Existen algunos paisajes de la infancia que permanecen incluso cuando la vida te lleva a cientos de kilómetros. Una carretera, un bosque, una aldea o una forma de vivir pueden convertirse en parte de la biografía de cualquiera. Para Martiño Rivas, uno de esos lugares está en el corazón de la Costa da Morte.. El actor pasó alrededor de nueve años de su infancia y juventud en Vimianzo y, tiempo después, resumió aquella relación con una frase que va bastante más allá de la nostalgia. En una entrevista concedida a GQ, Rivas señaló este municipio coruñés como el lugar donde «se formó como persona».. Vimianzo se encuentra en la comarca de Terra de Soneira, dentro de la Costa da Morte, en un territorio en el que pequeñas aldeas, bosques, prados y caminos dibujan un paisaje muy diferente al de los grandes núcleos turísticos del litoral. El municipio limita con Camariñas, Laxe, Zas, Dumbría y Muxía y llega incluso a tocar el Atlántico en una pequeña franja de su territorio.. Pero detrás de esa Galicia rural que marcó los años de juventud de Martiño Rivas aparece también un sorprendente recorrido por miles de años de historia.. Castillo destruido y levantado de nuevo. El gran símbolo de Vimianzo se encuentra prácticamente a las puertas de la villa. El Castillo de Vimianzo, conocido también como Torres de Martelo, comenzó a levantarse durante la Edad Media y conserva murallas, foso y diferentes torres. Las sucesivas reformas y reconstrucciones modificaron su aspecto original, aunque las excavaciones arqueológicas han permitido localizar bajo la fortaleza actual restos de construcciones anteriores.. Su historia contiene además uno de los episodios más singulares de la Galicia medieval. En 1467, durante las revueltas irmandiñas contra el poder feudal, el castillo fue atacado y derribado. Una vez sofocada la rebelión, los propios campesinos fueron obligados a reconstruirlo. Por sus dependencias pasó también como prisionero el arzobispo compostelano Alonso I de Fonseca.. Ruta por tumbas de hace miles de años. Pero mucho antes de castillos, nobles e irmandiños, estas tierras ya estaban habitadas. Vimianzo conserva una importante concentración de monumentos megalíticos, con dólmenes y mámoas datados entre aproximadamente el 4000 y el 2000 antes de Cristo.. Uno de los más espectaculares es Pedra da Arca, en la parroquia de Baíñas. Está considerada una de las antas de mayores dimensiones de Galicia y se encuentra dentro de una mámoa de unos 28 por 30 metros. Solo la enorme losa que sirve de cubierta pesa alrededor de 12 toneladas. Sus paredes conservan además vestigios de grabados y restos de pintura roja.. El patrimonio prehistórico permite recorrer el municipio enlazando arqueología y paisaje. Pedra Cuberta, Pedra Moura, Pedra Lebre, Arca da Piosa, Pedra da Arca y otros monumentos aparecen entre caminos rurales, terrenos agrícolas y bosques.. Molinos, batanes y una Galicia que todavía se reconoce. Hay todavía otra parada que ayuda a entender el territorio: los molinos y batanes de O Mosquetín. El conjunto está formado por siete molinos y tres batanes, distribuidos en dos construcciones junto al río y sus canales. Los primeros se empleaban para moler cereal, mientras que los batanes servían para trabajar el lino y la lana. El conjunto comenzó un proceso de rehabilitación a finales de 1997.. Castillos, sepulturas prehistóricas, molinos, bosques y pequeñas aldeas explican así un Vimianzo que permite viajar por diferentes épocas sin abandonar el mismo municipio. Y también ayudan a comprender mejor aquella frase de Martiño Rivas. Antes de convertirse en uno de los rostros más conocidos de la interpretación española, hubo un lugar de la Costa da Morte que quedó ligado para siempre a su biografía: aquel en el que, según sus propias palabras, terminó de formarse como persona.
El actor pasó buena parte de su infancia y juventud en un rincón coruñés al que considera el lugar donde «se formó como persona»
Existen algunos paisajes de la infancia que permanecen incluso cuando la vida te lleva a cientos de kilómetros. Una carretera, un bosque, una aldea o una forma de vivir pueden convertirse en parte de la biografía de cualquiera. Para Martiño Rivas, uno de esos lugares está en el corazón de la Costa da Morte.. El actor pasó alrededor de nueve años de su infancia y juventud en Vimianzo y, tiempo después, resumió aquella relación con una frase que va bastante más allá de la nostalgia. En una entrevista concedida a GQ, Rivas señaló este municipio coruñés como el lugar donde «se formó como persona».. Vimianzo se encuentra en la comarca de Terra de Soneira, dentro de la Costa da Morte, en un territorio en el que pequeñas aldeas, bosques, prados y caminos dibujan un paisaje muy diferente al de los grandes núcleos turísticos del litoral. El municipio limita con Camariñas, Laxe, Zas, Dumbría y Muxía y llega incluso a tocar el Atlántico en una pequeña franja de su territorio.. Pero detrás de esa Galicia rural que marcó los años de juventud de Martiño Rivas aparece también un sorprendente recorrido por miles de años de historia.. Castillo destruido y levantado de nuevo. El gran símbolo de Vimianzo se encuentra prácticamente a las puertas de la villa. El Castillo de Vimianzo, conocido también como Torres de Martelo, comenzó a levantarse durante la Edad Media y conserva murallas, foso y diferentes torres. Las sucesivas reformas y reconstrucciones modificaron su aspecto original, aunque las excavaciones arqueológicas han permitido localizar bajo la fortaleza actual restos de construcciones anteriores.. Su historia contiene además uno de los episodios más singulares de la Galicia medieval. En 1467, durante las revueltas irmandiñas contra el poder feudal, el castillo fue atacado y derribado. Una vez sofocada la rebelión, los propios campesinos fueron obligados a reconstruirlo. Por sus dependencias pasó también como prisionero el arzobispo compostelano Alonso I de Fonseca.. Ruta por tumbas de hace miles de años. Pero mucho antes de castillos, nobles e irmandiños, estas tierras ya estaban habitadas. Vimianzo conserva una importante concentración de monumentos megalíticos, con dólmenes y mámoas datados entre aproximadamente el 4000 y el 2000 antes de Cristo.. Uno de los más espectaculares es Pedra da Arca, en la parroquia de Baíñas. Está considerada una de las antas de mayores dimensiones de Galicia y se encuentra dentro de una mámoa de unos 28 por 30 metros. Solo la enorme losa que sirve de cubierta pesa alrededor de 12 toneladas. Sus paredes conservan además vestigios de grabados y restos de pintura roja.. El patrimonio prehistórico permite recorrer el municipio enlazando arqueología y paisaje. Pedra Cuberta, Pedra Moura, Pedra Lebre, Arca da Piosa, Pedra da Arca y otros monumentos aparecen entre caminos rurales, terrenos agrícolas y bosques.. Molinos, batanes y una Galicia que todavía se reconoce. Hay todavía otra parada que ayuda a entender el territorio: los molinos y batanes de O Mosquetín. El conjunto está formado por siete molinos y tres batanes, distribuidos en dos construcciones junto al río y sus canales. Los primeros se empleaban para moler cereal, mientras que los batanes servían para trabajar el lino y la lana. El conjunto comenzó un proceso de rehabilitación a finales de 1997.. Castillos, sepulturas prehistóricas, molinos, bosques y pequeñas aldeas explican así un Vimianzo que permite viajar por diferentes épocas sin abandonar el mismo municipio. Y también ayudan a comprender mejor aquella frase de Martiño Rivas. Antes de convertirse en uno de los rostros más conocidos de la interpretación española, hubo un lugar de la Costa da Morte que quedó ligado para siempre a su biografía: aquel en el que, según sus propias palabras, terminó de formarse como persona.
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