Se etiquetó en los noventa al [[LINK:TAG|||tag|||63361c081e757a32c790c891|||Museo del Prado]] como un «enfermo crónico»: sobrevivía entre crisis institucionales y organizativas tan solo porque albergaba una colección de categoría. Fue en 2003 cuando le llegó una vacuna definitiva, revolucionaria, bajo el nombre de Ley de Autonomía. «Desde entonces hemos demostrado que hemos sido responsables hasta tal punto que cada año hemos tenido superávit», celebraba ayer el director de la Pinacoteca, Miguel Falomir, durante la presentación de una exposición que sitúa en dicha fecha su punto de partida. Arranca junto a una infografía digital de bienvenida, titulada Campus Prado, y que alude a todos los edificios que componen el Prado. Y que lo compondrán, pues también se incluye el Salón de Reinos que se inaugurará a finales de 2028. La muestra, por tanto, analiza el pasado, celebra el presente y se aventura hacia el futuro de uno de los más prestigiosos museos del país.. Hasta el 27 de septiembre, las salas C y D del Edificio Jerónimos acogerán «Prado. Siglo XXI», un recorrido por los hitos y etapas de los últimos 25 años de historia del museo. A través de 98 piezas –pinturas, esculturas, dibujos, estampas, fotografías, libros…–, el espectador descubre los detalles y avances que han ido definiendo no sólo el funcionamiento del espacio, sino también su proyecto científico y su lugar en el panorama cultural internacional. En lo que va de siglo, se han incorporado 14.203 obras a la colección y se han restaurado 6.000. Unos datos que denotan la buena salud de una Pinacoteca que presume de no haber bajado la guardia. Pues en una época de incesantes estímulos visuales, no basta con sanar a nivel burocrático. También hay que generar conversación. Y eso viene el museo haciendo desde hace unos años a través de sus redes sociales, por las cuales se ha ganado la etiqueta de «museo pop», y compite por la atención del espectador a la vez que por defender la atemporalidad de la historia del arte.. «Existe la idea de que el museo está hecho y cerrado. No es verdad, está en constante evolución», subrayaba Falomir. Lo demuestra una exposición que mezcla obras de Velázquez, la Roldana, Goya, Zurbarán o Picasso, a la vez que no pierde de vista los tiempos actuales… y los venideros. Pues si bien lo que está por venir aún queda abierto, sí se prevé ya un reto: no cabe un visitante más. Desde el Prado reiteran que, si siguen con este ritmo de visitantes, en 2050 llegarían a los seis millones anuales. «Eso no es asumible», incidía Falomir. Y en ese sentido continúan bajo su mayor estrategia: la de enfocar su incontestable colección hacia una visita de calidad. Tratando, eso sí, de mantener una autonomía que no caiga en los delirios de la masificación.
Hasta el 27 de septiembre, la exposición «Prado. Siglo XXI» plantea un recorrido a través de pinturas, esculturas, dibujos o libros que analizan el pasado, celebran el presente y auguran el futuro del museo
Se etiquetó en los noventa al Museo del Prado como un «enfermo crónico»: sobrevivía entre crisis institucionales y organizativas tan solo porque albergaba una colección de categoría. Fue en 2003 cuando le llegó una vacuna definitiva, revolucionaria, bajo el nombre de Ley de Autonomía. «Desde entonces hemos demostrado que hemos sido responsables hasta tal punto que cada año hemos tenido superávit», celebraba ayer el director de la Pinacoteca, Miguel Falomir, durante la presentación de una exposición que sitúa en dicha fecha su punto de partida. Arranca junto a una infografía digital de bienvenida, titulada Campus Prado, y que alude a todos los edificios que componen el Prado. Y que lo compondrán, pues también se incluye el Salón de Reinos que se inaugurará a finales de 2028. La muestra, por tanto, analiza el pasado, celebra el presente y se aventura hacia el futuro de uno de los más prestigiosos museos del país.. Hasta el 27 de septiembre, las salas C y D del Edificio Jerónimos acogerán «Prado. Siglo XXI», un recorrido por los hitos y etapas de los últimos 25 años de historia del museo. A través de 98 piezas –pinturas, esculturas, dibujos, estampas, fotografías, libros…–, el espectador descubre los detalles y avances que han ido definiendo no sólo el funcionamiento del espacio, sino también su proyecto científico y su lugar en el panorama cultural internacional. En lo que va de siglo, se han incorporado 14.203 obras a la colección y se han restaurado 6.000. Unos datos que denotan la buena salud de una Pinacoteca que presume de no haber bajado la guardia. Pues en una época de incesantes estímulos visuales, no basta con sanar a nivel burocrático. También hay que generar conversación. Y eso viene el museo haciendo desde hace unos años a través de sus redes sociales, por las cuales se ha ganado la etiqueta de «museo pop», y compite por la atención del espectador a la vez que por defender la atemporalidad de la historia del arte.. «Existe la idea de que el museo está hecho y cerrado. No es verdad, está en constante evolución», subrayaba Falomir. Lo demuestra una exposición que mezcla obras de Velázquez, la Roldana, Goya, Zurbarán o Picasso, a la vez que no pierde de vista los tiempos actuales… y los venideros. Pues si bien lo que está por venir aún queda abierto, sí se prevé ya un reto: no cabe un visitante más. Desde el Prado reiteran que, si siguen con este ritmo de visitantes, en 2050 llegarían a los seis millones anuales. «Eso no es asumible», incidía Falomir. Y en ese sentido continúan bajo su mayor estrategia: la de enfocar su incontestable colección hacia una visita de calidad. Tratando, eso sí, de mantener una autonomía que no caiga en los delirios de la masificación.
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