podría situarse en torno a los 384.000 dólares, una cifra sorprendentemente baja para este tipo de tecnología. La estrategia recuerda más a la lógica de la industria que a la de la guerra tradicional. No se trata de tener el arma perfecta, sino suficientes armas buenas. Muchas. Miles.. En términos militares, esto tiene implicaciones profundas. Un gran número de misiles hipersónicos relativamente asequibles permitiría saturar sistemas de defensa, atacar múltiples objetivos simultáneamente y mantener una presión constante sobre el adversario. Es un cambio de escala.. Además, estos sistemas están diseñados para integrarse en plataformas ya existentes: cazas como el F-35 o el F/A-18, e incluso otras configuraciones futuras. Es decir, no requieren reinventar toda la infraestructura militar, sino adaptarla. Pero detrás de esta apuesta hay también un contexto geopolítico claro que ya mencionamos, pero tiene una vuelta de tuerca. Si China y Rusia llevan años invirtiendo en armas hipersónicas (el primero tendría unos 600 y Rusia la mitad), la apuesta de Estados Unidos por crear miles no solo reduciría la “brecha tecnológica”, también propone una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando tecnologías diseñadas para ser excepcionales se vuelven comunes?. La historia militar ofrece una pista. El arco largo, la pólvora, el misil guiado… todas estas innovaciones empezaron siendo raras, casi exóticas. Hasta que dejaron de serlo. Y en ese momento, el equilibrio cambió. ¿Hacia dónde? Eso es lo que todavía no sabemos.
Forma parte del programa MACE presentado recientemente en un documento de los presupuestos anuales.
Reducir las cualidades de los misiles hipersónicos a su velocidad es menospreciarlos. No solo son más rápidos (superan cinco veces la velocidad del sonido) también maniobran en vuelo y alterar su trayectoria, lo que dificulta enormemente su detección e interceptación.. Ahora, la armada de Estados Unidos señala que incorporará un total de 4500 misiles hipersónicos al programa MACE para 2031. El programa MACE, (siglas de Efector de capacidad asequible para múltiples misiones) se extenderá del año fiscal 2028 al 2031 según el documento publicado por las autoridades. No se trata solo de tener unos pocos sistemas avanzados, sino de algo mucho más ambicioso: desplegar miles.. Y esto es importante porque Estados Unidos está llegando tarde a esta carrera. Entre 2010 y 2022 ha realizado más de 20 pruebas de este tipo de misiles, pero aún no tiene desplegada ninguna unidad que los utilice. Por eso pasar de casi ninguno a 4.500 en cinco años, es un salto enorme.. Y, aun así, la clave en este contexto no es la cantidad, sino el precio. Hasta ahora, los misiles hipersónicos eran un bien escaso, caro y casi experimentales. Sistemas diseñados para misiones muy concretas, pero el programa MACE introduce una idea distinta: la producción en masa y modular.. Según los documentos, el coste medio por unidad podría situarse en torno a los 384.000 dólares, una cifra sorprendentemente baja para este tipo de tecnología. La estrategia recuerda más a la lógica de la industria que a la de la guerra tradicional. No se trata de tener el arma perfecta, sino suficientes armas buenas. Muchas. Miles.. En términos militares, esto tiene implicaciones profundas. Un gran número de misiles hipersónicos relativamente asequibles permitiría saturar sistemas de defensa, atacar múltiples objetivos simultáneamente y mantener una presión constante sobre el adversario. Es un cambio de escala.. Además, estos sistemas están diseñados para integrarse en plataformas ya existentes: cazas como el F-35 o el F/A-18, e incluso otras configuraciones futuras. Es decir, no requieren reinventar toda la infraestructura militar, sino adaptarla. Pero detrás de esta apuesta hay también un contexto geopolítico claro que ya mencionamos, pero tiene una vuelta de tuerca. Si China y Rusia llevan años invirtiendo en armas hipersónicas (el primero tendría unos 600 y Rusia la mitad), la apuesta de Estados Unidos por crear miles no solo reduciría la “brecha tecnológica”, también propone una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando tecnologías diseñadas para ser excepcionales se vuelven comunes?. La historia militar ofrece una pista. El arco largo, la pólvora, el misil guiado… todas estas innovaciones empezaron siendo raras, casi exóticas. Hasta que dejaron de serlo. Y en ese momento, el equilibrio cambió. ¿Hacia dónde? Eso es lo que todavía no sabemos.
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